lunes, 4 de agosto de 2008

La otra Bolena, de Justin Chadwick

Ana Bolena (Anne Boleyn en inglés) fue decapitada en 1536, acusada de adulterio, incesto y traición (injustamente, según la Historia). Fue la segunda esposa del rey Enrique VIII de Inglaterra y madre de la reina Isabel I. Para poder casarse con Ana, el rey debió solicitar la anulación del matrimonio con su primera mujer, la española Catalina de Aragón, hecho que para el país anglosajón significó el inicio de la ruptura con la Iglesia Católica. Ana Bolena es sin dudas una de las figuras más atrayentes y polémicas en la historia de Occidente, y este film dirigido por el británico Justin Chadwick hace foco en la relación que ella sostuvo con su hermana María, que también fue amante del monarca.

Ni Ana ni María en la vida real eran tan hermosas como lo son Natalie Portman y Scarlett Johansson, quienes respectivamente las interpretan en la película, y a juzgar por los retratos de la época, el voluminoso Enrique Tudor estaba muy lejos de la belleza de Eric Bana. Es decir: son dos actrices norteamericanas y un actor australiano los responsables de encender con glamour este film ambientado en la "rígida" Inglaterra del siglo XVI. De nada sirve aquí exigir lealtades ni exactitudes fácticas: La otra Bolena (The other Boleyn girl) no aspira a la veracidad histórica, sino a una explícita recreación artística de un período particularmente apasionante, en donde las arbitrarias manipulaciones privadas distaban mucho del rigor que la Ley simulaba imponer hacia el exterior.


Lo que en principio se presenta como otro solemne exponente del cine de qualité se convierte paulatinamente en un modesto y disfrutable juego de intrigas cortesanas. El tiempo vuela en la película. Dicen que Enrique VIII pasó trece años persiguiendo a Ana, cuando en el relato toda la acción parece transcurrir en apenas unos pocos meses. Basado en una novela de Philippa Gregory, el guionista Peter Morgan (también autor de El último rey de Escocia y La reina) prefirió restringir los detalles del contexto político-religioso para concentrarse en los encuadres íntimos: esos pasillos eternos y esas lóbregas recámaras en donde todo deseo sexual puede ser fraguado por la más impúdica ambición familiar.

Es perturbador observar cómo los destinos de las hermanas son barajados y negociados en los profusos conciliábulos que mantienen su padre, Sir Thomas Boleyn (Mark Rylance), y su tío Thomas Howard, el duque de Norfolk (David Morrissey). Y es aún más angustiante asistir a las tensas y muy bien montadas escenas que muestran a Catalina (Ana Torrent), María y Ana pariendo a los herederos del rey, rogando al cielo por que sean varones y no niñas. Todo era (¿es?) una cuestión de género.

La otra Bolena es una película placentera, aunque menor y probablemente olvidable. Tal vez Ana no haya sido tan especuladora y mezquina como sugiere el film, ni María tan dulce e ingenua, pero lo que parece cierto es que ambas, más allá de las presiones y las normas del momento, intentaron defender un espacio de libertad. Nadie imaginaba entonces que pronto sería otra mujer quien durante 44 años tomaría las riendas de esta excitada Inglaterra.

2 comentarios:

roxy cappe dijo...

Siempre me pareció (la veo cada tanto en t.v.) una pequeña muestra de cómo debían sobrevivir las mujeres en ese mundo donde los hombres las colocaban como úteros dinasticos o vaginas disponibles (la escena donde a Maria le imponen ir a vital castillo y la cara de Cumberbatch -su esposo- dejando hacer) me parece tan terrible como cuando la enjuician a Catalina o le cortan la cabeza a Ana..
No es difícil imaginar así el mundo al que Elizabeth vino y quiso dominar..

roxy cappe dijo...

*vivir al castillo... No tengo opción de editar (ni ganas de escribir todo otra vez, perdón!)