martes, 25 de febrero de 2014
Flecha y herida
Por Víctor Erice*
“Todo el mundo parece estar de acuerdo en que el cine es capaz de engendrar poesía. Ahora bien, sobre cómo lo logra y en qué pueda consistir las opiniones son mucho menos unánimes. Las hay para todos los gustos, y con razón. Porque el cine no tiene una historia única e indivisible (basta pensar en lo que supone el cine mudo), sino que, además, en un breve espacio de tiempo -cien años-, ha vivido vertiginosamente experencias de todo tipo, completando una evolución que los otros lenguajes artísticos han tardado siglos en consumar.
Quizá por ello sea más oportuno hablar antes de experiencia poética que de poesía, es decir, de ese trance en el cual, tanto el lector como el espectador de una película se sienten conmovidos por un sentimiento difícil de definir, pero que identifican como algo en común.
En ese trance, y por lo que al cine -cierta clase de cine- se refiere, la poesía surge en la pantalla de una forma no buscada de antemano, imprevista, suspendiendo la representación o la progresión de la historia, para dar lugar a uno de esos momentos donde el lenguaje es, simultáneamente, flecha y herida. Flecha capaz de romper el velo -la ilusión- de la realidad; herida que nos toca el corazón porque acierta a mostrar lo que no se percibe a primera vista, pero que alguna vez, como en un sueño perdido -el de nuestra vida anterior- hemos vislumbrado.
En esos momentos epifánicos el cine se desprende de todo su exceso de competencias y servidumbres, escapa gloriosamente de la novela (la narración), del teatro (la representación) y del periodismo (la actualidad) para retornar el tiempo de los orígenes. O lo que es igual: para ser únicamente ojo que ve, vida que vive, revelación.”
*Citado por Rafael Cerrato en su libro Víctor Erice, el poeta pictórico (Ediciones JC, Madrid, 2006).
La imagen pertenece al film español La vida sublime, de Daniel V. Villamediana.
lunes, 24 de febrero de 2014
Adiós, Harold...
Y gracias por dejarnos una de las películas más maravillosas
de la historia: Groundhog Day (Hechizo del tiempo).
Harold Ramis (1944-2014)
sábado, 22 de febrero de 2014
22 de febrero
Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de
ausencia.
Mario Benedetti
(Fragmento del poema “Ese gran
simulacro”)
domingo, 16 de febrero de 2014
Instinto primario
"Resulta humanamente imposible perdonar unas palabras hirientes; se pueden olvidar... involuntariamente, claro está. Es lo que ocurre la mayoría de las veces. El instinto de conservación es la causa de los fallos de la memoria".
E. M. Cioran
En la imagen: La hora del lobo (Vargtimmen), de Ingmar Bergman
sábado, 15 de febrero de 2014
I know this much is true
So true funny how it seems
Always in time, but never in line for dreams.
Head over heels when toe to toe.
This is the sound of my soul,
This is the sound
Spandau Ballet (“True”)
En la imagen: el hermoso film de Ben
Stiller, La increíble vida de Walter Mitty (The secret life of
Walter Mitty).
jueves, 13 de febrero de 2014
Meta
"Quería
convertirme en el rey de
los mundanos. Y lo conseguí".
Jep Gambardella (Toni Servillo),
en la magistral La Grande Bellezza, de Paolo Sorrentino
los mundanos. Y lo conseguí".
Jep Gambardella (Toni Servillo),
en la magistral La Grande Bellezza, de Paolo Sorrentino
lunes, 3 de febrero de 2014
Philip Seymour Hoffman (1967-2014)
Mírenlo. Mírenlo bien.
Jack quizás sea el personaje más hermoso de toda la carrera de
Philip Seymour Hoffman, la clase de papel para el que los
productores -clásicos o no- probablemente nunca lo convocarían. Por eso el actor
decidió dirigirse a sí mismo y perpetrar en la pantalla el personaje
que ya había encarnado en la versión teatral de Jack goes boating.
Porque él realmente hizo de todo en el cine pero nunca había interpretado a un ser tan adorable como Jack, un osito al que dan ganas
de abrazar en esta película tan amena y modesta como fecunda en
pequeñas e inolvidables epifanías. Recuerdo lo que pensé mientras
veía Jack goes boating hace unos meses: es una película sobre la paciencia. Y hoy
no hay muchas películas así, mucho menos si hablamos de una comedia romántica, en
donde se supone que la seducción no puede esperar. En esta historia Jack compensa su
timidez con empeño y constancia, amasando sus atípicas estrategias de conquista con la ayudita imprescindible de un
amigo de oro (la importancia de ese amigo: el otro gran tema
del film). Y no cuento más porque lo mejor es que la vean y comprueben ustedes mismos la dulce sensibilidad que tenía este hombre de ojos tristones que nos acaba de dejar.
Sí... yo también lo voy a extrañar. Películas con Philip Seymour Hoffman reseñadas en el blog:
Secretos de Estado (The Ides of March)
La duda (Doubt)
Antes que el diablo sepa que estás muerto (Before de Devil knows you're dead)
Cuéntame tu historia (State & Main)
domingo, 2 de febrero de 2014
Edades
en que somos tan viejos como los
padres.
Y entonces se descubre en un cajón
olvidado
la foto de la abuela a los catorce
años.
Esa niña
que habita en el recuerdo como una
anciana,
muerta hace medio siglo,
es en la foto nieta de su nieto,
la vida no vivida, el futuro total,
la juventud que siempre se renueva en
los otros.
La historia no ha pasado por ese
instante.
Aún no existen las guerras ni las
catástrofes
y la palabra muerte es impensable.
No hay conjugación en la existencia
más que el tiempo presente.
En él yo soy el viejo
y mi abuela es la niña.
y mi abuela es la niña.
José Emilio Pacheco
(1939-2014)
En las imágenes: Marcello y su padre en La Dolce Vita, de Federico Fellini.
En las imágenes: Marcello y su padre en La Dolce Vita, de Federico Fellini.
sábado, 25 de enero de 2014
Buenas películas en Primer Plano I-Sat
Durante enero y febrero, Primer Plano
I.Sat, está presentando los títulos preferidos por la audiencia que
se vieron en la pantalla del canal durante todo 2013, en este ciclo televisivo que desde hace años reúne lo mejor del cine independiente mundial
de la mano del crítico y escritor Alan Pauls. De los títulos
programados para las próximas semanas puedo recomendar Nostalgia de la
luz, El hombre de al lado y La chica del sur.
El ciclo se emite los domingos a las
22.30 por la señal de cable I-Sat.
Esta es la agenda:
Domingo 26 de enero
Nostalgia de la luz
(Chile/Francia/Alemania/España, 2011)
Dirección: Patricio Guzmán
El director chileno Patricio Guzmán acompaña a los astrónomos de todo el mundo reunidos a tres mil metros de altura para observar las estrellas. En ese mismo lugar, un grupo de mujeres mantienen la vista en el suelo en busca de los restos de sus familiares, prisioneros políticos de la dictadura.
El director chileno Patricio Guzmán acompaña a los astrónomos de todo el mundo reunidos a tres mil metros de altura para observar las estrellas. En ese mismo lugar, un grupo de mujeres mantienen la vista en el suelo en busca de los restos de sus familiares, prisioneros políticos de la dictadura.
Domingo 2 de febrero
Electrick Children (EE.UU., 2012)
Dirección: Rebbeca Thomas
Narra el drama que vive una quinceañera de familia mormona cuando queda embarazada por escuchar una cinta de rock, extraño milagro sólo parece explicarse por la teoría de la Inmaculada Concepción.
Narra el drama que vive una quinceañera de familia mormona cuando queda embarazada por escuchar una cinta de rock, extraño milagro sólo parece explicarse por la teoría de la Inmaculada Concepción.
Domingo 9 de febrero
Out in the dark
(Israel/Palestina/EE.UU., 2012)
Dirección: Michael Mayer
Un estudiante palestino y un abogado israelí comienzan a vivir un apasionado romance, pero cuando la relación avanza, el palestino ve cada vez más difícil su situación en Tel Aviv: los israelíes quieren deportarlo y en Palestina no aceptan su condición sexual.
Un estudiante palestino y un abogado israelí comienzan a vivir un apasionado romance, pero cuando la relación avanza, el palestino ve cada vez más difícil su situación en Tel Aviv: los israelíes quieren deportarlo y en Palestina no aceptan su condición sexual.
Domingo 16 de febrero
El hombre de al lado (Argentina, 2009)
Dirección: Mariano Cohn y Gastón
Duprat
La necesidad de Víctor (Daniel Aráoz) de abrir una ventana en la medianera para que entre un poco de luz a su casa, es la condena de Leonardo (Rafael Spregelburd), su vecino lindante, quien siente que se ha violado la intimidad de su vivienda. Dos actuaciones brillantes en un film estupendo.
La necesidad de Víctor (Daniel Aráoz) de abrir una ventana en la medianera para que entre un poco de luz a su casa, es la condena de Leonardo (Rafael Spregelburd), su vecino lindante, quien siente que se ha violado la intimidad de su vivienda. Dos actuaciones brillantes en un film estupendo.
Domingo 23 de febrero
La chica del Sur (Argentina, 2012)
Dirección: José Luis García
Desde la lejana Corea el realizador argentino José Luis García es testigo de la historia de Lim Sukyung. Ella es una activista política que, en reclamo de la reunificación pacífica del pueblo coreano, decidió hacer lo que nadie se atrevía: llegar clandestinamente a Corea del Norte y luego cruzar la frontera hacia Corea del Sur. Ganadora del Premio del Público en el BAFICI 2012, galardón auspiciado por I.Sat. Hermosa película.
Desde la lejana Corea el realizador argentino José Luis García es testigo de la historia de Lim Sukyung. Ella es una activista política que, en reclamo de la reunificación pacífica del pueblo coreano, decidió hacer lo que nadie se atrevía: llegar clandestinamente a Corea del Norte y luego cruzar la frontera hacia Corea del Sur. Ganadora del Premio del Público en el BAFICI 2012, galardón auspiciado por I.Sat. Hermosa película.
jueves, 23 de enero de 2014
Comienza la temporada 2014 de Cine Club Núcleo
El martes 28 de enero el Cine Club
Núcleo inicia su temporada número 61 en el Cine Gaumont (Espacio
INCAA - KM 0). En los horarios de las 18.15 y las 21.15, este martes se proyectará el nuevo film de Giuseppe Tornatore, La Mejor Oferta (La migliore offerta), protagonizada por Geoffrey Rush, Silvia Hoeks y Donald Sutherland.
Núcleo ofrece actividades diversas. Los martes en el Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635), a las 18.15 y 20.30, se hacen las funciones de pre-estrenos (es decir, títulos que luego se verán en la cartelera comercial). El segundo y cuarto domingo de cada mes, en el horario de las 11 en el Gaumont, también se exhiben pre-estrenos o películas de estreno reciente que pasaron por la cartelera y que quizás no recibieron suficiente atención. Por otro lado, a partir de marzo, los jueves a las 19 funcionará el tradicional “Ciclo de Revisión” en la sala del Malba (Figueroa Alcorta 3415), una sección dedicada a joyas del cine de todos los tiempos.
El Cine Club Núcleo representa una muy buena oportunidad para acceder a una numerosa oferta de films abonando un arancel muy accesible. Otras películas programadas para el mes de febrero son 12 años de esclavitud (de Steve McQueen), la argentina Los dueños (opera prima premiada en Cannes de Agustín Toscano y Ezequiel Radusky), La gran belleza (de Paolo Sorrentino), y Operación Monumento (de George Clooney).
Para informes, inscripciones de nuevos socios (cupos limitados) y renovaciones anticipadas se estará atendiendo al público los días viernes 24, sábado 25 y lunes 27 de enero, entre las 18 y las 20, en el Cine Gaumont (Congreso).
Los interesados podrán consultar la programación del Cine Club Núcleo las 24 horas del día en el teléfono 4825-4102. Para más información, visite la página web.
miércoles, 22 de enero de 2014
Tristeza
Hoy murió el programador y coleccionista de cine Fabio Manes.
Esto escribía Martín Wain en el
diario La Nación, hace diez años:
“Fabio Manes dice
que hay dos tipos de coleccionistas cinéfilos: 'El canuto, que
tiene las películas para verlas él solo, y el que siente placer por
mostrar lo que tiene en su casa'. Su pasión por el cine comenzó
en los 80 y lo unió, con el tiempo, a otros grandes cultores como
Octavio Fabiano y Fernando Martín Peña. A Manes se le atribuye el
uso inaugural del término bizarro . 'En revistas de afuera se
usaba bizarre para denominar lo raro, lo estrafalario. Yo me
especialicé en cine fantástico, de ciencia ficción y terror, cine
de culto en general. Y en 1989 creamos la La medianoche bizarra,
para pasar ahí las películas. De allí quedó el término. Pero en
español, bizarro quiere decir valiente, nada que ver.' "
Y hace mucho menos tiempo, yo escribía esto luego de vivir la experiencia de Filmoteca En Vivo:
"Manes y Peña presentan y proyectan todo lo que se les ocurra y más. Al cine lo adoran, lo miman, lo cuidan, pero sobre todo uno intuye que estos cinéfilos son felices porque pueden compartirlo, porque en esa entrega ellos combinan todas las esencias de la verdadera philia: es amor y es amistad. Es reconocerse hijos del cine y a la vez protegerlo con el cariño incondicional de los padres. Es estar afiliado a este hermoso club de por vida, y ser un socio activo y consecuente."
Y hace mucho menos tiempo, yo escribía esto luego de vivir la experiencia de Filmoteca En Vivo:
"Manes y Peña presentan y proyectan todo lo que se les ocurra y más. Al cine lo adoran, lo miman, lo cuidan, pero sobre todo uno intuye que estos cinéfilos son felices porque pueden compartirlo, porque en esa entrega ellos combinan todas las esencias de la verdadera philia: es amor y es amistad. Es reconocerse hijos del cine y a la vez protegerlo con el cariño incondicional de los padres. Es estar afiliado a este hermoso club de por vida, y ser un socio activo y consecuente."
domingo, 19 de enero de 2014
Curso: Cine español bajo el franquismo - Febrero 2014
Cuatro autores esenciales:
Bardem - Berlanga - Saura - Erice
Taller de análisis cinematográficoA cargo de Carolina Giudici.
Desde el lunes 3 de febrero / Cuatro encuentros, en el barrio de Almagro
En el año 1955, la revista de cine
"Objetivo" impulsó un acontecimiento que se convirtiría en un hito
para el cine español: las Conversaciones de Salamanca, un encuentro
nacional al que acudieron realizadores, intelectuales, críticos de
cine, organismos de Estado y representantes de la industria. Hacía
décadas que la cultura cinematográfica española no se reunía para
debatir en serio sobre su funcionamiento, y allí fue donde Juan Antonio Bardem
pronunció el célebre manifiesto en donde establecía que el cine
español de la época era “socialmente falso” y “políticamente
ineficaz”. Muchos directores jóvenes necesitaban cambiar el foco y empezar a reflexionar sobre
las oscuras transformaciones del hombre bajo la dictadura de Franco, una sociedad sometida a la opresión política, las
heridas de la guerra civil, la pobreza, el patriarcado, la hipocresía
y la censura.
Les propongo viajar a la España de los años '50 y '60 para pensar y discutir cuatro de las películas más importantes en la historia de este país, estrenadas en un período de asombrosa creatividad que quizás hoy no es tan recordado como merecería serlo. Del melodrama social a la comedia negra, del cine metafórico al relato de iniciación, en este taller vamos a analizar la obra de cuatro cineastas fundamentales, dueños de una mirada provocadora, lúcida y comprometida.*
1 - Análisis de Muerte de un ciclista (1955), de Juan Antonio Bardem. Entre el brillo de Hollywood y la búsqueda de una nueva gramática. La batalla contra la censura y el cine comercial/oficialista. ¿Puede el melodrama ser subversivo?
2 - Análisis de El verdugo (1963), de Luis García Berlanga. ¿Existe lo "berlanguiano"? La tradición cómica española. Coralidad y plano-secuencia. La importancia de los actores-histriones.
3 - Análisis de La caza (1965), de Carlos Saura. El autor ecléctico. Historia y violencia. El conflicto generacional. El rol de un gran productor: Elías Querejeta. El Nuevo Cine Español.
4 - Análisis de El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice. Los niños de Franco. Memoria y fantasía. La infancia -y el cine- como posibilidad de resistencia. Pensar el cine poético.
Les propongo viajar a la España de los años '50 y '60 para pensar y discutir cuatro de las películas más importantes en la historia de este país, estrenadas en un período de asombrosa creatividad que quizás hoy no es tan recordado como merecería serlo. Del melodrama social a la comedia negra, del cine metafórico al relato de iniciación, en este taller vamos a analizar la obra de cuatro cineastas fundamentales, dueños de una mirada provocadora, lúcida y comprometida.*
1 - Análisis de Muerte de un ciclista (1955), de Juan Antonio Bardem. Entre el brillo de Hollywood y la búsqueda de una nueva gramática. La batalla contra la censura y el cine comercial/oficialista. ¿Puede el melodrama ser subversivo?
2 - Análisis de El verdugo (1963), de Luis García Berlanga. ¿Existe lo "berlanguiano"? La tradición cómica española. Coralidad y plano-secuencia. La importancia de los actores-histriones.
3 - Análisis de La caza (1965), de Carlos Saura. El autor ecléctico. Historia y violencia. El conflicto generacional. El rol de un gran productor: Elías Querejeta. El Nuevo Cine Español.
4 - Análisis de El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice. Los niños de Franco. Memoria y fantasía. La infancia -y el cine- como posibilidad de resistencia. Pensar el cine poético.
*Es importante asistir a los encuentros con las películas vistas, por eso como parte del taller también ofrezco copias de las películas (que pueden retirar en el momento de la inscripción).
Para más detalles llamar al teléfono 4865 - 3317 (dejar nombre y número de contacto), o escribir a: datosparacaro@yahoo.com.ar
martes, 14 de enero de 2014
David Mamet: el placer del texto
Producida por HBO y emitida por
televisión el año pasado, Phil Spector narra el detrás de la
escena del juicio que condenó por homicidio al excéntrico productor musical. La
película es otra prueba de las buenas ideas que pueden nacer de la
mente de David Mamet cuando le toca hacer lo que mejor le sale:
atravesar las instituciones para triturar sus discursos. Recordé a
Mamet, en principio, cuando la vi a Helen Mirren nominada por Phil
Spector en los últimos Globos de Oro. Por otro lado, una de las grandes
películas de este 2014, El lobo de Wall Street, tiene un antecedente
ineludible en una obra clave de Mamet, Glengarry
Glenn Ross, como el propio Scorsese reconoce en más de una entrevista. La nota que sigue la
escribí hace unos cuantos años, pero me pareció que podía
rescatarla como un recorrido introductorio por la obra de uno de los autores más inteligentes del cine contemporáneo (y quizás no tan conocido como merece serlo).
David Mamet
El placer del texto
A propósito del estreno de Cuéntame tu historia (State & Main), una simpática comedia sobre ese circo llamado Hollywood, esta nota resume la carrera de su director, el versátil David Mamet.
Escrita en agosto de 2001.
No es sencillo reunir en la memoria todas las películas que en sus créditos incluyen el nombre de David Mamet. Seguramente es más fácil recordar cualquier escena de Mentiras que matan (Wag the dog) e imaginar a este artista-pulpo escondido tras la sonrisa canchera del personaje de Robert De Niro. Ese film de 1997, dirigido por Barry Levinson a partir de un guión de Mamet, es una de las críticas más lúcidas y osadas que ha recibido la industria del espectáculo. Sin embargo, Wag the dog pasó a la historia por anticipar con inquietante precisión el escándalo de Monica Lewinsky. El año pasado, mucho antes de la puja Gore-Bush por el escrutinio en la elección presidencial, Mamet presentó su última película, State & Main, que también contiene una situación visionaria: un personaje dice “Todo esto es absurdo” y otro le responde “También es absurdo nuestro sistema electoral, pero nosotros igual votamos”. Cuando un periodista de la CNN le preguntó al director por esta nueva coincidencia, él dijo simplemente que fue una cuestión de suerte, aunque lo cierto es que este hiperactivo cineasta, dramaturgo, guionista, productor, ensayista, actor y compositor ya podría ir pensando en extender su currículum con su nueva habilidad: profeta de la actualidad norteamericana.
Tablas y cine
A propósito del estreno de Cuéntame tu historia (State & Main), una simpática comedia sobre ese circo llamado Hollywood, esta nota resume la carrera de su director, el versátil David Mamet.
Escrita en agosto de 2001.
No es sencillo reunir en la memoria todas las películas que en sus créditos incluyen el nombre de David Mamet. Seguramente es más fácil recordar cualquier escena de Mentiras que matan (Wag the dog) e imaginar a este artista-pulpo escondido tras la sonrisa canchera del personaje de Robert De Niro. Ese film de 1997, dirigido por Barry Levinson a partir de un guión de Mamet, es una de las críticas más lúcidas y osadas que ha recibido la industria del espectáculo. Sin embargo, Wag the dog pasó a la historia por anticipar con inquietante precisión el escándalo de Monica Lewinsky. El año pasado, mucho antes de la puja Gore-Bush por el escrutinio en la elección presidencial, Mamet presentó su última película, State & Main, que también contiene una situación visionaria: un personaje dice “Todo esto es absurdo” y otro le responde “También es absurdo nuestro sistema electoral, pero nosotros igual votamos”. Cuando un periodista de la CNN le preguntó al director por esta nueva coincidencia, él dijo simplemente que fue una cuestión de suerte, aunque lo cierto es que este hiperactivo cineasta, dramaturgo, guionista, productor, ensayista, actor y compositor ya podría ir pensando en extender su currículum con su nueva habilidad: profeta de la actualidad norteamericana.
Tablas y cine
Nacido en 1947 en Chicago, David Alan
Mamet empezó a vincularse a la creación desde la adolescencia. Luego de
estudiar teatro en Vermont y Nueva York en la década del ’60,
inició su carrera como intérprete y director en el circuito Off
Broadway, donde encontró el ambiente ideal para lanzarse a escribir.
El reconocimiento del público llegó en 1974 con la pieza Sexual
perversity in Chicago, a la que siguieron las exitosas The Duck
Variations (1976) y American Buffalo (1977), obras que entre otros
temas abordan las relaciones de pareja, la amistad, el engaño y el tejido de normas sociales que pretende organizar y atar a nuestra especie.
Más allá de las tópicos recurrentes que atraviesan su producción, Mamet se caracteriza principalmente por la peculiar forma en que hace hablar a sus personajes: diálogos de rítmica extraña, plagados de balbuceos, con un vocabulario a veces ramplón. Mientras algunos norteamericanos rechazan este estilo, al que consideran impostado e irritante, muchos otros lo exaltan como el rasgo más preciado del dramaturgo, tanto que se ha inventado la etiqueta “Mamet speak” para describir su marca discursiva. Buen ejemplo de esto es la famosa pieza Glengarry Glen Ross, donde queda claro que Mamet, al poner de manifiesto el artificio del lenguaje, en el fondo está intentando desmontar sus mecanismos ideológicos, una práctica que alcanza el paroxismo en la polémica Oleanna (1992).
La historia del cine ubica a David Mamet dentro de la generación de los "hyphenates", es decir, aquellos guionistas que durante los ’80 cobraron renombre en Hollywood y pasaron a ser escritores-productores-directores de sus propias películas, una camada en la que entran Barry Levinson, John Sayles, Lawrence Kasdan y Ron Shelton, entre otros. Mamet, después de trabajar en los guiones de El cartero llama dos veces (Bob Rafelson), El veredicto (Sydney Lumet) y Los Intocables (Brian de Palma), decidió pasar a la realización con Casa de juegos (House of games, 1987), una atractiva película sobre jugadores compulsivos y escultores del fraude que hoy es un clásico del thriller psicológico (y que también tuvo sus influencias en las Nueve Reinas de Fabián Bielinsky).
Luego llegaron Las cosas cambian (Things change, 1988) e Identificación de un homicidio (Homicide, 1991), dos títulos hoy algo olvidados aunque interesantes, entrelazados por la presencia de un bogartiano Joe Mantegna. En estas primeras películas ya podían apreciarse dos de los pilares del universo Mamet: por un lado, el tema de la traición, combustible esencial en sus relatos, y por otro, la absoluta imprevisibilidad de las acciones y actitudes de los personajes, una virtud de sus guiones que le permite sostener la atención del espectador aun cuando los films caigan por momentos en mesetas narrativas.
La retórica escéptica
En 1992 Mamet adaptó para la pantalla su obra ganadora del premio Pulitzer en 1984, Glengarry Glen Ross, film estrenado aquí con el título El precio de la ambición. Dirigida por James Foley, esta película resulta imprescindible en el estudio de una de las obsesiones mametianas: la disección de la retórica capitalista. El film presenta a un grupo de oficinistas que pasan sus días intentando convencer a potenciales clientes para que inviertan en tierras y propiedades. Al Pacino, Jack Lemmon, Alec Baldwin, Ed Harris, Alan Arkin y Kevin Spacey forman el equipo que hace funcionar a pleno el “Mamet speak”, en una película que esencialmente se sostiene por la perspicacia de los diálogos, siempre enroscados en frases que van del nihilismo a la mentira, de la soberbia a la humillación. “En los Estados Unidos -dijo una vez el autor- parece ser un placer el hecho de ver la vida como una empresa comercial. Ese es nuestro carácter nacional”. En su claustrofóbica puesta en escena, Glengarry condensa los vicios que Mamet postula como fundacionales de la cultura norteamericana: la competencia, el individualismo y la hipocresía.
En 1994 el dramaturgo llevó al cine su controvertida obra Oleanna (fue editada en video bajo el nombre Denuncia de acoso), la historia de una estudiante universitaria (Debra Eisenstadt) que encara a su profesor (William H. Macy) en reclamo de una calificación que ella cree injusta. Sin contraer la fuerza teatral de la pieza, Mamet concreta con Oleanna su película más cerebral, desestabilizadora y políticamente incorrecta. Los diálogos una cadena de bombas de escepticismo que destruyen lentamente las bases teóricas de la universidad, el derecho, la burocracia y la moral de la clase media, y aunque por momentos parezca demasiado abstracta, esta táctica mametiana de provocación funciona de maravillas en la película, pues logra que todas las construcciones sociales que nos rodean se tornen pasmosamente relativas.
Más allá de las tópicos recurrentes que atraviesan su producción, Mamet se caracteriza principalmente por la peculiar forma en que hace hablar a sus personajes: diálogos de rítmica extraña, plagados de balbuceos, con un vocabulario a veces ramplón. Mientras algunos norteamericanos rechazan este estilo, al que consideran impostado e irritante, muchos otros lo exaltan como el rasgo más preciado del dramaturgo, tanto que se ha inventado la etiqueta “Mamet speak” para describir su marca discursiva. Buen ejemplo de esto es la famosa pieza Glengarry Glen Ross, donde queda claro que Mamet, al poner de manifiesto el artificio del lenguaje, en el fondo está intentando desmontar sus mecanismos ideológicos, una práctica que alcanza el paroxismo en la polémica Oleanna (1992).
La historia del cine ubica a David Mamet dentro de la generación de los "hyphenates", es decir, aquellos guionistas que durante los ’80 cobraron renombre en Hollywood y pasaron a ser escritores-productores-directores de sus propias películas, una camada en la que entran Barry Levinson, John Sayles, Lawrence Kasdan y Ron Shelton, entre otros. Mamet, después de trabajar en los guiones de El cartero llama dos veces (Bob Rafelson), El veredicto (Sydney Lumet) y Los Intocables (Brian de Palma), decidió pasar a la realización con Casa de juegos (House of games, 1987), una atractiva película sobre jugadores compulsivos y escultores del fraude que hoy es un clásico del thriller psicológico (y que también tuvo sus influencias en las Nueve Reinas de Fabián Bielinsky).
Luego llegaron Las cosas cambian (Things change, 1988) e Identificación de un homicidio (Homicide, 1991), dos títulos hoy algo olvidados aunque interesantes, entrelazados por la presencia de un bogartiano Joe Mantegna. En estas primeras películas ya podían apreciarse dos de los pilares del universo Mamet: por un lado, el tema de la traición, combustible esencial en sus relatos, y por otro, la absoluta imprevisibilidad de las acciones y actitudes de los personajes, una virtud de sus guiones que le permite sostener la atención del espectador aun cuando los films caigan por momentos en mesetas narrativas.
La retórica escéptica
En 1992 Mamet adaptó para la pantalla su obra ganadora del premio Pulitzer en 1984, Glengarry Glen Ross, film estrenado aquí con el título El precio de la ambición. Dirigida por James Foley, esta película resulta imprescindible en el estudio de una de las obsesiones mametianas: la disección de la retórica capitalista. El film presenta a un grupo de oficinistas que pasan sus días intentando convencer a potenciales clientes para que inviertan en tierras y propiedades. Al Pacino, Jack Lemmon, Alec Baldwin, Ed Harris, Alan Arkin y Kevin Spacey forman el equipo que hace funcionar a pleno el “Mamet speak”, en una película que esencialmente se sostiene por la perspicacia de los diálogos, siempre enroscados en frases que van del nihilismo a la mentira, de la soberbia a la humillación. “En los Estados Unidos -dijo una vez el autor- parece ser un placer el hecho de ver la vida como una empresa comercial. Ese es nuestro carácter nacional”. En su claustrofóbica puesta en escena, Glengarry condensa los vicios que Mamet postula como fundacionales de la cultura norteamericana: la competencia, el individualismo y la hipocresía.
En 1994 el dramaturgo llevó al cine su controvertida obra Oleanna (fue editada en video bajo el nombre Denuncia de acoso), la historia de una estudiante universitaria (Debra Eisenstadt) que encara a su profesor (William H. Macy) en reclamo de una calificación que ella cree injusta. Sin contraer la fuerza teatral de la pieza, Mamet concreta con Oleanna su película más cerebral, desestabilizadora y políticamente incorrecta. Los diálogos una cadena de bombas de escepticismo que destruyen lentamente las bases teóricas de la universidad, el derecho, la burocracia y la moral de la clase media, y aunque por momentos parezca demasiado abstracta, esta táctica mametiana de provocación funciona de maravillas en la película, pues logra que todas las construcciones sociales que nos rodean se tornen pasmosamente relativas.
A Mamet le gusta analizar el lenguaje y
explotar las diferentes connotaciones de las palabras. La alumna del
film emite frases vacilantes, tímidas y truncas que son atajadas
con vehemencia por las del profesor, mucho más estructuradas,
contundentes y filosas. Lo curioso es que, en la mirada del autor, el
hecho de brillar en el arte de la argumentación no necesariamente garantiza el
éxito. Cualquiera puede dar vuelta el tablero, como indican los
finales de Glengarry Glen Ross, Oleanna e incluso Wag the dog. En
estos mundos no siempre triunfa el más dotado para la persuasión
dialéctica, sino aquel que mejor oculta sus verdaderas intenciones
mutando calladamente de víctima a victimario, cortando y pegando los
fragmentos de discurso que convengan a cada situación, aunque en su
conjunto no se adscriban a un razonamiento lógico. Este anarquismo
lingüístico, que tiene mucho de posmoderno, es un desafío y a la
vez un límite para Mamet: dinamita con talento el estado de las
cosas, pero se muestra perezoso a la hora de esbozar alternativas, por lo
que a veces sus críticas se acercan más al cinismo que a la voluntad constructiva.
En su siguiente película, Prisionero del peligro (The Spanish Prisoner, 1997), Mamet reavivó la atmósfera de Casa de juegos para trazar un relato de impecable clasicismo, enmarcado en un subgénero que él mismo ha bautizado como “light thriller”. Dos años después rodó El honor de los Winslow (The Winslow Boy), un drama de época que examina los prejuicios de la sociedad victoriana del 1900 y cincela un retrato sofisticado de una familia burguesa en crisis. En estas dos películas con las que cierra los años 90, el director demuestra un afecto inusitado por los personajes centrales, y les concede entereza y dignidad. Por fin, en medio de los aires derrotistas de sus obras anteriores, parece asomar un Mamet que quiere empezar a confiar.
Sobre el propio oficio
State & Main, cuyo título de estreno local es Cuéntame tu historia, es la séptima película del realizador. Guiado por un sereno optimismo, Mamet consigue uno de sus mejores films con esta comedia sobre el cine dentro del cine. Todo comienza cuando un equipo de técnicos, profesionales y actores de Hollywood invade un pequeño pueblo de New England para rodar una película llamada “El viejo molino”. William H. Macy (cada día más parecido a Woody Allen) interpreta al neurótico director del proyecto, quien antes del rodaje se topa con algunos problemas: el molino del pueblo que necesitaban para el film ardió en un incendio; la estrella femenina (Sarah Jessica-Parker) no quiere hacer el desnudo que había prometido; y el astro masculino (Alec Baldwin) se pasa de listo con una adolescente. A todo esto se suma el bloqueo creativo de un guionista novato (Phillip Seymour Hoffman) que no logra seguir el ritmo de la producción y se escabulle para conversar con una joven que acaba de conocer. Y esto es sólo el principio.
Divertida y llena de agudos one-liners, State & Main está propulsada por una amabilidad inédita en Mamet, que
no duda en confesarse devoto admirador de Preston Sturges: “El gran
genio, el gran escritor que comenzó como dramaturgo y se convirtió
en director de cine. Podría mirar sus películas todas las noches
por el resto de mi vida. Son perfectas”. Es cierto, en la
mordacidad y en la caótica felicidad que desprende State & Main,
uno siente el vuelo rasante del ángel de Sturges. Sin embargo, nadie
tiene en esta historia la tenacidad utópica del protagonista de Los
viajes de Sullivan, aquel film de 1942 en donde Joel
McCrea interpretaba a un cineasta dispuesto a todo para realizar una
película con sello personal. Por el contrario, en la ficción de
Mamet lo que sorprende es ver cómo los miembros de la producción
trabajan con la más absoluta indiferencia. A nadie le preocupa
demasiado la calidad de la película que van a rodar, y mucho menos
piensan en esa cosa llamada “arte”. Lo único que importa es que
la filmación se concrete dentro de los cálculos comerciales, ya sea
con o sin desnudo, con o sin estilo.
En una línea satírica similar a Wag the dog, aunque en un tono mucho más leve, State & Main se ríe de Hollywood, sus prácticas y sus criaturas. Los productores son mercenarios, las estrellas son descaradamente estúpidas y los demás... bueno, hacen lo que pueden. En este último grupo entra el personaje de Joseph Turner White (Phillip Seymour Hoffman) un humilde escritor que intenta probar suerte como guionista. Tímido, aferrado al viejo uso de la máquina de escribir, pronto comprueba que sus aspiraciones artísticas no son compatibles con el show business. O se amolda y baja sus expectativas, o se va. No tiene que perder la buena fe, tan sólo ceder un poco. Y ahí está el propio Mamet, sin dudas, asumiendo con honestidad su lugar dentro de el circo (recordemos que él también escribió guiones por encargo: The Edge, Ronin y Hannibal, entre otros). Hollywood no difiere demasiado de otras empresas, ni de la sociedad norteamericana, ni del sistema capitalista en general: cada uno hace lo suyo y maneja sus principios morales como puede. State & Main es un Mamet pequeño, querible y pícaro, aunque menos ácido que de costumbre... y también más conformista.
En su siguiente película, Prisionero del peligro (The Spanish Prisoner, 1997), Mamet reavivó la atmósfera de Casa de juegos para trazar un relato de impecable clasicismo, enmarcado en un subgénero que él mismo ha bautizado como “light thriller”. Dos años después rodó El honor de los Winslow (The Winslow Boy), un drama de época que examina los prejuicios de la sociedad victoriana del 1900 y cincela un retrato sofisticado de una familia burguesa en crisis. En estas dos películas con las que cierra los años 90, el director demuestra un afecto inusitado por los personajes centrales, y les concede entereza y dignidad. Por fin, en medio de los aires derrotistas de sus obras anteriores, parece asomar un Mamet que quiere empezar a confiar.
Sobre el propio oficio
State & Main, cuyo título de estreno local es Cuéntame tu historia, es la séptima película del realizador. Guiado por un sereno optimismo, Mamet consigue uno de sus mejores films con esta comedia sobre el cine dentro del cine. Todo comienza cuando un equipo de técnicos, profesionales y actores de Hollywood invade un pequeño pueblo de New England para rodar una película llamada “El viejo molino”. William H. Macy (cada día más parecido a Woody Allen) interpreta al neurótico director del proyecto, quien antes del rodaje se topa con algunos problemas: el molino del pueblo que necesitaban para el film ardió en un incendio; la estrella femenina (Sarah Jessica-Parker) no quiere hacer el desnudo que había prometido; y el astro masculino (Alec Baldwin) se pasa de listo con una adolescente. A todo esto se suma el bloqueo creativo de un guionista novato (Phillip Seymour Hoffman) que no logra seguir el ritmo de la producción y se escabulle para conversar con una joven que acaba de conocer. Y esto es sólo el principio.
Divertida y llena de agudos one-liners, State & Main está propulsada por una amabilidad inédita en Mamet, que
no duda en confesarse devoto admirador de Preston Sturges: “El gran
genio, el gran escritor que comenzó como dramaturgo y se convirtió
en director de cine. Podría mirar sus películas todas las noches
por el resto de mi vida. Son perfectas”. Es cierto, en la
mordacidad y en la caótica felicidad que desprende State & Main,
uno siente el vuelo rasante del ángel de Sturges. Sin embargo, nadie
tiene en esta historia la tenacidad utópica del protagonista de Los
viajes de Sullivan, aquel film de 1942 en donde Joel
McCrea interpretaba a un cineasta dispuesto a todo para realizar una
película con sello personal. Por el contrario, en la ficción de
Mamet lo que sorprende es ver cómo los miembros de la producción
trabajan con la más absoluta indiferencia. A nadie le preocupa
demasiado la calidad de la película que van a rodar, y mucho menos
piensan en esa cosa llamada “arte”. Lo único que importa es que
la filmación se concrete dentro de los cálculos comerciales, ya sea
con o sin desnudo, con o sin estilo.En una línea satírica similar a Wag the dog, aunque en un tono mucho más leve, State & Main se ríe de Hollywood, sus prácticas y sus criaturas. Los productores son mercenarios, las estrellas son descaradamente estúpidas y los demás... bueno, hacen lo que pueden. En este último grupo entra el personaje de Joseph Turner White (Phillip Seymour Hoffman) un humilde escritor que intenta probar suerte como guionista. Tímido, aferrado al viejo uso de la máquina de escribir, pronto comprueba que sus aspiraciones artísticas no son compatibles con el show business. O se amolda y baja sus expectativas, o se va. No tiene que perder la buena fe, tan sólo ceder un poco. Y ahí está el propio Mamet, sin dudas, asumiendo con honestidad su lugar dentro de el circo (recordemos que él también escribió guiones por encargo: The Edge, Ronin y Hannibal, entre otros). Hollywood no difiere demasiado de otras empresas, ni de la sociedad norteamericana, ni del sistema capitalista en general: cada uno hace lo suyo y maneja sus principios morales como puede. State & Main es un Mamet pequeño, querible y pícaro, aunque menos ácido que de costumbre... y también más conformista.
David Mamet - Filmografía destacada
1987: Casa de juegos (House of Games)
1988: Las cosas cambian (Things change)
1991: Identificación de un homicidio (Homicide)
1992: Glengarry Glenn Ross (Guión)
1992: Hoffa (Guión)
1994: Oleanna
1996: American Buffalo (Guión)
1997: Prisionero del peligro (The Spanish Prisoner)
1997: Mentiras que matan (Wag the dog) (Guión)
1999: El honor de los Winslow (The Winslow boy)
2000: Cuéntame tu historia (State & Main)
2001: Un plan perfecto (Heist)
2004: Spartan
2005: Edmond (Guión)
2008: Cinta roja (Redbelt)
2013: Phil Spector
1987: Casa de juegos (House of Games)
1988: Las cosas cambian (Things change)
1991: Identificación de un homicidio (Homicide)
1992: Glengarry Glenn Ross (Guión)
1992: Hoffa (Guión)
1994: Oleanna
1996: American Buffalo (Guión)
1997: Prisionero del peligro (The Spanish Prisoner)
1997: Mentiras que matan (Wag the dog) (Guión)
1999: El honor de los Winslow (The Winslow boy)
2000: Cuéntame tu historia (State & Main)
2001: Un plan perfecto (Heist)
2004: Spartan
2005: Edmond (Guión)
2008: Cinta roja (Redbelt)
2013: Phil Spector
domingo, 12 de enero de 2014
Deseo de épica
Él: Nací cuando ella me besó. Morí
cuando me abandonó. Viví unas semanas, mientras me amó. ¿Te
gusta?
Ella: ¿Qué es?
Él: Quiero ponerlo en el guión, pero no sé dónde.
Dixon Steele (Humphrey Bogart) y Laurel Gray (Gloria Grahame) en el film In a Lonely Place, una rareza de Nicholas Ray.
Ella: ¿Qué es?
Él: Quiero ponerlo en el guión, pero no sé dónde.
Dixon Steele (Humphrey Bogart) y Laurel Gray (Gloria Grahame) en el film In a Lonely Place, una rareza de Nicholas Ray.
sábado, 11 de enero de 2014
Es preciso
Es preciso acariciar lo probable
Y creer en la imposibilidad
De los caminos que se cruzan.
Francis Picabia
(Fragmento del poema "Hilandera")
(Fragmento del poema "Hilandera")
En la imagen, dos de los personajes más adorables de 2013: Eva (Julia Louis-Dreyfuss) y Albert (James Gandolfini) en la hermosa Una segunda oportunidad (Enough said), de Nicole Holofcener.
jueves, 9 de enero de 2014
lunes, 6 de enero de 2014
Con la frente marchita
“Tuve
que leer el libro bíblico de las Revelaciones para escribir esta
serie, y es fascinante. Hay pasajes que narran de qué manera un día los
muertos van a volver y lograr la gloria. Son mitos que se remontan a los primeros días. Mientras hacía mi investigación fue muy
interesante descubrir que cualquier texto religioso antiguo parece
decir algo sobre la resurrección y los que regresan: los zombis son
eso, básicamente. De ahí que tenga tanta resonancia este género,
porque en nuestro propio ser tenemos muy arraigado el deseo de que las
personas vuelvan de la muerte, así como tenemos una desesperada necesidad de
inmortalidad”.
Dominic Mitchell, guionista de In the flesh
Dominic Mitchell, guionista de In the flesh
(En
una entrevista publicada en el sitio SFX)
Producida
por la BBC y estrenada a principios del año pasado, In the flesh
muestra una Inglaterra en la que los zombis intentan habitar “normalmente”
entre los vivos, ayudados por un tratamiento médico que logró regular sus
síntomas destructivos. Mitchell dice en una entrevista que uno de
los libros que más lo marcó en su vida fue "Cementerio de animales",
de Stephen King, un relato que en gran medida responde a lo que el
guionista plantea en la cita de arriba, pues en Pet Sematary hay un
hombre que efectivamente quiere resucitar a su familia. Sin embargo, el corazón de In the flesh no es una persona viva sino un joven que
regresa de la muerte... una muerte que él eligió y que le fue
negada. La más triste historia de zombis jamás contada:
existencialista, original, sorprendentemente conmovedora. Son sólo
tres episodios. Anímense.
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