domingo, 5 de septiembre de 2021

Curso online: CLINT EASTWOOD, actor y director

CLINT EASTWOOD, actor y director
Curso de cine a cargo de Carolina Giudici

CUATRO CLASES grabadas en video + Una reunión por Zoom al finalizar el taller para charlar sobre su nueva película, Cry Macho

Comienza la semana del 20 de septiembre

Clint Eastwood es uno de los más grandes autores del cine contemporáneo. Empezó a dirigir a principios de los ‘70, pero su cine no puede desligarse de lo que representa él como actor, como presencia física, como héroe del western, imagen que él mismo se encargaría de deconstruir. Su obra -tanto a nivel temático como formal- es mucho más rica y ambigua de lo que dictaminan los encasillamientos ideológicos simplistas. Clint acaba de cumplir 91 años y sigue activo y lúcido como siempre. En unos días se estrena su nueva película, Cry Macho, que vamos a analizar entre todos luego de recorrer a fondo su filmografía.

Programa:
Clase 1: Una introducción a la vida y la carrera de Eastwood. Análisis de dos curiosas películas de sus inicios: Play Misty for me (1971) y The Beguiled (1971, dirigida por Don Siegel). La cuestión de la masculinidad. El lugar de la mujer. La mirada autoconsciente de Eastwood como “star” y como cineasta naciente. 


Clase 2: Análisis de Los Imperdonables 
(1992)El western como modo de ser y pensar el mundo. La venganza en el cine de Eastwood. Reflexiones sobre el héroe mítico y la representación de la violencia.

Clase 3: Análisis de Un mundo perfecto (1993). 
La paternidad, la familia, los lazos inesperados y profundos. Road-movie y sueño americano. La vejez y el encuentro con las nuevas generaciones. El claroscuro como marca de autor.

Clase 4: Análisis de Los puentes de Madison (1995). El punto de vista femenino. Los trazos del melodrama. Los hijos y la herencia de un relato. La creciente complejidad narrativa en la obra del director.

Durante el curso también vamos a comentar Gran Torino, Río Místico, Million Dollar Baby, Harry, el sucio, Bronco Billy, Las banderas de nuestros padres, Sully, El jinete pálido, Space Cowboys y muchas otras películas de Eastwood. 

Dinámica del curso: El curso comienza la semana del 20 de septiembre, con una modalidad pensada para que ustedes administren sus propios tiempos. Cada lunes les voy a mandar por e-mail la clase editada en video y tendrán tres días para verla online o descargarla desde Google Drive (si la descargan, la clase les queda para verla cuando quieran). En total son cuatro clases grabadas, y cada una tiene una extensión de entre 60 y 70 minutos. Las vías de intercambio y consultas estarán continuamente abiertas a través del e-mail. Al finalizar el taller, el miércoles 13 de octubre a las 19 hs, realizaremos un Zoom para conversar sobre la obra de Eastwood y su nueva película, Cry Macho (se estrena el 16 de septiembre).

Todas las películas del curso serán enviadas por anticipado vía Google Drive para que las vean online o las descarguen. También les voy a mandar películas complementarias para quienes quieran enriquecer la experiencia del taller (en total serán al menos 16 películas, que ustedes podrán descargar para ver incluso más adelante). El curso incluye el envío de material de lectura sobre las películas y la obra del realizador, además de un anexo teórico.

Van a poder ver online o descargar todas las películas del curso y también otras del mismo autor que voy a compartir. Para conocer más detalles sobre el curso, el arancel y la dinámica de las clases, por favor escribir a tallerdecinedecaro@gmail.com, o llamar al 4865-3317.


viernes, 3 de septiembre de 2021

Ciclo online en homenaje a Luis García Berlanga

 
Hoy comienza el ciclo Berlanga cumple cien años, en donde podrán verse online cuatro films del genial realizador español. A través de la plataforma Vimeo, el público podrá acceder de forma gratuita los viernes de septiembre, a partir del horario de las 15 y durante 48 horas. La actividad está organizada por el Instituto Cervantes de España, y en su sitio van a encontrar la información para acceder a las películas. Les recomiendo especialmente la emblemática Plácido y también Esa pareja feliz, que Berlanga escribió junto al cineasta Juan Antonio Bardem.

Programación:
Viernes 3/9: Esa pareja feliz (1951)
Viernes 10/9: Calabuch (1956)
Viernes 17/9: Plácido (1961)
Viernes 24/9: Patrimonio Nacional (1981)


Para más detalles: https://ccpe.org.ar/

martes, 31 de agosto de 2021

Vacío


"Cuando una está sola, todos los hoteles 
son demasiado grandes".

Nora (Delia Garcés), en la versión de Casa de Muñecas
que dirigió Ernesto Arancibia en 1943.


Este película está disponible en una óptima copia en YouTube.

lunes, 30 de agosto de 2021

La reina del miedo, de Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia


“No sé si se fue o si me dejó”, dice en un momento Robertina (Bertuccelli) en referencia a su marido. Esas palabras se cuelan en su verborragia nerviosa y pasan casi inadvertidas, casi divertidas, aunque en ellas se esconda un verdadero huracán existencial. Me importa poco el diagnóstico clínico del personaje o que sus miedos se deban a traumas no resueltos que arrastra desde siempre: ser abandonado sin aviso (sin la dignidad de una despedida, al menos) debería alterar la psiquis de cualquier persona con un mínimo grado de sensibilidad. Todo en nuestro entorno queda borroneado, agrisado, corrido de eje, al borde del colapso, aunque la rutina siga y debamos atender con solvencia todos los compromisos previamente pactados (para eso elegimos ser profesionales independientes, ¿no?). Y encima ese amigo del alma a quien quisiéramos abrazar hoy está muy lejos… muy pronto ya no estará más. Los temas esenciales en esta historia son la soledad y la muerte, justamente esos frentes que nadie puede dominar. Sin embargo, según muchas de las reseñas publicadas sobre La reina del miedo, parece que resulta muy fácil distanciarse de la protagonista, catalogarla como un caso excéntrico y reducir sus conflictos al cuento de una mujer fóbica/insegura/histérica, con un plus de estrés por el inminente estreno de una obra de teatro. Desconfío de toda persona que se jacte de controlar con éxito su inestabilidad emocional. Esa persona miente, o no está realmente viva.

Un grácil pero persistente temblor atraviesa todo el relato. Bertuccelli sabe perfectamente cómo matizar la congoja con humor y simpatía, pero aun así en cada escena la incertidumbre termina ganándole a cualquier otra sensación. La aparición de Lisandro (Diego Velázquez) resulta clave, ya que él trae la ternura que Robertina necesitaba. Pero también trae el abismo, involuntariamente. La mejor escena del film -por su precisión y su calado- transcurre durante una noche en el departamento de Lisandro, en Copenhague. El viento golpea las ventanas y Robertina no consigue dormir. De repente percibe una sombra detrás suyo. De repente aterrizamos en una película de terror. Ahí está su amigo devenido fantasma, sentado en la escalera, encorvado, abstraído. Lo que leemos en el rostro de Lisandro no es miedo: es pavor. Un pavor inconmensurable. En ese instante ella parece intuir una profundidad desconocida. Tal vez sea una intuición-bisagra.


En la ficción, Bertuccelli debe montar el unipersonal “El tiempo es oro”, título que confirma la vocación existencialista que impulsa la película. En varias escenas el reloj se hace sentir en su urgencia opresiva y uno teme que Robertina no logre llegar nunca, ni a los ensayos, ni al aeropuerto, ni a la noche del gran debut, ni a ningún puerto sereno. Y además a cierta edad -y esto es un hecho, aunque la ciencia y el discurso de autoayuda pretendan negarlo- también comienzan a acortarse los tiempos para alcanzar esas otras cosas, esas metas que supuestamente son las que le imprimen un sentido a nuestro tránsito por la Tierra: tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol. 

Robertina vuelve de Europa y descubre, para su sorpresa, que le han plantado decenas de ficus en el parque de su casa, cuando su prioridad era quitar de allí un cerezo seco para trasladarlo al escenario de su obra. La trama vinculada al teatro, más allá del bucle autorreferencial, funciona principalmente como dispositivo abierto a la circulación de símbolos y preguntas. ¿Por qué llevar al teatro ese árbol incómodo de ramas peladas y tristes? ¿Por qué la insistencia en arrancarlo de raíz? ¿No es mejor plantar un árbol joven, para cuidarlo y verlo crecer? ¿Por qué colocarlo justo allí, en su espacio de creación? ¿Para salvarlo del tornado que aún no terminó de devastar su hogar? ¿Aspira a resucitarlo, quizás? Ya no tenemos 20 años. No podemos plantar un tallo y sentarnos a esperar. Por eso me gusta la idea del crítico Shikhar Verma, quien postuló que esta película, en el fondo, se trata del miedo a empezar de nuevo. Ni siquiera es una cuestión de coraje. Hay que asumirlo nomás. Lo único que realmente importa es aprender a decidir, minuto a minuto, qué hacer con el tiempo que nos queda.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Para pensar la memoria (y el presente)


“¿Por qué no hay política en las películas caseras? En nuestra época también podemos diferenciar entre las imágenes robadas en la calle y las que sólo buscan reproducir la intimidad. Como si la política sólo ingresara en las imágenes por descuido o por asalto, cuando tiembla el cómodo rol de espectadores.

Para Umberto Eco, la memoria colectiva resiste, y cuando olvida es porque es bloqueada y no logra encarnar en las nuevas generaciones. Ésa es la función de los medios: relegar la memoria histórica. Contribuir a la desaparición de su sentido a través del exceso de información. Sostener un flujo continuo de imágenes prefabricadas para quebrar toda resistencia. Sólo rompiendo ese eterno presente podemos conectar con la fuerza utópica enterrada en el pasado”.

 
Nicolás Prividera en su excelente película Adiós a la memoria. 

Este film integra la programación de la Octava Semana del Cine Documental Argentino, que se desarrollará hasta el martes 31 de agosto. Las películas pueden verse online de forma gratuita en la plataforma Vivamos Cultura. (Puede ocurrir a veces que las salas virtuales tengan el cupo completo de visualizaciones. En ese caso pueden probar ingresar en otro momento). 

lunes, 23 de agosto de 2021

Soledad


La soledad; hay que ser muy fuertes
para amar la soledad; hay que tener buenas piernas
y una resistencia fuera de lo normal: no hay que exponerse
a resfriados, gripe o dolor de garganta: no hay que temer
a atracadores ni a asesinos; si es preciso caminar
toda la tarde o, tal vez, toda la noche
es preciso saberlo hacer sin darse cuenta; no hay donde sentarse;
especialmente en invierno, 
con el viento que sopla sobre la hierba mojada,
y con las rocas entre la basura, húmedas y fangosas;
no hay ningún consuelo, de eso no hay duda,
además del de tener por delante todo un día y una noche
sin deberes ni límites de ningún tipo.

Pier Paolo Pasolini

Las imágenes pertenecen a Gente en Buenos Aires, hermosa película dirigida por Eva Landeck que puede verse en YouTube

miércoles, 18 de agosto de 2021

Adiós a las armas (sobre un plano de "Manchester junto al mar")

Manchester by the Sea (Kenneth Lonergan, 2016)

Este plano es extraordinario. En primer lugar, porque con estas armas iluminadas (¿veneradas?) se introduce la cultura de la violencia norteamericana en la película. El drama de los Chandler es tan desolador y a la vez universal que uno siente que estamos ante vidas suspendidas en el tiempo, como si habitaran una realidad paralela, fuera de la Historia. Pero no. Aquí el relato los coloca en un contexto muy preciso (y con el reinado de Trump, el dato cobra más fuerza aún). El humor negro de Patrick enseguida distiende todo atisbo de tensión: “¿A quién piensas disparar? ¿A ti o a mi?” Pero el tío Lee no tarda en proponerle vender las armas para comprar un nuevo motor para el barco. Un instrumento construido para matar será canjeado por el artefacto necesario para conservar el barco. Es decir, la vida. Al lado del aparador con las armas tenemos una fotografía de un grupo de pescadores (¿está Joe allí? ¿O quizás sean otros parientes?). Todo indica que Patrick desea prolongar ese legado familiar. Y al otro lado tenemos dos fotos de Patrick como jugador de hockey. No sólo nos señala otro camino posible para el joven (ser deportista) sino que también nos conecta por metonimia con la escuela, con la educación formal. ¿Patrick seguirá estudiando cuando termine el secundario? Al final de la película él dice que no, pero no podemos saberlo a ciencia cierta. Es un interrogante que se abre, aunque tengo la intuición de que el tío lo va a convencer.

miércoles, 11 de agosto de 2021

Tournée, de Mathieu Amalric


Toda película tiene una secuencia especial a partir de la cual tejemos la trascendencia de lo que estamos viendo. No me refiero a los puntos de giro ni a las epifanías, ni tampoco a ese diálogo que claramente está puesto ahí como clave de lectura (“El truco está en el tiempo”, decía Darín en El aura, por citar un ejemplo). Hablo de la secuencia que más adoramos, la que más recordamos, la que durante la proyección nos elevó a otro grado de fusión con el relato, secuencia que puede no ser la misma para cada espectador, pero que marca el momento en que nos enganchamos definitivamente con esa “conversación” que el film propone. Porque eso es lo buscan los verdaderos autores: conversar. Bajar un poco la música ambiente para poder hablar, como reclama continuamente el aturdido Joachim (Mathieu Amalric) en Tournée, una película libertaria e imprevisible, desvergonzada y melancólica como una charla empachada de alcohol al final de la noche, cuando ya se fueron todos de la fiesta y nos quedamos solos, y no nos queda otra cosa que la sinceridad.

Antes de ir a la secuencia en cuestión, digamos de qué va este film dirigido, escrito y protagonizado por Amalric (ese tipo bajito pero súper comprador que se devora cada película en la que asoma, y que se llevó el premio a la Mejor Dirección en la edición 2010 de Cannes por este trabajo). Tournée se centra en una gira que un grupo de actrices norteamericanas realiza por Francia, acompañadas por un manager francés en bancarrota, que no logra conseguir un teatro en París para montar el gran show que les había prometido a las chicas. Ellas son bailarinas reales. Es decir, en la “vida real” son nombres reconocidos en Estados Unidos dentro del género llamado “New Burlesque”, en donde combinan el striptease con baile, canto, comicidad y algo de magia, pasando sin aviso de la chabacanería a la sofisticación. El relato muestra fragmentos de este espectáculo junto con los entretelones de la gira, la convivencia entre las actrices y la rara relación que tienen con el representante, quien en su desesperación no deja de cometer torpezas.

El momento privilegiado, la bisagra personal, dura apenas unos segundos, cuando la bailarina Mimi le Meaux (Miranda Colclasure) llega a su habitación en el hotel, luego de un show. Aparece sentada al borde de la bañera, con su cuerpo desnudo generoso en curvas y tatuajes, aunque nosotros sólo vemos su espalda, todo un acto de pudor para un film que venía desvistiendo anatomías. Pero en la escena del baño la cámara respeta la intimidad de la mujer, observándola mientras ella moja sus piernas y se hace masajes en los pies. Porque los tacos duelen, incluso a quienes hacen malabares sobre ellos. Y el ojo de la cámara es el de alguien que comprende ese dolor, alguien que siente admiración y cariño, que permanece ahí como si estuviera aguardando el instante indicado para abrigar a su personaje con una bata. Esa es la forma en que se revela un director de cine.

Hay un cierto compás cassavetiano en la mirada de Amalric, con esa cámara que se enrosca en los cuerpos como una serpiente, que flamea como boa de plumas, siempre curiosa y carnal, pero sin la necesidad de hurgar en la decadencia característica del creador de Faces. Por el contrario, Tournée se acerca más al vitalismo todo terreno que transmite el cine de Arnaud Desplechin (quien trabajó con Amalric en varias ocasiones). Y a pesar de su evidente estructura de ficción, y como señaló en una reseña el crítico Jonathan Romney, el film también recuerda por momentos el registro de Frederick Wiseman y su avidez antropológica a la hora de retratar un microcosmos con sus dinámicas y códigos intransferibles. De allí que el relato siga espiando a Mimi le Meaux una vez que terminó su baño. Ella parece estar esperando algo. Mira su celular y suspira. Se quita las gigantescas pestañas postizas, se pone una remera y baja al bar del hotel a ver si logra sentirse un poco menos sola. Porque de eso también se trata.

Pero ojo que no estamos ante a una película para llorar. Aunque intuimos que estas mujeres han llorado mucho, y que siguen disfrazando muchas angustias, a ellas no les interesa la puesta en escena del lamento, porque ya están en otro lugar. Fueron y vinieron demasiadas veces. Eligieron, por sobre todas las cosas, la voluptuosidad del humor, enseñando que nada nos hace más libres que el hecho de querer el propio cuerpo.    

viernes, 6 de agosto de 2021

La decisión, de Vahid Jalilvand


La autopista, el tránsito, la ansiedad. Correr siempre hacia algún lado, sin saber muy bien por qué. Con unos pocos breves planos, el director Vahid Jalilvand describe un estado del ser en el mundo urbano de hoy. Nunca conoceremos al conductor que dispara la cadena de acontecimientos desoladores que narra la película. Ese sujeto desaparece, disuelto entre todos los demás, escondido en esa masa difusa a la que llamamos “sociedad”. Otro hombre intenta esquivar a ese auto que viene muy acelerado, y con un volantazo golpea una moto en la que viaja una familia entera (papá, mamá, un bebé y un niño). Dentro de todo, parece, estamos ante un accidente con suerte. El único lastimado es el chico, con un raspón en el brazo y alguna molestia en la nuca. El hombre del auto, que resulta ser médico, se ofrece a llevarlos al hospital y a pagar el arreglo de la moto, pero le pide al padre de la familia que no llame a la policía. El padre tiene bronca pero acepta, y el asunto finalmente se cierra con la entrega de un dinero. Cualquier espectador puede intuir que en verdad nada quedará cerrado allí. La película recién comienza y sabemos perfectamente que ese cruce casual traerá serias consecuencias para ambas partes.

 
La estructura narrativa de La decisión (No date, no sign), con su confrontación de diversos puntos de vista en torno de un dilema moral, es un claro ejemplo de la tendencia estilística en el cine iraní marcada por el “efecto Farhadi”, sobre la cual escribí hace ya unos años al reseñar otras dos películas de matriz similar, Bright Day y Melbourne. Horacio Bernades, en Página/12, propone pensarlo como un género, el “melodrama de conciencia”, y postula a Asghar Farhadi como su fundador. Si uno juzga las bondades de esta línea estética a la luz de la reciente Todos lo saben, con Javier Bardem y Penélope Cruz, en la que Farhadi llega casi al borde de parodiarse a sí mismo, el fenómeno no resulta demasiado estimulante. Pero lo cierto es que La separación, y sobre todo las películas que la preceden en su filmografía (About Elly, Fireworks Wednesday), son realmente muy buenas. Distinto es el caso de las películas que intentan replicar el vigor de Farhadi sin poseer su talento.

 
No puedo afirmar que La decisión también aspire a montarse sobre la repercusión internacional de esta tendencia, pero inevitablemente todos estos antecedentes, para quienes ya los transitamos, influyen en la recepción. En este tipo de guiones, varias de las situaciones, revelaciones y ambigüedades se sienten como piezas demasiado colocadas para multiplicar las disyuntivas de los personajes, por un lado, y para subvertir minuto a minuto la lectura del espectador, por otro. Esto no significa que las acciones sean inverosímiles, ni que esta historia tristísima no pueda ocurrir tal cual en el mundo real, ni que debamos desconfiar de la honestidad del autor; sólo tengo la impresión de que ese esquema muy calculado de cartas reservadas (hechos o datos elididos) que el relato lanza cada tanto para hacer girar el tablero del sentido, podría seguir así hasta el infinito, y eso a la larga termina licuando la efectividad dramática. Por otra parte, si bien queda claro que la película pretende ser una denuncia social, deberíamos discutir hasta qué punto la trama no carga excesivamente todo el peso de la responsabilidad sobre los individuos y su libre albedrío, sin ahondar lo suficiente en las llagas del sistema económico y político en las cuales esos individuos están atrapados.

 
Dicho todo esto, creo que cuando Jalilvand se concentra en los silencios, los pequeños gestos y la latencia simbólica de ciertos encuadres, logra momentos de enorme expresividad. Por eso su película es superior a los otros “melodramas de conciencia” del cine iraní mencionados más arriba.

 
Ya desde el inicio ingresamos en un paisaje áspero, tenso, con imágenes acotadas a una gama de tonos oscuros, marrones, grises, lívidos. Kaveh es médico forense. Moosa es obrero y apenas puede mantener a su familia. Dos clases sociales. Dos hombres distintos, o quizás no tanto. Ambos son seres humanos, ambos tienen miedos, aunque sean miedos de diferente tipo. La cuestión es que los dos se sienten culpables. ¿Pero cómo explicar el accionar del médico hacia el final? ¿Qué clase de culpa es la que quiere expiar? “En la realidad -escribe César Aira- nunca se sabe lo que está pensando el otro, y por qué hace lo que hace”. Allí es donde interviene la ficción, que nos hace creer que sí podemos conocer al otro, entrar en su subjetividad, para entenderlo, para entendernos mejor entre todos. Pero se trata sólo de una aproximación. La realidad es compleja, fragmentaria, inasible. Y brutal. Películas como La decisión (o las de Farhadi) parecerían apoyarse en el carácter elíptico de la narración para recordarnos que en verdad no podemos abarcarlo todo. Que debemos conformarnos con pedacitos apenas. Y esto el realizador lo sugiere impecablemente en esa escena en la que Kaveh sale de su auto para retener a la esposa de Moosa y hablar con ella. La cámara no lo sigue. Y con la cámara nos quedamos adentro del auto, lejos de la acción y de las palabras, como testigos impotentes. Demasiado acostumbrados a estudiarlo como una “figura enunciativa”, a veces olvidamos que detrás del narrador fílmico también hay una mirada humana (y por lo tanto, limitada).


No hay una sola decisión sino muchas a lo largo de la trama, y otras también importantes que los protagonistas tomaron antes de que el relato comenzara. ¿En qué medida todas esas decisiones son realmente producto de la razón? ¿Con cuánta fuerza opera en estos hombres -o en cualquiera de nosotros- la pulsión del instinto, la desesperación o la vergüenza? ¿Quién se atreve a hacer un juicio de valor sin prestar atención al contexto existencial en el que se cultivan las conductas? A veces se trata, simplemente, de detenerse a observar en qué condiciones vive una persona. Cuáles son sus perspectivas. Como ese plano largo en donde constatamos la precariedad de la casa de Moosa al ver esa pared de ladrillos torcidos y desparejos, unidos por un cemento tímido que se derrama como si quisiera llorar. O la escena en la que el mismo personaje grita de dolor en ese baldío irrespirable que se extiende hasta el horizonte, un foso en descomposición que no se acaba nunca, como el infierno... o como su alma. 

lunes, 2 de agosto de 2021

Vuelta de tuerca

"Eso es lo que hace el arte siempre, dar una vuelta de tuerca a lo que hay. Cuando una cosa ya se instala como canon, se congela o se vuelve un imperativo del mercado, se sacraliza. Ahí hay que volver a dar una vuelta, y eso el arte lo hace siempre, corre lo instituido de lugar y cambia para siempre el punto de vista".


TAMARA KAMENSZAIN
(En una entrevista publicada en el diario La Nación)

La imagen pertenece al film Certain women, de Kelly Reichardt.

viernes, 30 de julio de 2021

En Netflix: El vuelo, de Robert Zemeckis


“Por cierto que de este mundo no podemos caernos. 
Estamos definitivamente en él.” 

Christian Dietrich Grabbe*

Darlo vuelta. Lo primero que vemos en la película es el breve plano de un avión en ascenso. Y luego, un pezón. Una mujer se levanta de la cama, mareada, inestable, y camina totalmente desnuda por una habitación, buscando sus prendas. Su cuerpo llama la atención, no sólo porque es bellísimo, sino porque el tiempo que el relato le dedica a esa desnudez no es algo común dentro del cine mainstream. Hablamos de unos segundos apenas, y en ese momento quizás no seamos del todo conscientes, pero esa decisión de puesta en escena intenta trascender la simple sensualidad (o la provocación, si quieren) para imponerse como un acto de franqueza, un pacto de cercanía que anticipa el verdadero tema de El vuelo (Flight): el dolor de estar irremediablemente expuestos, sin abrigos, ni control, ni consuelo. La inversión de expectativas es sólo una de las diversas maniobras sorpresivas que contiene la película, pues el trailer nos había preparado para las curvas de un film catástrofe y de repente uno se encuentra sumergido en la desolación de un hombre adicto al alcohol. Y no hay secuencia de acción que pueda superar el espectáculo de esa primera y caudalosa lágrima que vierte Denzel Washington cuando despierta en el hospital y le comunican quiénes murieron en el accidente.

Act of God. Más allá de este bienvenido desplazamiento de géneros (agreguemos que John Goodman aparece dos veces trayendo la comedia pura en su mochila), toda la narración de la película es absolutamente diáfana y sincera. Y ya desde el comienzo, a través de un montaje paralelo, el film advierte que por allí también ronda Nicole (Kelly Reilly), una chica adicta a la heroína que terminará involucrada con el protagonista. Al explicitar por adelantado ese cruce dramático, Zemeckis parecería asumir que como demiurgo detrás de la fábula él puede conocer y predecir los destinos de los personajes, mientras la historia en sí misma postula que en lo real sucede justamente lo opuesto: hay que convivir con el azar y el absurdo. La narración jamás especula ni oculta la información esencial sobre la conducta del capitán Whip Whitaker (Washington), y es por eso que uno se siente tan absorbido por este relato, que logra convencernos siempre, incluso frente al delirio del vuelo invertido. Es lícito pensar que el vodka y la cocaína fomentaron en parte el arrojo y la lucidez del héroe para franquear los límites de lo factible. O tal vez no, quién sabe. Lo que queda claro -para el espectador agnóstico, al menos- es que casi cien personas se salvaron gracias a un hombre que tomó las decisiones correctas en el instante preciso. Otros prefieren hablar de un milagro. Pero... "¿qué tuvo que ver Dios en esto?", se pregunta Whip mientras en el fondo del cuadro vemos la cúpula de la capilla que quedó destruida por el aterrizaje forzoso. Y ahí recordamos la escena en la que el ala del avión le arranca literalmente la cruz a la iglesia, un momento que Zemeckis elige mostrar en cámara lenta, aun cuando eso implica frenar el ritmo de la vertiginosa caída. Podría deducirse que con ese gesto la película anula la posibilidad de la fe religiosa. Pero también podría ser todo lo contrario. 

Wilson. Debe ser que a Dios lo necesitamos en la ficción, aunque sólo sea como un personaje más, como función o compulsión. Dios mete su cola en esta historia y se calza distintos trajes con sigilo, casi sin que nos demos cuenta. Para algunos, los mortales no somos más que dados sacudidos en un cubilete planetario, y lo único que Dios puede darnos es la certeza del azar, como dice el joven enfermo de cáncer en una de las escenas más memorables de la película (“Perdemos demasiado tiempo intentando controlarlo todo”). Para otros, hay que rezarle al Señor porque él es el gran organizador, el tapón del caos: para muchos sobrevivientes el accidente fue un prodigio divino que hay que leer desde la lógica de la predestinación. Whip Whitaker no cree en nada ni en nadie, y sin embargo en su desesperación final también recurre a Dios. Pero el dios del protagonista, junto con todos los otros dioses que deambulan por el film, no hacen más que replicar aquí el rol que la pelota Wilson cumplía en Náufrago: simplemente, se trata de inventar un amigo con quien hablar. Imaginar que estamos un poco menos solos.

Denzel. Así y todo, Wilson también se alejaba, y Tom Hanks volvía a estar solo y a la deriva. En Náufrago Zemeckis suprime a Wilson para confirmar la intangibilidad del símbolo frente a la soledad ontológica del ser humano. Hoy es una pelota, mañana será una fotografía, mucho antes fue el sol. Pero ningún símbolo se sostiene sin voluntad, y a esto también se refiere El vuelo. Y aquí es cuando el director decide hacer foco en el cuerpo, pues frente a todos los discursos que buscan darle peso al "espíritu", en este film la voluntad no puede disociarse del cuerpo y su obstinada materialidad. ¿Qué puede hacer la razón cuando el cuerpo se empecina en tironear para el otro lado? Nunca lo habíamos visto a Denzel Washington así, tan titánico y a la vez tan frágil, con tanta tristeza y con tanta necesidad de hundir la cabeza como una tortuga. Él, un actor de porte volcánico, de grandes parlamentos, sonrisa insuperable y dicción contundente, aquí muchas veces se ve obligado a hablar entre dientes, avergonzado, como cuando le pide a una colega que mienta por él, cuando no lo vemos directamente mascullar incongruencias mientras agita una botella vacía. Es extraordinaria toda la secuencia en el hotel previa al temido interrogatorio: allí el actor condensa en cada temblor toda la ansiedad del personaje y su subversiva abstinencia, para llegar finalmente a ese plano brutal que lo muestra tumbado en el baño, con un rastro de sangre que certifica su estado de inconsciencia. Denzel nos da la espalda, casi no vemos su cara, pero uno no puede dejar de sentir sobre los propios hombros la gravedad de ese físico inmenso y vencido que desde algún lugar callado clama por auxilio, y al que a la vez sólo le queda resto para entregarse al abandono. Es así nomás... de este mundo no podemos caernos. 

* Christian Dietrich Grabbe en su obra Hannibal, citado por Sigmund Freud en El malestar en la cultura. 

Esta reseña surgió de una charla sobre El vuelo que mantuve con el amigo Andrés Fevrier, autor del blog Cinematófilos. (¡Gracias por las ideas!).

FLIGHT está disponible en Netflix

jueves, 29 de julio de 2021

Tamara Kamenszain (1947-2021)


“La poesía puede hacer algo con las rupturas y las muertes. No puede evitarlas, no puede resucitar a los muertos, no puede rehacer las parejas rotas, pero enfocándose en lo más nimio - cuchara, mesa, chaqueta, incluso cadáver - puede quizás calmar la desesperación ante lo irreparable y reponer el valor de uso del objeto perdido”.

TAMARA KAMENSZAIN
(Fragmento de su ensayo “Los libros chiquitos")

La imagen pertenece a la película Meek's cutoff, de Kelly Reichardt

miércoles, 28 de julio de 2021

Curso online: EL CINE DE KELLY REICHARDT


CURSO DE CINE ONLINE
EL CINE DE KELLY REICHARDT
A cargo de Carolina Giudici


DOS CLASES EDITADAS EN VIDEO

Inicio del curso: cuando el asistente lo solicite

Aunque para muchos todavía sea virtualmente desconocida, Kelly Reichardt es la realizadora más importante del cine independiente estadounidense del siglo XXI, con una obra dedicada a narrar los vínculos humanos desde una mirada tan original como sofisticada. Los invito a descubrirla en este taller en donde vamos a recorrer su obra completa para abordar cuestiones como la relectura de géneros (el western, la road movie, el thriller), la mirada femenina, el "neo-neorrealismo", el ritmo del relato, la función del paisaje en el cine, la relevancia del tiempo y las temporalidades para pensar los lazos afectivos y sociales, entre otros temas.

Programa:

Clase 1: Primer acercamiento al cine de la directora a través de River of Grass, First Cow y Meek's Cutoff.

Clase 2: Análisis de Wendy y Lucy y recorrido por Night Moves, Old Joy y Certain Women
 
Características del curso:

El curso consta de dos clases grabadas en video que contienen análisis de las películas propuestas en el programa. Las clases serán enviadas por e-mail a través de Google Drive en la fecha en que el alumno lo solicite, y quedarán disponibles durante una semana para ver online o para descargar. Cada clase dura 65 minutos. Incluye también material de lectura. 

Si están interesados, les pido que me escriban y les cuento más detalles: tallerdecinedecaro@gmail.com

¡Gracias!

miércoles, 23 de junio de 2021

Tentación

"El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar..."

Alejandra Pizarnik 
(En un diálogo con Marta Moia)


La imagen pertenece a Bajo los puentes, film dirigido por Helmut Käutner

martes, 8 de junio de 2021

Esa serenidad tan anhelada...


“Una vez hice un documental llamado Cabezas parlantes, en donde les hice dos preguntas a varias personas: ¿Quién es usted? y ¿qué quiere usted? En cuanto acabé el film me puse a pensar yo mismo en esas dos preguntas. Y, a decir verdad, entendí que yo tampoco podría contestarlas. No sé quién soy ni lo que deseo. Si tuviera alguna aspiración sería alcanzar la serenidad. No he logrado encontrarla, y creo que nunca lo haré.”

Krzysztof Kieslowski
(En una entrevista realizada en 1991, incluida en el dvd de La doble vida de Verónica).

En el corto Cabezas parlantes (Gadacaje glowy, 1980), el director entrevista a un conjunto de personas que van desde un niño de apenas dos años hasta una anciana que vivió un siglo entero, pasando por todas las generaciones intermedias. Si bien cada deseo tiene un matiz diferente, es increíble constatar hasta qué punto todos -ellos, nosotros, vos, yo- en el fondo anhelamos lo mismo. 

Este cortometraje puede verse con subtítulos en español en YouTube.

martes, 25 de mayo de 2021

El cine auténtico

Por Leopoldo Torre Nilsson*

"Pienso que el creador no es un sociólogo. Casi nunca da, estéticamente, solución a la realidad. El creador produce un mundo, el ámbito con el que ha estado relacionado. Es muy raro encontrar en la historia del arte obras que signifiquen una solución social, o que interpreten el pensamiento científico. Toda obra es una suerte de interrogante. Es valiosa en la medida en que el interrogante es profundo y responde a fenómenos testimoniales de su época. El creador que siente que no maneja con seguridad los temas que está desarrollando, es porque es un creador que no vive con intensidad una problemática; ésta puede tener carácter social, temporal, pertenecer al orden de la realidad o de la irrealidad, pero pienso que si son escapistas, son inauténticos. El mundo irreal es tan importante como el mundo real. No es más válida la película que muestra el problema actual de los cañeros del norte que la que muestra la incertidumbre del hombre ante el amor; las dos pueden ser igualmente valientes. Están en estratos distintos, simplemente. Pienso, sí, que no es válida artísticamente la impostación: pensar cuáles son los grandes temas y según resulten ser los de la tierra o del amor, me pongo a hacerlos porque son grandes temas, a priori. Eso es impostación. Lo auténtico es aquello que siento necesidad de hacer."

*Fragmento de una entrevista publicada en 1960 en la revista Contracampo Nº4, y reproducida en el libro colectivo Leopoldo Torre Nilsson, una estética de la decadencia (Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken/Grupo Editor Altamira, Buenos Aires, 2002).

Descubrí El secuestrador (1958) en el año 2014, cuando fue proyectada en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Quizás sea la mejor película de Torre Nilsson y sin dudas es una de las más grandes obras del cine argentino todo. Hoy la película puede verse en YouTube.  

viernes, 21 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (IV) - Un blog de 17 mil entradas


En 2009 Luis Gruss abrió un blog titulado “Suspendelviaje". Tiene 17 mil posteos. Leyeron bien, sí. ¿Pueden creerlo? No debe existir nada parecido en todo el planeta, y el dato no hace más que confirmar la avidez de un hombre que no podía dejar de escribir, pensar, imaginar, leer, compartir. Persistir. 

En mi propio espacio he copiado varias veces entradas suyas que me fascinaron, pero ahora les pido que vayan directamente ahí: lean Suspendelviaje. Sepan que van a encontrar de todo, y en medio de ese todo van a dar con esas líneas precisas que ustedes estaban buscando hace mucho tiempo. No lo van a poder soltar. Agradezco a Andrea por mantener activo el blog de Luis, y aquí abajo comparto uno de mis textos preferidos.


Por Luis Gruss

Degradamos la lista de cosas que nos sostienen. Son pocas y encima les quitamos valor. Erróneamente suponemos que dos o tres salvavidas no alcanzarán. Pensamos que cien o doscientos serían necesarios para empezar a arrastrarnos desde el centro embravecido del mar hasta la tierra firme y segura. Dos o tres no es nada, decimos. Diez tampoco. Deben ser cien o doscientos como mínimo. Porque si no -pensamos también- caeremos junto al puente y a todo lo demás. Así no hay ni habrá salvación posible. Degradamos la lista de cosas que nos rescatan. ¿Para qué más? A veces un barco basta. 

La imagen pertenece al film Primavera tardía, de Yasujiro Ozu.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (III)


“Quisiera hoy dejar de llorar, dejar de pensar, dejar atrás, sobre todo, el oscuro valle de las inmundicias. Quién pudiera vivir sin asidero. O pegado como chicle a un navío de verdad. Ahora estoy en crisis. O, lo que es lo mismo, en virtual estado de oportunidad. Quiero pisar nuevas tierras hasta diluirme o renacer en ellas. Quiero cantar y llamar a alguien para decirle que aún es tiempo”.

Luis Gruss
Fragmento del relato "El baile", que integra el libro La carne (ediciones Atril, Buenos Aires, 2004). 

En la imagen: All or nothing (2002), de Mike Leigh

martes, 18 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (II)


Algunos fragmentos de un hermoso texto escrito por Luis Gruss y publicado hace casi 20 años en la revista Latido.
 

Cambio luego existo

"Conozco a muchas personas que viajan por el mundo sin llegar jamás a ningún sitio. Eso no quiere decir que la pasen mal. Es más, casi todos los turistas vuelven encantados de sus fascinantes recorridas. Admito que un cambio de lugar, una movida de esas que ponen todo patas para arriba, puede replantear la vida del mejor plantado. Pero eso, no nos engañemos, ocurre sólo en contadas ocasiones. Escuché la historia de una joven de la antigua China que había resuelto emprender un largo viaje; se había propuesto romper con la monotonía de sus días. Comunicó la decisión a su maestro, hombre sabio y prudente como todos los chinos, el cuál reaccionó con acritud. ¿Cómo puedes salir de viaje si los tres reinos del país aún no se han unido?, le preguntó con visible enojo. La joven de la antigua China era una chica de barrio; no tenía muchas pretensiones. Consideraba incluso, y con razón, que la unión de aquellos reinos estaba completamente fuera de su alcance. Cuando así se lo hizo saber a su maestro, éste severamente le replicó: la unión de esos tres reinos es en efecto un objetivo remoto. Pero más remota que un objetivo remoto es la carencia de objetivo. Tu viaje no tiene objetivo. 

 "Además del sabio maestro chino, otro de los mayores aguafiestas que conozco en este campo es cierto poeta portugués —soberbio y austero como pocos— que despreciaba los viajes, los cambios, la gente nueva y todas esas cosas lindas que tiene la vida. El tipo rechazaba cualquier acto, por mínimo que fuera, que lo sacara de sus frecuentes caminatas por la calle de los Doradores, en la vieja y recóndita Lisboa. Se sentía tan a gusto dentro de su órbita que ni siquiera quería leer libros diferentes a los que ya había leído. "Siento el tedio anticipado de las páginas desconocidas", escribió una tarde, oscuramente, antes de bajar a la tabaquería por la Calle de la Aduana. 

 "¿Adónde pretendía llegar este señor? Voy a exponer al respecto una hipótesis personal. Creo que Fernando Pessoa (de él estoy hablando) decía una cosa pero deseaba otra. En realidad estaba harto de su apatía endémica y hasta la padecía. Quería cambiar, quería ser otro, pero sólo pudo lograrlo a través de su inclasificable obra literaria. A veces no puedo dejar de identificarme con sus idas y vueltas, con sus contradicciones, con esa cosa de quiero y no puedo que finalmente se convertía en no quiero, no voy, no puedo. Cómo no entenderlo. Yo, sin ir más lejos, me la paso hablando mal de las fiestas, pero cuando finalmente voy a alguna me dejo llevar por la situación y la disfruto (críticamente, eso sí, no se vaya a pensar que soy un frívolo). Predico la inmovilidad porque es profunda, sólida, verdadera y todo eso, pero casi lo único que hago es moverme de aquí para allá buscando no se qué aventura maravillosa. Pessoa mismo llegó a escribir un manifiesto contra toda relación amorosa —contra cualquier compromiso terrestre, en realidad, que lo desviara de su misión sagrada— pero cuando las papas quemaban no se podía contener. Un día que se cortó la luz en la oficina donde trabajaba con Ofelia Queiroz —la única mujer que se le conoce— casi la viola sobre el escritorio. Ella misma contó el episodio en una carta. De repente la empujó contra la pared y sin que mediara una palabra (él, justamente, que en eso era un campeón) la agarró por la cintura, la abrazó y la besó apasionadamente como si estuviera loco. 

( …) 

 "Quedarse, partir, unirse, cambiar, escapar, insistir. Quizás la transgresión suprema en la era de las autopistas rápidas consista en permanecer, en comprometerse al menos con el entorno más cercano, ahondar en lo que uno es hasta el extremo de la terquedad. Antes (y debo aclarar que la palabra antes ya me está cansando) yo creía en la posibilidad de una transformación total y colectiva. Creía en la revolución. Pretendía "cambiar la vida", como pedía Rimbaud. Soñaba con el hombre nuevo, con un mundo trastocado hasta en sus últimos pliegues. No es que piense ahora que todo eso ya pasó. El mundo me sigue pareciendo un lugar peligroso, inhumano, egoísta, donde cada uno pretende salvarse por la suya. Sólo que ya no sé si puedo cambiarlo a fuerza de voluntad. No tengo un discurso, no sé de teorías, no cultivo el análisis político y social. A veces pienso incluso que la historia universal sucede a no más de veinte metros de cada uno. Y que es ahí, en ese breve territorio, donde puedo intentar alguna cosa. Quiero hacerlo. Todavía siento una responsabilidad por lo que pasa y lo que deja de pasar. Una necesidad de entrega que sigue en pie como un tronco seco dispuesto a florecer." 

Luis Gruss 

En la imagen: Las nieves del Kilimandjaro, película dirigida por Robert Guédiguian.

lunes, 17 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (1953-2021) (I)

 
“¿A qué sueño personal ya renunciamos? Y si todavía no lo hicimos, ¿por qué seguir alimentándonos de eternos imposibles? Se podría arriesgar en este punto una hipótesis tan insensata como seductora. Decir por ejemplo que de una manera o de otra todos buscamos justamente eso que la vida nos mezquina. La belleza que se oculta en la espuma de los días. El lado oscuro o luminoso de la intangible luna. O decir, también, que la desilusión nunca es total. Que hasta los que pierden la fe guardan por lo bajo una carta marcada, y esperan, como todo el mundo, enormes cambios en el último minuto”.

LUIS GRUSS 
Fragmento del ensayo “Preguntas a la esperanza”, publicado en el libro Malos poetas (Ediciones Atril, Buenos Aires, 1998).


La imagen pertenece a la película Minari, dirigida por Lee Isacc Chung

domingo, 9 de mayo de 2021

Curso de cine online: FAMILIA y DESTINO


FAMILIA y DESTINO 
A cargo de Carolina Giudici

Curso de cine online - Tres clases editadas en video
Comienza la tercera semana de mayo

Tres películas que nos trasladan a épocas y ámbitos diversos para invitarnos a sentir y pensar de qué forma la familia (o su ausencia) moldea la subjetividad de las personas, y cuánto influyen otros factores en ese proceso. La fuerza de los lazos sangre, la soledad, la frustración, la violencia, la política, el deseo, la memoria, la alienación, son sólo algunos de los temas abordados por estas películas a partir de diferentes paradigmas estéticos. En cada clase del curso se desarrollarán conceptos del lenguaje del cine y se ofrecerá una introducción a la obra del realizador para luego profundizar en el análisis del título elegido.

Programa del curso:

Clase 1: 
Análisis de "Todo o nada", de Mike Leigh (Gran Bretaña, 2002). El "método Leigh": la herencia del teatro y el realismo social británico. Coralidad y mininarrativas. Profundidad de campo y puesta en escena de lo cotidiano. Las diversas funciones de la música. 

Clase 2: 
Análisis de "Las hermanas alemanas", de Margarethe von Trotta (Alemania,1981). Crecer en la Alemania de posguerra. La mujer en la lucha política. Imagen-testimonio y figuras vicarias. La narración compleja y los distintos tipos de flashbacks: objetivo, subjetivo, clásico, modernista.

Clase 3: 
Análisis de "Ida", de Pawel Pawlikowski (Polonia, 2013). Una propuesta formalista. La retórica del blanco y negro. Desencuadre y "espacio negativo". ¿Qué busca el "estilo trascendental" en el cine? Fragmento y símbolo. El sujeto desplazado.

Dinámica del curso online:
El curso comienza la semana del 17 de mayo, pero esta modalidad permite que ustedes administren sus propios tiempos. Cada lunes les voy a mandar por e-mail la clase editada en video y tendrán tres días para verla online o descargarla desde Google Drive (al descargarla, la clase les queda para verla cuando quieran). Cada clase tiene una extensión de entre 50 y 65 minutos. Las vías de intercambios, consultas y debate del grupo estarán continuamente abiertas a través del e-mail.

Todas las películas del curso serán enviadas por anticipado vía GoogleDrive para que las descarguen y las vean en la computadora o en un televisor Led. También les voy a mandar películas complementarias para quienes quieran enriquecer la experiencia del taller ("Secretos y mentiras", "Vera Drake" y "Un año más", de Leigh; "Hannah Arendt", "Rosa Luxemburgo" y "Una mujer libre", de Von Trotta; "Last resort", "Mi verano de amor" y "Guerra fría", de Pawlikowski). El curso incluye el envío de material de lectura sobre las películas y la obra de los realizadores estudiados, además de anexos teóricos.

Para conocer más detalles sobre el curso y la dinámica de las clases, por favor escribir a tallerdecinedecaro@gmail.com, o llamar al 4865-3317.

domingo, 2 de mayo de 2021

La mujer, el trabajo y el cuerpo


Por Remedios Zafra*

Una trabajadora siempre tiene cuerpo. Su cuerpo le precede y me pregunto qué pasaría si al contratar a un hombre se le advirtiera de este asunto y sus consecuencias. "Oiga, usted tiene cuerpo", "Cuidado, usted puede ser padre". ¿Qué pasaría si serlo se utilizara como razón camuflada de excusas para no renovar un contrato o cargar de sospechas una trayectoria profesional, pendiente de un hilo por si el hombre contratado y con cuerpo decidiera "ser padre"? ¿Pensarán tal vez que siempre habrá otro entusiasta dispuesto a ocupar su puesto? ¿O quizá que el padre podría encadenar trabajos temporales y a media jornada hasta que cuidar de los hijos fuera mejor opción que contratar a alguien para cuidarlos por el mismo pequeño sueldo que él gana? Porque ¿eso es lo que se espera de un padre?

Nadie interroga a un hombre sobre su deseo de ser padre. 

*Fragmento del excelente libro El entusiasmo, precariedad y trabajo creativo en la era digital (Ed. Anagrama, Barcelona, 2017)

La imagen pertenece a Mi piace lavorare - Mobbing (2003), dirigida por Francesca Comencini, una muy buena película italiana que está disponible en YouTube (los subtítulos en español son precarios, pero se puede ver, y el film vale la pena). 

jueves, 29 de abril de 2021

Comienza el Festival de Cine de Cosquín online con una película notable: Esquirlas

Hoy comienza una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Cosquín (FICIC), por primera vez en modalidad online, con la curaduría del crítico Roger Koza. Para ver las películas tienen que entrar al sitio del festival y registrarse.

Hay muchos títulos muy atractivos en la programación, pero en principio les sugiero no perderse el extraordinario documental ESQUIRLAS, de Natalia Garayalde.

La directora tenía 12 años cuando estalló la fábrica militar de Río Tercero. Allí vivía ella con su familia, que tenía una cámara de video con la que pudieron registrar toda la experiencia y sus consecuencias. Un película política y muy personal, una de las más importantes del cine argentino de los últimos años. 

ESQUIRLAS se estrena en el FICIC hoy jueves 29 de abril a las 21:30

Más información en la página web del festival.