viernes, 11 de abril de 2014

Bafici 2014 - Grand Central


Grand Central (Francia/Austria, 2013) 
Dirección: Rebecca Zlotowski 
Sección: Competencia internacional 

Es un combate. Contra la dosis: inodora, incolora, invisible. Está en todas partes. No se la puede vencer”. Con esta frase un personaje define el concepto clave de Grand Central: la dosis. Se trata del riesgo al que se somete todo empleado de una planta nuclear. El cuerpo sólo puede tolerar una cierta cantidad de radiaciones, por eso aquel que supere esa dosis o porcentaje en su organismo debe dejar el trabajo si no quiere exponerse a perder la vida. Así de terminal es la cotidianidad para los protagonistas de esta historia, todos ellos miembros de una comunidad improvisada en torno de una central atómica ubicada en el sur de Francia (país que ocupa el primer lugar mundial en producción de energía nuclear por densidad de población).

Lo más interesante de Grand Central es el portal que abre para conocer el funcionamiento de esta industria y sus daños colaterales, un territorio de extrema precariedad laboral que la directora Rebecca Zlotowski describe con seguridad y una certera síntesis de contingencias reveladoras. El relato nos hace ingresar en ese ámbito luego de presentar al joven Gary (Tahar Rahim), que desespera por un trabajo pero que a la vez no quiere limitarse solamente a sobrevivir. Quiere disfrutar, beber del sol y la luna y dormir en los bosques como si estuviera en otra frecuencia, en otro siglo, o incluso en otra película. Parece habitar una pintura de Corot que se niega a ser arrasada por las cenizas, como si todavía fuera posible robarle un pedacito de paraíso a ese paisaje de vapores homicidas y sirenas alarmantes que golpean hasta la náusea. El muchacho se enamora con todo el arrojo de un adolescente, un hechizo plenamente justificado si la chica en cuestión no es otra que la sublime Léa Seydoux. Y acá es cuando empiezan los problemas, para los personajes, pero sobre todo para la película.

Ya desde su primera y tramposa aparición, el personaje de Karole (Seydoux) se presenta algo desdibujado ante la mirada del espectador. A esto se suma una decisión estructural del guión que considero esencialmente fallida: resulta que la "dosis" de la que hablábamos antes también se impone en la historia como una metáfora de la pasión. De hecho, el paralelismo se hace explícito en boca de la protagonista femenina cuando sugiere que la radioactividad genera emociones similares al éxtasis sexual. Este juego poético atraviesa todo el relato y tiene efectos paradójicos sobre la trama romántica, ya que el potencial provocador de la metáfora queda anulado sencillamente porque subrayar esa comparación en este contexto tan específico es una maniobra muy poco feliz.

Alcón


“El hecho estético es 'la inminencia de una revelación que no se produce', como decía Borges. Hay días en que antes de comenzar la función sentís que el público está respirando a tu ritmo. Y cuando es un gran texto, toda la sala palpita. Surge un silencio extraño. El público no siempre se da cuenta. Pero a ver: ¿por qué fue al teatro? ¿Por qué espera que le cuenten una historia? Para ver si entiende algo más. Entonces hacés lo tuyo, y por un brevísimo segundo intuís un paisaje sin nombre. Después se termina.”

Alfredo Alcón
(1930-2014)

lunes, 7 de abril de 2014

Bafici 2014 - Coherence


Coherence (Estados Unidos, 2013)
Dirección: James Byrkit 
Sección: Competencia Vanguardia y Género 

Ocho amigos se juntan para cenar y ponerse al tanto de cómo van sus vidas. No es una noche cualquiera: un cometa está a punto de surcar el cielo y algunos expertos advierten que podrían pasar cosas raras. Que la primera sorpresa sea el estallido de un teléfono celular representa una idea muy lúcida, pues no es insensato imaginar que un colapso planetario de celulares alcanzaría para ver a la humanidad extinguirse en la desesperación definitiva, devorada en unas horas por su propia ansiedad. Porque un dispositivo que para muchos es una simple herramienta de comunicación, para otros hoy se ha convertido en una pulsión fisiológica o una extensión de su ser. ¿Cuál es la verdadera naturaleza de ese lazo que nos une a lo que existe? Creemos comprender dónde termina uno y dónde empiezan los otros, aunque sabemos que basta un simple tajo en el tiempo, un temblor del alma, una mirada lapidaria, una punzada de celos, para que todo a nuestro alrededor se disuelva y esfume en el más puro horror, o en el absurdo… o más precisamente: en lo Real.

Por suerte el director James Byrkit no exhibe mayores alardes psicoanalíticos ni apocalípticos en este film, que esencialmente busca desconcertar con una trama de giros fantásticos y enigmas cósmicos, y si apela a ciertas especulaciones teóricas (como la alusión al gato de Schrödinger), es solo para abrir el juego de las probabilidades y no para imponer una verdad. La modesta realización logra explotar cada resquicio del reducido espacio, ya que casi toda la acción transcurre adentro de una casa, con una puerta que de repente se transforma en umbral hacia lo inexplicable. Pero así como Coherence ofrece un par de ocurrencias de puesta en escena realmente brillantes, hay que decir también que estamos ante una película demasiado segura de su ingenio, con un guión tan encandilado por la cinta de Moebius que en su precipitación narrativa termina descuidando a sus personajes hasta empujarlos hacia una apática caricatura, si es que directamente no los hace desaparecer en el más llano olvido. La alegoría, entonces, pierde sus fibras en un tramo final de resoluciones llamativamente toscas para la complejidad que el film había prometido en un principio. Sin embargo, más allá de este sabor a frustración, lo mejor de Coherence no debería hallarse en el todo sino en sus partículas, en las ráfagas y los cortocircuitos que cruzan este tenso tapiz de primerísimos primeros planos en donde la ubicuidad de la cámara, que viborea a la caza de sentires y gestos furtivos, es la única capaz de intuir qué es lo que hierve en ese grupo humano. Y aunque la película parezca contarnos una historia extraordinaria e inefable, en el fondo nos habla de lo de siempre: la necesidad de escapar de nosotros mismos.

viernes, 4 de abril de 2014

Bafici 2014 - Inequality for all


Inequality for all (Estados Unidos, 2013)
Dirección: Jacob Kornbluth
Sección: Panorama 

Robert Reich, eje intelectual de Inequality for all, fue Secretario de Trabajo durante la primera presidencia de Bill Clinton. Es un hombre petiso, petiso de verdad, como el Francella de Corazón de León, a tal punto que provoca cierta ternura verlo llevar siempre con él un cajoncito-escalón que le permite alcanzar el atril cuando debe realizar una disertación formal. En sus clases en Berkeley la cosa es distinta: ahí Reich se mueve con soltura de un lado para otro y camina entre sus alumnos embelesados mientras proyecta estadísticas en una pantalla enorme. Es un profesor carismático y un divulgador entrenado, de allí que su afabilidad y su nítida oratoria constituyan el esqueleto de este documental dirigido por Jacob Kornbluth.

“An Unconvenient Truth for Economy” fue el rótulo esgrimido por la prensa al comparar este film con La verdad incómoda, la difundida película de Al Gore sobre el cambio climático. Ambas son, en cierta medida, películas-conferencia en donde el fluir estilo PowerPoint se impone en el montaje para ofrecer datos duros a través de tablas e infografías, una retórica que, si bien le aporta al relato un pilar empírico fundamental, al mismo tiempo parecería estar siempre a un paso de hundir al film en el expeditivo lenguaje del marketing. Por otro lado, los protagonistas de ambos documentales son ex funcionarios que trabajaron en el seno del imperio capitalista, y aunque ahora intenten contagiarnos con sus “reproches al sistema”, hay un background ineludible que nos ubica como espectadores en un piso de incredulidad importante. Nos piden una fe que hoy resulta aún más difícil en un imaginario dominado por "House of Cards" y la honestidad brutal de Frank Underwood, quien logra que un tipo como Reich luzca más ingenuo que Heidi y Laura Ingalls juntas.

Pero dejemos atrás el escepticismo, que en definitiva no sirve para nada. Los mensajes de estas películas son clarísimos: hay que cuidar el medioambiente y hay que defender el salario digno exigiendo una mejor distribución de la riqueza. ¿Cómo no vamos a adherir a estas consignas? ¿Dónde hay que firmar? El problema no es la propaganda en sí, sino la fragilidad política de su enunciación, pues se trata de productos que se ven obligados a hacer un recorte demasiado ostensible del material informativo con el fin de sostener el vigor de sus discursos. En este sentido, Reich quizás sea un poco más transparente que Gore, o al menos sabe admitir las frustraciones que lo llevaron a dejar la gestión pública. Desde el inicio establece que “el capitalismo puede generar cosas buenas”, aunque luego pregunta: “¿Cuánta desigualdad puede tolerar la democracia norteamericana?” Según él, la clave para salir de la crisis reside en recuperar el poder de ingresos que la clase media norteamericana tuvo alguna vez y que empezó a perder sobre todo a partir de los años ’70.

Es necesario luchar por los salarios y apostar por los sindicatos y la educación. Ok. Perfecto. De paso, sería bueno fantasear (ya ni siquiera pedimos realidad) sobre cuál sería el mínimo plan para hacer que el sistema -el capitalismo financiero al que Reich jamás desarticula en su raíz- comience a repartir la fortuna de ese 1% de la población que lo tiene todo (más allá del comodín del impuesto a las ganancias). Pero no. La propuesta del film, esencialmente descriptiva, se reduce a: 1) Hacer consciente al público de que existe un puñado de millonarios codiciosos que manipulan a los políticos. 2) Indignarse. 3) Hacer valer los derechos del ciudadano (consumidor). Y acá es cuando vale recordar a Alain Badiou: “Lo que a mí me interesa es saber si aún tenemos la capacidad histórica de actuar en el régimen de la idea y no simplemente según el régimen de la concurrencia y la conservación.”

No es que esperara algo demasiado diferente de la película, y por otra parte tampoco cabe pelearse mucho con Reich, cuya energía al fin de cuentas transpira buena voluntad. Sin embargo, Inequality for all no se hace realmente cargo ni de la pobreza, ni de la marginalidad, ni de esas vidas destrozadas que ya no van a poder reinsertarse nunca más, porque incorporar estas variables en el film pondría en evidencia los limitados alcances de su paradigma. Como máximo van a encontrar dos planos -sí, apenas dos- que muestran indigentes en la calle, imágenes que aparecen al inicio de la película, como para que los olvidemos pronto y confrontemos sólo con aquellos habitantes emprendedores que todavía tienen la oportunidad de pertenecer.

Al principio de este texto mencioné la baja estatura de Reich porque ése es precisamente uno de los temas de la película. En la primera secuencia, y a modo de presentación del personaje, el amigo de Clinton se sube a un Mini Cooper y dice que su auto le gusta mucho por su tamaño, porque le genera una sensación de identificación. Es un auto pequeño, sí, pero es precioso y muy moderno (no cualquiera, ¿no?) “Lo siento como si fuera proporcional a mí”, dice Reich, e insiste en esta cuestión de la proporción, ya que su film trata sobre lo contrario, aunque en el fondo no logra delinear ninguna idea disruptiva acerca de la inequidad económica. Y hoy no se me ocurre otro ejemplo mejor que Capitán Phillips para sentir en el pecho la hondura de esa brecha obscena. La desproporción absoluta. Cuerpos raquíticos frente a la salud de los otros, robustos. Una lancha diminuta frente a un barco carguero inabarcable. No hacen falta demasiadas cifras ni grandes alocuciones. Podría haber sido una película muda y aun así sería capaz de comunicar, solamente desde su contundencia visual, todo lo que Paul Greengrass buscaba decir sobre la desilgualdad en el mundo.

jueves, 3 de abril de 2014

lunes, 31 de marzo de 2014

El cine y las aceleraciones del mundo


Por Jean-Louis Comolli*

En situación del dispositivo cinematográfico, el espectador llegó rápidamente a la conclusión de que es un ser reducido, enfermo, que no puede correr, no puede saltar, no puede moverse. Sólo la mirada y el oído están movilizados, pero con mayor intensidad que en la vida real. Ese espectador disminuido va a proyectar imaginariamente en los cuerpos filmados de los actores lo que no puede hacer por sí mismo en la sesión cinematográfica: no puede andar a caballo, pero Gary Cooper sí. Siempre digo que hay dos pantallas: la de la sala y la mental, el cine es lo que ocurre entre ambas. El problema es que en un mundo de la aceleración y de la abreviación, como el nuestro, la sesión de dos horas de cine es una anomalía. Así vemos cómo el cine sale del sistema mundial de la aceleración, donde la información y el espectáculo tienden a cobrar velocidad. El espectador, en consecuencia, soporta cada vez menos esas dos horas de impotencia a las que está reducido, porque en otros sistemas de representación (por ejemplo, en un juego de video o en la televisión, donde le piden que llame por teléfono y opine), el espectador es físicamente activo, no sólo mentalmente. Eso produce una mutación del espectador que lo acerca cada vez más a ese consumidor que anhela el mercado.

*Fragmento de una entrevista realizada por Pablo de Vita y publicada en la revista ADN-Cultura, del diario La Nación (17/01/14).

miércoles, 26 de marzo de 2014

Arrinconado


"Claros, los primeros días. ¿Y después?
¿Cuando advertiste que estabas solo?"

Césare Pavese

En la imagen, uno de los grandes personajes del año: 
Henri (Patrick D'Assumçao), en la soleada y oscurísima película 
de Alain Guiraudie, L'inconnu du lac.

martes, 25 de marzo de 2014

El túnel


Sístole y diástole, rotación y traslación:
mi corazón es un planeta exhausto.

No viajo ya por huir de nada ni de mí,
tan sólo para poder así verme desde lejos.
Esta mañana, al mirarme en el espejo
del baño, no me reconocí:
no era un rostro lo que había al otro lado,
sino un paisaje equivocado, como si al salir
de un largo túnel me asomase por fin a la luz
y el lugar no fuese el esperado
e ignorase si tengo tiempo aún para volver
sobre mis pasos y reemprender el camino que buscaba.


Martín López-Vega
(Fragmento del poema "Mi corazón es un planeta exhausto")

La imagen pertenece a La tercera orilla, elíptico y enigmático nuevo film de Celina Murga.

domingo, 23 de marzo de 2014

Stephanie Zacharek: mirar con todos los sentidos

Stephanie Zacharek 
Comedias, tragedias y cosas que explotan. Crítica reunida. 
Edición: Juan Manuel Domínguez
Traducción: Marina Alurralde, Agustín Mango, Juan Pablo Martínez, Pablo Marín, Cecilia Martínez, Guido Segal y Juan Manuel Domínguez.
Publicado por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el marco del 15º Buenos Aires Festival de Cine Independiente 

Mientras esperamos que llegue el nuevo Bafici, quisiera recordar aquí uno de los libros que el festival publicó el año pasado, y que seguramente también estará disponible este año: me refiero a Comedias, tragedias y cosas que explotan. Crítica reunida, una recopilación de artículos de la estupenda crítica norteamericana Stephanie Zacharek. La edición del libro estuvo a cargo de Juan Manuel Domínguez, quien ya hace muchos años, desde las páginas de la revista El Amante, había confesado su fascinación por la escritura de esta mujer. Fue entonces cuando descubrí que éramos muchos los que seguíamos el sitio Salon.com para conocer las ideas de esta crítica sobre los estrenos (hoy escribe para The Village Voice, pero para mí ella siempre será la redactora de Salon, en donde estuvo más de diez años). Sus textos son amenos, muchas veces brillantes, pero antes que nada califican como nutritivos. O mejor: fortificantes.

Porque lo que ella genera no es simplemente un contacto con la razón o el corazón cinéfilo: Zacharek produce un efecto físico, suavemente eléctrico, una alteración química que nos incita a absorber el cine con todos los sentidos. Con el cuerpo entero. “Si uno pudiera poner la esencia de las tres de la mañana en una botella de perfume, ésta olería como Mullholland Drive se ve”, puntualiza la autora a la hora de describir la obra maestra de David Lynch, mientras que para definir El turista, con Angelina Jolie, nos asegura que este film “si se tratara de un trago, sería un Bellini, efervescente, dulce y seco al mismo tiempo.” Lejos de los prejuicios y del cinismo, Zacharek aborda una película de Mr. Bean con el mismo respeto y entusiasmo que puede merecerle, por ejemplo, una joya de Tsai Ming Liang, y tiene una capacidad notable para pintar sus impresiones como si fueran gráciles paisajes, ilustrando las búsquedas estéticas más complejas a partir de metáforas tan bellas como certeras. Así lo prueba este fragmento dedicado a Con ánimo de amar: “Wong no es de ninguna manera un director lineal: prefiere la estructura de una celosía, crear redes de imagen y sonido que nos permiten pescar pequeñas dosis de información como si fueran relucientes peces.”

Antes de cerrar el post con otras líneas de la autora, hay que decir que el trabajo de traducción es impecable, y aunque uno podía apreciar el talento de Zacharek al leerla en inglés, resulta liberador zambullirse en su prosa en nuestro idioma, pues recién ahora podemos comprender cabalmente su mirada, con toda su frescura y altura reflexiva. Lo que sigue es un pasaje de su reseña del film Irma Vep, de Olivier Assayas: 

Muy en el fondo, la mayoría de las personas tenemos incorporada la noción romántica de que cualquier obra de arte es un regalo concebido con el único objetivo de brindarnos alegría, una especie de souvenir que nos dijeron que podíamos conservar. Y, sin embargo, el arte que realmente nos conmueve, en general se lleva algo de nosotros. A veces, mientras te estás enamorando de una película, saciándote los ojos y los oídos y preparándote para salir corriendo con los souvenirs del cine después de haber visto una película que te encantó, seguramente te sientas feliz y excitado, pero también con la sensación de que te falta algo. Te quedás preguntando: ¿qué cambió de mí? ¿Qué es lo que ya no tengo? Mientras estabas desplegando tus mejores poderes de observación (analizando cada detalle, rastreando los simbolismos, captando hasta el más mínimo chiste), el ladrón de joyas se metió sin que te dieras cuenta y se fue sin dejar rastros.”

domingo, 16 de marzo de 2014

La verdad...


...es creación y compromiso

(Creo que eso era todo lo que Rust Cohle intentaba decirnos.)


"Lo que intentamos deconstruir son los arquetipos de la masculinidad. Son los hijos de Vietnam, criados por padres que fueron a esa guerra, y ésa es la narrativa que vive en ellos, lo sepan o no.”

True Detective no es una serie antirreligiosa ni antinada. Sólo es una serie que está en contra de no pensar”.

Nic Pizzolatto (1)


“No hay que tener miedo, como dice Badiou, de meter la palabra eternidad, tan del reino de lo divino, y traerla al terreno de lo filosófico. ¿Existe la manera de poder abrir una experiencia en donde el hombre no se reduce a ser finito y mortal? Badiou dice que la verdad no es un saber, no es la adecuación de un enunciado a la realidad, la verdad es un procedimiento de creación, algo que puede suceder en cuatro posibles procedimientos de verdad: la política, el amor, el arte y la ciencia.”

Raúl Cerdeiras (2)

1 -Autor de "True Detective", citado en un artículo de Martín Pérez publicado en la edición de hoy del suplemento Radar de Página/12. (Ir al texto completo).
2 -En una entrevista de Camilo Sánchez publicada en la Revista Ñ de Clarín, septiembre de 2013. (Ir al texto completo

martes, 11 de marzo de 2014

Lo no dicho


Hay palabras que no decimos
y que ponemos sin decirlas en las cosas.


Y las cosas las guardan,
y un día nos contestan con ellas
y nos salvan el mundo,


como un amor secreto
en cuyos dos extremos
hay una sola entrada.


¿No habrá alguna palabra
de esas que no decimos
que hayamos colocado
sin querer en la nada?

Roberto Juarroz 

Las imágenes pertenecen a la película 
El pasado (Le passé), dirigida por Asghar Farhadi

lunes, 10 de marzo de 2014

Evolución


"El optimismo no es necesariamente más ilusorio que el pesimismo."

Nic Pizzolatto, guionista de la serie True Detective

jueves, 6 de marzo de 2014

Sexta edición de Les Avant-Premières

El próximo jueves 13 de marzo comenzará una nueva edición de Les Avant-Premières, el ciclo que año a año exhibe lo mejor de las últimas producciones realizadas en Francia, con una selección de pre-estrenos y películas inéditas que esta vez incluye a cineastas como Phillipe Garrel, Benoît Jacquot y Cedric Klapisch, entre muchos otros. Además este año se contará con la visita a Buenos Aires de Martin Provost, director de Violette, y de Alain Guiraudie, cuyo film El desconocido del lago ha sido de uno de los más celebrados por la crítica en el último tiempo.

La muestra se desarrollará en el complejo Cinemark Palermo (Bulnes y Beruti), del 13 al 19 de marzo. La entrada general tendrá un valor de 47 pesos. Ya comenzó la venta anticipada.

Programación 

El Desconocido del Lago (L'inconnu du lac), de Alain Guiraudie 
Lo Mejor de Nuestras Vidas (Casse-tête chinois), de Cedric Klapisch 
Joven y Bella (Jeune et Jolie), de François Ozon 
Violette, de Martin Provost 
La Jalousie (La Jalousie), de Philippe Garrel 
Adiós a la Reina (Le adieux à la Reine), de Benoît Jacquot
Amour & Turbulences (Amour et Turbulences), de Alexandre Castagnetti 
Suzanne, de Katell Quillévéré 
Nos Héros sont Morts ce Soir (Nos heros sont morts ce soir), de David Perrault 
La Bataille de Solferino (La Bataille de Solferino), de Justine Triet 
Mademoiselle C, de Fabien Constant 
L'Amour est un Crime Parfait, de Arnaud Larrieu y Jean-Marie Larrieu 
Eyjafjallajökull...sinon dites "Le Volcan", de Alexandre Coffre 
Fonzy, de Isabelle Doval 
Le Joli Mai, de Pierre Lhomme y Chris Marker (Proyección-homenaje) 

Para consultar la grilla de programación y más detalles sobre las películas, pueden visitar la página oficial de Les Avant-Premières: www.cine-frances.com

lunes, 3 de marzo de 2014

Puntos de fuga


"A veces, una pequeña película puede sentirse 
tan grande como el cielo."

Stephanie Zacharek


Nebraska, de Alexander Payne.

domingo, 2 de marzo de 2014

Alain Resnais (1922-2014)


Uno se despide
Insensiblemente
de pequeñas cosas.

Lo mismo que un árbol
Que en tiempo de otoño
se queda sin hojas.

Al fin la tristeza
es la muerte lenta
de las simples cosas
Esas cosas simples
que quedan doliendo
en el corazón.

Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amó la vida
Y entonces comprende
como están de ausentes
las cosas queridas.


Armando Tejada Gómez
Fragmento de la canción "Las simples cosas"
(Versión de Concha Buika, aquí)


La imagen pertenece al film On connaît la chanson.

martes, 25 de febrero de 2014

Flecha y herida


Por Víctor Erice*

“Todo el mundo parece estar de acuerdo en que el cine es capaz de engendrar poesía. Ahora bien, sobre cómo lo logra y en qué pueda consistir las opiniones son mucho menos unánimes. Las hay para todos los gustos, y con razón. Porque el cine no tiene una historia única e indivisible (basta pensar en lo que supone el cine mudo), sino que, además, en un breve espacio de tiempo -cien años-, ha vivido vertiginosamente experencias de todo tipo, completando una evolución que los otros lenguajes artísticos han tardado siglos en consumar.


Quizá por ello sea más oportuno hablar antes de experiencia poética que de poesía, es decir, de ese trance en el cual, tanto el lector como el espectador de una película se sienten conmovidos por un sentimiento difícil de definir, pero que identifican como algo en común.


En ese trance, y por lo que al cine -cierta clase de cine- se refiere, la poesía surge en la pantalla de una forma no buscada de antemano, imprevista, suspendiendo la representación o la progresión de la historia, para dar lugar a uno de esos momentos donde el lenguaje es, simultáneamente, flecha y herida. Flecha capaz de romper el velo -la ilusión- de la realidad; herida que nos toca el corazón porque acierta a mostrar lo que no se percibe a primera vista, pero que alguna vez, como en un sueño perdido -el de nuestra vida anterior- hemos vislumbrado.


En esos momentos epifánicos el cine se desprende de todo su exceso de competencias y servidumbres, escapa gloriosamente de la novela (la narración), del teatro (la representación) y del periodismo (la actualidad) para retornar el tiempo de los orígenes. O lo que es igual: para ser únicamente ojo que ve, vida que vive, revelación.”


*Citado por Rafael Cerrato en su libro Víctor Erice, el poeta pictórico (Ediciones JC, Madrid, 2006).

La imagen pertenece al film español La vida sublime, de Daniel V. Villamediana.

lunes, 24 de febrero de 2014

Adiós, Harold...


Y gracias por dejarnos una de las películas más maravillosas 
de la historia: Groundhog Day (Hechizo del tiempo).

Harold Ramis (1944-2014)