miércoles, 29 de abril de 2020

Tren que pasa


Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Octavio Paz 
(Fragmento del poema “Más allá del amor”)

En las imágenes: Marlene Dietrich en el film Blonde Venus, de Josef von Sternberg

martes, 28 de abril de 2020

De la fe y el darse cuenta

"Creo que la fe es injusta: me parece muy injusto que algunas personas tengan fe y otras no la tengan. Cuando somos felices no nos damos cuenta. Eso también es injusto”.

Cosas que nunca te dije (Things I never told you), pequeña gran película de Isabel Coixet.

lunes, 27 de abril de 2020

El futuro tan temido



- ¿Cuál es el horizonte más temido que vislumbra a futuro? 

- Volvernos adictos a una eternidad mediocre. Comprar un servicio para que las personas que amamos sigan recibiendo cada tanto un WhatsApp, aunque estemos muertos. Ya está toda la tecnología necesaria para eso. 

 Quien responde es LUCRECIA MARTEL, en una entrevista publicada en La Nación-Revista (Ir al artículo completo). 

En la imagen: 2046, de Wong Kar-wai

viernes, 24 de abril de 2020

Sugerencias surtidas para ver en Netflix


En las vísperas de otro fin de semana que deberemos pasar adentro de casa, les dejo aquí cinco recomendaciones de películas para ver en Netflix. Hay para todos los gustos.

Una comedia triste: LOS MEYEROWITZ, la familia no se elige, de Noah Baumbach. Estupenda película del mismo director de Historia de un matrimonio, con un reparto inmejorable: Hoffman, Sandler, Stiller, y la gran Elizabeth Marvel (la vimos hace poco en “Unbelievable”). Diálogos brillantes y personajes que se sienten muy cercanos.

Un drama social: YO, DANIEL BLAKE, de Ken Loach. La pobreza de la clase trabajadora en Inglaterra. La desesperación. La necesidad de asistencia médica y la humillante burocracia. Es dura, pero creo que hay que verla.

Una de terror: VIENE DE NOCHE (It comes at night), de Trey Edward Shults. Una familia se recluye en su cabaña porque algo extraño sucede afuera aunque no saben bien qué es. Reconozco que no es el mejor contexto para recomendar esta película, pero si el género les gusta, les aseguro que vale la pena. No es un terror clásico. Es otra cosa, quizás indescifrable. Ambigua y muy inquietante.

Un emblema del western: SHANE, el desconocido, de George Stevens. Una película de 1953 que ha marcado a muchos narradores clásicos contemporáneos: Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain, por ejemplo, o El jinete pálido, de Clint Eastwood, tienen sus raíces en Shane.

Una rareza francesa: NOCTURAMA, de Bertrand Bonello. La narración de esta película tiene uno de los mejores comienzos que he visto en los últimos años: seguimos la trayectoria de diversos personajes que se van cruzando con motivaciones que no deberíamos revelar (traten de no leer de qué se trata). Ellos son jóvenes y saben que este mundo está equivocado. Una película imperfecta pero interesante y entretenida.

jueves, 23 de abril de 2020

La situación se torna delicada


Basta mirar el sol
a través de un vidrio ahumado
para ver que la cosa va mal;
¿o les parece a ustedes que va bien?
 

Yo propongo volver
a los coches tirados por caballos
al avión a vapor
a los televisores de piedra.
 

Los antiguos tenían razón:
hay que volver a cocinar a leña.


Nicanor Parra

martes, 21 de abril de 2020

Después


"Cuando todo ha sido dicho, cuando la escena principal parece haberse cerrado, está el después; y me parece importante mostrar al personaje precisamente en estos momentos, de frente y de espaldas, su gesto y su actitud, porque sirven para aclarar todo lo que ha sucedido y lo que, de todo lo sucedido, permanece en el interior del personaje."

Michelangelo Antonioni


La imagen pertenece a la película La aventura.

sábado, 18 de abril de 2020

Lost Girls, de Liz Garbus


La película Lost girls (Chicas perdidas) es una buena continuadora de la estética del “policial discreto” que hemos ponderado en el comentario sobre la miniserie Unbelievable en el post anterior.

La historia, basada en hechos reales, pone el foco en las madres que deben unirse y movilizarse cuando la justicia es nula. El caso confirma, tristemente, que para el sistema existe cierta "categoría" de mujeres cuyas muertes no ameritan investigaciones serias. La protagonista es Amy Ryan, la clase de actriz que sabe calzarse todo tipo de papel y lucir siempre genuina. Pueden verla en Netflix.

martes, 14 de abril de 2020

UNBELIEVABLE: un análisis audiovisual


Comparto un comentario que publiqué en YouTube sobre INCONCEBIBLE, excelente miniserie de Netflix dirigida por Lisa Cholodenko. 

Primera parte

Segunda parte

sábado, 11 de abril de 2020

Recomendación: Manhunt: Unabomber


¿Qué pasa por la cabeza de un hombre que aspira a crear una revolución intelectual enviando bombas por correo? Ése fue el proyecto del extraño Ted Kaczynski, y esta tensa miniserie narra su curiosa historia y la de los policías que lo investigaron. Está en Netflix (no confundir con la serie Mindhunter, también buena aunque algo despareja).

jueves, 9 de abril de 2020

En Netflix: Girl, de Lukas Dhont


Por Jean-Luc Nancy*

El cuerpo es material. Es aparte. Distinto de otros cuerpos. Un cuerpo empieza y termina contra otro cuerpo. Incluso el vacío es una especie sutil de cuerpo.


Un cuerpo no está vacío. Está lleno de otros cuerpos, pedazos, órganos, piezas, tejidos, rótulas, anillos, tubos, palancas y fuelles. Un cuerpo también está lleno de sí mismo: es todo lo que es.


El alma es la forma de un cuerpo organizado, dice Aristóteles. Pero el cuerpo es precisamente lo que dibuja esta forma. Es la forma de la forma, la forma del alma.


El alma está extendida por todas partes a través del cuerpo, dice Descartes, está enteramente por todas partes a lo largo de él, en él mismo, insinuada en él, escurrida, infiltrada, impregnante, tentacular, insuflante, modelante, omnipresente.


Nada más singular que la descarga sensible, erótica, afectiva que ciertos cuerpos producen sobre nosotros (o bien, inversamente, la indiferencia en que nos dejan ciertos otros). Tal conformación, tal tipo de ligereza, tal color de pelo, un aspecto, cierta distancia entre los ojos, un movimiento o un dibujo del hombro, del mentón, de los dedos, casi nada, pero un acento, un pliegue, un rasgo irremplazable... No es el alma, sino el espíritu de un cuerpo: su punta, su firma, su olor.


El cuerpo es una prisión o un dios. No hay término medio.


*Fragmentos del ensayo "58 Indicios sobre el Cuerpo".

Las imágenes pertenecen a la extraordinaria película Girl, dirigida por Lukas Dhont.

miércoles, 8 de abril de 2020

El consejero


“La razón no da respuestas. No puedo saber qué me deparará el futuro. Tenemos que elegir a pesar de la incertidumbre. La sabiduría sostiene dos verdades contradictorias en nuestra mente, simultáneamente. Esperanza y desesperación. Una vida sin desesperación es una vida sin esperanza. Mantener estas dos ideas en nuestra cabeza es la vida misma”.

Se lo extrañaba a Paul Schrader en buena forma. Su nueva película se llama First Reformed y la protagoniza el gran Ethan Hawke.

Pueden verla en este sitio

martes, 31 de marzo de 2020

Fuerzas contrarias


“Si nuestra época ha alcanzado una interminable fuerza de destrucción, hay que hacer la revolución que cree una interminable fuerza de creación, que fortalezca los recuerdos, que precise los sueños, que corporice las imágenes”.

Juan Goytisolo


Frase pronunciada por el escritor en Notre Musique, hermoso film-ensayo-manifiesto de Jean-Luc Godard.

lunes, 30 de marzo de 2020

¿Cómo saber si es amor?, de James L. Brooks


El cine de James L. Brooks despliega un don que él no puede permitirse en su trabajo como guionista de sitcoms: sus películas tienen tiempo. Al no estar sometido a la tiranía del gag, la brevedad y el remate televisivos, Brooks en sus films se toma revancha y prolonga las escenas un poco más de lo que es habitual en las comedias del mainstream. How do you know dura 121 minutos (¡no es para tanto!) y es una de las películas más cortas en la obra del director. Sin embargo, muchos críticos protestaron por su “duración excesiva” y su consecuente falta de timing. Algo pasa con la crítica y la impaciencia, pero éste no es un problema que incumba a Brooks. Por suerte, él deja que sus relatos respiren sin correr a los personajes con un cronómetro, sobre todo cuando ellos conversan y necesitan construir la intimidad, el descubrimiento progresivo del otro.

“¿No desearías a veces poder apretar el botón Delete y borrar todo lo que decís, incluso mientras lo estás diciendo?”, le dice George (Paul Rudd) a Lisa (Reese Witherspoon) luego de un comentario desafortunado. Ella lo entiende porque se siente igual de ansiosa y desorientada. Ambos están en una forzosa etapa de transición y no tienen idea de lo que vendrá. A él lo obligaron a dejar su cargo como ejecutivo, acusado de manejos turbios en la empresa en la que trabajaba y que pertenece a su padre (Jack Nicholson), que a su vez es el verdadero responsable del delito. Ella es una jugadora de softball que ya pasó la barrera de los treinta y por eso acaban de desplazarla del equipo que lideró durante años. Ambos están nerviosos, cometen torpezas, hablan de más. George no sabe cómo enfrentar a su padre; Lisa no logra definir qué le pasa con Matty (Owen Wilson), el tercero en discordia.

Si algo debemos agradecer al guión es su voluntad de esquivar la fórmula del malentendido. En lugar de fomentar los típicos enredos que brincan veloces de una acción a otra, el realizador prefiere destinar a cada situación el tiempo de expansión que merece, haciendo que los personajes atraviesen en cada caso todo el arco de incomodidades iniciales, desvíos y consecuencias (una de las cuales, claro, es enamorarse). Este ritmo particular en la evolución dramática ayuda a airear la puesta en escena y hallar sutiles espacios para la contemplación. Y aunque Brooks escribe diálogos brillantes, con varias líneas muy divertidas, lo que uno más recuerda de sus películas son los momentos en donde los personajes callan, como aquel de Mejor Imposible (As good as it gets) en el que Helen Hunt posaba desnuda para Greg Kinnear, una escena de inesperada felicidad en la cual el protagonista principal del film estaba ausente. En How do you know, de repente, el verborrágico Paul Rudd elige el silencio y la mirada atenta para confirmarle a Witherspoon lo que ella necesita: es un hombre que sabe escuchar.

Hay muchas cosas para decir sobre este film, pero voy a señalar sólo dos más. En primer lugar, los colectivos. Ni George ni Lisa poseen un auto en la ficción, y por lo tanto deben tomar el transporte público, un hecho original -para el cine de hoy, no para nosotros, los mortales- que además aporta una escena hermosa y cercana (¿quién no dejó pasar colectivos cuando quien nos acompaña en la parada es alguien a quien no queremos despedir?). Segundo, el personaje de Matty, un ídolo del baseball que no quiere compromisos pero termina enganchado con la protagonista. Al principio este personaje amenaza con ser la apoteosis de la arrogancia y la banalidad, un sujeto de un solo color que vendría a funcionar a la vez como comic relief y como polo villanesco opuesto al bueno de George. Sin embargo, para nuestra sorpresa, Matty va exhibiendo sus matices hasta conquistarnos definitivamente a fuerza de dignidad, y todo gracias a ese inmenso comediante llamado Owen Wilson, la verdadera frutilla de esta película encantadora. 


Esta película actualmente puede verse en Netflix.

sábado, 28 de marzo de 2020

Casa propia, de Rosendo Ruiz


Establecerse. O al menos poder permanecer un día entero en el mismo lugar, sin sentirse expulsado. Sólo eso desea Alejandro. Tener una pequeña parcela de tiempo que sea realmente suyo. Para volver a mirar el cielo.

Pero no. El protagonista de Casa propia no hace más que ir y venir en un vagabundeo forzoso y cada día más amargo. Alejandro (Gustavo Almada, preciso en todo) tiene cuarenta y pocos años. Vive en Córdoba con su madre, que está enferma y genera conflictos a cada minuto. Trabaja como profesor de literatura en un colegio secundario. A veces duerme con una novia que no termina de integrarlo en su intimidad. Tiene un gran amigo que está por irse a España. Y quiere empezar a alquilar un departamento, pero salir a buscar opciones implica soportar las obscenas arbitrariedades del mercado inmobiliario. Esta es la historia de un personaje de ficción y es también la historia del presente aplastante de un país llamado Argentina. Aunque lo intenta, Alejandro no puede hacer pie. Y no hay nada más agotador que flotar cuando no se perciben orillas ni tampoco un fondo al que se pueda llegar para después remontar. El protagonista viaja encapsulado en el colectivo y de repente toda la ciudad parece transformarse en una gigantesca pecera. Aunque no veamos el agua, la sentimos como una amenaza certera a través los efectos sonoros de la película. Son demasiadas las frustraciones acumuladas. Algo está por desbordar.


“Creo en los desafíos formales, porque es infinita la posibilidad que ofrece el cine de combinar planos con sonidos”, señaló el realizador Rosendo Ruiz cuando Casa propia se proyectó en el último Bafici. La película está concebida desde el riesgo y resulta especialmente estimulante por las modulaciones que el director se anima a ensayar en el trabajo con la enunciación. El relato comienza con un plano general que muestra a un grupo de adolescentes que escuchan música y toman fernet en la calle. Una chica del grupo llama la atención por lo bien que hace jueguito con una pelota de fútbol. Todo sucede dentro de un sereno plano-secuencia que, aparentemente, nos invita a observar el conjunto sin manipulaciones. Sin embargo, ni la chica de la pelota ni sus amigos serán los protagonistas del relato, sino un señor que pasa detrás de ellos y se detiene para golpear la puerta de una casa, a los gritos. Esa bifurcación perceptiva, que nos obliga a relocalizarnos inmediatamente en el espacio diegético, propone una estrategia inteligente: en una película marcada por los continuos desalojos (físicos y simbólicos), el primer sujeto desplazado es el propio espectador.

Ni siquiera podemos refugiarnos en este plano inicial del frente de la casa como un típico plano de establecimiento que nos guíe en la acción por venir. Porque el personaje pronto se va del lugar, sin activar una lógica exterior-interior en la construcción espacial de la escena (y recién más tarde sabremos quién es la mujer que habita esa casa). De hecho, no habrá otros planos similares durante el resto del film. La perplejidad se propaga. Algo se desacomoda. Un simple corte seco hace que la escuela se fusione con un hospital, o un truco visual revela que un impecable departamento a estrenar no era más que una maqueta en una clase de ciencias. Las reglas con las que el cine clásico solía agasajar la orientación del espectador carecen de sentido en una historia en donde los espacios se confunden, se fragmentan, se tornan hostiles. Hasta la música descoloca con su inesperada prepotencia épica, como si quisiera secuestrar al cansado protagonista para llevárselo exiliado a otra película, una que le regale peripecias dignas de un héroe triunfal (en esta línea uno recuerda ciertas decisiones de Hong Sang-soo en la reciente The Day After, por ejemplo). Algunas de estas búsquedas formales podrían haber generado cierta distancia con las emociones de la ficción, y sin embargo sucede lo contrario: la matriz autoconsciente del film no complica en absoluto la conexión con los personajes. La película consigue adherirnos poderosamente a la realidad de los vínculos y su contexto existencial. Será porque la angustia que emana de la historia resulta demasiado conocida para muchos de los espectadores. 

Casa propia es el mejor film de Ruiz hasta el momento. La película sorprende porque es impredecible en su estilo, cualidad que sólo puede funcionar como virtud cuando es el propio cineasta el que se niega a afincarse en un único territorio a la hora de crear. Un artista verdaderamente inquieto no va a encontrar nunca una residencia que sea la definitiva.


Casa propia puede verse en YouTube.

jueves, 26 de marzo de 2020

El perseguidor, de Víctor Cruz

Escurrir la trama hasta que sólo queden las gotas más elocuentes. Dejarlas que suban como negro vapor, que espesen el aire donde se coagula la culpa, donde cada movimiento es confinado a la sospecha. Pero si nadie sabe qué forma tiene lo escondido, ¿cómo capturarlo?

¿Existe el remordimiento en soledad, sin la mirada del otro? ¿Se sufre por saber que uno hizo daño, o sólo se sufre por temor al castigo, a ser descubierto? 

Ellos son marido y mujer, profesionales, socios. Hipócrita armonía funcional al sistema. Nadie controla las elipsis mejor que una entrenada conciencia de clase. Una cámara los desnuda creyendo que puede vencerlos. Los deja manchados, sí, lo vemos al comienzo. Pero… ¿vencerlos? 

Hoy igual que ayer, como siempre, son los ojos de la víctima los que están en juego.


Texto publicado en diciembre de 2010


El perseguidor está disponible en Vimeo

martes, 24 de marzo de 2020

Profecía de una memoria por alcanzar


Por John Berger *

"Las fotografías son reliquias del pasado, huellas de lo que ha sucedido. Si los vivos asumieran el pasado, si éste se convirtiera en una parte integrante del proceso mediante el cual las personas van creando su propia historia, todas las fotografías volverían a adquirir entonces un contexto vivo, continuarían existiendo en el tiempo, en lugar de ser momentos separados. Es posible que la fotografía sea la profecía de una memoria social y política todavía por alcanzar. Una memoria así acogería cualquier imagen del pasado, por trágica, por culpable que fuera, en el seno de la propia continuidad. Se trascendería la distinción entre los usos privado y público de la fotografía. Y existiría la familia humana."

*Fragmento de su artículo “Usos de la fotografía”, publicado en el libro Mirar.