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sábado, 20 de noviembre de 2021

Festival de Mar del Plata 2021 - Algunas recomendaciones


Entre ayer y hoy vi tres hermosos documentales que pueden verse online de forma gratuita y siguen disponibles hasta este lunes 22 (sí, hay que tener paciencia hasta que le encontramos la mano al uso de la plataforma).

TRES EN LA DERIVA DEL ACTO CREATIVO 
Dirección: Pino Solanas

Tres amigos de la vida, marcados por el compromiso político de la misma generación, se reúnen para charlar sobre el proceso de creación: el cineasta Pino Solanas, el artista plástico Luis Felipe Noé y el dramaturgo Eduardo Pavlovsky. Con la cariñosa voz de Pino como guía, recorremos la obra de cada uno de ellos y los escuchamos reflexionar sobre sus estilos, la inspiración, los años del exilio, y también nos acercamos a sus hijos, que han seguido el camino del cine. Pino terminó esta película poco antes de morir.

CHANGO. La luz descubre 
Dirección: Paola Rizzi y Alejandra Martín

El inmenso Félix Monti ha colaborado con Solanas, Bemberg, Martel, Campanella, Puenzo y muchos otros realizadores, en algunas de las películas más importantes del cine argentino. En este humilde documental, el “Chango” habla de su carrera como director de fotografía y comparte sus ideas sobre la luz, el color, la composición visual, los artistas que lo inspiraron, su afecto especial por "Sur" y por "Yo, la peor de todas". Lo vemos trabajar en el rodaje de una comedia de Ariel Winograd y a la vez en la puesta de luces de una obra teatral a cargo de Pompeyo Audivert. Monti hoy tiene 83 años pero, como él afirma, no puede pasar demasiado tiempo lejos de una cámara o un reflector.


MARÍA LUISA BEMBERG. El eco de mi voz
Dirección: Alejandro Maci

“Toda acción es riesgo. Y yo sentí que estaba preparada para esa tarea difícil el día que me sentí lo bastante fuerte para, eventualmente, fracasar”, confesó alguna vez María Luisa Bemberg. Qué clara la tenía. Y cuántas ganas de crear. Debutó como directora cuando tenía 59 años, e hizo seis películas en doce años. Además, fue fundadora de la Unión Feminista Argentina a principios de los 70.

El material de archivo es muy bueno. Bellas fotos de la realizadora en su juventud y registros del backstage de rodajes que son inéditos o muy poco difundidos. Y también la tenemos a María Luisa, por supuesto, con su lúcida voz en entrevistas televisivas pero también en grabaciones de audio conservadas por Alejandro Maci, quien fuera su asistente y quien terminó rodando el guión de “El impostor” cuando ella falleció. Me sorprendió ver fragmentos de las películas en impecable calidad de imagen y sonido. Hoy las copias que circulan de “De eso no se habla” o de "Crónica de una señora" (escrita por Bemberg con dirección de Raúl de la Torre), por ejemplo, son muy pobres. Espero que este documental sea una puerta para recuperar esta obra fundamental en la calidad que merece.



https://www.mardelplatafilmfest.com

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Mar del Plata 2018 - Burning


Burning 
(Beoning / Corea del Sur, 2018) 
Dirección: Lee Chang-dong 
Sección: Panorama

Burning no me deja en paz. Hoy puedo decir que Lee Chang-dong hizo una obra maestra (otra más), pero durante el visionado uno está muy lejos de esa certeza. En una primera impresión, Burning puede tornarse espesa y ambigua hasta la desazón. La opacidad parecería querer imponerse sobre la empatía, y éste no es un mecanismo habitual en el cine del director. Pero a la vez hay algo que arde silenciosamente en esta película esquiva. Algo que reclama volver sobre todos esos instantes resplandecientes de puro enigma que quedaron adheridos a los ojos y al cuerpo como brasas invisibles. Pasan los días y el desconcierto original se convierte en decidida fascinación. Una fascinación colmada de tristeza, porque se trata de una película concebida desde el más absoluto pesimismo por el estado de la humanidad. 

Un chico (Jong-su) conoce a una chica (Haemi) en las calles agitadas de Seúl. En realidad ya se conocían porque habían sido vecinos, pero él hoy no la reconoce porque ella se operó la cara, acomplejada porque la llamaban fea (sin subrayarlo demasiado, el film empieza a señalar una serie de horrores propios del presente diseminados por el globo: el bullying, el terrorismo y más). Haemi entonces le cuenta al chico que pronto hará un viaje a África y necesita que alguien cuide de su gato. Jong-su acepta hacerle el favor. Él es claramente un adolescente introvertido que no sabe bien cómo llevar la relación con la chica, pero se engancha. Algo cambia para él desde que están juntos, aunque cuesta leerlo en su rostro impenetrable. El chico vive solo, en una casa con una granja situada cerca de la frontera con Corea del Norte. Su madre lo abandonó y su padre está preso. Jong-su quiere ser escritor. 

La película presenta, por lo menos, tres niveles de análisis. Primero tenemos la fábula en sí misma, apoyada en el difuso triángulo conformado por el protagonista, la chica y otro muchacho que aparece después, Ben. El relato nos ubica en un espacio y un tiempo bien concretos: un noticiero televisivo informa que el desempleo juvenil crece en Corea y que Trump busca reforzar sus políticas antimigratorias. La violencia está en todos lados y todos identificamos ese paisaje. Pero la narración de a poco se enrarece, y lo que había comenzado como un drama con tintes sociológicos se desplaza hacia una especie de thriller volátil ahogado en el extrañamiento. ¿Acaso hay zonas de la historia distorsionadas por la subjetividad del protagonista? Acá tenemos otro nivel de lectura, el metaficcional. Al igual que en Poetry, Burning tiene en su centro a un personaje que aspira a encontrar en el arte algún consuelo, quizás el último recurso para filtrar una realidad que lo aplasta. Jong-su está intentando escribir una novela. Su perplejidad es la del propio Lee Chang-dong, también artista, también vencido y angustiado por un mundo que no comprende. En distintas entrevistas sobre la película, el director dice que él quería narrar la furia. La furia y la impotencia que sienten hoy las personas, sobre todo los jóvenes. Tomó como base un cuento de Murakami, se inspiró también en William Faulkner, sumó sus propios temores y así salió esta película atípica poblada de trazos intrigantes que trasciende ampliamente el marco del “retrato generacional”. 

¿Por qué Haemi estudia pantomima? ¿Por qué Jong-su se detiene siempre en esa ventana que lo atrae como un imán? ¿Por qué bosteza tanto Ben? ¿Qué le pasa? ¿Será que el Mal está aburrido? Lo sentí de repente, sí. Sé que esta intuición suena pretenciosa y trivial, pero creo que Burning efectivamente habilita diversas puertas para que uno baraje un análisis alegórico. El fino doblez de los personajes, las situaciones nebulosas, las discretas epifanías, todo nos impulsa a descifrar las ideas latentes en numerosos símbolos del film que se resisten a la interpretación unívoca. Y eso es lo genial, esa sensación de estar ante una película abierta al futuro, una obra con una potencia todavía agazapada, en la que los signos y los juegos textuales recién empezaron a rodar. 

Si me animo a hablar del Mal con mayúsculas como uno los muchos posibles temas de Burning, es porque Lee ya había abordado esta cuestión en otras películas. En su impresionante Peppermint Candy, film de 1999, trataba de comprender el carácter violento y autodestructivo del protagonista como un producto de la historia del país. Sin embargo, los actos de perversión narrados en Secret sunshine (2007) y Poetry (2010) parecen inscribirse en otro orden, más ominoso y bestial. Sí, existen sujetos que hacen daño sin sentir culpa, y esos sujetos son parte del género humano. No siempre la maldad encuentra explicación. Lee la expone, acompaña a las víctimas, pero no puede entender. Por eso sus últimas películas resultan tan devastadoras, y en este aspecto Burning es la más terminal. No hay salida de ningún tipo. Ni una sola lucecita.


Pero hay desesperación. Eso es lo que arde, lo que llora. En pleno festival de cine, al lado de muchas películas que se muestran imperturbables frente al estado del mundo, Burning se eleva en su maestría mientras más la recordamos y la asumimos en todo su dolor. En una de las primeras escenas, la joven Haemi le cuenta a Jong-su que los pueblos bosquimanos, en el desierto de Kalahari, interpretan la palabra "hambriento" desde dos dimensiones. “Poco hambriento” es aquel que tiene hambre físicamente, y “muy hambriento” es el que tiene hambre por el sentido de la vida. Lee Chang-dong coloca ese diálogo a modo de manifiesto artístico, una filosofía que uno también puede aplicar como parámetro para diferenciar cuáles son las películas menores y cuáles las verdaderamente importantes. Lee quizás no tenga esperanza, pero evidentemente tampoco elige recluirse y permanecer callado. Su hambre es voraz.

martes, 20 de noviembre de 2018

Mar del Plata 2018 - Un cierre con censura


El último sábado se llevó a cabo, en el Teatro Auditorium, la ceremonia de clausura del 33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Hubo censura. A los jurados no se les permitió leer los fundamentos de sus elecciones, así como tampoco pudieron hablar los artistas galardonados a la hora de recibir sus premios. La noticia ya es conocida. Desde este espacio simplemente queremos sumarnos al repudio, y replicar el texto publicado por la actriz María Alché, que fue miembro del jurado de la competencia principal. Adherimos a sus palabras.

Por Andrei Ujica, Valerie Massadian, Luis Miñarro, María Alché y María Bonsanti* 
 
Como parte del Jurado de la Competencia Internacional del Festival de Cine de Mar del Plata en su 33 edición, queremos dar las gracias a Cecilia Barrionuevo, Marcelo Alderete, Pablo Conde, Paola Buontempo, Francisco Pérez Laguna y todo su gran equipo de colaboradores, por su calidez y enorme trabajo puesto en que este festival sea tan hermoso como ha sido. 

Asimismo, queremos repudiar la frialdad de la ceremonia de entrega de premios, donde los premiados no tuvieron voz, es decir no pudieron expresarse ni decir nada al recibir sus galardones, al mismo tiempo que no se leyeron nuestras justificaciones de los premios. 

Habíamos pensado unas palabras, pero aparentemente tampoco había lugar; decían lo siguiente: 

Alrededor del mundo cada vez hay menos y menos dinero para la cultura. Considerar a la cultura como algo secundario, es considerar que lo que humanos crean para entender, cuestionar, representar y pensar del mundo en el que vivimos es secundario, cuando en realidad es la esencia de nuestra misión como seres humanos. 

Como jurado se nos convoca para pensar, cuestionar y poner en perspectiva la relación que el cineasta tiene con el mundo, a través de sus personajes, de su puesta en escena, de su lenguaje cinematográfico. No permitirnos intercambiar estos pensamientos y justificaciones para los premios, es negar la comunicación, los lazos en una comunidad. Y no lo entendemos, ya que la cultura es el medio, el vínculo y el propósito de tal evento cultural.


*Integrantes del jurado de la Competencia Internacional del último Festival de Mar del Plata.

viernes, 9 de noviembre de 2018

33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata - 10 elegidas


Una selección muy personal de diez películas que integran la programación de la edición 33 del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que comienza el próximo sábado.

Los 400 golpes, de François Truffaut (Retrospectiva Jean-Pierre Léaud) 
Jean-Pierre Léaud es uno de los invitados en esta edición del festival. Hay que darse el gusto de volver a ver esta preciosura truffautiana en el teatro Auditorium. Imagino que Léaud estará en la sala para introducir la película. Por eso voy. 
 
Boy meets girl, de Leos Carax (Retrospectiva del director) 
La motivación es bastante parecida a la anterior: quiero conocer a Leos Carax y espero que esté presente en la función. Además nunca vi esta película, su opera prima. 
 
Burning, de Lee Chang-dong (Autores) 
Lo nuevo del cineasta coreano Lee Chang-dong, creador de películas extraordinarias como Peppermint Candy, Oasis y Poetry. Luego de 8 años sin estrenar, Lee Chang-dong vuelve con Burning, un film que “va mucho más allá de su trama -escribe Marcelo Alderete- para hablarnos de los problemas de una sociedad, de las divisiones históricas y de un pasado que afecta al presente y no parece encontrar una solución a la violencia.” 


The wild pear tree, de Nuri Bilge Ceylan (Autores) 
Cine existencialista en su mejor forma. Las películas de Ceylan son tan tristes como hermosas, y hay que ir preparado para salir de la sala en un estado de profunda melancolía que puede prolongarse horas... días incluso. El protagonista de su nuevo film es un joven aspirante a escritor que viaja de la ciudad al pueblo en donde creció, situado en la parte más rural de Turquía. Allí deberá enfrentarse con su padre, y con sus propias limitaciones como artista.
 
Monrovia, Indiana, de Frederick Wiseman (Autores)
Alguna vez lo dije: no creo que haya otro documentalista en la historia del cine tan genial como Wiseman. Su mirada es paciente, discreta, lúcida, crítica, certera. Sus películas pueden durar tres o cuatro horas pero el tiempo ni se siente porque uno queda fascinado ante la riqueza perceptiva que desprende cada plano. Ya es una fija del festival marplatense, que año a año nos agasaja con la más reciente producción del director. En su nuevo film, el realizador se dedica a observar a los habitantes de una pequeña comunidad rural del Medio Oeste de Estados Unidos, una región que debe pensarse como centro formativo de la política y los valores que han consagrado al actual presidente de ese país. 
 
Chubut, tierra y libertad, de Carlos Echeverría 
(Invitada especial – Competencia Latinoamericana)  
Y hablando de notables documentalistas, Echeverría es uno de los mejores nacidos en Argentina (autor de la imprescindible Juan: Como si nada hubiera sucedido). El director esta vez vuelve sobre un paisaje ya visitado en otros trabajos, la Patagonia, para explorar la situación de las comunidades originarias y campesinas a partir de las injusticias cometidas -hoy y ayer- por los gobiernos y los capitales extranjeros. 
 
Yara, de Abbas Fahdel (Competencia Internacional)
Quiero saber. Quiero saber cómo se sigue después de esa experiencia demoledora llamada Homeland (Iraq Year Zero). Su director, el iraquí Abbas Fahdel, da el salto a la ficción para narrar una historia de amor, el primer amor, con su inocencia, ilusiones y decepciones. Ansío verla porque quiero saber cómo se hace, cómo se recupera la fe… si eso es posible.
  
  
The Most Beautiful Country in the World, de Želimir Žilnik (Autores)
La obra del serbio Želimir Žilnik era prácticamente desconocida para el público argentino, hasta que el festival de Mar del Plata le dedicó una retrospectiva en su última edición. Así descubrimos a un cineasta político dueño de una poética ecléctica y vital. La programación de este año incluye su nuevo film, que aborda el presente de los inmigrantes en Europa, en forma de docuficción. Como señala Boris Neleppo, sólo Žilnik “es capaz de hacer un cine incisivo que no les huye a los temas actuales y ofrece un análisis inteligente, sin olvidarse del aspecto humano, la vida cotidiana y la comedia."
 
Los asesinos están entre nosotros, de Wolfgang Staudte 
(Retrospectiva del director)
Y si el año pasado fue Žilnik, esta vez el cineasta a descubrir será Staudte, considerado un maestro del cine alemán de posguerra. Según Olaf Möller, curador de la retrospectiva, esta película integra una trío de obras maestras junto a The Fair y Destination Death. 
 
Prisioneros de la tierra, de Mario Soffici (Clásicos restaurados)
Verdadero emblema del cine social argentino en su período clásico. Nunca pude verla en una copia en condiciones dignas, así que espero hacerlo en el festival, en donde se proyectará una versión restaurada del film que el Museo del Cine de Buenos Aires consiguió realizar gracias al apoyo de The Film Foundation de Martin Scorsese y al laboratorio L’Immagine Ritrovata de Bologna.

Las entradas ya pueden comprarse a través de internet. En el sitio del festival pueden descargar el catálogo y la grilla de programación: http://www.mardelplatafilmfest.com/es

lunes, 18 de diciembre de 2017

Mar del Plata 2017 - Early Works


Early Works (Rani davovi) 
(Yugoslavia, 1969)
Dirección: Želimir Žilnik 
Sección: Retrospectiva Želimir Žilnik

Es probable que la denominada “Ola Negra” del cine yugoslavo sea la menos difundida dentro de las celebradas nuevas cinematografías de Europa del este surgidas en los años '60 y '70. Y eso tal vez se deba, como sugiere el crítico Rubén Redondo(1), a “lo excesivo de una atmósfera corrosiva, surrealista, depravada” que presentan ciertas películas de esta generación de jóvenes realizadores balcánicos que se sumaron al fervor combativo atizado por Mayo de '68. La descripción del crítico calza perfecto con Early Works, singular ópera prima de Želimir Žilnik , director serbio aquí prácticamente desconocido al que el Festival de Cine de Mar del Plata le dedicó una amplia retrospectiva. Tras recibir el León de Oro en la Berlinale de 1969, Early Works llamó la atención internacional sobre esta nueva camada de cineastas que Žilnik integraba junto a Dušan Makavejev, Živojin Pavlović y Aleksandar Petrovic, entre otros. Lo curioso del término Ola Negra es que, como explica Jurica Pavičić (2), “fue acuñado inicialmente por los censores de cine yugoslavos pero acabó erigiéndose en auténtico movimiento de oposición cultural al régimen de Tito. El movimiento recibió el nombre de 'ola negra' tanto por su opacidad narrativa como por su pesimismo con respecto a la política oficial.”

Early Works es oscurísima, sí, pero ante todo es muy audaz, especialmente en su pintura feroz de la militancia, representada aquí por un grupo de jóvenes tan enérgicos como desorientados. Guiados por la premisa “Paremos de hablar y empecemos la acción”, cuatro estudiantes -una mujer y tres varones- un día abandonan sus casas y salen en un recorrido que incluye entrenamiento guerrillero, sexo, fogones, visitas a fábricas, teatro, errancias varias y hasta una charla sobre anticoncepción para campesinas. El personaje de la chica se llama Jugoslava, y si bien la lectura metafórica permite justificar ciertos hechos incomprensibles que ocurren en la historia, creo que un logro importante de Žilnik fue evitar que el relato sucumbiera ante el servilismo de la alegoría.

“Nuestro acercamiento al pueblo fue abstractamente humanista”, dice alguien por allí, una de las tantas frases que atraviesan la banda sonora de la película. Más allá de la premisa inicial que reclamaba más práctica y menos discurso, los personajes nunca dejan de hablar y remover el ideario del marxismo clásico (el título del film remite, justamente, a las obras tempranas de Marx y Engels). Sin embargo, los protagonistas desconciertan porque no discuten. No conectan realmente. Lo que escuchamos es una sucesión de consignas políticas que se lanzan de forma aleatoria y mecánica, y nunca terminamos de saber si son convicciones o ironías, o ambas cosas a la vez. La puesta en escena somete al espectador a un permanente -y fascinante- esfuerzo de discernimiento ante cada nueva acción: ¿se nos está invitando a hundirnos en la desolación de la derrota, o quizás a liberarnos por el camino de una sátira solapada?  Una impresión apresurada podría señalar que se trata de una película cínica, si no fuera porque en su extensa obra el director demostraría un inalterable compromiso con la causa socialista. Los jóvenes de esta historia están claramente enajenados, atrapados en el insalvable bache que separa la teoría de la realidad. Sin embargo, Žilnik los hace hablar porque sabe que las palabras resultan imprescindibles en la lucha política, aunque eso implique decirlas y repetirlas hasta romperlas, hasta entender que ya es hora de trabajar a destajo para encontrar otras palabras, más lúcidas y efectivas.


1 - Rubén Redondo, en el sitio CineMaldito.
2 - Jurica Pavičić

jueves, 7 de diciembre de 2017

Mar del Plata 2017 - Añoz luz


Años Luz (Argentina, 2017)
Dirección: Manuel Abramovich
Sección: Panorama Cine Argentino

“¡Frenen a ese caballo!”, grita Lucrecia Martel en un momento de Años luz, y justo allí la imagen funde a negro. Por primera (y única) vez sentimos una tangible desesperación en la voz de la directora. Parece que un caballo se cansó de esperar a que los técnicos hicieran los preparativos para la toma, y entonces desertó. A lo mejor ése era justo el caballo que en Zama logra cortarnos la respiración con esa mirada a cámara absolutamente inquietante, uno de los primeros planos más inolvidables que ha dado el cine en mucho tiempo. Años luz no confirma si llegaron a atajar al animal, aunque suponemos que sí. Martel no podía prescindir de esos ojos eléctricos.


Toda esta situación es pura especulación. Nunca vemos la fuga ni conocemos la identidad del equino. Es el fuera de campo el que nos convoca y estimula, territorio imaginario en el cual Martel se mueve como reina y que Manuel Abramovich intenta custodiar desde su lugar de contemplador sigiloso. Años luz es un documental que reúne algunos momentos registrados durante el rodaje de Zama. La realizadora es aquí tan protagonista como el aire que la envuelve, aire que condensa el deseo y la presión de la creación. El aire es todo para esta autora. En el aire se congregan esos sonidos sustanciales que su oído se dedica a captar y cincelar con meticulosa devoción. La cámara de Abramovich elige arrancar con un encuadre cerrado sobre el rostro de Lucrecia para luego ir conquistando fracciones de vacío y provechosos claros de silencio. Años luz es una película aireada, templada, libre, muy lejos de los típicos making of comerciales que se atoran en testimonios mecánicos, edición ansiosa y previsibles loas al director en cuestión. Aquí se muestra a los actores en pleno ejercicio del ensayo y error: hay que pronunciar una frase muchísimas veces hasta dar con la vibración exacta. El cine es cadencia. Y también es contingencia. El avión inoportuno, tan ajeno al siglo XVIII. La llama que fascina cuando hace la suya.

Abramovich sabe que no hay manera de transmitir el cómo se hace porque eso es patrimonio exclusivo del artista. Una cosa es registrar cómo se imparte una directriz y otra muy distinta es pretender traducir el genio marteliano. A lo sumo se puede aspirar a resguardar humildemente la estela del misterio… de eso se trata un poco Años luz.

martes, 28 de noviembre de 2017

Mar del Plata 2017 - Lumière! L'aventure commence


Lumière! L'aventure commence
(Francia, 2016)
Dirección de la compilación: Thierry Frémaux
Sección: Proyecciones especiales

La historia del cine ha petrificado la obra de los hermanos Lumière con definiciones que son, por lo menos, imprecisas. Suele afirmarse que Louis y Auguste querían capturar la realidad y respetaban estrictamente la regla de no intervenir en lo que aparecía frente a la cámara. Su objetivo era dejar testimonio de la vida en movimiento, aunque nunca fueron conscientes del potencial creativo latente en el cinematógrafo. Ese hallazgo -el diseño de una puesta en escena para el cine- le correspondió al mago George Méliès, dicen los libros. Pero en este trabajo de compilación y reflexión teórica, Thierry Frémaux intenta aportar otra idea: los hermanos de Lyon no sólo inventaron una nueva técnica sino que también pusieron en práctica una gran cantidad de recursos que merecen ser considerados “modernos”. 

Entre 1895 y 1905 la compañía Lumiére rodó más de 1400 films de 50 segundos de duración cada uno. Ya en 1996 se había editado una selección de 85 cortos guiados por la narración de Bertrand Tavernier, con un enfoque en parte similar al de esta nueva antología exhibida en Mar del Plata. Para este proyecto de restauración y divulgación, Frémaux eligió 108 films, los agrupó por temáticas y agregó comentarios en off tan ilustrativos como divertidos. Su recorrido me resultó fascinante de principio a fin. Sin embargo, y dado que él es un hombre de poder, pues cada año marca la agenda del cine mundial como director el Festival de Cannes, parece que debemos sospechar de su buena fe. Algunas reseñas cuestionaron el film por el tono “chauvinista” del narrador y por ignorar la incidencia que otros realizadores (Porter, Griffith, el propio Méliès) efectivamente tuvieron en la evolución del lenguaje fílmico. (1) Pero ésta es una lectura demasiado literal del discurso de Frémaux, que está muy lejos de pretender forjar una contrahistoria que desbanque a otros pioneros. Lo que quiere es desmontar el aura de "científicos escépticos" que siempre ha perseguido a los Lumière para reivindicarlos como ávidos buscadores de imágenes significativas. Esencialmente, se trata de conocer algunas notables filmaciones muy poco difundidas y a la vez redescubrir la inagotable vivacidad de muchos planos que ya creíamos cristalizados en nuestro -claramente pobrísimo- saber cinéfilo.


Frémaux rastrea las herencias pictóricas (Cézanne, Turner, Renoir, la fotografía de los hermanos Bisson) en las composiciones de Lumière, y a la vez se lanza a sugerir que ciertos encuadres y motivos visuales de sus cortos anticiparon la poética de cineastas como Eisenstein, Ozu, Kurosawa, Visconti e incluso James Cameron. Y sí, de alguna manera Frémaux juega a que los Lumière fueron los precursores de todo el cine por venir (exageración pícara que molestó a algunos críticos), pero queda claro que sólo es eso, un juego, un gozoso ejercicio de apreciación que incita a ensayar conexiones posibles a lo largo de la infinita trenza que enlaza el mundo material con la historia de las imágenes. ¿Por qué algunos temas vuelven siempre en las imágenes? ¿Cómo vuelven? ¿Por qué insisten? ¿Cuál es la trama que persiste? Pienso en ese inquietante corto situado en una aldea de Vietnam, que para Frémaux es el film más bello de todos los rodados por Lumière. Se titula Le village de Namo: Panorama pris d’une chaise à porteurs (El pueblo de Namo: Panorama visto desde un palanquín). Véanlo y después seguimos:



El film fue rodado en 1900 por Gabriel Veyre, que fue uno de los operadores más destacados del equipo Lumière, junto a Alexandre Promio y Constant Girel. Ellos se ocupaban de viajar con el cinematógrafo a distintos puntos del globo para documentar las culturas de cada país. (El dato abre la pregunta sobre quiénes deberían ser considerados como verdaderos autores de muchos de estos films, discusión que no voy a resolver aquí). Ubicado en una silla portátil en movimiento, Veyre registra a un grupo de niños y niñas que lo siguen mientras la cámara realiza un travelling hacia atrás. Esas sonrisas son puras, sí. Son hermosas. Pero el film genera angustia, pues la palabra Vietnam asociada a la figura de una niña corriendo desnuda remite inevitablemente a la icónica “Niña del napalm”, eternizada en aquella brutal fotografía de Nick Ut. En el cortometraje vemos a una niña desnuda y también a otra, vestida con harapos. Ambas corren hacia nosotros, atraídas por la cámara. La niña desnuda abandona el plano. Y luego vuelve, hasta que desaparece por completo y deja que la otra colme la escena con su rostro iluminado. Yo temblé en esos instantes, sintiendo que la Indochina colonizada de principios del siglo XX se cruzaba con la premonición de la guerra de Vietnam, dos momentos históricos encarnados en esas niñas que corren. Dos niñas postergadas. Dos fantasmas. Pero hay que aceptar que allí, justo allí, en esa pantalla frente a mí, esas niñas son muy felices. Y así es cómo yo debería poder abrazarlas ilusoriamente. Ellas no tienen la culpa de que mis ojos estén desbordados de catástrofes. 

Thierry Frémaux (a la derecha del panel) en la charla con
el público posterior a la proyección, en el teatro Auditorium.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata - Anticipo (II)


Volver a los orígenes. Desandar la historia de las imágenes. Sentir sus mutaciones, sus huracanes, sus resistencias. Hallar su impulso vital. Teoría y deseos. Nostalgia y desconcierto. La frescura inaugural, la modernidad reflexiva y la vocación experimental. Tres películas sobre el cine.

Lumière! L'Aventure commence (Francia, 2016) 
Compilación y restauración a cargo de Thierry Fremaux
Sección: Proyecciones Especiales 
“Los hermanos Lumière -escribe Peter Scarlet- han sido universalmente considerados los padres del cine: su primera serie de películas de un solo plano y de menos de un minuto marcaron el primer paso de una revolución artística. Pero pocos espectadores hoy tienen idea de lo increíbles que son estas películas.” En el festival vamos a poder ver esta compilación que presenta 108 de los más de 1400 cortos que realizaron los hermanos Louis y Auguste y sus operadores. El trabajo de análisis y restauración estuvo a cargo de Thierry Frémaux, historiador y actual director del festival de Cannes, quien vendrá a Mar del Plata a presentar la película. Imperdible. 

Grandeur et décadence d'un petit commerce de cinéma 
(Francia, 1986) 
Dirección: Jean-Luc Godard
Sección: Panorama – Autores 
Cine que piensa el cine. Es decir: Godard. Siempre atento a las transformaciones tecnológicas y sus inevitables efectos sobre el discurso audiovisual, el realizador francés concibió esta obra “como un manifiesto inquieto y profundo en defensa del cine, frente al avance arrollador de la televisión”, sostienen los programadores en el catálogo del festival. Protagonizada por Jean-Pierre Léaud, la película fue rodada hace tres décadas pero permaneció inédita hasta este año. En Mar del Plata será proyectada en pantalla grande por primera vez en nuestro país. 

Réquiem para un film olvidado (Argentina, 2017) 
Dirección: Ernesto Baca
Sección: Competencia Argentina 
El realizador argentino Ernesto Baca, reconocido por obras experimentales como Cabeza de palo y Samoa, explora en su nuevo film el impacto que le provocó una noticia: Kodak dejó de producir celuloide. ¿Qué consecuencias tiene para el arte del cine la supremacía de la tecnología digital? Según informan los programadores, en esta película el director “intercala elementos biográficos (su vida en Florencio Varela, la relación con su madre, sus maestros, la influencia de Claudio Caldini, y… ¡hasta su propio velorio!) con otros de (ciencia) ficción, en la que el propio Baca aparece como un científico en su laboratorio...”. 
  
Más información en el sitio del festival: http://www.mardelplatafilmfest.com/en/

lunes, 13 de noviembre de 2017

32º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata - Anticipo (I)

En unos días comienza la 32º Edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Luego de recorrer el catálogo y la programación, puede percibirse claramente una reducción en el número de películas que integran la muestra, aunque en lo personal no creo que la cantidad sea un valor en sí mismo. Sí debo decir que lamento mucho la ausencia de todas esas notables películas argentinas -clásicas, modernas o raras- que hasta el año pasado curaba y presentaba Fernando Martín Peña (hoy alejado del festival), un espacio imprescindible para poder descubrir y apreciar la historia de nuestro cine en óptimas condiciones de proyección. Ojalá ese lugar en la programación pueda recuperarse, aunque sea en parte, en futuras ediciones del festival.

Mientras tanto, aquí estamos, con muchas ganas de sumergirnos nuevamente en las salas oscuras para nutrirnos de cine. Hay diversos criterios que conviven en la selección que uno hace de las películas, al menos desde el deseo inicial (luego habrá que confirmar si la grilla de horarios y las fechas permiten ver todo lo que uno anhela). En la elección se mezclan la afinidad con un autor, las recomendaciones de otros críticos, la intuición, las apuestas personales e incluso la curiosidad de último minuto que puede despertar una sinopsis del catálogo.Y también están aquellos títulos que, por algún motivo en especial, parecen resonar desde hace meses en mi memoria, pues me llamaron la atención a lo largo del año a través de las distintas coberturas periodísticas de los principales festivales del mundo. Aquí van cinco de esas películas: 

120 battements par minute (Francia, 2017) 
Dirección: Robin Campillo
Sección: Panorama - Autores 
ACT UP fue una organización fundada en 1987 en Nueva York para concientizar sobre la problemática del HIV. Esta película narra las actividades de un grupo de militantes de esa organización en Francia, a principios de los '90. Ganó el premio FIPRESCI en Cannes y cuenta con una interpretación muy celebrada del actor argentino Nahuel Pérez Biscayart, quien viene trabajando en Europa desde hace unos años, y a quien vimos en Grand Central, por ejemplo. El director, Robin Campillo, también escribió junto a Laurent Cantet los guiones de El empleo del tiempo y Entre los muros. 

Visages, villages (Francia, 2017) 
Dirección: Agnès Varda y JR
Panorama: Autores 
Dice el catálogo del festival: “Recorriendo la campiña francesa en una camioneta transformada en un laboratorio fotográfico improvisado, Agnès Varda y el artista callejero conocido como JR se dedican a tomar fotos de personas cuyos rostros no se ven habitualmente en cine. Obreros, ex mineros, mucamas, todos se ofrecen a que sus facciones sean impresas en gigantescas fotografías que forman collages en paredes y fachadas.” A sus 89 años, Varda sigue muy activa, dispuesta siempre a dejarse sorprender por la belleza del mundo para regalarnos obras emotivas y refrescantes. Ganadora del premio al Mejor Documental en el último festival de Toronto. 

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Reino Unido, 2017) 
Dirección: Martin McDonagh
Sección: Panorama - Autores 
Creo que puedo comprar sin dudarlo cualquier película en la que aparezcan Frances McDormand, Sam Rockwell y Woody Harrelson, y resultan que aquí coinciden los tres. La historia tiene como protagonista a una mujer que lleva meses esperando que se haga justicia por el crimen de su hija, hasta que un día decide pintar y colocar tres carteles en los caminos que conducen hasta su pueblo, con un mensaje desafiante dirigido al jefe de policía del lugar. La película ganó el premio al Mejor Guión en Venecia. El realizador es Martin McDonagh, autor de la excelente Escondidos en Brujas. 

Hannah (Italia/Francia/Bélgica, 2017) 
Dirección: Andrea Pallaoro
Sección: Panorama - Nuevos Autores 
“La historia comienza con Hannah -explica el catálogo del festival- despidiendo a su marido en la cárcel, y continúa con su camino mientras intenta llevar adelante una vida en soledad, enfrentando el desinterés de sus hijos y su entorno, los fantasmas del pasado y el peso ineludible de la angustia y la alienación que una rutina intensa no llega a controlar.” En Venecia premiaron a Charlotte Rampling por su trabajo en este film. Y la verdad es que esta dama enaltece cualquier película que toca.

Una mujer fantástica (Chile, 2017) 
Dirección: Sebastián Lelio
Sección: Competencia Latinoamericana 
Todavía recuerdo el impacto que generó en muchos espectadores la presentación de La sagrada familia en la edición 2006 del Bafici. Aquella inquietante película era la ópera prima de Sebastián Lelio, uno de los realizadores más interesantes que ha dado el cine chileno en los últimos años. Su nuevo film narra el drama que debe afrontar una joven camarera luego de perder a su pareja (y sugiero no averiguar nada más sobre la trama). Una mujer fantástica fue distinguida por su guión en el Festival de Berlín y como Mejor Película Latinoamericana en San Sebastián.


El catálogo y la grilla de programación del festival ya están disponibles en el sitio:http://www.mardelplatafilmfest.com/en/

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Mar del Plata 2016 - Captain Fantastic


Captain Fantastic
(Estados Unidos, 2016)
Dirección: Matt Ross

Sección: Panorama / Autores

La película comienza con un ejercicio de destreza: con un cuchillo como única ayuda, un joven se lanza sobre un ciervo y lo degüella en el acto, ante la seria mirada de su padre y de sus hermanos. Es un bautismo de sangre: “Hoy el niño ha muerto. Ahora hay un hombre”. Todos están camuflados para mimetizarse con la vegetación, con sus cuerpos y rostros embadurnados de barro. Y claro, allí uno piensa en las máscaras feroces de Apocalipsis Now (justo una película vecina en la programación del festival), así como también recuerda los peligrosos verdores de Deliverance y la musculatura de El señor de las moscas. La diferencia es que en Captain Fantastic ese estado “salvaje” -aunque sería mejor decir “precapitalista”- representa una condición elegida y no un callejón al que se llega por desesperación o locura. En esta ficción Viggo Mortensen interpreta a Ben, un hombre que decidió criar a sus seis hijos en medio de un bosque, bien lejos de la modernidad, del consumo, de las tecnologías (tema que a la vez nos lleva a otro film estrenado este año: Le meraviglie). Los chicos son cazadores, agricultores, artesanos, briosos atletas e intensos lectores, cualidades moldeadas bajo una estricta disciplina. Para ellos, celebrar el cumpleaños de Noam Chomsky resulta ser el acontecimiento más importante del año, aunque a uno de los varones también le encantaría poder festejar la Navidad, “como lo hacen todos los demás”. Todo forma parte de un proyecto político que Ben encaró junto a su esposa y madre de los chicos. Sucede que un día la madre muere. Y la familia debe salir a la ruta para enfrentarse con el mundo, o aquello que el protagonista define como “el sistema”. Allí el padre deberá hacerse cargo de muchas contradicciones y asumir que, quizás, su acerada arrogancia podría estar cercenando la individualidad de sus hijos.

La trama aborda una cuestión que no sólo tiene alcance universal, sino que además debería ser siempre prioritaria: si realmente creemos que la emancipación sólo llegará a través de la educación, ¿qué tipo de crianza debemos darle a nuestros hijos? No tengo dudas de que Matt Ross realizó el film con las mejores intenciones, y encima cuenta con Mortensen, que aquí vuelve a lucirse con esa sencillez tan magistral que lo caracteriza (yo intuyo que a Viggo le compramos lo que sea porque es un actor que nunca parece estar actuando). Captain Fantastic es una película amable, visualmente hermosa por momentos, pero débil en su construcción dramática, afectada por el carácter excesivamente programático del guión, rasgo que en varias escenas se torna muy evidente y anula cualquier atisbo de frescura. Pienso en el dibujo que hace el film de Bo (George MacKay), el hijo mayor del clan, quien debido al aislamiento no ha tenido roce con las mujeres y no sabe bien cómo vincularse con ellas. Cuando conoce a una chica que le gusta, para declararle su amor el joven no encuentra mejor opción que arrodillarse cual precario Romeo mientras recita un inverosímil parlamento científico-literario. La escena no logra ser ni ridícula ni tierna: es directamente artificial. Fría. Está colocada para probar uno de los veredictos del film (también subrayado por los diálogos): la experiencia vivida en el mundo concreto aporta una clase de sabiduría que los libros no contienen. 



Captain Fantastic no es una película ingenua, a pesar de su tibieza. Al mostrar la mansión perteneciente a los suegros de Mortensen, por ejemplo, el realizador postula que el sueño hippie sigue siendo, en gran medida, patrimonio de jóvenes burgueses que se lanzan a practicarlo como si fuera un ensayo existencial, sabiendo que pueden volver al confort familiar si la aventura fracasa (que el dato sea un lugar común no lo hace menos cierto). Pero creo que lo más interesante del relato reside en un puñado de indicios que señalan aquellas situaciones o perspectivas que escapan al control del protagonista. Una de las hijas pequeñas de Ben, Zaja (interpretada por la maravillosa Shree Crooks), pronto se revelará como una enciclopedia andante, con muchos contenidos sobre historia y actualidad acumulados en su memoria. A la niña también le fascina cazar nutrias y desollarlas con un cuchillo hurtado a sus hermanas mayores. Al comienzo del film vemos cómo el padre sube a buscar a Zaja a una casita montada sobre un árbol, en donde descubre que la niña tiene un retrato del bestial Pol-Pot situado en un altar, rodeado de pieles, plumas y pequeñas calaveras de animales (y algo más). Y allí uno se pregunta en qué extraña manera estará procesando esta nena toda la información inculcada por su padre. El padre, azorado, no sabe qué decir. La escena es breve pero inquietante, porque insinúa algo siniestro a través de su discreta ambigüedad. Allí podría haberse incubado, decididamente, otra película, claro que en ese caso estaríamos sacudiendo el cerco de la feel-good movie, convención que Captain Fantastic jamás pretendió traspasar. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Mar del Plata 2016 - El festival en tres momentos


El caballo de hierro 
(The Iron Horse / Estados Unidos, 1924)
Dirección: John Ford
Sección: Revisiones / Zona Hollywood 
El vampiro negro 
(Argentina, 1953)
Dirección: Román Viñoly Barreto
Sección: Revisiones / Rescates 
Apocalypse Now (Redux) 
(Estados Unidos, 1979/2001)
Dirección: Francis Ford Coppola
Sección: Generación VHS

“No puedes meramente salvar las películas, 
también tienes que salvar a la audiencia”.

Eddie Muller (1)
(Presidente de la Film Noir Foundation)
Vibraciones

En esta edición asistimos a uno de los acontecimientos más importantes de la historia del festival: la proyección de El caballo de hierro, superproducción dirigida por John Ford en 1924, acompañada con música en vivo a cargo de la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata, en el teatro Colón. Es muy difícil traducir la experiencia en palabras: hay que estar ahí, ver, escuchar y sentir el impacto de todas esas vibraciones sobre la propia piel. La vehemencia de la música te toca, te eleva y te lleva a seguir a los personajes en un extraño estado de euforia reflexiva. La película narra la construcción de las vías del primer tren transcontinental de Estados Unidos, obra que se completó en 1869. Hay cowboys, indios, villanos, empresarios, inmigrantes, un presidente emblemático, una doncella valiente, un padre muerto a ser vengado y un héroe soñador, aunque los momentos más perdurables -al menos para mí- quedaron asociados a las escenas con los trabajadores responsables de la expansión de las vías. Por su expresividad, por su simpatía, porque en esos cuerpos que agachan el lomo y hacen historia con la materia, durmiente a durmiente, parecería afincarse una autenticidad que en parte se les escapa a los otros personajes del western, más codificados. El clímax del film consistirá en una gran batalla entre indios y blancos que representará la conquista definitiva -industrial y comercial- del oeste. Pero mucho antes de llegar ahí, el guión implanta una escena breve y curiosa a modo de anticipo: los obreros están trabajando en el tendido férreo cuando se repente aparece un pequeño grupo de indios a caballo, en una especie de ataque relámpago. Todos los obreros dejan enseguida sus herramientas, toman los rifles que tienen a mano y disparan. Los indios pronto se van, nadie muere y los obreros vuelven a sus tareas en las vías con absoluta tranquilidad y prestancia. Pura gracia fordiana.

   
Claroscuros

Otro gran momento: descubrir El vampiro negro, película producida por Argentina Sono Film en 1953 y dirigida por el uruguayo Román Viñoly Barreto, proyectada en una copia nueva en 35 mm en el Colón. El realizador admiraba a Fritz Lang y se animó a plasmar su propia versión de M (1931), obra maestra del cineasta europeo, también conocida como El vampiro de Düsseldorf (que a su vez ya había tenido una remake a cargo de Joseph Losey).

Nathán Pinzón encarna al personaje que Peter Lorre interpretara en el film original. Desde el inicio sabemos que él es el asesino: un asesino serial de niños. Su cuadro es desolador y claramente irreversible. Lo interesante es observar cómo el director nos coloca frente a un sujeto siniestro que, a pesar del horror de sus actos, nunca llega a convertirse en monstruo ante nuestros ojos. Un solo episodio le alcanza al relato para exponer la profunda represión sexual que sufre el protagonista: Teodoro Ulbe (Pinzón), profesor de inglés, recibe en su cuarto a dos alumnas adolescentes para una clase particular y se pone muy nervioso ante la presencia femenina. Las chicas lo notan, gozan y se ríen. Lo están lastimando, aunque ellas no sean conscientes de la dimensión del daño provocado. Miradas y gestos se articulan en esta escena con una notable economía narrativa. Viñoly Barreto -al igual que Lang- busca ir más allá del individuo para pensar cómo funciona la dinámica de la sociedad en su conjunto, contemplando incluso aquellos vínculos que a simple vista pueden resultar inocentes.


La película sorprende, especialmente, por su increíble dominio de la luz, virtud que se aprecia ya en los títulos de crédito, en donde vemos cómo la brumosa figura de un hombre sube unas escalinatas eternas hacia un lugar incierto. ¿Será el edificio de la Facultad de Derecho? Alejandra Portela y Raúl Manrupe afirman que “Viñoly Barreto filmó para que Buenos Aires no lo pareciera y logró separarse de Lang, consiguiendo una obra maldita, expresionista y nunca igualada en lo formal”. (2) Coincido. El vampiro negro es un film alucinante.

Calor

Comienza Apocalypse Now (Redux): se apagan las luces de la sala y escuchamos que algo cruje a lo lejos, hermoso. Es el crepitar del celuloide. La pantalla se llena de polvo mientras Jim Morrison canta con resignación y nos advierte: no hay ningún principio aquí. Es El Final. Solo hay fuego y delirio. Realmente no recordaba hasta qué extremo todo es naranja y terroso ya desde el minuto uno del film. Tenía muy presente el enlace entre el paisaje selvático y el desconsolado Martin Sheen mirando el techo de su habitación, pero por algún motivo en mi memoria se había disipado esa densa cadena de fundidos que abren el relato para situarnos en el corazón de una fiebre expansiva. 


Ya estamos empapados, ya que aquí cada gota de sudor adquiere un tamaño colosal. Y ya estamos aturdidos, pues el ventilador y los helicópteros fusionan y potencian su sonido abrasivo mientras las aspas desgarran a tajazos la cabeza de Willard (si es que aún queda algo por romper en esa psiquis). El conflicto central de esta historia todavía no despegó pero ya estamos caminando sobre el filo, como el caracol que obsesionará a Kurtz, arrastrándonos por la orilla de la cuchilla, la delgadísima línea, sin entender nada de nada. Las imágenes se incendian. Las llamas arrasan con todo lo existente pero el montaje insiste y sigue cavando, capa tras capa, como si quisiera penetrar el núcleo de la tierra, quizás buscando desesperadamente algún origen, algún otro, algún símbolo. Algún dios. La tesis de Coppola es negrísima y lapidaria: si el ser humano no puede prescindir de la guerra, entonces este mundo es aún peor que un infierno. Es un apocalipsis perpetuo. Y ya estamos todos quemados. 


Como saben, el director de fotografía de Apocalypse Now, Vittorio Storaro, fue uno de los invitados en esta edición del festival. Seguramente muchos espectadores esperábamos que Storaro acudiera a la sala para presentar la película, tal como lo prometían diversos anuncios oficiales. Pero eso no ocurrió, al menos en la función a la que yo asistí, el primer sábado de la muestra (no sé si estuvo en la función del día siguiente). Fue una decepción, que se diluyó pronto porque una vez que esta película arranca, no te suelta más. Así y todo, vale conocer la experiencia de Storaro, de quien cito aquí unas palabras incluidas en un texto publicado en el Diario del Festival: “Yo estaba muy loco en aquel entonces, y estaba mirando estos maravillosos dibujos que Burn Hogarth hizo sobre Tarzán. Un amigo mío me dio el libro y me lo llevé para mostrárselo a Francis. No queríamos hacer nada naturalista. Debía tener su propio estilo. No quería que parezca un reportaje. Puse color artificial, luz artificial junto al color real, luz real –para tener la explosión del napalm junto a una palmera verde; para tener el fuego de una explosión junto a la puesta del sol y así representar el conflicto entre lo cultural y lo irracional. Me di cuenta de que la película no era realmente una película sobre la guerra. Era sobre la civilización.” (3).

Citas:
1 - Entrevista de Diego Trerotola publicada en el Diario del 31º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata Nº5. (Link)
2 - Manrupe, Raúl; Portela, María Alejandra (2001). Un diccionario de films argentinos (1930-1995). (Buenos Aires; Ed. Corregidor).
3 - Artículo publicado en el Diario del 31º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata Nº3 (Link)

Aquí se puede acceder a la publicación editada por el festival sobre El caballo de hierro.