"Y en medio de las lluvias del inviernolunes, 15 de septiembre de 2008
"Y en medio de las lluvias del inviernojueves, 11 de septiembre de 2008
Emil Cioran decía que...
"Hay que aferrarse a una tarea y sumirse en ella; es la única forma de suprimir ese intervalo que nos separa de las cosas y del que está hecha la conciencia".Encargo

miércoles, 10 de septiembre de 2008
"A veces, uno vive durante años sin vivir lo más mínimo, y de pronto toda la vida se agolpa en una sola hora".martes, 9 de septiembre de 2008
Los extraños, de Bryan Bertino / [Rec], de Jaume Balagueró y Paco Plaza

Mostrar o no mostrar. Explicar o sugerir. Terror fantástico o terror realista. No existen fórmulas predeterminadas para resolver estas disyuntivas. Lo único que vale es la eficacia a la hora de cincelar el escalofrío. En una época en donde el horror se trafica con obscena frecuencia en la telaraña audiovisual -basta encender el televisor-, en el cine de hoy es toda una proeza generar un susto consistente. Salvando algunas honrosas excepciones (George Romero, por ejemplo), en los últimos años el terror ha sido descaradamente bastardeado por una avalancha de películas que reducen el delicado dramatismo del género a la más crasa truculencia, como bien lo grafica la saga El juego del miedo (Saw), verdadero paradigma de la abyección. Estos productos recurren a la vejación del cuerpo como fin en sí mismo, con argumentos que ignoran todo suspenso o planteo narrativo coherente, pues solo se apoyan en una escalada de destrucción visceral.
Dentro de este marco, esta semana se estrenan dos títulos que intentan alejarse de esta tendencia dominante en el género: Los extraños (The strangers), film norteamericano del debutante Bryan Bertino, y [Rec], dirigida por los españoles Paco Plaza y Jaume Balagueró, ambos con experiencia en la materia.
En el primer caso la propuesta parece aspirar a una suerte de "terror minimalista", a partir de un relato sencillo fundado en la clásica tensión entre víctima y victimario. Basada en un hecho verídico, Los extraños cuenta cómo una pareja (Scott Speedman y Liv Tyler) es acechada durante una noche por unos asesinos. De los protagonistas apenas sabemos que pasaron una velada triste. Están solos en una casa (en un pueblo escondido o algo así) cuando de repente alguien llama a la puerta. Todo se complica: resulta que hay tres locos sueltos con ganas de matar. Uno de ellos luce una coqueta máscara de porcelana; otro se cubre la cabeza con una bolsa de arpillera; del tercero no me acuerdo, pero lo que me pregunto es: ¿cuál sería la lógica de este vestuario?
Ninguna. No hay que buscar explicaciones porque precisamente son psicópatas, y tal como se informa en el inicio del film, todos los días en Estados Unidos se cometen crímenes sin razón. El problema es que un mero dato estadístico no sirve como cimiento de una ficción, aun cuando se nota en Los extraños la voluntad de construir una película naturalista, despojada de cualquier efluvio sobrehumano o espectacular, como para que no olvidemos que el Horror puede hallarse a la vuelta de la esquina. Luego de un comienzo cargado de amenazas, el film acude pronto a los golpes de efecto y a reiteradas persecuciones montadas en un círculo vicioso y casi masoquista. Es que realmente no se entiende por qué los protagonistas no se deciden a huir apenas perciben el peligro, delatando una imbecilidad muy poco propicia para la empatía del espectador. Todo se termina curvando hacia la indiferencia.Con la producción española sucede todo lo contrario, ya que consigue estremecer como pocas películas en el último tiempo. La historia arranca cuando una movilera llamada Ángela (la intensa Manuela Velazco) y un camarógrafo están grabando un informe en un cuartel de bomberos para un ciclo televisivo llamado “Mientras usted duerme”. Todas las escenas de [Rec] están registradas desde el punto de vista de quien tiene la cámara al hombro. La elección de una cámara en mano omnipresente no es lo que hace original a este film (la misma técnica fue explotada hace poco en Cloverfield, por ejemplo), sino la forma sorprendente y aceleradísima, a puro nervio, en que se va desplegando la trama.
Al principio la periodista sólo desea que suene la sirena para que los bomberos salgan en una misión de riesgo. Eso es lo que importa para la televisión: captar el shock de lo extraordinario, y si viene con un envoltorio morboso, mejor. El deseo se cumple enseguida. La acción se traslada entonces a un edificio en problemas: algo muy raro está ocurriendo en ese lugar.
No tiene sentido hacer referencia a otras obras del género, porque eso revelaría los senderos que toma la intriga; y aunque a lo largo de relato se escuchan nítidos los ecos de otras películas recientes, [Rec] a la vez propone una experiencia única, ya que en su intemperancia elige no clausurar ningún enigma. El miedo es genuino. Los directores apelan a muchas imágenes crueles, es cierto, pero ellas son parte integral y justificada del escenario; por otro lado, lo interesante de [Rec] es la lupa que impone sobre un grupo de personas comunes que por azar deben afrontar una situación inmanejable (algo similar ensayó Frank Darabont en su film La niebla, con resultados mucho más débiles).Como lo explica Anuelo Moscariello: "Desde la Poética de Aristóteles en adelante, es bien sabido, el objeto del arte no debe ser lo verdadero sino lo verosímil. No debe ser objeto de representación artística lo que ha acontecido, sino lo que podría acontecer”. Por eso de nada sirve conocer que el drama de Los extraños ocurrió en la vida real cuando su factura fílmica es tan poco inspirada, mientras que el delirio de [Rec] se torna mucho más eléctrico y tangible simplemente porque sabe tomarse en serio lo que en apariencia es tachado de increíble.
sábado, 6 de septiembre de 2008
"Yo era feliz...viernes, 5 de septiembre de 2008
"Aquello que emerge de la disuelta norma social es un ego desnudo, atemorizado y agresivo en busca de amor y ayuda. En su búsqueda de sí mismo y del afecto social, se pierde con facilidad en la jungla del yo (...) Alguien que anda hurgueteando en la niebla del propio yo se vuelve incapaz de advertir que ese aislamiento, ese 'solitario confinamiento del ego', es una condena masiva". jueves, 4 de septiembre de 2008
La próxima estación: historia y reconstrucción de los ferrocarriles, de Fernando "Pino" Solanas
"Los trenes llevaban el progreso de un lugar a otro". No sé realmente cuántas son las cosas que se aprenden en la escuela y que quedan grabadas en la memoria de una vez y para siempre. Probablemente son muchas, aunque no seamos concientes de todas ellas. Pero hay cosas que se incorporan y que por su impacto logran fulgurar a modo de revelación: tengo dos recuerdos muy precisos vinculados a la geografía.
Primero: recuerdo exactamente el momento en que caí en la cuenta de que la Argentina era el octavo país más grande del planeta en términos de superficie territorial. Yo era muy chica, pero por alguna razón el dato no me entraba en la cabeza: si éramos tan inmensos, si teníamos ese privilegio, ¿por qué éramos tan pobres? ¿Por qué no estábamos a la altura de tantos otros países que eran mucho más pequeños pero poderosos?
Segundo: retorna muy vívida una clase de geografía económica en la universidad, cuando el profesor explicó que Estados Unidos había podido desarrollarse en toda su extensión, permitiendo el surgimiento de diversas ciudades importantes, gracias a una amplia y equitativa distribución de la red de ferrocarriles, mientras que en la Argentina todas las líneas se habían centralizado en el puerto de Buenos Aires. Esta vez el interrogante fue un poco más radical: ¿es que los argentinos siempre fuimos idiotas?
No sé por qué estoy aplicando la primera persona del plural (“nosotros”) para escribir este texto; quizás quiero creer que existe eso que algunos llaman identidad nacional, tal como lo cree Pino Solanas. Su cine tiene un objetivo muy concreto: resucitar la posibilidad de construir una nación. La próxima estación es la cuarta entrega de una larga y minuciosa crónica sobre la devastación del país que comenzó con Memoria del saqueo y continuó con La dignidad de los nadies y Argentina latente. En este caso se detalla cómo se fue desarticulando la industria de los trenes, desde el gobierno de Arturo Frondizi hasta la actualidad. No voy a entrar en detalles ya que vale la pena ver el film para conocer todo el proceso; prefiero esbozar algunas sensaciones.
Pino hace lo que mejor le sale: narrar con honestidad ideológica, incluyendo sus habituales estrategias discursivas. Nuevamente el documental se arma desde su voz, su impronta, su proclama cada vez más desazonada. En La hora de los hornos, el realizador podía arengar con vehemencia: había un público enardecido dispuesto a reaccionar. Cuarenta años después, Pino sabe que se dirige a un espectador que apenas saldrá con la cabeza gacha de la sala de cine, mientras se pregunta por qué estamos como estamos. Un espectador ofuscado y tal vez avasallado por la magnitud de un robo prolongado y flagrante. Y nada más.
Lo sé: me refiero a Pino sin la suficiente distancia crítica. Es que desde hace años compruebo que su obra me habla desde el más llano sentido común, con ese tono que emplea un amigo que solo quiere vernos bien. Es la advertencia preocupada de alguien que -aunque la soñó- hoy está muy lejos de presenciar la revolución, ni tiene noción alguna sobre qué formas cobrará el cambio. Pero su película tiene información, pruebas, estadísticas, testimonios e imágenes difíciles de refutar. No soy peronista y sería petulante esgrimir aquí alguna teoría sobre nuestra "nación". Porque no sé qué es eso. Cómo saberlo cuando ya ni siquiera comprendemos qué es lo social. O qué es el respeto. Sólo intuyo que en este trabajo cinematográfico se está jugando algún tipo de verdad. La percibo en ese ferroviario que rompe en llanto mientras cuenta su historia en el film.La próxima estación registra el desamparo, la corrupción, la carencia de rumbo. La película denuncia a los responsables de los negocios que hundieron al ferrocarril, pero sobre todo -y esto es lo interesante- apunta a cachetear la inercia del ciudadano, ese pasajero en tránsito cada día más embotado que por desidia y por ignorancia se empecina en elegir el mal menor.
Argentina es grande y lo tenía todo. ¿Fueron los otros o fuimos nosotros? Solanas parece estar más allá del berrinche patriotero frente a las injusticias del pasado: su cine se planta certero en el presente y consigue interpelar la conciencia colectiva con la urgencia del futuro.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
"Si vives quejándote de tu aburrimiento y de tu miserable vida porque escuchaste a tu madre, a tu padre, a tu maestro, a tu cura o a algún tipo de televisión diciéndote cómo debes hacer tu vida, entonces te lo mereces".Frank Zappa
lunes, 1 de septiembre de 2008
Un año entre góndolas, anhelos y palabras
En septiembre este blog cumple un año de vida.Hace un año decidí abrir Morir en Venecia, en honor a la película que más amo (dirigida por Luchino Visconti y basada, por supuesto, en la novela de Thomas Mann). No sabía en aquel momento hacia dónde iría este humilde barco, y tampoco creo saberlo ahora. Voy a la deriva, a oscuras, intentando acoplarme al extraño ritmo de este planeta. Cada tanto me seduce algún faro. Cada tanto me canso y temo no poder continuar. Y sólo sé una cosa: de un año a esta parte, sí hay una diferencia. Este canal que me comunica con ustedes hace que me sienta menos sola.
Por eso quiero agradecer a todos: a los entusiastas que suelen dejar comentarios, a los que leen en silencio, a los que llegaron de casualidad, a los que pasaron alguna vez y no volvieron más, a los que se olvidaron, a los que vendrán. Gracias a Tomás, quien insistió para que me hiciera un lugarcito en el océano virtual. Gracias al cine, que me sigue haciendo feliz. Y gracias al arte todo, en definitiva, pues es lo que nos convoca y nos permite resistir.
Los dejo ahora con la pluma de Thomas Mann:"Nada hay mas extraño ni más delicado que la relación entre personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y se observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y a no intercambiar saludo ni palabra alguna. Entre ellas va surgiendo una curiosidad sobreexcitada e inquieta, la histeria resultante de una necesidad de conocimiento y comunicación insatisfecha y anormalmente reprimida, y, sobre todo, una especie de tenso respeto. Pues el hombre ama y respeta al hombre mientras no se halle en condiciones de juzgarlo, y el deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto”. (Der Tod in Venedig)
domingo, 31 de agosto de 2008
Juntos, nada más, de Claude Berri

Los norteamericanos inventaron un rótulo para películas como Juntos, nada más (Ensemble, c'est tout): las llaman feel good movies, es decir, “películas para sentirse bien”. Por lo general, son propuestas que responden a las normas de la comedia dramática, sin tocar los extremos: no persiguen la lágrima ni la carcajada; no aspiran al sufrimiento patente ni buscan la jocosidad fecunda de la comedia a secas. No son efectistas, ni manipuladoras, ni ambiciosas. Un gran chico, Pequeña Miss Sunshine y El mismo amor, la misma lluvia son buenos ejemplos de este tipo de obras que sutilmente encuentran el justo medio entre la melancolía y la esperanza.
Es cierto que el término feel good hace pensar en el cine como una forma de analgésico, y esta idea no sería tan desacertada: después de todo, el arte es un consuelo más que digno cuando la tristeza cunde (quizás éstas sean las películas perfectas -necesarias- para ver en soledad, en esos momentos desesperados en donde un dolor muy profundo clama por ser mitigado). Pero no se las puede subestimar diciendo que son “livianas”, ya que precisamente estas películas, cuando son inteligentes, consiguen afincarse en lo cotidiano para restaurar desde allí la tan degradada posibilidad del entusiasmo.
Dirigido por el francés Claude Berri (realizador ducho en el cine de qualité con títulos como Uranus o Jean de Florette), Juntos, nada más es básicamente un film amable, un relato que se desenvuelve entre algodones, un paseo por un mundo que se adivina suave y cercano, aunque los personajes sean claras creaciones de ficción (especialmente el aristócrata que compone Laurent Stocker, lo mejor de la película). Mientras el film transcurre -sorteando algunos baches narrativos- se afirma la certeza de que nada en la anécdota ni en la puesta en escena llegará a sorprendernos, y sin embargo, uno no puede dejar de agradecer que todavía se hagan esta clase de películas. Porque hacen bien, claro, y porque resulta muy sencillo encariñarse con los protagonistas. Jóvenes que están solos al comienzo, ajenos a sus respectivas familias, temerosos ante la irrupción del amor, hasta que descubren cuánto puede ensancharse la vida por el simple hecho de tender una mano. De eso trata, entonces: de aceptar que la estructura de los afectos ha cambiado para siempre, y que de ahora en más solo nos queda forjar nuevas formas de vínculos que sean capaces de reactivar la confianza en el otro.
sábado, 30 de agosto de 2008
"La historia de la Humanidad se vuelve cada vez más una carrera entre la educación y la catástrofe".lunes, 25 de agosto de 2008
Encuentros de cine y crítica - Comienza el 5 de septiembre
Ciclo de Septiembre: "Obsesiones"
Todos los viernes a las 19:30 en CICLO-P
Coordina: Carolina Giudici
Todos nos obsesionamos alguna vez. Todos sabemos lo que es girar sobre eso que no nos deja en paz: una mirada, un enigma, una fantasía, un recuerdo, una palabra, un imposible. Los protagonistas de estas historias persiguen el amor, el éxito, la verdad y la belleza. Nada más, y nada menos. ¿Es que en el cine la obsesión siempre es una excusa para narrar la carencia? Eso es lo que nos proponemos discutir.
Las reuniones se realizarán los días viernes de septiembre, a partir de las 19.30, en la sala CICLO-P, que queda en Av. Rivadavia 1559, 1º "B" (Congreso). La proyección del film es en pantalla grande y con buena calidad de sonido. Los cupos son limitados.
Comenzamos el viernes 5 de septiembre de 2008 con un clásico absoluto: "Él", de Luis Buñuel, con Arturo de Córdova y Delia Garcés.
Ciclo "Obsesiones"
Él, de Luis Buñuel (México, 1952)
El rey de la comedia, de Martin Scorsese (EE.UU., 1983)
Memories of murder, de Bong Joon-Ho (Corea del Sur, 2003)
En la ciudad de Sylvia, de José Luis Guerín (España, 2007)
Para consultas e inscripción:
Comunicarse al 4924-3385 (dejar mensaje y número de contacto).
O escribir a datosparacaro@yahoo.com.ar
domingo, 24 de agosto de 2008
Cuando ya me empiece a quedar solojueves, 21 de agosto de 2008
La misma luna, de Patricia Riggen
Cada domingo, a las 10 de la mañana, Carlitos (Adrián Alonso) espera el llamado de su mamá, Rosario (Kate del Castillo). Él vive en México con su abuela, mientras su mamá está en California, en donde trabaja como empleada doméstica. Cada domingo, Rosario le promete a su hijo que muy pronto volverán a verse, pero Carlitos ya no le cree. “Si yo no puedo ir para allá, entonces ven tú. Cuatro años es demasiado”, reprocha el muchachito. Ella se traga las lágrimas como puede y le explica que las “cosas están difíciles para sacar los papeles”.
Rosario es solo una más entre los cientos de latinoamericanos que a diario cruzan desesperadamente el río Bravo pensando que el país del Norte les brindará un futuro un poco más digno. El drama de la inmigración ilegal en Estados Unidos funciona como marco de esta historia en la que un chico de nueve años hará lo imposible para reencontrarse con su madre.
Debut en el largometraje de la directora mexicana Patricia Riggen, La misma luna pulsa diversas cuerdas para forjar la emoción: un niño que de repente queda desamparado (Carlitos pierde a su abuela y decide irse solo a Los Angeles), más una secuencia de suspenso en la zona de frontera, más la pintoresca precariedad laboral de los indocumentados, más trazos ligeros que mezclan la road-movie con el viaje iniciático, para finalmente aunar todo el cuento bajo la etiqueta del “drama social comprometido”. Pero no existe real profundidad en esta película, aunque esté motivada por loables intenciones. Desde lo técnico, es un film apenas correcto; desde lo narrativo, el exceso de sentimentalismo y los giros trillados restan toda espontaneidad al desarrollo de la anécdota.
Ante el conflicto sociopolítico no hay signos de rebeldía o furia por parte de las víctimas, sino simple claudicación: la voluntad se concentra en sortear los variados incidentes y llegar a la meta. El guión escrito por Ligiah Villalobos explota al máximo la figura del pequeño protagonista: parece que jugar con la vida de un niño y exponerlo a una serie de situaciones de riesgo es un ejercicio imaginativo relativamente fácil. El problema es que en La misma luna esa maquinaria retórica resulta demasiado evidente, tanto que los responsables ni siquiera supieron aprovechar la naturalidad de Adrián Alonso y su irresistible carita.
miércoles, 20 de agosto de 2008
"Ellos no pueden ver el cielo..."
Fragmento de una carta del escritor Juan Rulfo a su esposa Clara Aparicio. El autor de Pedro Páramo trabajaba en una empresa de neumáticos de la ciudad de México.México, a fines de febrero de 1947
Mayecita:
Ellos no pueden ver el cielo. Viven sumidos en la sombra, hecha más oscura por el humo. Viven ennegrecidos durante ocho horas, por el día o por la noche, constantemente, como si no existiera el sol ni nubes en el cielo para que ellos las vean, ni aire limpio para que ellos lo sientan. Siempre así e incansablemente, como si sólo hasta el día de su muerte pensaran descansar.
Te estoy platicando lo que pasa con los obreros en esta fábrica, llena de humo y de olor a hule crudo. Y quieren todavía que uno los vigile, como si fuera poca la vigilancia en que los tienen unas máquinas que no conocen la paz de la respiración. Por eso creo que no resistiré mucho a ser esa especie de capataz que quieren que yo sea. Y sólo el pensamiento de trabajar así me pone triste y amargado. Y sólo el pensamiento de que tú existes me quita esa tristeza y esa fea amargura. Ahora estoy creyendo que mi corazón es un pequeño globo inflado de orgullo y que es fácil que se desinfle, viendo aquí cosas que no calculaba que existieran. (…) Espero no me regañes por escribirte quejidos en lugar de hablarte del amor que te tengo, pero es que la forma como me siento tenía que decírsela a alguien. Y tú naciste para que yo me confesara contigo.
Juan
(Texto publicado en la colección Cartas Memorables de la revista Ñ).
