martes, 28 de febrero de 2017

Esperando a Zama...


Por Lucrecia Martel*

"El silencio no existe en el cine ni en el universo, afortunadamente. El silencio es nuestra manera de reconocer algunas ausencias sonoras. Entro a mi casa y digo 'qué silencio'. Pero si presto atención, ya escucho la heladera, algún vecino lejano, el perro de la panadería, una motito doblando la esquina... y puedo estar toda la noche identificando sonidos distintos en medio de eso que al principio me pareció: 'qué silencio'. ¿Y entonces qué es lo que me llevó a pensar en el silencio? Quizás la ausencia de alguna voz en particular. Entonces, ¿qué es el silencio en el cine?: es generar en el espectador ausencias, una tarea apasionante."


*Fragmento de una entrevista publicada en el sitio del diario El Tribuno. (Ir al texto completo).


La imagen pertenece a Zama, nueva película de Lucrecia Martel, basada en la novela de Antonio Di Benedetto. 

lunes, 27 de febrero de 2017

Bill Paxton (1955-2017)


Murió Bill Paxton, queridísimo actor protagonista de Twister, A simple plan y Apollo 13, esa clase de películas que podría ver una y otra vez sin cansarme jamás.

Aquí les dejo algo que escribí hace unos años sobre la gran película dirigida por Ron Howard.

domingo, 26 de febrero de 2017

Oscar 2017 - Un ranking personal



1 - Manchester by the sea, de Kenneth Lonergan

2 - Moonlight, de Barry Jenkins


3 - Hell or High Water, de David Mackenzie


4 - La La Land, de Damien Chazelle


5 - Fences, de Denzel Washington


6 - Arrival, de Denis Villeneuve


7 - Hacksaw Ridge, de Mel Gibson


8 - Hidden Figures, de Theodore Melfi


9 - Lion, de Garth Davis



jueves, 23 de febrero de 2017

El asaltante, de Pablo Fendrik


Texto publicado en 2009

Contradicción: querer hablar de una película y tener que reprimirse.

No conviene saber nada de El asaltante antes de pisar la sala, salvo las referencias mínimas: es la opera prima del argentino Pablo Fendrik y el protagonista es Arturo Goetz. Si usted ya leyó de qué trata el film o de qué va el asalto en cuestión, pues lo siento, porque le han robado parte del disfrute. Échele la culpa al periodismo o al desbocado director, que en las entrevistas difundidas fue el primero en delatar el punto de partida de su historia. Hay películas que deberían ser envasadas al vacío para que nada de ellas se filtre hacia el exterior mediático y buchón. Alcanzarían el título de la obra, el autor y una etiqueta que certifique su calidad. Hete aquí la paradoja: para saber que es una buena película, alguien tuvo que verla antes y confirmarlo. ¿Y quién hace eso si no es un crítico cumpliendo su función? En fin…

El asaltante no es la octava maravilla del mundo, ni tiene una anécdota súper original, ni una vuelta de tuerca rebuscada que nos deje anonadados. Nada que ver. Es sólo que para entrar en el juego uno debe permitirse seguir al protagonista y espiarlo por encima de su hombro, sin tener mayores prevenciones que él frente a las estrategias en marcha. La cámara se acota a su silueta y si reconocemos los espacios es porque hay tímidas ráfagas de aire que se escapan del encuadre. Titubeamos, vamos rezagados, casi todo el tiempo estamos en ascuas, mientras el personaje no hace nada para invitarnos a su raid. No necesita testigos. Sin embargo, por qué será, algo en él nos importa.


La película es "una agradable viñeta", afirma en su web el crítico norteamericano Neil Young, “but what's the point?”

El punto es: esto es cine. Una tajada de realidad cargada de sentido. Un cuento cotidiano que podría protagonizar cualquier vecino. O uno mismo, por qué no. Al fin y al cabo, es el relato de un límite.


La película puede verse completa en YouTube y en la plataforma online Odeón.

sábado, 18 de febrero de 2017

The Adjustment Bureau, de George Nolfi


¿Y si todo esto
sucede en un laboratorio?
¿Bajo sólo una lámpara de día
y miles de millones por la noche?

¿Y si somos generaciones en prueba?

Wislawa Szymborska*

Crítica publicada en 2011

No, Los agentes del destino (The Adjustment Bureau) no es una película de extraterrestres, si bien en el film existen personajes que no encuadran del todo en la lógica mundana. Lo inquietante del poema citado -y del film, en su premisa inicial- es que nos ubica a todos los mortales como conejitos de indias de algún proyecto idealista que se trama secretamente en alguna torre escondida entre rascacielos. Generaciones a prueba, porque como sujetos aún no estamos capacitados para tomar el timón y nuestra historia no es más que un fallido simulacro, apenas el desordenado ensayo de la Historia verdadera que llegará algún día y que, por supuesto, no podremos protagonizar. “La humanidad no tiene la madurez para controlar las cosas importantes”, dice por allí un personaje del film, resumiendo el principio rector de esta organización clandestina que monitorea los horizontes de hombres y mujeres.

Pero no, tampoco se trata de la Matrix ni de rostros que nos amonestan desde cristales líquidos. Ellos, los agentes de esta empresa, quieren pasar inadvertidos. Alegan que los necesitamos para reencauzar nuestra razón, pues de lo contrario no podríamos evitar la autodestrucción. Y aunque algunos resulten pedantes y amenazadores, hay otros que son buenos tipos. Les creemos porque los sentimos de carne y hueso, a pesar de las líneas increíbles que a los actores les toca pronunciar. Son algo así como ángeles de la guarda vestidos de traje. Burócratas del devenir. Algunos son soñadores, otros son cínicos, otros están más hartos que oficinistas kafkianos. Su tecnología se reduce a una especie de guía Filcar que indica los trayectos y encrucijadas vitales de cada persona: allí donde el deseo complica el camino hacia la meta predeterminada, el mapa lanza una señal de alerta. Estos funcionarios, sin embargo, son falibles como cualquier hijo de vecino. Al comienzo del film, uno de ellos se queda dormido en el banco de una plaza y no llega a tiempo para cumplir su tarea. El error tendrá repercusiones ingobernables, ¿pero quién dijo que un ángel guardián no tiene derecho a echarse una siestita al sol de vez en cuando?

La idea, decididamente genial, se la debemos a Phillip K. Dick y su cuento “Equipo de Ajuste”. El realizador George Nolfi cambió el rol del protagonista central (en el film es nada menos que un potencial presidente de Estados Unidos) pero logró filtrar en la pantalla el encanto sabiamente juguetón del relato original. Más allá de la acción y la tensión y los vericuetos fantásticos, si algo se desprende de The Adjustment Bureau es una profunda ternura y una seria confianza en la voluntad de los seres humanos para transformar sartreanamente aquello que han hecho de nosotros. En el fondo, se trata de cuidar el motor íntimo y esencial de cualquier historia y de la Historia, ese metal precioso llamado libre albedrío, un arma que sigue siendo inalienable y bien concreta a pesar de un sistema biopolítico empecinado en convertirla en quimera. 

* Fragmento del poema "¿Y si todo esto?".

jueves, 16 de febrero de 2017

Diferencia esencial


Frederic Forrest y Teri Garr 
en Golpe al corazón (One from the heart),
de Francis Ford Coppola

miércoles, 15 de febrero de 2017

Lo que vemos, lo que nos mira


Miro los escaparates,
todo está carísimo
menos la vida,

que no vale nada. 

Antonio Orihuela


Las imágenes pertenecen al film ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, de Pedro Almodóvar.

domingo, 12 de febrero de 2017

INCAA TV exhibirá "Caja Negra"

Caja Negra, de Luis Ortega, es una de las películas más hermosas y misteriosas de la historia del cine argentino.

No es fácil acceder a esta película, pero este mes INCAA TV la tiene programada en su grilla, así que les sugiero agendarla y verla. Será emitida este domingo 12 a las 20, y se repite el lunes 13 a las 8 y las 14.

sábado, 11 de febrero de 2017

7 años, de Jean-Pascal Hattu


Vincent (Bruno Todeschini) está en la cárcel. La condena es de siete años, una eternidad para la piel. Maité (la extraordinaria Valérie Donzelli) lo visita dos veces por semana. Le lleva ropa limpia y perfumada. Ella no quiere pensar ni mirar calendarios. Pero algo crece, irrefrenable: el miedo a no poder esperar. 

Vincent dice que está aprendiendo a ser prisionero. “Tengo que olvidar que el tiempo pasa. Es algo mental, un ejercicio”. Miente. La cabeza no se detiene jamás. Mil visiones se le disparan como pelotitas de pinball. Mil pulsiones por segundo. Entonces aparece Jean (Cyril Troley) con su carita de niño asustado. Él es guardia de la cárcel y un día conoce a Maité.

Tres personajes, tres signos de interrogación, tres exterioridades. Dos de los extremos siempre mirarán al tercero, con celos, culpas, venganzas imaginarias. Con la esperanza de que ese otro, invasor, algún día se desvanezca. Jean-Pascal Hattu se distancia, los estudia con reservas, sabe que la psiquis tiene motivos que el cuerpo no comprende. Y viceversa. Cunde un aroma parco, bressoniano, que parecería secar el cauce del erotismo. Hasta que la necesidad humedece la imagen, las mejillas de Maité, los ojos de Jean. Y el film se abre como tímido volcán.



7 años
(7 ans, Francia, 2006)
Dirección: Jean-Pascal Hattu
Editado en dvd por Impacto Cine

martes, 7 de febrero de 2017

Tercera edición de "Espanoramas", con todo lo nuevo del cine español

Este jueves 9 de febrero arranca "Espanoramas", la muestra que cada verano trae a nuestra ciudad las más recientes producciones del cine hecho en España, ciclo organizado por el Centro Cultural de España en Buenos Aires y la Embajada de España en Argentina, con apoyo del INCAA.

Las funciones se realizan desde el jueves 9 al miércoles 15 de febrero en el Espacio INCAA Km 0-Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1637). La entrada tiene un valor de 30 pesos.


Este año se exhibirán en calidad de estreno 13 películas representantivas de diferentes generaciones en la dirección, incluyendo algunos de los títulos que acaban de ser premiados en la entrega de los Goya. En este sentido, una de las películas importantes dentro de la programación es Tarde para la ira, que fue distinguida con premios a la Mejor Película y Mejor Dirección Novel para Raúl Arévalo, actor que se ha lanzado a la realización y a quien recordamos por sus personajes en films como Los amantes pasajeros y Gente en sitios. También habrá que estar atentos a la proyección de El hombre de las mil caras, dirigida por Albert Rodríguez y protagonizada por el gran Eduard Fernández, ganadora del Goya en la categoría Guión Adaptado.

Otros títulos de la programación que se destacan son: Kiki, el amor se hace, comedia de Paco León protagonizada por la actriz y cineasta argentina Ana Katz; La próxima piel, con la estupenda Emma Suárez (Julieta), film de inquietante trama dirigido por Isa Campo y por el reconocido realizador Isaki Lacuesta; El Olivo, de Icíar Bollaín, cuya actriz Anna Castillo fue revelación en los Goya; El Bosco, el jardín de los sueños, documental de José Luis López Linares que ofrece una mirada contemporánea sobre el gran pintor flamenco e incluye testimonios de Orhan Pamuk, Salman Rushdie y Miquel Barceló, entre otros; y La Reconquista, nuevo trabajo de Jonás Trueba, uno de los cineastas jóvenes que mayor repercusión ha ganado en los últimos años.

Para mayor información sobre las películas programadas en Espanoramas, sugiero consultar el sitio oficial de la muestra. Pueden descargar la grilla de programación aquí.


sábado, 4 de febrero de 2017

Las torres fantasmas

“Lo real es lo que se nos escapa, lo que no puedo nombrar o calcular.”

Jean-Louis Comolli

Devil (La reunión del diablo), película estrenada en 2010, comienza con tenebrosos planos de los rascacielos de una ciudad. No importa que la historia esté ambientada en Philadelphia, porque lo cierto es que parece Nueva York. Ante una película norteamericana, cuesta no pensar en Nueva York cuando la imagen muestra altos edificios bordeando una costa, a menos que algún cartel aclare que se trata de otra ciudad, o que alguna construcción muy reconocible nos ubique en otro lado (por ejemplo, el Golden Gate de San Francisco o el Harbour Bridge de Sidney). Además de las nubes ominosas y de la música ídem, los planos iniciales de Devil toman a los edificios al revés, con la cámara que se acerca rápidamente a un rascacielos y se introduce por un hueco de ventilación. Todo indica que son subjetivas del diablo, que parece venir en vuelo invertido. (Deducimos que es el diablo porque, bueno, así se titula el film).


Pero esos movimientos sólo son ostentosas piruetas, fútiles manierismos que buscan en vano desplazar a las otras tinieblas que encapotan la ciudad desde aquel acontecimiento, porque nada puede competir con ese pavor existencial que troqueló los sentidos aquel 11 de septiembre. Frente a cualquier toma aérea de Nueva York en cualquier película reciente, al menos a mí me resulta imposible no recordar las torres que ya no están, con toda la complejidad histórica que implica esa ausencia. Martin Scorsese enseguida aprovechó el poderío simbólico de esos gigantes devenidos fantasmas, por lo cual incluyó al World Trace Center en el notable final de Pandillas de Nueva York (2002), tentación que tampoco eludió Steven Spielberg cuando concibió Munich (2005). 

Desde ya que el atentado a las Torres Gemelas no es el tema de Devil (film de terror-suspenso demasiado elemental dirigido por John Erick Dowdle, con idea y producción de M. Night Shyamalan), pero su apertura inevitablemente recupera lo siniestro de aquel día, con esos edificios colgando como estalactitas sobre el vacío, una imagen que convierte a la ciudad en una cueva en cuyas paredes siguen rebotando los ecos del espanto, la desesperación ante lo que se adivina inconmensurable. Hasta ahora, la película que mejor ha plasmado estas sensaciones es Vuelo 93 (United 93), de Paul Greengrass.

Posterguemos para otro momento la discusión sobre las imprecisiones históricas de la película y su lectura quizás idealizada de los hechos ocurridos en el avión que cayó en Pennsylvania, pues en definitiva United 93 no deja de ser una recreación. Ya desde el afiche se hace carne la amenaza, con ese avión flanqueado por los picos de la corona de la estatua. Difícil es pensar en la libertad o en los “siete continentes” que esa corona supuestamente representa. Esos picos son barrotes, son cuchillos, son misiles. Y allí va el segundo avión para estrellarse en la otra torre.

Es impecable la forma en que Greengrass narra ese segundo impacto, ya que elige mostrar lo que registraron las imágenes televisivas, sin utilizar efectos especiales. Además, ¿cómo pretender imitar un hecho que superó todo espectáculo? Tras la explosión en la torre sur, se escucha algún grito ahogado y algún insulto, pero todos los testigos en el film quedan mudos, absortos por un instante, hasta que cae sobre todos el peso de la fragilidad. De la confusión a la certeza de ser un blanco de ataque. La inminencia de una guerra jamás imaginada.

Cada vez que veo la secuencia del segundo impacto, experimento el mismo extrañamiento de aquella primera vez. La misma angustia. El agobio -y la necesidad- del silencio frente a eso que no se puede poner en palabras. Podemos ver muchas películas y comprobar que las torres aparecen y desaparecen, e incluso llegar a acostumbrarnos. Podemos recordar los atentados de memoria y regresar continuamente al análisis político del porqué. Pero hay algo que se nos escapa, siempre. Ese lugar adonde tal vez sólo pueda llevarnos el arte: ni más ni menos que lo real.