domingo, 3 de marzo de 2019

Semana de las Directoras Argentinas en el cine Gaumont

El jueves 7 de marzo comenzará la segunda edición del ciclo “Semana de las Directoras Argentinas”, que se realizará en la sala Gaumont (Av. Rivadavia 1635) y en los Espacios INCAA de todo el país, en donde podrá verse una selección de películas de jóvenes cineastas junto a una retrospectiva dedicada a grandes actrices del cine clásico nacional. Esta programación especial se extenderá hasta las pantallas de Cine.ar y Cine.ar Play. 

La programación de la “Semana” en el Gaumont fue supervisada por la directora del Festival Internacional de Mar del Plata, Cecilia Barrionuevo, con la colaboración de diversas asociaciones de mujeres de la industria. Las funciones se realizarán del jueves 7 al miércoles 13 de marzo a las 20 hs. Cada película estará acompañada de un cortometraje ganador del Festival La Mujer y el Cine. También durante marzo, todos los sábados y domingos al mediodía, se ofrecerá un foco sobre las actrices argentinas Libertad Lamarque y Tita Merello. 

DIRECTORAS ARGENTINAS
Todas las funciones son a las 20, en la Sala 3

Jueves 07/03: Apertura. Las hijas del fuego, de Albertina Carri.

Viernes 08/03: Sangre blanca, de Bárbara Sarasola Day

Sábado 09/03: Familia sumergida, de María Alché

Domingo 10/03: El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina Comedi

Lunes 11/03: Yo niña, de Natural Arpajou

Martes 12/03: La cama, de Mónica Lairana

Miércoles 13/03: Julia y el zorro, de Inés María Barrionuevo

GAUMONT CLÁSICOS - Libertad Lamarque y Tita Merello
Todas las funciones son a las 12, en la Sala 1

Sábado 02/03 y domingo 03/03: Los isleros, de Lucas Demare

Sábado 09/03 y domingo 10/03: Eclipse de sol, de Luis Saslavsky

Sábado 16/03 y domingo 17/03: La madre María, de Lucas Demare

Sábado 23/03 y domingo 24/03: Besos brujos, de José Agustín Ferreyra

Sábado 30/03 y domingo 31/03: Los isleros, de Lucas Demare

Para mayor información, consultar el sitio www.incaa.gob.ar

lunes, 25 de febrero de 2019

Dejo caer la arena


Conté con los dedos de mi mano
las veces que tuve, no las que amé.  
Las yemas de los dedos  
se quedaron mirándome, las líneas  
de la mano rieron (¿amé  
lo que tuve? ¿Quise decir  
quiero un poco de esto o de aquello, 
gané, perdí semejante generosidad?).
Ahora que me aferro  
a lo que tengo -como a un poco  
de nada-, 
veo líneas que una burla desecha,  
y lenta, tiernamente abro  
el puño, dejo caer  
la arena, vuelvo a tomarla.

Irene Gruss

En la imagen: la extraordinaria Melissa McCarthy en Can you ever forgive me?, film de Marielle Heller.

domingo, 24 de febrero de 2019

Los premios del cine

"Inconscientemente yo decidí que lo que veía en el cine era la realidad, que el mundo era así, porque yo lo comprendía y me sentía cómodo. En esa atmósfera había justicia. Las mujeres eran sometidas también, pero al final les llevaban a la tumba un ramo de flores grandes; alguien premiaba tanta paciencia y tanta tontería..."

Manuel Puig


La imagen pertenece a Lo que el cielo nos da (All that heaven allows), obra maestra de Douglas Sirk.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Nueva edición de ESPANORAMAS, con todo lo nuevo del cine español

Este jueves 21 de febrero arranca una nueva edición de "Espanoramas", la muestra que cada verano le permite al público porteño conocer las más recientes producciones del cine hecho en España, ciclo organizado por el Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA) y la Embajada de España en Argentina, con apoyo del INCAA. Las funciones se realizarán desde el jueves 22 al miércoles 27 de febrero en el Cine Gaumont. 

Según explica el programador Fran Gayo en la presentación de la muestra, “la de 2019 no es una edición cualquiera de Espanoramas, no es un año más (nunca lo es, en realidad), es ésta una edición que responde a un momento convulso y complejo en la realidad internacional, un momento particular que también ha tenido su eco en la realidad española de los últimos 12 meses. Y esto necesariamente marca el perfil de nuestra selección de films, de una muestra en la que, de entrada, resulta crucial el peso del cine dirigido por mujeres”. 

Para poder apreciar esta tendencia, entonces, conviene prestar atención a estos nombres en el programa de Espanoramas: Diana Toucedo, Alba Sotorra, Mabel Lozano, Meritxel Colell y Maider Oleaga. La realizadora Meritxel Collet acompañará la función de su película Con el viento (apertura de la muestra), junto con la actriz Mónica García. Lo mismo hará Maider Oleaga, directora del documental Paso al límite (Muga deitzen da pausoa). 

Otras películas que parecen muy interesantes -y han recibido buenas críticas- son Mudar la piel, de Ana Schulz y Cristóbal Fernández; y Trote, de Xacio Baño. También se exhibirá El desentierro, de Nacho Ruipérez, thriller protagonizado por Leonardo Sbaraglia y Michel Noher. 

La entrada tiene un valor de 30 pesos. Las funciones se realizan en la sala Gaumont (Av. Rivadavia 1635). Para mayor información sobre las películas programadas, sugiero consultar el sitio oficial del CCEBA. Allí encontrarán la grilla de programación.

martes, 19 de febrero de 2019

Nunca sabemos lo que está pensando el otro. Pero la ficción juega a que sí.


“El indirecto libre, que es la perspectiva de la conciencia del personaje tratado en tercera persona, crea una impresión de naturalidad, como para olvidarse de que uno está leyendo una ficción, y que en la realidad nunca se sabe lo que está pensando otro, y por qué hace lo que hace. Pero la naturalidad, en general, es la confusión entre la primera y la tercera persona. De modo que el indirecto libre, lejos de ser un recurso literario entre otros, es el dispositivo vital de la transubjetividad, sin el cual no se entendería nada de lo que pasa en la vida social.” 

César Aira 
(Fragmento de su novela “Varamo”) 

En la imagen: La mujer de los perros, hipnótica película dirigida por Laura Citarella y Verónica Llinás.

lunes, 18 de febrero de 2019

El campo, de Hernán Belón


Texto publicado en 2011
“¡Fuera, chancho, fuera!”, grita el hombre frente al cerdo y frente a su esposa, asustada como siempre. El chancho está pisoteando una pequeña huerta que luce abandonada. El hombre intenta ahuyentar al animal pero enseguida comprueba lo vano del esfuerzo. “Ya está, es así. Es el campo”, dice Santiago (Leonardo Sbaraglia) para tranquilizar a Eli (Dolores Fonzi). En esa escena nos reímos un poco porque sabemos que el personaje se refiere al campo desde el prejuicio, desde la mentalidad del sujeto de ciudad. Sin embargo, Santiago no exhibe la arrogancia del hombre civilizado que viene a lidiar con “la barbarie”. Al contrario, a él se lo ve disfrutar de esta nueva lógica a descubrir. El conflicto lo padece su mujer, que no puede evitar escuchar ecos ominosos en todo lo que la rodea. Recordarle a Eli que “el campo es así” implica pedirle, de alguna manera, que deje de sobreinterpretarlo todo y acepte las cosas como son. Simplemente así, distintas. Pero ella ya tiene una idea armada sobre ese espacio-otro y hace de esa idea su bastión, protegida por una cultura y una clase que le impide medir hasta qué punto su mirada es víctima de su inconsciente.
Santiago y Eli vienen de Buenos Aires y se instalan en una casona aislada en algún lugar no especificado. Tienen una hija, Matilde, que aún no cumplió dos años pero ya entró en esa etapa de imperiosa curiosidad que exige la constante vigilancia del adulto. De a poco se advierte la crisis que el matrimonio arrastra desde hace un tiempo, y cada acercamiento se vive como un tenso examen para la reconstrucción de la pareja. Él es entusiasta y se dedica a refaccionar la desvencijada casa. Ella está sumida en una continua inquietud y no entiende qué están haciendo ahí. El campo es el relato de esa adaptación, un proceso complejo que Hernán Belón explora con sorprendente solidez narrativa. La película parte de una premisa seductora (el género) para llevarnos por senderos inesperados: amanece entre los muros del suspenso y se desliza delicadamente hacia una suerte de drama de iniciación en la madurez, en el que la protagonista deberá asumir sus temores más íntimos para empezar a leer los signos del entorno desde otra perspectiva, y hacerse cargo de las decisiones tomadas. El director aprovecha el prejuicio generalizado comentado en el párrafo anterior para sembrar peligro por todos lados y luego descolocarnos al transformar cada amenaza en un sutil extrañamiento, manipulando las inevitables prevenciones del propio espectador en torno de la inseguridad, la periferia, “los otros” (fue imposible olvidar el inicio de El tiempo del lobo, de Michael Haneke, pero el de Belón es otro planeta). Todos miramos desde algún centro, aunque ese centro sea tan solo una precaria convención. El campo invita a ensayar aquello que alguna vez sugirió Federico Fellini: abrirnos a las cosas, quitarnos del medio, dejar de empapar todo con nuestra persona. Y recordar que todo es efímero.

sábado, 16 de febrero de 2019

Bruno Ganz (1941-2019)


Bruno Ganz en la hermosa película
En la ciudad blanca (Dans la ville blanche), 
dirigida por Alain Tanner.

viernes, 1 de febrero de 2019

El Cine Club Núcleo comienza su temporada 2019

El próximo lunes 4 de febrero arranca una nueva temporada del Cine Club Núcleo en el sala Gaumont (Av. Rivadavia 1635) y la película elegida para abrir el ciclo 2019 es La Favorita (The Favourite), de Yorgos Lanthimos, con Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz (todas ellas nominadas al Oscar). Habrá dos funciones: a las 18.15 y 20.45.

Fundado por Salvador Sammaritano en 1952, Núcleo ha realizado más de 8400 funciones a lo largo de su historia. Actualmente ofrece diversas actividades. Los lunes en el Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635), a las 18.15 y 20.30, estarán destinados a las funciones de pre-estrenos (es decir, películas de relevancia que luego se verán en la cartelera comercial). El segundo y cuarto domingo de cada mes, en el horario de las 10 (aproximadamente) en el Gaumont, también se exhiben pre-estrenos o películas de estreno reciente -y quizás no muy difundidas- que vale la pena rescatar. Por otro lado, a partir de marzo, los jueves a las 19 funcionará el tradicional “Ciclo de Revisión” en la sala del Malba (Figueroa Alcorta 3415), una sección dedicada a joyas del cine de todos los tiempos.


Otras películas programadas para las próximas semanas son Green Book, de Peter Farrelly, protagonizada por Viggo Mortensen y Mahershala Ali (que tiene 5 nominaciones al premio Oscar); y también Un ladrón con estilo (The old man and the gun), de David Lowery, con Robert Redford en el rol principal, por el cual fue nominado al Globo de Oro, acompañado aquí por Sissy Spacek y Casey Affleck.
 
Para informes, inscripciones de nuevos socios (cupos limitados) y renovaciones anticipadas, se estará atendiendo los días viernes 1° de febrero y el sábado 2 de febrero de 18 a 20.00 en el Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635 – Congreso).

Se podrá consultar la programación del Cine Club Núcleo las 24 hs del día al teléfono: 4825-4102 o visitar la página http://www.cineclubnucleo.com.ar/

jueves, 31 de enero de 2019

El martes, después de Navidad, de Radu Muntean


Un hombre y una mujer conversan y se hacen mimos en la cama. La cámara los toma en un largo plano fijo, animado únicamente por el entusiasmo que irradian sus cuerpos desnudos. Si el mundo se detuviera en ese momento y los dejara así, despojados de todo, ellos jurarían que podrían ser felices aunque no les quedara otra cosa que sus propias presencias. Especulamos, claro, porque en lo real el mundo no se detiene, mucho menos el capitalismo, y las apuestas románticas duran lo que un suspiro. De esta intimista secuencia inicial pasamos a la insipidez de un shopping, en donde vemos al mismo hombre acompañando con desgano a su esposa, encargada de comprar los regalos para Navidad. La otra mujer, la de la cama, es su joven amante.

Tuesday, after Christmas (El martes, después de Navidad), quinto film de Radu Muntean, narra una historia ambientada en la Rumania más europea y liberal posible, con profesionales sin mayores apremios económicos y rutinas que se sobrellevan con automatismo. Hasta que un día ocurre algo distinto. Mientras tanto, los vínculos se sostienen gracias al consumo y los rituales que imponen las fechas festivas. Es estupenda la manera en que el guión diagrama diversas escenas en función de los regalos que los personajes deben intercambiar, incluyendo el simulacro de Papá Noel y todas las sutiles complicidades implicadas en ese engaño. Alguien por ahí dice que quiere regalarle un telescopio a su pareja. Es más fácil descubrir galaxias lejanas que sentarse a observar en serio lo que se cuece en el propio hogar.

Paul (Mimi Branescu) no ha decidido aún blanquear su relación con Raluca (Maria Popistasu), pero resulta que la muchacha es la dentista de la hija que él tiene con su mujer Adriana (la extraordinaria Mirela Oprisor), lo que genera una situación de incomodidad que no podrá soportarse mucho tiempo más. En una secuencia magistral, a los cuatro personajes principales les toca interactuar acorralados en el consultorio odontológico, espacio aséptico que se va colmando de flechas invisibles cargadas de vergüenza, culpas y reproches que deben tragarse como sucia saliva. Durante todo el relato el realizador apelará a esta estética de la contigüidad, con una finísima concepción escénica tensada sobre los cuerpos y sus vibraciones, confirmando que para narrar ciertas historias no existe mejor principio que aquel “montaje prohibido” que supo promulgar André Bazin. Y a pesar de que el cine ya haya transitado muchas veces el tema de la infidelidad, hay algo hipnótico en el realismo intransigente de Muntean que parecería abrir nuevos poros desde donde transpirar el drama. Su marca es una mano firme que nos mantiene ahí, alertas y preocupados al borde del cuadrilátero, con ganas de entrar a mediar para que los personajes no salgan tan lastimados. Aunque en el fondo sabemos que en estos terrenos es imposible hallar respuestas que consuelen a todos.

miércoles, 30 de enero de 2019

Tabula rasa

“En mi nueva vida -porque llevo una nueva vida- me interesan mucho los seres que logran mantener o recuperar la despejada mirada hermosamente infantil sobre las cosas, del mismo modo que me interesan los escritores de estilo o pretensiones vanguardistas que tratan de hacer tabla rasa de la gran rigidez de la tradición acumulada e ir en busca de percepciones nuevas, del gesto casi infantil que devuelva al arte la facilidad de realización que tuvo en sus orígenes."
 
Enrique Vila-Matas

(Fragmento de su ensayo Y Pasavento ya no estaba, publicado como anticipo en un artículo de la revista ADN Cultura / Marzo de 2008).

viernes, 25 de enero de 2019

Curso: Hermanos COEN - Febrero 2019


Taller de Análisis Cinematográfico
TRES CLÁSICOS DE LOS HERMANOS COEN
A cargo de Carolina Giudici

Los miércoles, desde el 6 de febrero
Tres encuentros

Y volvieron a sorprendernos. Ethan y Joel Coen son unos autores impredecibles, de enorme inteligencia, que “siguen evolucionando, expandiendo su rango dramático, su arco de intereses”, como señala el crítico Juan Carlos González. La balada de Buster Scruggs, estrenada hace poco en Netflix, es una película con tantas ideas y escenas extraordinarias que dan ganas de volver sobre la obra de los hermanos Coen para pensarla y discutirla en profundidad. Es lo que les propongo en este curso, que tomará como base tres títulos emblemáticos en su filmografía para analizar los rasgos que caracterizan el estilo de su puesta en escena, la relectura que hacen de los géneros y códigos narrativos clásicos, su particular humor, su inigualable construcción de personajes excéntricos, su mirada sobre la cultura norteamericana y su filosofía. Éste es el programa:

Clase 1: Fargo (1996)
Clase 2: Barton Fink (1991)
Clase 3: Sin lugar para los débiles (2007)

Inicio del taller: Miércoles 6 de febrero de 2019

Horario: 19 a 21.15 hs

Las vacantes son limitadas y se reservan con inscripción previa.

Para más detalles por favor escribir a: datosparacaro@yahoo.com.ar

jueves, 24 de enero de 2019

Jonas Mekas (1922-2019)


Murió Jonas Mekas. Aquí pueden ver un hermoso fragmento de su película As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty.

miércoles, 23 de enero de 2019

Ayer no termina nunca, de Isabel Coixet


Él: "¿Dónde estará ese momento? Ese momento en el que miras a alguien a quien amas y te tirarías a sus ojos como una catarata porque ése es el único lugar donde quieres estar."


Ella: "¿Sabes qué me resulta raro? 
Que las cosas pasen cuando ya no las necesitas."


Ya ni siquiera son no-lugares
Apenas son lo que alguien dejó. Las estructuras.


Sólo parece importar lo que no se ve pero se escucha: el viento.


Cuevas, rocas... aunque también trozos de luna.

miércoles, 16 de enero de 2019

Un combate de pensamientos


Por Alain Badiou*

"¿Qué hace que se diga “tal filme es sólo comercial”? Que no podamos participar en él como un combate de pensamientos. Es una reproducción del imaginario existente. Por lo tanto, es una repetición, y esa repetición sólo libera material. De modo que sólo podemos obtener información en relación con mucho ruido. En definitiva, un filme comercial o un programa de televisión cualquiera no es más que un elemento del mundo. No hay mucha diferencia entre mirar eso y luego comer en McDonald’s; es lo mismo, y no es un crimen. Es la existencia ordinaria. Todos miramos filmes pésimos, pero es el mundo común y corriente. Y, por lo tanto, diría que el cine comercial es un material del mundo, es todo. El cine no comercial es un tratamiento del material. Son operaciones sobre el material, operaciones que van a decir algo diferente del material mismo, naturalmente. Por último, la formación, el tema del gusto: ¿cómo podemos reconocer estas operaciones? ¿Sabemos reconocerlas? Creo que ese gusto es mucho más vasto de lo que se cree. Porque distinguir entre una repetición y operaciones sobre la repetición es algo que ciertamente mucha gente puede hacer. Resulta menos complicado que conocer toda la historia de un arte. Y por eso un público amplio puede tener verdadera percepción de la fuerza real de un filme, lo cual no significa que se prive de ver una película comercial. ¿Pero quién no lo hace? Al fin y al cabo, compartimos todos ese mundo. El problema es compartir también las operaciones sobre el mundo. Esa es la cuestión, efectivamente, de la formación del mundo."


*Fragmento de un artículo incluido en el libro Pensar el cine 1. Imagen, ética y filosofía. (Editorial Manantial, Buenos Aires)

domingo, 13 de enero de 2019

El Lector, de Stephen Daldry


Texto publicado en 2009

"¿Por qué? ¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que ocultaba verdades amargas? ¿Por qué se oscurece el recuerdo de unos años felices de matrimonio cuando nos enteramos de que el otro tuvo un amante durante todo ese tiempo? ¿Acaso porque en semejante situación no se puede ser feliz? Y, sin embargo, ¡éramos felices! A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque sólo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?”

Bernhard Schlink (El Lector) 

En la novela de Bernhard Schlink abundan las preguntas, sobre todo las que no tienen respuesta. Preguntas que lanzamos al cielo con esa nostalgia furiosa que insiste en desandar el enigma de lo que podría haber sido y no fue. O de lo que creemos que debería haber sido, si habitáramos un mundo transparente en donde toda acción fuera consecuente con un ideal. Pero mientras lo ideal sólo se analiza en la retrospección comparativa de lo ya vivido, o se sueña como meta para lo que viene (si es que aún hay fuerzas para cultivar anhelos), todo lo que nos queda es resbalar en el presente, en el abismo abierto entre lo que somos y lo que deberíamos ser. El arte nació precisamente para recorrer esa distancia, una y otra vez… hasta aliviarla. Algún día.

El libro original, sin ostentar grandes hallazgos poéticos, tiene la virtud de ser preciso y universal al plantear esta clase de inquietudes filosóficas. Con un tono melancólico y reflexivo, en su primera parte la narración avanza con un suspenso creciente y bien controlado, dada la forma en que el autor anticipa y desarrolla el famoso secreto que signará el destino de los personajes. En términos de estructura temporal, en lo que hace estrictamente a la intriga, "El Lector" parece haber sido escrita para ser llevada a la pantalla grande, cualidad que el director Stephen Daldry (Billy Elliot, Las horas) y su guionista David Hare no supieron (o no quisieron) aprovechar. Por una razón muy simple: prefirieron la seguridad de la corrección política a las imprevisibles arenas de la opacidad.

El conflicto central se sitúa en la Alemania de posguerra. Michael Berg (David Kross) tiene quince años cuando inicia un romance con Hannah Schmitz (Kate Winslet), una mujer que lo dobla en edad. Sexy, misteriosa, bastante parca, ella adora que su “niño” le lea en voz alta los clásicos de la literatura, antes y después del amor. El affaire dura apenas un verano y ellos pronto dejan de verse. Años más tarde, cuando Michael es estudiante de Derecho, le toca presenciar un juicio contra un grupo de mujeres que fueron guardias de un campo de concentración durante el régimen nazi. Hannah es una de las acusadas. El drama se extenderá a lo largo de las décadas, con un Michael adulto (ahora encarnado por Ralph Fiennes) que continuará toda su vida convulsionado por las llagas de esa relación, detrás de la cual también afloran las contradicciones -la culpa, la parálisis, el Horror- de toda la sociedad alemana.

Es fácil dejarse encandilar por ciertos giros de la trama, ya que la dilatada historia de amor entre Michael y Hannah es tan extraordinaria que por momentos hace olvidar las frágiles columnas que sostienen al film en términos específicamente cinematográficos. En el intento de no saturar la banda sonora con la omnipresencia del monólogo, el guión descarta la voz en primera persona del protagonista, aspecto clave para la psicología de la novela. Sucede entonces que al abandonar el perturbado punto de vista de Michael, la película pierde el fulgor intimista de la prosa de Schlink y la puesta en escena se ve constreñida a una exterioridad funcional, de una impostación que a veces roza lo metálico. Por otro lado, aunque uno ame sin medida a la actriz de Titanic, cuesta mucho verla como verdadera criatura de ficción sin sentir que esa mujer que está allí no es otra que Kate Winslet fingiendo un acento extranjero, Kate Winslet ultra maquillada como anciana, Kate Winslet por fin premiada por el rol más chillón y "oscarizable" de su carrera.

No vamos a sumarnos al coro de críticos que afirman que El Lector (The Reader) pretende atemperar la culpa del pueblo alemán con respecto al Holocausto (ese argumento deriva en el mismo reduccionismo automático con que se despachó hace un tiempo al film Slumdog Millionaire al calificarlo de "abyecto"). Mostrar la desesperante carencia de Hannah no la torna menos responsable de sus actos: se trata de una historia única, especial, situada en un marco de delicadas ramificaciones sociopolíticas. Lo que Schlink busca, como todo artista serio, es adentrarse en la complejidad de su pasado para así repensar los hechos y las decisiones de sus personajes desde una perspectiva contemporánea, con la mirada de las generaciones que hoy siguen asimilando esa trágica herencia. Pero a la versión fílmica le falta nervio, piel, fricción. En vez de hurgar en los pliegues incómodos de la trama, el escándalo, la confusión ideológica, el lado oscuro de los afectos, Daldry se distrae repasando una y mil veces todas las costuras de su pulcro mantel para que ningún espectador tropiece con los reales desgarros de la Historia. La bella anécdota original se diluye finalmente en una película demasiado tenue, sin pasión ni relieves.

viernes, 11 de enero de 2019

martes, 8 de enero de 2019

Padres de la Plaza: 10 recorridos posibles, de Javier Daglio


“Como marxista, me criaron diciendo que ‘el revolucionario no llora ni se arrodilla. Que no debe ser sentimentalista’. Pero ésas eran mentiras. Yo a veces lloro mucho.”

Oscar Huaravilo, padre de “Taro”, desaparecido en 1977.

No creo que exista imagen para lo infinito. No se lo puede pintar, ni fotografiar, ni filmar. A lo sumo se lo podrá intuir, presentir, quizás tantear, ya sea en la vida o en el arte, pero cuesta pensar que se pueda definir lo infinito en una imagen (material o mental). En todo caso, si llegamos a atisbarlo, es porque hacia él nos arrastran millones de otras imágenes y sonidos y músicas y palabras, un mural mutante ensamblado en la conciencia, una red precaria que nos mantiene suspendidos sobre al pozo ciego de lo que nunca conoceremos. Hablo de infinito porque una vez más comprobé que esa es la sensación que genera la tragedia de los desaparecidos en la Argentina. La certeza de lo inconmensurable. Crecimos escuchando testimonios, leyendo informes periodísticos, viendo documentales, y fueron muchos, muchos de verdad, y sin embargo cada nueva obra parecería reubicarnos en el inicio del camino, para que no nos acostumbremos jamás, para obligarnos a apreciar lo universal y lo particular en cada desgarro, en cada voz, en cada silencio. Nunca será demasiado.

Entonces, frente a la imagen imposible, que es la imagen del duelo, este documental ya desde el título nos propone diez humildes recorridos posibles. Tan sólo aproximaciones, cruces, desahogos. Diez padres con diferentes miradas políticas, de distintas clases sociales, cada uno con su propia manera de lidiar con la ausencia. En la primera parte del relato los protagonistas no son identificados por sus nombres: son un colectivo, los “Padres de la Plaza”, tan importantes en la lucha por la justicia como lo fueron las madres, aunque ellos nunca se organizaron como sí lo hicieron las mujeres. Luego el film le da una identidad a cada hombre y lo invita a describir su profesión o los ámbitos cotidianos que suelen cobijarlos, detalles todos que nos permiten conocer a cada padre como individuo, para poder así dibujar mejor los nidos en donde se acunaron los hijos.

No hubo imagen del cuerpo final, por eso sólo queda acudir a las formas vicarias. Uno de los padres confiesa que se angustia mucho al soñar que su hijo está vivo, mientras otro hombre dice que no hay mayor felicidad que encontrarse con su hijo en un sueño. Otro retiene la presencia en un retrato del hijo pintado por Alberto Bruzzone. Otro admira la dignidad que transmite la foto de su hijo en una pancarta. Y otro cuenta que tuvo que vender la casa familiar porque le hacía daño recordar a su hijo en esos cuartos, al tiempo que otro exhibe orgulloso la habitación del hijo, que hoy es un santuario en cuyo armario se lee una frase anotada por el joven: “Es preferible morir de dolor que de vergüenza”. Sí, es una película necesariamente triste, pero a la vez tiene escenas de una inesperada vitalidad, como sucede durante la visita al colegio, en donde la voz del padre resulta por momentos opacada por el bullicio alegre de los alumnos. Y no es casualidad que sea una adolescente la que visita el Parque de la Memoria: allí es donde los realizadores hacen su sigilosa apuesta. Aprender: ése es el único recorrido posible para las generaciones que vienen.