David Cronenberg
(Citado por la revista El Amante Nº 32, octubre de 1994)
En la imagen: Mario Bello en Una historia violenta (A history of violence), de David Cronenberg.
¿Y por qué no? ¿Por qué no tomar sin rodeos lo que la película propone? ¿Por qué reclamar un supuesto deber ser del personaje?
Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
Hacer
En un 2010 que ya podemos calificar de excelente para el cine argentino, se estrena ahora Por tu culpa, tercera película de Anahí Berneri luego de Un año sin amor y Encarnación. No se la pierdan.
Cine al Cubo Producciones, en asociación con la Organización Teatral Terrafirme, presentó el 1º Festival de Cine del Oeste, dedicado exclusivamente a cortometrajes de hasta 25 minutos de duración. Los trabajos serán recibidos hasta el 30 de junio.
Nunca encontramos el Grial.
En Carancho prácticamente no aparecen niños ni adolescentes en su primera parte, reforzando esa sensación de historia detenida en la que no surgen nuevas generaciones (como en la novela "Hijos de los hombres", de P.D. James, que Alfonso Cuarón llevó al cine). Hasta que irrumpe la fiesta, ese cumpleaños de quince al que asisten Luján y Sosa, el momento más feliz de la película, porque ambos bailan, se abrazan y ríen como locos (tanto que luego necesitarán ver el video del festejo en su casa, una y otra vez). En esa escena hay adolescentes, colores, un esbozo de esperanza. Difuso, pero está. Sosa quiere ayudar a esa familia, de verdad, sin trampas. Le creemos, Luján también. Alguien cumple años. La historia quiere recuperar un sentido, una dirección. La ética busca su espacio. Minutos antes habíamos visto el encuentro entre el abogado y la mujer, sentados a lo lejos en el banco de una plaza. En el plano siguiente los dos personajes son mostrados de frente, con niños que de repente cruzan la imagen, jugando. Por primera vez, niños en primer plano. La natalidad, como dice Hannah Arendt, sigue siendo una capacidad propia de los seres humanos “de dar origen a comienzos, a nuevos procesos, que abren caminos impredecibles”. (2)
Carancho es un audaz film de denuncia y también un efectivo film de género, pero antes que nada es un cine físico que parte del cuerpo como basamento para la conexión con el relato. Porque el cuerpo es lo único que nos queda cuando ya no existen marcos racionales ni afectivos que nos contengan, ni en la ficción ni en lo real. Porque parecería que todo puede pasar en este sistema caníbal, montado sobre un terrorismo cotidiano cuyo fin es tornar superfluos a los seres humanos. Para sacudir, para llegar, Trapero debe instalarse en el límite de la resistencia perceptiva, aun sabiendo que muchos no lo soportarán. Golpes al estómago, agujas hurgando en venas, sangre chorreando a mares, huesos quebrados, autos que impactan de frente, de costado, casuales, deliberados. Imágenes brutales que nos repliegan sobre nuestros propios cuerpos estremecidos, todavía vivos a pesar de un presente que nos dice que no. Imágenes que nos atraviesan como puntadas y nos dejan cosidos a la pantalla, si es que elegimos mirar.
Los planos secuencia de Carancho son extraordinarios precisamente porque son discretos, justificados por el relato, por la ética de la obra. Aquí no hay un autor que busque ostentar su genio por encima de los hechos representados. Recién después de unos segundos de iniciada la secuencia, caemos en la cuenta de que no hubo cortes. Simplemente, fuimos cautivados por los personajes y sus acciones. Acciones que sí, tienen un objetivo. Tienen una motivación, un desarrollo y sus consecuencias, y es el director quien decide enhebrarlas y darles un sentido, acotándolas a un ojo que se hace cargo y no parpadea. En esos minutos se produce una extasiada comunión con el cine, a pesar del horror y la violencia. Porque en esos instantes de acción pura vuelve el peso de la historia, porque el sujeto confirma su centralidad, porque es la coherencia de su cuerpo la que determina la integridad de la situación, su veracidad, su sustancia. Finalmente, la película nos recuerda que el cine nació para rescatar al hombre.
Hace unos días vi una película llamada Away we go (aquí se estrenó directo en dvd con el título El mejor lugar del mundo), que narra la historia de una joven pareja en crisis. Ellos se llevan muy bien pero, ante la noticia de un embarazo, temen no estar a la altura de los mandatos impuestos por “la sociedad”, que nos dice que debemos ser decididos, exitosos, profesionales, estabilizados. Burt y Verona (John Krasinski y Maya Rudolph) salen entonces con su auto a recorrer Estados Unidos, con la idea de visitar a familiares y viejos amigos (aparecen Jeff Daniels, Maggie Gyllenhaal, Allison Janney y otros). Los protagonistas verán que los demás, aunque derramen consejos y declamen certezas, están todos un poco locos y un poco tristes. Conclusión: sigamos siendo personas sencillas.
Gracias a este film descubrí a Alexi Murdoch, un cantautor escocés de estilo folk, de tan bajo perfil que ni siquiera se encuentran videoclips suyos en Internet. Según contó alguna vez el mismo Murdoch, el día que le llevó su trabajo al director de una discográfica, el empresario puso el disco en una computadora y se quedó mirando fijo el contador mientras sonaba “Orange sky”, calculando cuántos segundos faltaban para el estribillo. El músico supo en ese instante que él debería ser su propio y único productor. Sus canciones son serenas, crocantes, ideales para estos días feriados con un sol que amaga con salir pero se esconde todo el tiempo. Música perfecta para estar a solas con uno. Busquen el soundtrack de Away we go. Aquí va un link al tema “All of my days”.
"Pero en algún momento hay que creer en algo. Y en esto siempre hay un componente de «locura» o «disparate». ¿No decía Foucault, siguiendo a Nietzsche, que en el origen era el «disparate»? O uno se vuelve loco o se pasa la vida escribiendo editoriales en los diarios de la derecha o estudia dirección de empresas o se hace relojero o no se saca la corbata ni para dormir o hereda la empresa del padre y se sienta en su escritorio, bajo su retrato y pone su misma cara de perro exuberante y, en el fondo, abismalmente aburrido."