miércoles, 7 de julio de 2010

La paradoja

"Para mí el arte es subversivo respecto de la civilización. Y es una paradoja, porque en la ecuación freudiana la civilización es represión. Lo estoy simplificando, pero básicamente no hay civilización sin represión del inconsciente, del Ello. Por lo tanto, es subversivo. Y además, al mismo tiempo, parece ser necesario para la civilización. No hay civilización sin arte."

David Cronenberg

(Citado por la revista El Amante Nº 32, octubre de 1994)


En la imagen: Mario Bello en Una historia violenta (A history of violence), de David Cronenberg.

domingo, 20 de junio de 2010

STAND BY (me)

Amigos, lectores, compinches:

Me voy con mi góndola a recorrer otros espacios de la ciudad. El blog permanecerá en "stand by" por unos días, hasta que termine esta raleada mudanza. Pero espero que no dejen de darse una vueltita cada tanto.

Muy pronto volveremos, volveremos, volveremos otra vez...


Caro

domingo, 13 de junio de 2010

Contraelegía

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.

José Emilio Pacheco



La imagen pertenece al film Solaris (1972), de Andrei Tarkovsky.

viernes, 11 de junio de 2010

London River, de Rachid Bouchareb

 
A Elizabeth (Brenda Blethyn) le gusta cantar mientras camina hacia la iglesia. Vive tranquila junto al mar, tiene una granja y cultiva un jardín. No muy lejos de ahí, en algún lugar de Francia, Ousmane (Sotigui Kouyate) se arrodilla y reza hacia la Meca. Muy pronto ambos se cruzarán en Londres, tratando de contactar a sus respectivos hijos.

La acción del film se sitúa en julio de 2005, en los días signados por las bombas que explotaron en la capital inglesa, tres en el subte y una en un colectivo. En total murieron 56 personas. Pero siempre que pienso en esos atentados sólo puedo recordar a aquel inmigrante brasileño que murió semanas después, abatido por policías del Scotland Yard que lo confundieron con un terrorista. Cuestión de piel, también conocida como racismo.

Delicadamente, London River se aleja del efectismo de las crónicas periodísticas para concentrarse en el drama individual, acopiando los pequeños gestos que definen la convivencia con los otros en el día a día. En este paisaje tan rico como caótico, Elizabeth no logra hacer pie. Nunca termina de caer. No concibe que su hija le alquile un departamento a un comerciante árabe. Recorre la ciudad desconcertada y temerosa ante la diversidad de culturas y nacionalidades. La Historia le pasó por encima mientras ella vivía refugiada en su isla. Cuando conoce al viejo Ousmane, lo primero que le nace es la sospecha.

En su reseña para la revista Variety, el crítico Jay Weissberg cuestiona el guión por apelar a "estereotipos simplistas" para tejer un mensaje políticamente correcto. Es cierto que la actriz de Secretos y mentiras se acerca a cierto perfil cerrado de "madre campesina y prejuiciosa", pero no puede decirse que el personaje de Kouyate cumpla con un canon. Ousmane luce ajeno, inescrutable por momentos. Su aspecto es tan inofensivo que los miedos de Blethyn resultan desmesurados, incluso irritantes. Del pasado del hombre sabemos poco y nada. ¿Por qué abandonó a su hijo? Queremos empatizar, pero el film no da respuestas. Ousmane llama la atención, sin duda. Es un ser deliberadamente raro, o al menos eso pensé mientras miraba la película. ¿Por qué me lo hacen tan críptico?

 
¿Y por qué no? ¿Por qué no tomar sin rodeos lo que la película propone? ¿Por qué reclamar un supuesto deber ser del personaje?

Caí en la trampa. Me quedé en la piel, especulando sobre la superficie, en lugar de aceptar a Ousmane tal como es. El director Rachid Bouchareb tiene que haber sido consciente de esta estrategia al elegir la intrigante máscara de Sotigui Kouyate.

La película no sólo narra la historia de dos extraños unidos por la compasión. También muestra cómo un espacio devaluado, el del culto religioso, todavía funciona como puente para quienes necesitan un oído (es gracias a los contactos en una mezquita londinense que los personajes se informan, mientras que las demás instituciones aumentan la incertidumbre). También habla de padres que nunca llegaron a conocer realmente a sus hijos, y de hijos que se juegan por otros caminos a pesar de los cercos ideológicos imperantes. London River bien podría leerse como una reverencia al espíritu de esos dos jóvenes, dignos representantes de una etapa de la historia de la humanidad con la que por ahora sólo podemos fantasear.

jueves, 10 de junio de 2010

Vietnam

Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo cordial? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.

Wislawa Szymborska

Versión de Gerardo Beltrán

La emblemática fotografía pertenece a Huynh Cong Út.

lunes, 7 de junio de 2010

De la creación

Hacer

Por León Ferrari *

Hacer cosas confusas, intrincadas, escondidas, dentro de un espacio simple, como un dibujo en un rectángulo de papel, en un prisma de aire, en un cilindro; hacer cosas interiores, el contenido de un cuerpo, lo que se oculta bajo una piel, la confusión de los huesos y la sangre y los pensamientos; hacer formas puras como una verdad pero tacharla, retorcerla, matarla con otra verdad y con otra cada vez más inestable, insegura; poner un cubo brillante en un día feliz y esconderlo con los terrores, el aburrimiento y las borracheras; hacer la estratificación de nuestras sensaciones, de nuestros recuerdos, pero tomarlos en su origen y taparlos con otros días, semanas; que no se entienda nada; que no se encuentre aislada y limpia alguna miseria o algún amor o alguna forma clara, hacer este cuerpo lentamente, minuciosamente, un viejo olivo, un hormiguero, hacerlo de adentro para afuera, sumarle convicciones simples que nos parecieron eternas y enredarlas con las negaciones, y las dudas, la incomunicación. Usar cualquier material y cualquier escuela, una recta pulida, un pedazo de Altamira, un caño de plomo, una pesadilla. Empezar este trabajo cuando uno nace, clavar cuatro estacas como límites y allí todos los días ir tejiendo nuestra vida, convertirla en un volumen, sin sacar nunca nada, ninguna de esas primeras formas que nos apasionaron, geniales, y que ahora escondemos; no sacar nada, ninguna de las cosas repugnantes que pusimos ayer muy satisfechos, dejarlas allí a todas y colocar a su lado las formas maravillosas que se me están ocurriendo ahora; no tener miedo, no pensar en la unidad; hacer la no unidad, o no pensar en eso, ni siquiera plantearlo; aprovechar los cambios de nuestra sensibilidad, las idas y las vueltas desde el nacimiento a la muerte, y dejarlas allí, como si fuera hecho por otro. Como si fuera hecho por varios hombres; o mejor, hacerlo entre varios: diez o quince mujeres y hombres gesticulando y girando en torno a esta torre de Babel mientras cada uno agrega su invento, ese día de su vida, sin escuchar a nadie y enredándose con los figurativos, los concretos, los surrealistas, los informalistas y los pop, con los ingenuos y los angustiados, los felices y los moribundos, cada uno con su verdad, segura y universal tratando de meterla allí adentro, en esa Babel que todos hacen sin entenderse.


* Texto publicado en el suplemento "Radar" del diario Página/12 (03/08/08).

En la imagen: “Maniquíes”, de León Ferrari

domingo, 6 de junio de 2010

Lo acumulado

"Aquel que acumula libros, acumula deseos; y quien tiene muchos deseos es muy joven aún con 80 años."

Ugo Ojetti

sábado, 5 de junio de 2010

Tareas de fin de siglo

Hay quien trabaja para otros
con la cabeza partida
a la altura de las nalgas,
quien lo hace por placer, insaciable
con el cuerpo de la locura.
Hay quien mata para otros,
inclusive a sí mismo,
y no alcanza a tener remordimientos.

Cristian Aliaga

jueves, 3 de junio de 2010

El murmullo social

En un 2010 que ya podemos calificar de excelente para el cine argentino, se estrena ahora Por tu culpa, tercera película de Anahí Berneri luego de Un año sin amor y Encarnación. No se la pierdan.

“La idea no es juzgarla, sino transitar un camino con ella. La mirada social se transforma en un murmullo, lo que dicen los demás, lo que piensan los demás de ella, pero eso queda fuera de lo que ella realmente es. De hecho, la vara con que la miden no es la de las madres de hoy. Va a la comisaría y le preguntan ‘¿Usted trabaja?, ¿Cuántas horas lo deja solos?, o el médico le pregunta ‘¿Usted los estaba mirando?’ Ese concepto de la madre omnipresente, que está al cuidado de los chicos, poniéndole el cuerpo constantemente, no es el tipo de maternidad que vive Julieta, ni muchas otras mujeres. Pero en nuestras cabezas sigue existiendo esa madre como ideal y como fantasía, tanto para hombres como para mujeres. Y para las instituciones también, es la propaganda del polvo para lavar la ropa.”

Anahí Berneri

Fragmento de una entrevista publicada en Ñ digital (02/06/10).

1º Festival de Cine del Oeste - Selección de cortos

Cine al Cubo Producciones, en asociación con la Organización Teatral Terrafirme, presentó el 1º Festival de Cine del Oeste, dedicado exclusivamente a cortometrajes de hasta 25 minutos de duración. Los trabajos serán recibidos hasta el 30 de junio.

Las obras deben ser de carácter ficcional y no se imponen limitaciones en su técnica ni en los temas a tratar. El viernes 27 de agosto, en el Teatro Terrafirme de Paso del Rey, se realizará la exhibición pública de los trabajos seleccionados. Quien resulte ganador tendrá la posibilidad de dirigir un nuevo cortometraje, que será producido por Cine al Cubo Producciones, editado en Dvd y exhibido en el Teatro Terrafirme.

El Festival de Cine del Oeste es una apuesta en común para que el cine de la zona crezca, ofreciendo alternativas diferentes para los vecinos y un canal donde expresarse para los cineastas del conurbano bonaerense.

El material será recibido hasta el 30 de junio del 2010 y podrá entregarse personalmente, de lunes a viernes de 18 a 20 hs. en el Teatro Terrafirme (Padre Varvello 70 – Paso del Rey – Bs. Aires). También se puede enviar por correo a Suecia 2127, Merlo, Bs. Aires. (C.P. 1722).

Las bases y condiciones pueden encontrarse en el sitio http://www.cinealcubo.com.ar/


Cine al Cubo Producciones es una productora independiente de cine que, a pesar de su reciente formación, está en constante actividad y desarrollo de iniciativas novedosas que promueven el crecimiento de la expresión cinematográfica en el oeste bonaerense. El año pasado realizó su primera exhibición anual.

La Organización Teatral Terrafirme es referente cultural en el partido de Moreno. Su amplia trayectoria, el compromiso con el desarrollo cultural y los innumerables reconocimientos recibidos por el trabajo realizado son muestra acabada de lo que esta organización representa para la vida cultural de la zona.

domingo, 30 de mayo de 2010

La búsqueda

Nunca encontramos el Grial.
Los relatos no eran verídicos.
Sólo la fatiga de los caminos acompañó
a los que se aventuraron,
pero se esperaban historias,
¿qué sería nuestro vivir
sin ellas?

Nada se resolvió,
hubiéramos podido quedarnos en casa.
Es que somos tan inquietos.
Sin embargo, concluido el viaje
sentimos que en nosotros
—ya no rehenes
de la esperanza—
había nacido
otro temple.


Rafael Cadenas


La imagen pertenece a The Station Agent, hermoso film dirigido por Thomas McCarthy

...y otras búsquedas.


“Cuando tenía aproximadamente mi edad (85 años), Wolfgang Goëthe declaró que había tenido una vida muy feliz. Pero agregó: «Aunque no puedo recordar una sola semana plena y verdaderamente feliz…» Ese es, me parece, el exasperante misterio de la felicidad. Y es, pienso, la razón por la cual tanta gente busca la felicidad de un modo que hace sumamente difícil encontrarla.”

Zygmunt Bauman

En una entrevista publicada en el diario Clarín (30/05/10)

La pintura es de Edward Hopper.

martes, 25 de mayo de 2010

Carancho, de Pablo Trapero

“Estás como yo… esperando”.
Sosa


Los buitres no esperan. Atacan. Los heridos no pueden esperar. Los médicos tampoco, aunque corran por pasillos que sólo dan a otros pasillos, a los sótanos, a las cloacas. La muerte no puede esperar. Es un negocio.

Lo que Sosa espera es de otro orden, romántico y voluntarista, una fantasía propia de otra época, cuando se creía que la Historia era una flecha a la que valía la pena seguir. Porque seguro que adelante encontraríamos algo mejor. Pero para eso es necesario avanzar. O retroceder un poco para distinguir el horizonte real, y entonces sí, volver a intentar. Pero en este mundo no hay pasos atrás ni adelante, ni líneas de fuga, ni perspectiva alguna. Se gira en círculos. Círculos desesperados, automáticos, mareantes. Una ruta en caracol llena de brasas y sangre en la que sólo se puede ir hacia abajo. No hay otro lugar.

Es una cámara en círculo la que enlaza a Luján y Sosa cuando se ven por primera vez, como si una liana providencial hubiera deseado unirlos y sostenerlos en medio de la selva, el inicio de un vínculo que podría haberlos salvado, en otros tiempos, cuando todavía había historias de amor. Pero no acá, no hoy. Porque ya no hay Historia. Algo estalló y no nos dimos cuenta. Porque estalló adentro nuestro.

Es compacto y abrumador el cuadro que pinta Pablo Trapero en Carancho, un film tensado como una malla de corrupción imposible de desarticular, en donde cada pieza resulta clave para toda la red de acciones, montadas con una precisión y un fluir que recuerdan a la excelente Gomorra, de Matteo Garrone. El relato escamotea los indicios de un fuera de campo mayor, como si un cierre hermético nos ciñera a esa zona infernal del conurbano cuyo núcleo es el hospital. Aunque Sosa sueñe con irse a otra parte, no parece existir un afuera de San Justo, si bien queda claro que esa porción de tierra bonaerense funciona como metonimia de un sistema, de un país, de una política. No hay sonidos de televisores ni radios emitiendo noticias, ni referencias en los diálogos a un período histórico determinado. (¿En qué tiempo estamos? ¿Vieron que nadie usa teléfonos celulares?) Los personajes están condenados a escuchar siempre la misma música, hecha de sirenas, choques, tiros, insultos, gritos de dolor. Algunos, los sabios miserables, también llegan a oír ese rugir de sierra filosa que escupe la máquina de contar billetes.

“Destruir la individualidad es destruir la espontaneidad, el poder del hombre para comenzar algo a partir de sus propios recursos, algo que no se puede explicar a base de reacciones del entorno y las circunstancias”. (1)

Hannah Arendt


Es que a los sujetos se los ha tragado el sistema, con su lógica desquiciada de obligaciones, papeleo y estafas. No hay cuerpos evidentes detrás de las firmas. Luján firma recetas vacías para obtener las drogas que la calman y a la vez la destruyen. Más de un colega lo sabe pero para qué meterse. Las víctimas de accidentes firman poderes para que otros dispongan de su carne y su voluntad. Así funciona la máquina. Sin individuos, sin identidades. Cuando Sosa quiere ensayar una firma sincera, cuando quiere ser un sujeto responsable, sin escaparle a la historia sino tomándola por fin en sus manos, para zafar, para cambiar, por Luján, por él mismo, Sosa no puede. No lo dejan. No vamos a explicar por qué, porque lo sabemos. Pero pensemos cómo narra Trapero este giro de la trama.

En Carancho prácticamente no aparecen niños ni adolescentes en su primera parte, reforzando esa sensación de historia detenida en la que no surgen nuevas generaciones (como en la novela "Hijos de los hombres", de P.D. James, que Alfonso Cuarón llevó al cine). Hasta que irrumpe la fiesta, ese cumpleaños de quince al que asisten Luján y Sosa, el momento más feliz de la película, porque ambos bailan, se abrazan y ríen como locos (tanto que luego necesitarán ver el video del festejo en su casa, una y otra vez). En esa escena hay adolescentes, colores, un esbozo de esperanza. Difuso, pero está. Sosa quiere ayudar a esa familia, de verdad, sin trampas. Le creemos, Luján también. Alguien cumple años. La historia quiere recuperar un sentido, una dirección. La ética busca su espacio. Minutos antes habíamos visto el encuentro entre el abogado y la mujer, sentados a lo lejos en el banco de una plaza. En el plano siguiente los dos personajes son mostrados de frente, con niños que de repente cruzan la imagen, jugando. Por primera vez, niños en primer plano. La natalidad, como dice Hannah Arendt, sigue siendo una capacidad propia de los seres humanos “de dar origen a comienzos, a nuevos procesos, que abren caminos impredecibles”. (2)

Pero Trapero no suaviza la tragedia, ni pretende aquí finales inspiradores como los de Nacido y criado y Leonera. Desde los primeros minutos veremos a los protagonistas atrapados, enrejados en el encuadre. Incluso las dos escenas recién comentadas se oscurecen cuando volvemos sobre ellas. Porque esa placita en la que juegan los chicos es apenas un triángulo verde rodeado de camiones y colectivos, una imprudencia absoluta. Y también resulta inquietante la canción que bailan Luján y Sosa en medio de la fiesta, porque cuando todos los demás se mueven con pasos de cumbia, ellos se acurrucan en un ritmo propio, desfasado, tarareando su destino en forma de serenata:



"Si yo muero primero, es tu promesa,
sobre de mi cadáver, dejar caer
todo el llanto que brote de tu tristeza
y que todos se enteren de tu querer..." (3)

Carancho es un audaz film de denuncia y también un efectivo film de género, pero antes que nada es un cine físico que parte del cuerpo como basamento para la conexión con el relato. Porque el cuerpo es lo único que nos queda cuando ya no existen marcos racionales ni afectivos que nos contengan, ni en la ficción ni en lo real. Porque parecería que todo puede pasar en este sistema caníbal, montado sobre un terrorismo cotidiano cuyo fin es tornar superfluos a los seres humanos. Para sacudir, para llegar, Trapero debe instalarse en el límite de la resistencia perceptiva, aun sabiendo que muchos no lo soportarán. Golpes al estómago, agujas hurgando en venas, sangre chorreando a mares, huesos quebrados, autos que impactan de frente, de costado, casuales, deliberados. Imágenes brutales que nos repliegan sobre nuestros propios cuerpos estremecidos, todavía vivos a pesar de un presente que nos dice que no. Imágenes que nos atraviesan como puntadas y nos dejan cosidos a la pantalla, si es que elegimos mirar.

Porque en esta película mirar implica sufrir. Pero también implica apreciar una serie de planos secuencia magistrales, delineados con una pericia técnica pocas veces vista (y no sólo en el cine argentino). No, no son los planos templados y pulcramente escenificados de Orson Welles, aquellos que en su continuidad capturaban la “ambigüedad inmanente” de lo real, como quería André Bazin. En Carancho se hace muy difícil mirar en perspectiva, porque aunque haya profundidad, falta nitidez (ya sea por la oscuridad de la noche, como en el accidente de Vega, o porque el fondo de la imagen surge borroso, como ocurre en la antológica escena final). El director no puede esperar. No puede detenerse a ver si hay horizontes cuando acá nomás las personas se están jugando el pellejo.

Los planos secuencia de Carancho son extraordinarios precisamente porque son discretos, justificados por el relato, por la ética de la obra. Aquí no hay un autor que busque ostentar su genio por encima de los hechos representados. Recién después de unos segundos de iniciada la secuencia, caemos en la cuenta de que no hubo cortes. Simplemente, fuimos cautivados por los personajes y sus acciones. Acciones que sí, tienen un objetivo. Tienen una motivación, un desarrollo y sus consecuencias, y es el director quien decide enhebrarlas y darles un sentido, acotándolas a un ojo que se hace cargo y no parpadea. En esos minutos se produce una extasiada comunión con el cine, a pesar del horror y la violencia. Porque en esos instantes de acción pura vuelve el peso de la historia, porque el sujeto confirma su centralidad, porque es la coherencia de su cuerpo la que determina la integridad de la situación, su veracidad, su sustancia. Finalmente, la película nos recuerda que el cine nació para rescatar al hombre.

Referencias:

1. Arendt, Hannah, en Los orígenes del totalitarismo, citada por Bianchi, Guillermo. "El mal en Hannah Arendt: el peligro de una humanidad inhumana", en Tras los pasos del mal. Beatriz von Bilderberg (comp.). Eudeba, Buenos Aires, 2009.
2. Bianchi, Guillermo. Íbidem.
3. Letra de la canción “Nuestro Juramento”, de Julio Jaramillo.

Liberaron a Panahi

Según informa el diario El País de España, el cineasta Jafar Panahi salió de la cárcel a primera hora de la tarde, después de que esta mañana su esposa, Tahereh Saeedi, depositara una fianza 2.000 millones de riales (unos 150.00 euros). La decisión de ponerle en libertad se produce tras una intensa movilización tanto dentro como fuera de Irán y después de que el director iniciara una huelga de hambre.

Más información en ElPais.com

lunes, 24 de mayo de 2010

Away we go, de Sam Mendes

Hace unos días vi una película llamada Away we go (aquí se estrenó directo en dvd con el título El mejor lugar del mundo), que narra la historia de una joven pareja en crisis. Ellos se llevan muy bien pero, ante la noticia de un embarazo, temen no estar a la altura de los mandatos impuestos por “la sociedad”, que nos dice que debemos ser decididos, exitosos, profesionales, estabilizados. Burt y Verona (John Krasinski y Maya Rudolph) salen entonces con su auto a recorrer Estados Unidos, con la idea de visitar a familiares y viejos amigos (aparecen Jeff Daniels, Maggie Gyllenhaal, Allison Janney y otros). Los protagonistas verán que los demás, aunque derramen consejos y declamen certezas, están todos un poco locos y un poco tristes. Conclusión: sigamos siendo personas sencillas.

Sam Mendes encaró Away we go al terminar la ampulosa Revolutionary Road, como si hubiese dejado descansar su ego probando con una comedia humilde, en donde los “temas importantes” de siempre fueran tratados con más holgura y amabilidad. Bien por el intento, y ojalá que en la próxima Mendes encuentre el término medio. Porque la película se puede ver, sí, y tiene algún momento ingenioso, pero si en la mitad nos levantamos para prepararnos unos mates y unas tostadas, la verdad es que no nos perdemos demasiado. Honestamente, lo mejor es la música.

Gracias a este film descubrí a Alexi Murdoch, un cantautor escocés de estilo folk, de tan bajo perfil que ni siquiera se encuentran videoclips suyos en Internet. Según contó alguna vez el mismo Murdoch, el día que le llevó su trabajo al director de una discográfica, el empresario puso el disco en una computadora y se quedó mirando fijo el contador mientras sonaba “Orange sky”, calculando cuántos segundos faltaban para el estribillo. El músico supo en ese instante que él debería ser su propio y único productor. Sus canciones son serenas, crocantes, ideales para estos días feriados con un sol que amaga con salir pero se esconde todo el tiempo. Música perfecta para estar a solas con uno. Busquen el soundtrack de Away we go. Aquí va un link al tema “All of my days”.

domingo, 23 de mayo de 2010

Los voy a extrañar

“El amor… tan difícil, inconstante y negado para tantos…
Lo que tengo para decirles es que yo, que toda la vida fui una descreída del amor, hoy creo que es lo más hermoso que te puede pasar.”

Lucía


(Ciega a Citas - Último capítulo)

sábado, 22 de mayo de 2010

Necesidad del disparate

"Pero en algún momento hay que creer en algo. Y en esto siempre hay un componente de «locura» o «disparate». ¿No decía Foucault, siguiendo a Nietzsche, que en el origen era el «disparate»? O uno se vuelve loco o se pasa la vida escribiendo editoriales en los diarios de la derecha o estudia dirección de empresas o se hace relojero o no se saca la corbata ni para dormir o hereda la empresa del padre y se sienta en su escritorio, bajo su retrato y pone su misma cara de perro exuberante y, en el fondo, abismalmente aburrido."

José Pablo Feinmann
(en su libro La filosofía y el barro de la historia)

En la imagen: el genial Michael Stuhlbarg en Un hombre serio (A serious man), de Ethan y Joel Coen.