lunes, 6 de febrero de 2012

Los Muppets, de James Bobin


Hay una escena de Los Muppets que regresa con insistencia a mi cabeza. Un chirrido. Llega antes por los oídos que por el recuerdo visual. Es el momento en el cual Gary, Mary, Walter y René inician la búsqueda de los Muppets. Están en el auto y el robot que oficia de chofer propone localizar a los personajes mediante su módem. Ahí se escucha el típico sonido de la conexión a la red por dial-up: primero el tono de los dígitos marcados y luego ese ruido estrambótico y agudo que hoy se nos hace insoportable, tan estridente que los protagonistas del film se tapan los oídos deseando que el martirio acabe.

El gag funciona, es breve y prácticamente anecdótico dentro del conjunto del relato. Pero nada se le escapa al guión de Jason Segel y Nicholas Stoller. La escena es otro comentario sobre uno de los temas centrales del film: el paso del tiempo (lo que fuimos, lo que proyectamos hacer con el tiempo que nos queda). Pensar que hace unos diez años el dial-up aún representaba la puerta hacia una aventura fascinante: Internet, el nuevo mundo. Ansiábamos conectarnos para sentir ese chirrido revolucionario. Y hoy, aunque el dial-up aún exista como posibilidad, sabemos que ha perdido terreno y el chiste del film nos confirma que todos ya estamos habituados a otra lógica. Me pregunto si no será que estamos excesivamente entrenados para adaptarnos con facilidad a lo nuevo (lo cómodo), al punto tal de volvernos ingratos, de no poder reconocer aquello que nos cambió la vida apenas unos años atrás. Será que no vivimos los avances tecnológicos en su verdadera dimensión emancipadora (humana) sino como un mero imperativo de consumo por el cual todo se agolpa en una carrera de descartes y reemplazos continuos. Y eso que Los Muppets no es una película nostálgica. No postula que el pasado fue mejor. Simplemente, nos plantea si no nos hemos acostumbrado a olvidarnos demasiado pronto de ciertas cosas fundamentales.