domingo, 19 de abril de 2009

Un mundo volátil

Hoy nos dejó el escritor británico J. G. Ballard.

Lo que sigue es una serie de ideas elegidas de una entrevista realizada al escritor en 2004 por Alfredo Rosso.*


"Tengo 74 años, así que puedo hacer profecías con tranquilidad, convencido de que no voy a estar aquí para ver que se cumplan. Creo que al mundo le espera una época bastante brava. Me preocupa por mis propios hijos y por mis pobres cuatro nietos. Me preocupa mucho. Pienso que les espera un mundo donde todo va a ser bastante azaroso, bastante volátil. Nada será claramente previsible. Yo nací en 1930 y sobreviví a la Segunda Guerra Mundial. Sobreviví a las dos pesadillas mayores que la raza humana haya creado: la Alemania nazi y la Rusia stalinista. Ahora bien, esos dos terribles eventos al menos se discernían claramente. Sabíamos quién era el enemigo, ya fuera de la derecha o de la izquierda."

"Con el colapso del comunismo a principios de los años ’90 y la caída del muro de Berlín entre Europa occidental y oriental, ya no sabemos quién es el enemigo. Incluso un gobierno como el que tiene hoy los Estados Unidos se comporta de una manera casi irracional, por ejemplo con la guerra en Irak. No está consiguiendo lo que se propuso conseguir. Pero ahora, con su reciente reelección, Bush se sentirá respaldado para embarcarse en más aventuras de este tipo, desestabilizando así la totalidad de Medio Oriente, cuando su objetivo original era precisamente lo opuesto: traer estabilidad a la región. Si una organización tan poderosa y llena de gente muy inteligente como el gobierno de Estados Unidos puede comportarse de una manera tan irracional, ¿qué se puede esperar del resto?"

"Creo que los padres enfrentan un mundo difícil, porque los chicos hoy día se ven bombardeados desde una edad muy temprana con una publicidad y un estilo de vida orientados exclusivamente al entretenimiento, donde las decisiones más importantes son qué clase de jeans o qué marca de zapatillas te comprás y cuál es la última moda. Y esto lo viven ya desde los cinco años de edad. Los chicos respiran el aire de esta cultura del entretenimiento y viven en una especie de gran salón de juegos o parque de diversiones, con luces brillantes que los bañan todo el tiempo. Los padres, en este contexto, no tienen ninguna oportunidad. Es muy difícil".

"Hay mucha gente hoy día a la que le gusta estar aislada del resto de la sociedad y que no siente la necesidad de ningún tipo de interacción con sus vecinos. Simplemente les gusta estar solos. No sé, quizás estemos evolucionando hacia un nuevo tipo de comunidad".

* Fragmentos de una entrevista publicada en el blog MundoRosso.

viernes, 17 de abril de 2009

¿Qué significa ser un artista, hoy?

“Como hombre y como ciudadano me interesa todo lo que sucede en nuestra sociedad. El mundo es cada vez más complejo y creo que esto hay que pensarlo, hay que reflexionar sobre esto. El cine es una herramienta que puede ser utilizada para pensar el mundo.”

“La cotidianidad de la gente me apasiona y por eso me gusta darle la palabra a gente que no tiene la oportunidad de hablar.
Me atrae mucho lo real porque puede proveernos de millones de guiones de películas de ficción.”


Lo dijo Laurent Cantet, en una entrevista publicada ayer en el diario Página/12.

Su película Entre los muros es excelente, sin dudas una de las mejores del año. Volveremos sobre ella en breve, pero no dejen de verla.

martes, 14 de abril de 2009

"¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho,
para dejarme en el pecho
tanto dolor?"


Homero Expósito

(Naranjo en flor)


lunes, 13 de abril de 2009

Wolke Neun, de Andreas Dresen


Dirigido por Andreas Dresen, este film alemán se estrenó en salas con el título Nunca es tarde para amar. La expresión suena a consuelo de tontos, de esos que suelen cerrar una charla en la que una persona a punto de resignarse recibe de un amigo la última palabra de esperanza, pronunciada con afecto pero nulo convencimiento. Una palmada en la espalda y hagamos de tripas, corazón.

Porque parecería ser que cuando ya pasamos casi todas las estaciones y nos acercamos a la terminal, la opción lógica es poner el piloto automático y no esperar nada más. Así se lo ve a Werner (Horst Rehberg) en su rutina: un buen baño, una copa de vino blanco frente al televisor, los mimos de rigor de Inge (Ursula Werner), su mujer desde hace treinta años. Disfruta de las pequeñas cosas por costumbre, sin creer que exista un más allá. Si viaja en tren, Werner es de los que prefieren leer antes que mirar por la ventana. En cambio Inge no puede sostener la vista en un libro porque el paisaje la distrae y todavía la sorprende, aunque todo se reduzca a contemplar los girasoles en su eterna persecución de un rayo de luz.

Una mañana Inge conoce a Karl (Horst Westphal) y se enamora. En la película las ventanas siempre están abiertas de par en par. No hay zona del cuerpo que no aparezca iluminada, porque no hay arrugas que esconder ni pudores que aplacar. Ambos son ancianos y están felices de serlo. El sexo entre ellos es muy bueno pero es solo la consecuencia de algo más grande y más atípico: el entusiasmo, el brillo en los ojos, esa nube de la que habla el título original. Es reírse por el solo hecho de estar vivo, como esa carcajada maravillosa que Inge lanza durante un desayuno mientras su marido apenas comprende la broma.

La puesta en escena de Dresen despliega la historia con una naturalidad apabullante, sin desviar el foco de lo real de los cuerpos y de lo que fluye entre ellos: la pasión, la culpa, la ternura. Y aunque no todo será color de rosas, lo que inunda de belleza las imágenes de Wolke Neun es la necesidad de honrar el vitalismo con los gestos románticos más simples. Inge y Karl confirman que las mariposas nunca se fugan del estómago. Solo es cuestión de despertarlas si estamos dispuestos a correr los riesgos, ya que sabemos que en su tramposo aleteo tanto pueden elevarnos al cielo como hacernos sangrar.

sábado, 11 de abril de 2009

"La vida es muy inexplicable..."

Adolfo Bioy Casares, en diálogo con Jorge Urien Berri *

- ¿Por qué escribe?

- Uno empieza a escribir porque le gusta, nada más. Y después tiene la revelación de que escribir da sentido a la vida. Además, da mucha fuerza. Pienso que hasta las cosas desagradables que me pasan, si son interesantes, se transforman en algo grato porque me permiten escribir y contarlas. Me pregunto si no seré un maniático de la literatura, porque a todo el mundo le digo: "Trate de escribir, va a ver qué bueno que es". Porque creo que lo fortalece a uno. La vida es muy inexplicable… tenemos una conciencia, tenemos sueños, tenemos una verdadera vocación de inmortalidad y el cuerpo tiene una verdadera vocación de mortalidad y está continuamente mostrándonos nuestra decadencia, cómo nos vamos deshaciendo y perdiendo. Entonces, si no hay esa posibilidad de descubrir cosas y analizarlas…

- ¿Escribir es vivir otras vidas?

- Es como tener otra vida, puede ser. Otra vida hecha con la misma vida. Agregamos cuartos a nuestra casa. A veces, a las casas de los demás. Alguna vez dije que para soportar la historia contemporánea lo mejor era escribirla. Con la vida tal vez pasa algo así. Quiero decir que si no tuviéramos el consuelo de comentarla, la vida sería más dura. Los comentadores tenemos esa suerte de ocupar nuestro pensamiento, que con la imaginación, la crítica, la ironía y el patetismo nos da siempre otros jardines para pasear y estar tranquilos.

- ¿Así se da sentido a la...?

- No, el sentido de la vida me parece que es vacío.

- ¿Porque no hay nada después de la muerte?

- Porque no hay nada después y todo se borrará.

- ¿Esto no le da más valor a la vida, el hecho de que todo se juega aquí?

- Estoy seguro de que le da un valor para jugarla decorosamente y no ser nunca inescrupuloso ni agarrar un puesto público y ser ministro y tratar de que el otro deje de ser ministro. No, porque la vida es corta.


* Fragmento de una entrevista publicada en el suplemento ADN del diario La Nación, el sábado 28 de febrero de 2009.

jueves, 9 de abril de 2009

Raro asunto

Raro asunto la vida: yo que pude
nacer en 1529,
o en Pittsburg o archiduque, yo que pude
ser Chesterton o un bonzo, haber nacido
gallego y d’Ors y todas estas cosas.
Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.

Miguel d'Ors

miércoles, 8 de abril de 2009

Muros

Por Tomás Abraham* (fragmento)

"El discurso de la guerra entre razas cambia su orientación con el ascenso de la burguesía. La aristocracia decadente pensaba a la guerra como enfrentamiento entre campos antagónicos, choque entre pueblos, la guerra como conflicto entre fuerzas exteriores. La burguesía del siglo pasado pensará la guerra en términos civiles y problemas interiores a la sociedad. Se habla de los enemigos internos. El enemigo no es el extranjero ni el invasor sino el peligroso, aquel que posee la virtualidad de afectar el orden social. La noción de peligrosidad señala el pasaje de lo virtual a lo efectivo en el sistema de las amenazas. El colonizado o nativo, el loco, el criminal, el degenerado, el perverso, el judío, aparecen como los nuevos enemigos de la sociedad. La guerra se concibe en términos de supervivencia de los más fuertes, más sanos, más cuerdos, más arios. Es la guerra pensada en términos histórico-biológicos".

*Prólogo del libro Genealogía del racismo, de Michel Foucault. (Editorial Altamira, Buenos Aires, 1996)
Cable a tierra

Si estás entre volver y no volver
si ya metiste demasiado en tu nariz
si estás como cegado de poder
tira tu cable a tierra.

Y si tu corazón ya no da más
si ya no existe conexión

con los demás
si estás igual que un barco en altamar
tira tu cable a tierra.

Y yo estoy acercándome hasta vos
bajo la luna, bajo la luna.

Las cosas son así,
tengo el teléfono del freak
que está deseoso de volarte la cabeza.

En un par de minutos sale el sol
si ya no hay nada que anestesie tu dolor
si no llegás, si no alcanzás a verme
tira tu cable a tierra.

No creas que perdió sentido todo
no dificultes la llegada del amor;
no hables de más, escucha al corazón
ese es el cable a tierra.

Fito Páez

lunes, 6 de abril de 2009

BAFICI 2009 - Última parte

Encierros

Todo festival de cine representa una extraña tómbola en donde nunca sabemos qué nos puede tocar. Creo que este año tuve suerte y fueron sólo una o dos las películas que me provocaron genuino fastidio. Pero, claro, es absolutamente minúsculo el porcentaje de lo que vemos en relación a lo que se exhibe, y es mucho más escaso el tiempo para resumir y reseñar todas las sensaciones. Tampoco sé por qué algunas ideas prenden más que otras, pero debo admitir que desde hace días mi percepción reproduce ciertos espasmos de asfixia, como si al cine de hoy sólo le preocupara certificar que el ser humano no tiene escapatoria. Angustia, agobio, incertidumbre: en la pareja (Everyone else), en la maternidad (The blessing), en la dictadura (Tony Manero), en la protesta política (Hunger), en la paranoia de la tecnología audiovisual (Afterschool), en los celos (Hooked), en el duelo (March), en la amistad (Old Joy). Es tan solo un recorte -arbitrario, desde ya- poblado de títulos tan interesantes como perturbadores, en el que también se insertan las dos películas que comento a continuación: Parque vía y René.



Parque Vía es la clase de film que se disfruta más a posteriori que durante la proyección, y no porque el relato se padezca, al contrario, sino porque en la primera impresión se cuelan los inevitables aromas de las influencias que atentan contra la frescura de la obra. Uno recuerda la parquedad de Jaime Rosales y el riguroso distanciamiento de Carlos Reygadas, cuya tendencia a la gravedad también contagia por momentos esta película dirigida por Enrique Rivero. El protagonista es Beto (Norberto Coria), anciano que lleva treinta años trabajando para una familia rica de la Ciudad de México, y que pasó la última década como casero de una mansión en venta, un confinamiento al que él se acostumbró y del cual ya no puede salir. Beto se marea y aturde cuando enfrenta la calle, y su contacto con el mundo exterior se limita a los noticieros televisivos, empeñados en difundir las más insólitas tragedias. El hombre limpia una ventana, compra tamales calientes a un vendedor callejero, llama a su acompañante de cama para la visita semanal: el tempo preciso y la impecable composición del encuadre hacen que lo rutinario se vuelva fascinante.

Minimalismo elegante para mostrar cómo el sujeto actual elige recluirse para evadir la (¿construida?) hostilidad del afuera. Pero hay en Parque vía cierto mecanicismo que parece estar convirtiéndose en sistema, en cliché, en estas ficciones que abordan el vacío existencial (casi un género con entidad propia). Aunque la ecuación alienación = arrebato homicida sea totalmente verosímil, a veces esa fórmula se torna puro efecto y solo sirve para forzar la “universalidad” -y el gancho festivalero- de este tipo de historias. El opaco personaje merecía menos determinismo y mayor espacio para las especificidades de su drama personal. Creo que también faltó un poco de cariño.

Más allá de los reparos, el film obliga a pensar cómo ciertas condiciones de vida en el mundo actual transforman al sujeto en una criatura dependiente del encierro, tal como le ocurrió a René Plásil, protagonista del último documental de Helena Třeštíková, realizadora checa a quien el festival dedicó una retrospectiva. Foucault se haría un festín con René, la saga de un muchacho que entró a la cárcel por primera vez a los 17 años y luego atravesó infinitas liberaciones y reingresos en diferentes instituciones, dado que el delito en él era casi una necesidad fisiológica y nunca pudo armarse una vida fuera de la prisión. O era al revés: robaba para que lo atraparan, porque la cárcel era el único lugar donde se sentía contenido, sobre todo cuando empezó a ser famoso y su identidad se forjó a partir de las reincidencias compulsivas. Biopoder en su más prístina expresión.


Ser alguien, ser único en algún sentido, trascender... ¿no es lo que deseamos todos? René subió la apuesta hasta volverse la “parodia de un criminal”, como él mismo se califica. Lúcido, querible, contradictorio, por momentos siniestro, el personaje no puede completarse sin ese otro lado que inevitablemente lo cincela, la mirada de una mujer que lo acompañó veinte años intentando desentrañar su lógica imposible. Plantearse el retrato de un solo hombre extendido durante dos décadas ya es un desafío extraordinario, y eso es lo que define el estilo de Třeštíková, especialista en documentales de observación a largo plazo, en los que la épica individual se fusiona con la Historia, la del país (Checoslovaquia, en este caso) y la de un período bisagra para la política (es todo un símbolo que el relato comience en 1989).


Los signos del cuerpo narran el paso del tiempo, sin maquillajes. Una mente subversiva que muta y delata cuán difícil resulta buscar cobijo en las ideologías. Un personaje realmente inasible por donde se lo mire, a tal punto que la misma directora parece renunciar a su obsesión por comprenderlo. Pero las palabras nacidas de la rasposa voz de René aún retumban y nos interpelan:

“¿Qué se puede esperar de una sociedad que construye espacios como éstos (las cárceles), que sólo te llevan a odiar más a la gente?”

“Nunca fui a la escuela. Me hubiera gustado, pero por algún motivo, no pudo ser…”.


Para René la libertad no existe, es solo una convención y “toda convención es inútil”. Porque, en el fondo, “es el miedo lo que hace que el mundo gire”.


Escribe Hannah Arendt en el prólogo de su ensayo Sobre la revolución: “la única causa que ha sido abandonada ha sido la más antigua de todas, la única que en realidad ha determinado, desde el comienzo de nuestra historia, la propia existencia de la política, la causa de la libertad contra la tiranía”. ¿Qué sucedió con nuestra urgencia de libertad? ¿Habrán logrado erradicarla?

Tal vez René tenga razón. Tal vez sea el miedo lo que finalmente nos moviliza como especie y no la libertad, como nos gustaría creer. La cuestión es que el mundo sigue girando y el problema es hacia dónde lo llevamos. Algunos dirán que plantearse esa inquietud es una condena. Prefiero pensar que es simple responsabilidad. Y voluntad. Y trabajo.

Finalizo acá la cobertura del Bafici.
Gracias por estar ahí.


Películas mencionadas:


Everyone else (Alle anderen/ Todos los demás), de Maren Ade (Alemania, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
The blessing (Velsignelsen/La bendición), de Heidi Maria Faisst (Dinamarca, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
Tony Manero, de Pablo Larraín (Chile, 2008) - Competencia Oficial Internacional
Hunger (Hambre), de Steve McQueen (Reino Unido, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
Afterschool (Después de la escuela), de Antonio Campos (EE.UU., 2008) – Sección: Cine del futuro
Hooked (Pescuit sportiv/Pesca deportiva), de Adrian Sitaru (Rumania, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
March (März/Marzo), de Andel Klaus (Austria, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
Old Joy (Vieja alegría), de Kelly Reichardt (EE.UU., 2006) – Sección: Retro Kelly Reichardt
Parque vía, de Enrique Rivero (México, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
René, de Helena Třeštíková (República Checa, 2008) - Sección: Foco Helena Třeštíková


Aquí encontrarán un artículo de nuestra crónica diaria, publicado ayer en Página/12.

jueves, 2 de abril de 2009

BAFICI 2009 - Cuarta parte


Mes petites amoureuses es una belleza de Jean Eustache. Una película entretenida, cálida, generosa.

En un pueblito de Francia vive Daniel (Martin Loeb), adorable púber que tiene todo por delante, aunque su prioridad ahora es controlar las hormonas. Creció mimado por su abuela, que lo despierta cada mañana con un tazón de leche y pan con manteca. Hasta que un día debe mudarse con su arisca madre a otro pueblo, donde habrá menos libertad y la obligación de aceptar ciertas reglas "adultas" mientras la curiosidad por las mujeres apremia. En el camino queda la infancia, ese período expansivo en el que uno aún no se formula demasiadas preguntas. Daniel conocerá muchachos un poco mayores que él y se irá fogueando en el arte de la seducción, si bien su principal escuela es el cine, en donde lo más osado que se consigue es un beso seco entre Ava Gardner y James Mason en “Pandora” de Albert Lewin. ¡Pero qué beso, por Dios! De allí en más, todo es tierra virgen a descubrir.

La película transmite felicidad pero también la gigantesca nostalgia por un mundo perdido, la época de los cuerpos vedados que había que conquistar con paciencia, cuando todavía había besos por robar a partir de decorosas estrategias. Hoy no hacen falta tantas volteretas: todo se regala. Hoy, sin intimidad, con la sexualidad expuesta y reducida a imágenes sin misterio que abarrotan la televisión y la web, ya no hay espacio para una suave fábula de iniciación como la de Daniel. (¿Recuperaremos algún día el cultivo de esos eléctricos momentos previos?)

¿Por qué el film tenía que terminar? ¿Por qué no decretan que ciertas películas duren para siempre? Justo hoy, día de lluvia y de duelos en la ciudad, necesitaba que esta película continuara. Necesitaba más luz del sol y más amor. O de eso que viene antes del amor, esos temblores primarios colmados de timidez y ansiedad, cuando el deseo aún no está viciado de desconfianza ni de especulaciones pragmáticas. Pero somos grandes y venimos golpeados. Y sabemos que esos veranos no vuelven.


Mes petites amoureuses, de Jean Eustache (Francia, 1974) - Sección: Retro Jean Eustache

martes, 31 de marzo de 2009

BAFICI 2009 - Tercera parte

Mad World

Fui a ver esta película por recomendación de un colega, sin mayor información que aquella que puede intuirse a partir del título: Iraqi short films. Durante la proyección me preguntaba cómo habría hecho el director para acceder a las increíbles imágenes, y ahora que lo sé me avergüenza un poco mi ingenuidad: todos esos cortos están disponibles en la web. Esta es la técnica -bautizada “e-found footage” (filmaciones halladas en Internet)- que aplicó el director argentino Mauro Andrizzi para montar este film basado exclusivamente en imágenes registradas por combatientes en Irak, con cámaras digitales o con teléfonos celulares. Aunque el recuerdo inmediato remite a Redacted, de Brian de Palma, lo interesante aquí es que las vivencias del ejército invasor se contraponen con la mirada de los nativos en lucha, y esas diferentes formas de sentir la guerra llevan a los soldados-realizadores a modelar dos estilos muy particulares en sus representaciones. Esa comparación ya es un hallazgo que amerita la visión de la película, pero justo es decir que Iraqi short films es mucho más que una simple compilación, al menos por tres motivos.

En primer lugar, se trata de un film político con perspectiva histórica, que piensa el conflicto a la luz del avance imperialista iniciado en el siglo XX (se incluyen acertadísimas citas de C. Wright Mills y Robert Fisk, además de un revelador discurso de Dick Cheney en ocasión de la Guerra del Golfo de 1991). Sin necesidad de recurrir a la voz en off explicativa, Andrizzi inserta los fragmentos elegidos en un marco de textos poderosos y precisos que elevan la reflexión intelectual. El segundo aspecto llamativo es el tratamiento de las imágenes, sucias y desprolijas desde su misma factura, pero dotadas de gran expresividad no sólo por su visceral verismo sino por ciertas intervenciones (música, filtros, cámara lenta, detención cuadro por cuadro) que expanden la sensación de extrañamiento. Pasamos de un video-clip irónico a estar inmersos en un tanque a pura metralla, de una plegaria desaforada a un atentado que quita el aliento. La posibilidad de lo humano queda suspendida y con ella se paraliza también nuestra capacidad de entendimiento. Eso sí: podemos quedar momentáneamente estupefactos, pero por favor no perdamos los reflejos para la conmoción. Esto es lo que reclama el director, y de allí el tercer logro de la película, que llora el Horror pero no le teme al caos inconmensurable de lo visual, donde todo circula y nada parece hacer mella en la retina; por el contrario, es una mirada que observa, distingue, crea, toma otros discursos para elaborar uno propio, certero y sensible. Y nos recuerda una vez más que el hombre, así como creó el infierno de la guerra, también inventó la poesía, que no es más que otra forma de la resistencia.

Esta magnífica canción interpretada por Gary Jules se escucha completa en el corazón del film.

Mad World

All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces
Bright and early for their daily races
Going nowhere, going nowhere
And their tears are filling up their glasses
No expression, no expression
Hide my head I want to drown my sorrow
No tomorrow, no tomorrow

And I find it kind of funny
I find it kind of sad
The dreams in which I'm dying
are the best I've ever had
I find it hard to tell you
'cos I find it hard to take
when people run in circles
it's a very, very
Mad World

Children waiting for the day they feel good
Happy Birthday, Happy Birthday
Made to feel the way that every child should
Sit and listen, sit and listen
Went to school and I was very nervous
No one knew me, no one knew me
Hello teacher tell me what's my lesson
Look right through me, look right through me
Roland Orzabal

Iraqi short films, de Mauro Andrizzi (Argentina, 2008) – Sección: Cine del futuro

Funciones: Miércoles 1º de abril, 14.30 en Hoyts Abasto / Viernes 3 de abril, 20.15 en Hoyts Abasto

sábado, 28 de marzo de 2009

BAFICI 2009 - Segunda parte

El sábado comenzó con la primera gran sorpresa del festival: Sell out!, proveniente de Malasia y dirigida por Yeo Joon Han. Eufórica, ácida, negrísima, la película dispara contra el cine pretencioso y vacuo, la televisión, las multinacionales, la burocracia, la globalización y hasta el mismísimo Capital, combinando musicales y sketches en un esquema que recuerda el estilo libertario de los Monty Phyton. Ya desde el inicio entramos en la sátira: una engreída conductora de televisión está grabando en un bar una entrevista con un cineasta que acaba de ganar un premio de cuarta en un festival de la Conchinchina. El director es un plomazo y la chica le pregunta si al hacer películas lentas lo que busca es un efecto poético. “En sus historias nunca pasa nada”, acota la conductora, mientras el otro se enerva: “¿Pero por qué debería pasar algo? La vida es aburrida. ¿Por qué el cine no puede ser igual que la vida?”. Mientras tanto, se escuchan balazos y alaridos que llegan del fuera de campo. La cámara de repente toma a un par de hombres que caen muertos, bañados en sangre. En el mundo está pasando de todo: veamos quién se atreve a asimilarlo. El cine no es la vida, pero debería ayudarnos a elevarla.

De esta forma arranca Sell out!, con autoconciencia sobre el estado del cine y con ganas de romper todo para gritar que si hemos sucumbido ante el sistema es simplemente porque dejamos hacer. No confiaba en que el film pudiera sostener la ironía que nutre la perfecta primera secuencia, pero por suerte lo consigue gracias a muchísimos gags logrados, personajes disparatados y cuadros musicales muy divertidos. La puesta en escena aprovecha especialmente los contrastes de la modernosa Kuala Lumpur, desde la gelidez de los shoppings a la desprolija efervescencia de las calles. Y aunque el relato cae en ciertas reiteraciones y el último tramo se estira demasiado, uno nunca pierde la sensación de estar frente a una obra original que sabe perfectamente hacia dónde apuntar sus dardos. Al joven realizador Yeo Joon Han se lo nota preocupado por un planeta polarizado a niveles ridículos, en donde apenas dos o tres mediocres empresarios disponen del destino de millones. La clave de su film está en narrar lo siniestro con la enorme sabiduría que aporta el humor.


Sell out! (¡Vendido!), de Yeo Joon Han (Malasia, 2008) - Sección: Cine del futuro

Funciones: Domingo 29 a las 15.15 en el Atlas Santa Fe 2 / Martes 31 a las 14 en el Arteplex Caballito 1.

viernes, 27 de marzo de 2009

BAFICI 2009 - Primera parte

El Bafici acaba de despegar. Mientras los tiempos y las cualidades perceptivas lo permitan, intentaré esbozar algunas ideas, impresiones y sensaciones sobre algunas de las películas -no todas- que estoy viendo en el festival. Los invito a comentar o recomendar los títulos que hayan visto.

La jornada del jueves arrancó con una película made in Indonesia, El chanchito ciego que quiere volar (Blind pig who wants to fly), que integra la Competencia Internacional aunque el título suene más apto para el Baficito. Protagonizado por un dentista ciego que revisa a sus pacientes sólo con el tacto (¿¡!?), el relato se presenta muy fragmentado, sin conflicto definido, con un vaivén de flujos temporales y personajes con parentescos poco claros. Hay surrealismo, absurdo y retazos de actualidad que irrumpen en imágenes de archivo, mostrando sucesos violentos de la historia de Indonesia (todo es bastante impreciso). No falta el touch perverso y supuestamente “arriesgado” con una escena sexual descolgada cuyo feísmo contrasta con la estilización general del film (el director Edwin tiene buen pulso para la composición de los encuadres; la escena mencionada sólo puede entenderse como necesidad de escandalizar). Pero es difícil enojarse con una película que juega una y otra vez con una canción pop como hermoso energizante: se trata de “I just called to say I love you”, de Stevie Wonder, que uno no se cansa de escuchar y tararear íntimamente aunque suene más cinco veces durante la proyección. El núcleo de la trama parece ser la pregunta por la identidad, pero no hay en el film mayor hondura que un reciclaje posmoderno (con ecos de Tsai Ming-liang, Apitchapong y otros) para dibujar superficialmente el enjambre cultural que acarrea la globalización. Lo dijo con tino mi colega y amiga Silvina Rival al salir de la función: “Hace unos ocho años una película de esta línea todavía resultaba novedosa. Hoy ya no”. Totalmente de acuerdo. Es un producto concebido para festivales.


Pasemos de las ínfulas a la sencillez. Dirigida por Peter Sollett, Nick & Norah’s infinite playlist es un burbujeante raid por una Nueva York nocturna. Una suerte de cruza adolescente entre Después de hora y Buscando desesperadamente a Susan. O de cómo conservar la sensatez en un planeta que puso el amor patas para arriba (bueh, como si alguna vez hubiera estado derechito). “Ustedes no saben lo difícil que es ser heterosexual en esta época”, le dice Nick a sus amigos gays, que no entienden por qué el tipo es tan sensible y lleva un año llorando por la ex novia. Norah también está fuera de frecuencia: es hermosa, pero demasiado inteligente como para ser deseada por tanta muchachada diletante sólo pendiente del Facebook. La música hará que chico y chica se conozcan. Amena y graciosa, la película quizás no tenga grandes hallazgos cinematográficos pero sí permite a sus protagonistas descubrir la belleza del gesto sereno y el sentido común. Antes de arremolinarse y perderse en un entorno cada día más acelerado y banal, Nick y Norah (encantadores Michael Cera y Kat Dennings) eligen aceptar su desfasaje, y es esa rebelión lo que los vuelve únicos, atípicamente terrenales.

Quedémonos un rato en la misma ciudad dado que allí transcurre The pleasure of being robbed, de Joshua Sadfie, fábula de una joven que se dedica a robar lo que sea y cuando sea, de puro gusto nomás. Eléonore (Eleanore Hendricks) roba uvas, carteras, autos, pero no es pobre: tiene un lindo departamento y aparenta ser estudiante universitaria. La anécdota se agota pronto porque no hay espesura dramática ni marco verosímil que la sostenga. El atisbo del pathos llega demasiado tarde, cuando de la película quedan apenas sensaciones, que no pasan tanto por la trama sino por el paisaje. Nueva York vuelve a ser un lugar fascinante: la cámara bien podría haberse dedicado a registrar sólo sus sonidos, colores y compases, y por ese camino hubiéramos tenido una obra mucho más interesante que el poco inspirado cuento de la cleptómana. De todas formas, me dejó pensando en la idea del personaje errante, figura característica de la narrativa contemporánea. La protagonista tiene sus necesidades básicas satisfechas y, sin embargo, lleva una rutina de vagabunda; y además de robar, tiene una irrefrenable curiosidad por hurgar en la vida de los otros. ¿Es que la suya está vacía? Es probable, aunque el film ni siquiera llega a las puertas de esa reflexión. Eléonore es una criatura concebida desde la absoluta soledad, sin familia, ni referencias, ni perspectivas, ni contexto certero que la construya como persona. Es como si Nueva York y el presente fueran meras abstracciones. Lo mismo sucede con las protagonistas de la película que vi inmediatamente después, por eso el paralelo me llamó tanto la atención.


En Derrière Moi el escenario es una Québec que no tiene nada que envidiarle al paraíso. Sin historial ni meta (cierta pulsión clásica aún me obliga a creer que ésos son los rasgos que todo personaje debe patentar), Betty (Carina Caputo) parece estar de vacaciones. Firme, glamorosa, observadora, la joven un día conoce a la adolescente Léa (Charlotte Legault), con quien entablará una amistad signada por la iniciación en la sexualidad. No se puede negar que el abordaje del realizador Rafaël Ouellet es intrigante y sensual, sobre todo al comienzo, con un montaje que ensambla detalles de bellos cuerpos femeninos en sintonía con una música perfecta. Un estilo que sutilmente narra el vínculo homoerótico, aunque por momentos no puede esconder su artificialidad. Porque cuando nos detenemos a pensar quién es la tal Betty (así como en el film anterior nos preguntábamos quién era Eléonore), comprendemos que hay muchos elementos del relato que no cierran, y que se trata de personajes unívocos maquinados por el guión y no de seres tendientes a lo real (o a la empatía, o al mínimo sostén de una ficción). Por más que la película intente explorar una problemática delicada de gran actualidad, tengo la impresión de que nos deja fuera. El mundo que pinta debería ser el nuestro, pero el film es tan etéreo y calculado que termina volviéndose ajeno. Es todo un tema, ¿no? Quiero decir: ¿cuál será el límite para establecer la justa distancia estética? Es un dilema eterno y me lo pregunto sabiendo que la respuesta es imposible. O que tal vez sólo la tengan los genios.

Por supuesto, queda muchísimo más para ver y discutir.
Nos reencontramos pronto
.


Películas comentadas:

Blind pig who wants to fly (El chancho ciego que quiere volar), de Edwin (Indonesia, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
Nick & Norah’s infinite playlist (La lista infinita de canciones de Nick y Norah), de Peter Sollet (EE.UU., 2008) – Sección: Panorama
The pleasure of being robbed (El placer de ser robado), de Josh Safdie (EE.UU., 2008) – Sección: Cine del futuro
Derrière moi (Detrás de mí), de Rafaël Ouellet (Canadá, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional

martes, 24 de marzo de 2009

Horror, memoria, arte, palabras

Por Bernard Schlink (en El lector)

Al mismo tiempo me pregunto algo que ya por entonces empecé a preguntarme: ¿cómo debía interpretar mi generación, la de los nacidos más tarde, la información que recibíamos sobre los horrores del exterminio de los judíos? No podemos aspirar a comprender lo que de por sí es incomprensible, ni tenemos derecho a comparar lo que de por sí es incomparable, ni a hacer preguntas, porque el que pregunta, aunque no ponga en duda el horror, sí lo hace objeto de comunicación, en lugar de asumirlo como algo ante lo que sólo se puede enmudecer, presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad. ¿Es ése nuestro destino: enmudecer presa del espanto, la vergüenza y la culpabilidad? ¿Con qué fin? No es que hubiera perdido el entusiasmo por revisar y esclarecer con el que había tomado parte en el seminario y en el juicio; sólo me pregunto si las cosas debían ser así: unos pocos condenados y castigados, y nosotros, la generación siguiente, enmudecida por el espanto, la vergüenza y la culpabilidad.

Por Eduardo Grüner (en El sitio de la mirada)

"Tenemos el arte para defendernos de la muerte", apostrofa Nietzsche, y Lacan traduce: "El arte es una barrera externa que impide el acceso a un Horror fundamental". Pero mucho antes que ellos, Kant decía que justamente basta poner una barrera para poder ver lo que hay del otro lado: el arte del siglo XX que realmente me interesa es el que (en contra, por ejemplo, de la ilusión de un retorno a la pureza neoclásica que es más propia del "realismo de Estado" de los totalitarismos) se hace cargo de la contaminación de la Belleza por las llagas de aquel Horror fundamental. Es, en la literatura, el empeño por volver loca a la lengua para hacerle decir lo indecible, que encontramos en Joyce, en Kafka o en Beckett, cuyo personaje nada azarosamente llamado El Innombrable testimonia la persistencia de un Deseo sin objeto cuando declara: "Es necesario seguir hablando, aunque ya no haya nada que decir...".
La cita de su vida

El lunes sueña con la cita. El martes se entusiasma pensando que se acerca. El miércoles comienza el nerviosismo. El jueves es todo preparativos, revisa su vestuario, va a la peluquería. El viernes lo soporta como puede, sin salir de su casa. El sábado, por fin, se echa a la calle con el corazón rebosante. Durante toda la mañana de domingo llora sin consuelo. Cuando nota que vuelve a soñar, ya es lunes y hay trabajo.

Andrés Neuman

La pintura es de Pierre Auguste Renoir (La trenza)

lunes, 23 de marzo de 2009

Got to walk out of here
I can't take anymore
going to stand on that bridge
keep my eyes down below
whatever may come
and whatever may go
that river's flowing
that river's flowing

moved on to another town
tried hard to settle down
for every job, so many men
so many men no-one needs


Peter Gabriel (“Don’t give up")