sábado, 15 de agosto de 2009

El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella *

 
No piense más” es el consejo que escucha continuamente Benjamín Espósito (Ricardo Darín). Pasaron 25 años, pero él no puede quitarse de la cabeza aquel crimen que quedó impune en 1974 y que hoy lo empuja a retomar la investigación. Quiere regresar al pasado para comprender su presente. Para asumir que ya es hora de entregarse a su amor por Irene (Soledad Villamil).

A Espósito lo persiguen los ojos tristes del viudo Morales (Pablo Rago), ese hombre común detenido en la nada, desesperado ante la posibilidad de olvidar a su mujer asesinada. “Y ya no sé si es un recuerdo –repetía Morales– o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando”. 

El cine es eso, en gran medida: imágenes que perduran, otras que se esfuman, otras que sellan a fuego la memoria. Toda ficción es responsable de los hechos que elige evocar, así como del puente que tiende entre ellos y la actualidad, tarea que se torna aún más delicada cuando afecta a la memoria colectiva. Sobre este terreno resbaladizo transita Juan José Campanella en El secreto de sus ojos, sin duda, el film más oscuro, ambicioso e irregular de su carrera.

Tomando como base una novela de Eduardo Sacheri, aquí el director no sólo reemplaza la linealidad de sus películas previas por un relato complejo y fragmentado, sino que también abandona la transparencia clásica para buscar otras intensidades en el trabajo con la cámara. En este aspecto, ocurre que varias de esas decisiones formales (ángulos enfáticos, encuadres barrocos) acaban por distraer en lugar de acompañar con naturalidad las acciones. El ejemplo claro es el plano secuencia en la cancha de Huracán, un episodio extraordinario y gozoso, aunque no es más que un prodigio técnico digno de un estilo operístico –como el de Scorsese, digamos– que no condice con la estética general del film. Todo el relato tiene un fluir extraño, diversas escenas efectivas tropiezan con otras innecesariamente largas, en medio de un vaivén permanente entre el thriller y una trama romántica que no consigue convencer. En el camino, la emoción se enrarece y los contornos del drama se vuelven difusos.


La película debe sus momentos de vuelo genuino al Pablo Sandoval que compone Guillermo Francella. Las estupendas escenas que juega junto a Darín aportan la cuota de humor fundamental en Campanella, quien logra el milagro de hacernos olvidar que estamos frente a Francella y nos aferra enseguida a su entrañable personaje, el único que desde su dolor parecería advertir la inminente tragedia que devastará al país. Porque sucede que, de forma algo inesperada, la violencia política de los años 70 irrumpe en el relato y resulta casi imposible sostener el clima jocoso. Es demasiado denso lo que se narra como para prestar atención a los comentarios ñoños de la Villamil madura en sus diálogos con Darín.

La vocación simbólica de la película se impone: hay que leer a la víctima y al victimario de la ficción como sujetos de la historia argentina. La cuestión de fondo es cómo seguir viviendo cuando la ley no supo hacer justicia. El asunto es ríspido y concierne al espectador determinar qué sugiere la película al respecto. Pero es inevitable señalar aquí que la resolución transmite sensaciones amargas y contradictorias. Quizás deberíamos escuchar el consejo y no pensar más. Como dice un personaje por allí: “Es mejor quedarse con los recuerdos lindos, ¿no?”.

* Artículo publicado previamente en el diario Crítica (13-08-09).

8 comentarios:

Eleonora Eberle dijo...

Hola,Caro. Justo entré a ver si habías publicado algo sobre esta película. Como siempre lográs poner en orden esas sensaciones contradictorias que produce un film como este.
A pesar de algunos intentos fallidos, como vos decís, yo me banco a este Campanella ambicioso que se anima experimentar con una enunciación tan compleja.
Se le nota el oficio, eso que solo se logra con el trabajo. Con la oportunidad de prueba y error. Con la economía del cine argentino no es algo fácil y Campanella es uno de esos pocos privilegiados que en los últimos diez años pudo hacer grandes producciones (con muchos actores, locaciones, presupuesto...)
Por eso festejo esta película, me alegra que Campanella haya tenido la libertad de salirse de lo seguro, de lo que comercialmente sabe que funciona. Con algunos defectos como vos decís es una película para detenerse, para pensar, para recordar.

Caro dijo...

Eleonora (o “Lili” para los amigos): estamos de acuerdo en que una producción de calidad aporta muchísimo a una película, y no pongo en duda el oficio de Campanella. Pero no creo que se haya alejado de “lo seguro”: precisamente, por no renunciar a la comicidad ya probada es que no pudo evitar matizar con liviandad los huecos oscuros. Los cambios de tono a veces resultan forzados.
Hay muchas escenas disfrutables y, en general, la película es entretenida. Pero creo que el conjunto no está ensamblado con naturalidad y más de una vez uno percibe los artificios (en la puesta, en algunos diálogos subrayados) en lugar de sumergirse de lleno en la historia.

Así y todo, es la clase de película que recomiendo sin dudar, porque permite pensar y discutir cómo aborda el cine industrial un tema delicado que involucra a la justicia (o la falta de ella), que no solo afecta a la historia política argentina, sino a cualquier ser humano en su libre accionar.

Es muy difícil hablar del film sin delatar giros centrales de la trama (no lean más los que no la vieron): creo que el problema es el final feliz. La película no hace cargo del conflicto moral que plantea la decisión de Morales (Rago) y prefiere suavizar ese mazazo final con el romance recuperado.

Saludos.

Bruno dijo...

coincidimos en la recomendación

Anónimo dijo...

Es el comentario sobre esta pelicula mas cercano a lo que pensé mientras la miraba. La densidad del policial mezclado con ese humor ingenuo de campanella vuelven a la peli un poco chocante. Suena muy forzada. Ademas de escenas desafortunadas como el cliche del tren o la escena "sacada" del interrogatorio. Te felicito por la mirada intligente a la peli. Seba.

Caro dijo...

Seba,

Probablemente lo que hace ruido es que muchos de los gestos de Campanella en su intención de puesta en escena son evidentes, en lugar de ser naturales. Algo no termina de despegar con “vida propia” en la pantalla.

Con respecto al cliché de la estación de tren, uno puede pensarlo como la mirada idealizada de Darín, ya que esas imágenes difusas parecían ser la representación visual de la novela que está escribiendo. La película coquetea -sin mayor rigor- con la autoconciencia narrativa y sugiere que el mundo del pasado, tal como se evoca en el film, está matizado por los recuerdos del personaje. Así y todo, coincido, es una escena banal, como también el truco del “temo”, etc. Lo del interrogatorio me parece directamente fallido. El director no tenía necesidad de mostrar con un plano detalle lo que la situación ya sugería, y sin embargo lo hace: allí irrumpe el temor del director industrial que no se anima a dejar que el espectador especule.

La verdad es que esta película debe ser una de las que más discutí, analicé, pensé y repensé en mucho tiempo. Creo que tiene muchísimas puntas interesantes, desde lo argumental a lo técnico, y eso me parece muy estimulante. En ese sentido, bienvenida sea.

Saludos y gracias por pasar.

marcelo dijo...

Será posible que siempre hagas comentarios tan reales.

La pelicula me produjo muchas sensaciones, la cuestion de inexistencia de la justicia, de como estos personajes que son simples violadores, chorros, asesinos, se pueden transformar en mano de obra para llevar a cabo proyectos políticos a través, en ese caso del terrorismo de estado, y a la vez de como se puede hacer justicia al margen de la justicia (Morales) sin que el director te haga sentir culpa, ni tratar a Morales de turro.
Sino por el contrario tratarlo cariño.

Las cuestiones tecnicas a mí siempre se me escapan, porque lo que siempre me sirven son los dialogos y la profundidad de los mismos y un problema mas serio es que enamoran los ojos de Villamil y ya no puedo ser objetivo ( y eso no es un secreto del director)

gracias Caro un gusto el reencuentro

Marcelo de berazategui

mge dijo...

Recién salgo del cine. Tengo que admitir que la película me gustó más de lo que esperaba, pero no había necesidad de un descenlace tan rosa, ni de caer en el trilladísimo recurso de "reconstrucción mental iluminada" por parte del protagonista cinco minutos antes del final.

Aun así, como bien dicen, es una película para recomendar y debatir largo y tendido.

Y es cantado que la mandan para el oscar... tiene todo lo necesario para conseguir una nominación.

Ezequiel Torres dijo...

Necesito llegar a Campanella para decirle que estoy DESESPERADO por participar en alguno de sus proyectos. Cuando leí que estaba con un largo de animación en puerta pensé que era una excelente oportunidad para mover cielo y tierra y conseguir almenos que pueda ver mis trabajos.

Dejo este link para que pueda acceder a mi reel http://fedeks.blogspot.com/2008/04/postproduccin.html (mi profesion esta desparramada en dibujo, diseño y postproducción)

No se ve mi estilo de narración en ese reel porque es muy pochoclero. Pero siento que estoy conectado con la sensibilidad que te caracteriza para contar historias.

espero haber llegado a vos, gracias!