viernes, 27 de octubre de 2023

Consistencia


“La justicia, por su parte, no consiste en abrir unas prisiones para cerrar otras. Consiste, en primer lugar, en no llamar “mínimo vital” a lo que apenas si basta para hacer que viva una familia de perros, ni emancipación del proletariado a la supresión radical de todas las ventajas conquistadas por la clase obrera desde hace cien años. La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa”.

Albert Camus 
En una entrevista publicada en Le Progrès de Lyon en 1951. (Ir al texto completo.)

La imagen pertenece al film Il Caimano, dirigido por Nanni Moretti.

lunes, 23 de octubre de 2023

Darle tiempo a la mirada


Por Daniel Santoro
* 

“La mirada dice demasiadas cosas, pero después aparece el apadrinador semántico. Es como el apadrinador en la doma. Cuando uno está lanzado a la pura mirada, a la pura satisfacción escópica, está como al borde de un caballo, como en la doma. Y están esos quince segundos, ese primer momento de puro placer escópico, donde no interviene el significante, o las palabras, o la semántica. Y entonces rápidamente aparece el apadrinador semántico, que luego se convierte en institución, que es el arte conceptual, o el curador, esos son los apadrinadores semánticos de lo en el el arte te deja librado a tu suerte, a tus fantasmas, a lo que vos podés llegar a ver más allá de las palabras”.
 
*En un diálogo con Jorge Alemán 
(Puede verse en YouTube en el canal Punto de Emancipación)

miércoles, 11 de octubre de 2023

Implosión

 
«El amor y la belleza son cosas agotadoras. Siempre encuentran su modo de autodestruirse, de implosionar y destrozarse a sí mismos porque no son soportables. No somos capaces de resistir el amor. En cambio, en la literatura la inmortalidad es un juego de mocosos. Es de los primeros juegos a los que se juega en la escritura, la inmortalidad. Qué maravilla. Me pregunto cuánto terreno tiene comprado la muerte en lo que se escribe. Intuyo que muy poco».

CAMILA SOSA VILLADA

(“El viaje inútil. Trans/escritura”)

En las imágenes: Cielo rojo (Afire), de Christian Petzold

sábado, 7 de octubre de 2023

Adiós al gran Terence Davies (1945-2023)


Por Terence Davies*

"Creo que todo arte es memoria. Pero creo también que el cine evoca la memoria mejor que ningún otro arte porque su efecto es instantáneo. Así como un corte sugiere un continuismo temporal, con una disolución del plano, el espectador siente instintivamente el paso del tiempo. Eso es lo que amo del poder narrativo del cine. ¿Cuándo se suspende la memoria y se convierte en deseo? Si disolvemos el plano, creemos que el tiempo ha pasado, bien para adelante o para atrás, y después, si en esa secuencia disuelves de nuevo a lo que se considera el tiempo real, ¿adónde se ha ido el tiempo real? Encuentro esta cuestión fascinante."

*En una entrevista publicada en Cahiers du Cinéma-España (Septiembre 2008).

Las imágenes pertenecen al film The Long Day Closes, de Terence Davies.

martes, 19 de septiembre de 2023

Curso online: El cine de Sarah Polley



Taller online de análisis cinematográfico
EL CINE DE SARAH POLLEY
A cargo de Carolina Giudici

Clase editada en video con un recorrido por la obra de la directora
+ Grabación de una clase por Zoom con el análisis de la película Ellas hablan (Women Talking)


¿Somos lo que recordamos o lo que olvidamos?”, se pregunta la escritora Margaret Atwood en su novela "Alias Grace", un libro adorado por la actriz y realizadora canadiense Sarah Polley. ¿Qué hacemos con esos recuerdos y esos (quizás voluntarios) olvidos? ¿Qué narrativas confeccionamos para darle sentido a nuestra vida? ¿Qué respeto le debemos a los secretos y las fantasías? ¿Qué esconden las imágenes de archivo familiares? Y cuando los hechos son irrebatibles porque dejan marcas en el cuerpo, ¿somos capaces de imaginar una realidad alternativa ante el dolor? Estas son las inquietudes que atraviesan las cuatro películas dirigidas por Sarah Polley, una obra que los invito a descubrir en este curso online.

El curso se compone de dos clases: 

1- Clase editada en video con una introducción a la autora y un recorrido por sus tres primeras películas: Lejos de ella (2006), Take this Waltz (2011) y el notable ensayo documental Las historias que contamos (2012). Los videos incluyen análisis, conceptos teóricos y fragmentos de entrevistas a la directora.

2 - Clase por Zoom (grabada) con un análisis de Ellas hablan (2022).

Podrán acceder a las películas y a las clases mediante enlaces a Google Drive, para verlas online o descargarlas. También van a recibir materiales complementarios: bibliografía sobre la obra de Polley, otras películas relacionadas con el curso, la novela de Miriam Toews en la que se basa Ellas hablan y el relato de Alice Munro que inspiró Lejos de ella.

Para inscripción y consultas sobre el curso, por favor escribir a tallerdecinedecaro@gmail.com, o contactarse al (15) 3070-7332


lunes, 4 de septiembre de 2023

Metáforas que alivian - The Quiet Girl


Mi abuela Juana tenía refranes y remates para todo, una sabiduría popular imbatible asimilada en su crianza en España. Y cuando éramos chicos, a hermanas y primos alguna vez se nos podía escapar un eructo en la mesa, en esos primeros años en donde aún no habíamos aprendido a dominarlos. Pero antes de que deseáramos que nos tragase la tierra de la vergüenza, mi abuela nos atajaba diciendo: “Será una guarrería, pero descansa la caballería”. 

Y nos reíamos un poco, y también íntimamente le agradecíamos a Juana por el alivio que esa frase nos brindaba. La clase de metáfora que relaja la culpa sobre aquello que escapa a nuestro control, más aún cuando estamos creciendo. Una metáfora que sana. 


La nena de la película The Quiet Girl, durante su primera noche en un hogar ajeno, se hace pis en la cama, clara señal de nervios y ansiedad. A la mañana siguiente, la tía no puede evitar sorprenderse y hacer una exclamación al ver las sábanas mojadas. Pero enseguida abriga a la nena con la poesía de sus palabras: “Estos colchones viejos, siempre llorando”. 

La frase está en el relato original escrito por Claire Keegan, “Foster”, publicado en español con el título “Tres luces”. La transposición que hizo el irlandés Colm Bairéad es absolutamente hermosa. Porque se apoya en la elocuencia de la protección silenciosa y el respeto. Porque celebra la luz dorada de la mañana en la cocina. Porque es capaz de fundar un castillo de afecto sobre una galletita. La vi tres veces ya, quizás como antídoto para sobrellevar estos días de oscuridad.


lunes, 31 de julio de 2023

Alianzas y punto de vista narrativo


Por Fabián Bielinsky 

“Cuando Norman Bates empuja el auto con el cadáver en el río y éste no se hunde, el espectador se pasa al bando del asesino. Alguna vez imaginé una película narrada toda en primera persona donde el papel central fuera el personaje más desagradable jamás imaginado, un experimento para investigar los límites de la empatía. En los términos del cine comercial es bastante complicado de hacer, pero creo que El Aura, donde pude trabajar con absoluta libertad artística, se acerca bastante a esa idea: el taxidermista no hace nada para caerle mejor a nadie. El film está narrado en primera persona y no hay una sola secuencia donde el taxidermista no esté presente”.


Fuente: Revista "Ñ" (Agosto 2005)

lunes, 19 de junio de 2023

De planchas y jaulas - Woman in a dressing gown, de J. Lee Thompson


Sombras en su vida (Woman in a Dressing Gown, Inglaterra, 1957)
Dirigida por J. Lee Thompson y protagonizada por Yvonne Mitchell, Anthony Quayle, Sylvia Syms y Andrew Ray.
Programada en la edición N.º 76 del newsletter Cinematófilos*

Hay algo implacable en esta película. Una especie de honestidad brutal que talla cada diálogo, cada encuadre, cada accesorio de la puesta en escena. Hasta el título mismo, "Una mujer en bata", se precipita como una sentencia psiquiátrica: esta mujer está deprimida. Amy ya ni tiene ganas de vestirse porque, seguramente, sólo quiere que llegue la noche para volver a la cama. Nada de lo que ocurre durante el día tiene sentido para ella. Salvo, quizás, ese juego sobre moda que cada mañana sale en el diario. En pleno vértigo del desayuno, Amy se sienta a completar el formulario del concurso, se distrae y se le queman las tostadas o los huevos. Todos los días. Es una fija. Y es un síntoma.

Hijo y marido le reprochan el desorden permanente en el que viven. Nadie percibe la tristeza de Amy porque ella se dibuja una sonrisa y no hace más que correr de acá para allá tratando de concretar los deberes hogareños. Coser un botón, planchar la camisa gris, preparar la cena. Pero nunca llega, de allí que su ansiedad nos resulte tan abrasiva. ¿No llega porque no puede? ¿O en el fondo no lo desea?  El departamento es un caos, sí, pero es un caos que se traduce en goce visual para el espectador, gracias a la vehemencia del realizador J. Lee Thompson. 


Lo que permite el desorden es, precisamente, visibilizar el trabajo doméstico. El director organiza cada plano para que los objetos se impongan y vibren en tensión con los personajes, triturando esa engañosa “mística de la feminidad” con la que el patriarcado pretendió promover la supuesta dicha del ama de casa. Estrenada en 1957, esta película se revela como una extraordinaria ilustración del libro que Betty Friedan publicaría seis años después. Reducir a la mujer al círculo hogareño y limitarla a cumplir las tareas de madre, esposa y criada, sólo puede llevar a la frustración y la deshumanización. Como escribió Friedan, las mujeres estaban predestinadas a conformarse con una «dulce y guarecida falta de ser - the gentle nothingness».

Hace rato que Amy dejó de creer en esa mística, y de hecho parece combatirla inconscientemente, con su bata, con sus despistes, con su “abandono”. Pero al mismo tiempo intenta sostener el barniz, quizás por instinto de supervivencia, o simplemente porque no sabría hacer otra cosa. Sube el volumen de la radio para llenar el ambiente con melodías alegres, como para emular las certezas afectivas de una sitcom tipo “I love Lucy”, y trata de ponerle onda a las faenas cotidianas. Ante el pedido de divorcio de Jimbo, Amy vuelve a apostar a la performance como último recurso: un vestido lindo, peluquería y un whisky de regalo. Que todo quede estropeado por la lluvia y la mala suerte puede sentirse demasiado cruel en una primera impresión, si hasta incluso en plena calle los escobillones parecen perseguirla como una irónica condena. Es muy dolorosa toda la secuencia, es cierto, pero nosotros siempre supimos que el plan romántico no podía salir bien. No hay un esmalte mágico que oculte lo que está esencialmente quebrado. Tampoco hay llave maestra para salir de la prisión.

Porque el esposo también está atrapado, ya desde la primera vez que lo vemos llegar al edificio donde vive Georgie. La imagen de un personaje encerrado dentro del encuadre, ya sea por líneas, objetos u otros marcos interiores, debe ser la metáfora visual más extendida y reiterada en toda la historia del cine. Y Thompson confirma en su film que nunca vamos a cansarnos de admirar estas composiciones cuando están bien concebidas y justificadas. 

Jimbo intuye que su compañera de trabajo está enganchada con él por capricho, o por la mera curiosidad que implica salir con un hombre casado y jugar a ser la competencia de otra mujer. No cree que el affaire pueda tener un futuro sólido, y además el remordimiento no le permitiría vivirlo en plenitud. Los amantes no sólo aparecen enjaulados (ahí al menos pueden respirar entre los barrotes), sino que el realizador también los aísla adentro de cajas oscuras, asfixiantes, y más de una vez sentimos que sus cuerpos están a punto de ser prensados. La presión en estos ceñidos espacios es directamente proporcional a la culpa del varón ante la perspectiva de dejar a su familia. Por sobre todas las cosas, Jimbo tiene miedo. Y como afirma Borges en su cuento «La señora mayor», “las metáforas comunes son las mejores, porque son las únicas verdaderas”. 

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martes, 13 de junio de 2023

Los nuevos lazos (sobre una escena de "Il bandito", de Alberto Lattuada)


Gilles Deleuze plantea, en su libro “La imagen-tiempo”, que en la década del ‘40 empieza a afirmarse una nueva forma de concebir las imágenes fílmicas. La guerra y sus consecuencias han quebrantado la confianza en el accionar humano, y los sujetos se sienten abrumados. Antes de seguir, antes de cegarse, para ser capaz de volver a creer, es fundamental que el hombre primero reconstruya sus lazos con el mundo. Entonces, el ritmo narrativo se detiene para mostrar a un personaje que se dedica a observar. Notamos que el tiempo pesa sobre la imagen, porque “el alma del cine necesita cada vez más pensamiento”.

Los personajes se descubren desolados y muchas veces sólo se limitan a ver y escuchar, porque ya no saben qué hacer. Lo que define al neorrealismo, según el pensador francés, es un ascenso de las “situaciones ópticas y sonoras puras”, en donde el personaje “más que reaccionar, registra. Más que comprometerse en una acción, se abandona a una visión, perseguido por ella o persiguiéndola él”.

Esta idea deleuziana, que ya se ha vuelto central a la hora de estudiar la gramática del cine moderno, aparece notablemente encarnada en esta escena de IL BANDITO, la película de Alberto Lattuada que trajo la última entrega de “Cinematófilos”. Y se estrenó en 1946, en plena expansión del neorrealismo, el mismo año de Paisà de Rossellini, y dos años antes de emblemas como La tierra tiembla, de Visconti, y Ladrones de bicicletas, de De Sica. Sin embargo, como bien explica Andrés en el newsletter, con el correr de los años el nombre de Lattuada quedó opacado detrás de la trascendencia de tantos otros cineastas rutilantes (Deleuze no lo menciona en su libro).

Después de la guerra, Ernesto (Amedeo Nazzari) vuelve a su barrio, al edificio donde vivía su familia, para encontrarlo totalmente destruido. Quizás el hecho no lo sorprenda: son sólo otras ruinas que se suman al paisaje de una Italia devastada. Pero la clave es que la enunciación no lo naturaliza: conjugando la mirada subjetiva y la objetiva, la cámara captura detenidamente el espacio con una panorámica para regresar al rostro resignado del personaje, en una poderosa fusión de percepción, afecto y documento.

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jueves, 20 de abril de 2023

Los esenciales (sobre una película de Clarence Brown)


Le sigo dando vueltas a Entre esposa y secretaria (Wife vs. Secretary, 1936), la película de Clarence Brown que el newsletter Cinematófilos* compartió hace un par de sábados (edición n°67). Creo que es una pequeña maravilla, delicadamente feminista. Dejemos de lado por un momento al cuarteto estelar (Jean Harlow, Clark Gable, Mirna Loy, James Stewart) y pensemos en los demás personajes, incluso en los que sólo calificarían como figurantes. Desde el minuto uno, el relato se propone hacerles un lugarcito a todos los trabajadores que pueblan la historia.    


Arrancamos con un saludo a pura sonrisa entre un policía de tránsito y el conductor del tranvía. Luego, con una hermosa trampa de puesta en escena, el film revela que Gable tiene a su disposición a dos mayordomos, a falta de uno. Y así vamos conociendo a todos los que rodean a los protagonistas: la mucama, los ascensoristas, el conserje del edificio, el adorable chofer, la cocinera, las secretarias, los diseñadores, los mozos, las enfermeras, el empleado del correo, las imprescindibles operadoras telefónicas, el guardia del turno noche al que le duelen los juanetes… y ahí está la breve pero fuerte presencia de la madre de Stewart, una mujer que no se quita el delantal de cocina durante toda la cena para que no lo olvidemos: el trabajo doméstico también es trabajo       


En su poema “Los justos”, Borges pondera a todos esos seres anónimos que “están salvando el mundo” simplemente porque se dedican a hacer bien las cosas con la más absoluta humildad. Pero aun si ni siquiera aspirásemos al romanticismo de la salvación, ya resulta bastante fascinante constatar que el mundo sigue andando debido a todos esos laburantes que cada día lo sostienen. Los esenciales.   



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miércoles, 5 de abril de 2023

Rescate - Una carta de amor de Leopoldo Torre Nilsson a su padre

En pocos días, el 9 de abril, se cumplirá un nuevo aniversario del fallecimiento del notable cineasta argentino Leopoldo Torres Ríos. Su hijo, también llamado Leopoldo y también realizador, le dedicó este texto que descubrí en un libro de poemas algo olvidado, hallado hace muy poco en una librería de usados.


PROSA NECESARIA 

Por Leopoldo Torre Nilsson 

Muchas cosas perdí cuando perdí a mi padre: un culto entusiasmado y permanente por la amistad afectiva; un auténtico depositario de dudas con la respuesta más justa para todos los problemas que hacen al comportamiento humano; una suerte de compañero apasionado para la visión de películas, el comentario de libros o hechos, o la más fortuita de las vivencias. 

Después de su muerte tuve por mucho tiempo la sensación de que no podía volver a gustar de casi nada, ni de una buena comida, ni de un buen libro, ni de un buen film, ni de un buen partido de fútbol. Desde el momento de su muerte hasta hoy, no he podido saborear casi ninguna cosa buena sin la tristeza de no poder compartirla con él. 

Mi padre era posiblemente el único hombre que he conocido que podía tener una vitalidad y un entusiasmo tal como para poder modificar gustos, costumbres y apetencias de otro sin proponérselo y sin hacerlo evidente. Hubo un grupo humano compuesto por más de doce personas que durante años se reunió casi todos los días de la semana y que no se volvió a reunir ni un solo día después de su muerte. 

Hay personas que al morir hacen desaparecer como un entorno, un paisaje, un modo de vida: mi padre se llevó algo más que su propia vida con su muerte. 

Sé que se llevó mucho de la mía. Mientras él vivía yo me sentí joven y capaz de muchos de los actos que le dan sabor a la juventud y que son como la consecuencia del coraje irresponsable, la alegría absoluta e irreflexiva; después de su muerte en cambio sentí que todo ya estaba dispuesto para la madurez, la reflexión cobarde, la medida alegría. 

Me llenó de conocimientos sin darme más ejemplo que los hechos; supo ser imperfecto y justo, arbitrario y bueno. Se sabía un director excepcional y talentoso y sin embargo tenía una humildad que marchaba a la par de un pocas veces extrovertido orgullo. 

Nunca ganó mucho dinero, pero supo gastarlo a manos llenas. Porque era tanto su entusiasmo vital que en sus bolsillos los vintenes sabían a monedas de oro. 

Escribiendo estas líneas me doy cuenta nuevamente de la enorme fortuna que me dejó este fabuloso testamento de su vida. 

Y me doy cuenta también de que me va a ser difícil encontrar a alguien más porteño y más español y más castellano y más gallego. Y más de Barracas y más del Centro porque entre ecuménico y jovial parecía llevar permanentemente impresas en sus palabras y actitudes el sabor de los sitios que le habían venido en la sangre o que había habitado. 

Mi padre murió el nueve de abril de 1960 cerca de la medianoche. Acababa de cumplir sesenta años. 

Fue joven, un muchacho, un amigote y un maestro hasta el mismo nueve de abril de 1960 a las seis de la tarde, en que lo vi por última vez.


Texto publicado en el libro Contar pérdidas (Nemont Ediciones, Buenos Aires, 1977)


Para ver en YouTube: 

- La maravillosa La vuelta al nido (1938), dirigida por Leopoldo Torres Ríos. 

- El crimen de Oribe (1950), la experiencia que encontró a padre e hijo dirigiendo juntos una adaptación de un relato de Adolfo Bioy Casares.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Algunos versos de Leopoldo Torre Nilsson

Hermoso hallazgo en una librería de Av. Corrientes: un libro de poemas de Leopoldo Torre Nilsson titulado "Contar pérdidas". Comparto algunos versos.


Primera vista (1955)

Retengamos al tiempo en este afán de cosas

en este ver paredes y cielos y arboledas

en este raro encuentro con todo lo que somos

en esta gran huida, en este gran boquete...

......


Propósito (1977)

Renuncio al horizonte que me compra las rosas del exilio,

la gloria retumbante del que grita de lejos

aunque mi queja sea un susurro de impredecible vuelo

y mi ademán fraterno no tenga más idioma que el miedo de perderlo.

......


Definición de la soledad (1950)

Yo designo la soledad de esta manera:

un brote hermético de silencio

y el exacto nombre de cuatro o cinco objetos

es además el subterfugio de la angustia

para no estar callada,

y un aprendizaje vital de nuestra muerte

cuando estar solos sea tan necesario

como el sueño.

......


Contar pérdidas. Leopoldo Torre Nilsson (Nemont Ediciones, Buenos Aires, 1977)

viernes, 24 de marzo de 2023

24 de Marzo - Una obra imprescindible para volver a ver o descubrir


“Al buscar a Juan, descubro mi ciudad. La redescubro. Juan, de pequeño, acompañaba a su padre en las visitas médicas. Así conoció la otra parte de Bariloche, no la Suiza argentina que aparece en las postales. No. La parte del pobrerío. Oscura, oculta, olvidada. 'El Alto' la llaman, allí por donde no pasa ningún ómnibus de turismo. Donde vive el 'cabecita negra', el chileno, el mapuche, separados de la ciudad blanca europea”.

Esteban Buch en el film Juan, como si nada hubiera sucedido, de Carlos Echeverría (1987).

El documental puede verse completo en YouTube.

jueves, 16 de febrero de 2023

Interrupción

 
“Son las once y media de la noche y en lugar de taconear en calles vacías, me hice un té y me dispuse a dormir temprano. Ya me mediqué y visité a mis amigas. Ya me resigné a que los hombres nunca vean el carbón agonizante que me arde en la cueva del corazón. Ya probé los dones de la vida y fui tan poderosa y feliz que si mañana muriera no enviaría carta documento a ningún dios por interrumpirme”.


CAMILA SOSA VILLADA
(“La novia de Sandro”)



En la imagen: “Another Year”, de Mike Leigh

viernes, 10 de febrero de 2023

Adiós a Carlos Saura


"No entiendo cómo hay gente que dice que la infancia 
es la época más feliz de su vida".

Ana (Geraldine Chaplin),
en el film Cría Cuervos
de Carlos Saura (1932-2023)

martes, 7 de febrero de 2023

Con cautela

"Era como si tuviera una aguja envenenada en algún rincón de los pulmones y, respirando con cautela, pudiera evitar sentirla. Pero, de vez en cuando, debía hacer una aspiración profunda y allí seguía".

Alice Munro ("Escapada")

En la imagen: Phoenix, de Christian Petzold