miércoles, 27 de mayo de 2020

Estar en mis ojos


"Aprender a mirar los ojos, a mirar lentamente, profundamente, aprender a escuchar con los ojos. Nadie puede soportar la interrogación del silencio, se ha escrito. Nadie puede soportar la interrogación de los ojos. Los ojos nos descubren y nos encubren. Cuánto tiempo tarda un hombre en ser dueño de sus ojos, cuánto tiempo he tardado yo en habitar mis ojos, vivir en ellos, poblarlos. Porque generalmente huimos la región de los ojos, demasiado clara, y nos agazapamos en los sótanos del cuerpo. Hay que irse a vivir a los ojos como a lo alto de la claraboya, a las claras buhardillas de la casa, a los cielos del cuerpo. Estar en mis ojos para que se me vea y para ver."

Francisco Umbral
(Fragmento de su libro "Mortal y rosa")

En la imagen: Moonlight, de Barry Jenkins.

sábado, 23 de mayo de 2020

El después


"Tal vez la eternidad sea despertar de una siesta bien dormida con los ojos entregados al asombro...."

Leonardo Favio
(Revista Ñ - 07/04/08)


viernes, 22 de mayo de 2020

Los paranoicos, de Gabriel Medina


Bailar solo. Eso hace Luciano Gauna (Daniel Hendler) durante la noche en su departamento. Se fuma un porro, se queda casi a oscuras, pone a todo volumen una música furiosa… y baila con eléctrica belleza. Algo cercano a lo alucinante se condensa en esa escena: ese muchacho al que creíamos un pusilánime necesita encerrarse para liberarse y brillar.

Nadie lo ve bailar, claro. Porque Gauna está solo. Es un ser plomizo, dubitativo, limitado. No es falta de talento lo que vuelve tan retraído. Es lisa y llana inseguridad. Si le preguntan qué hace, él dice que está “escribiendo un guión”, pero es poco y nada lo que tiene resuelto. Se gana unos pesos como animador de fiestas infantiles, disfrazándose de un muñecote violeta con rasgos alienígenas al que los chicos conocen como “Cachito”. Vive de prestado en un departamento que en otro tiempo perteneció a la abuela de su histórico amigo Manuel. Y es justamente el inesperado arribo de Manuel lo que desatará el conflicto en Los paranoicos.

A diferencia del taciturno Gauna, Manuel (Walter Jakob) es un joven de paso firme que ya fue y vino muchas veces. Tiene una carrera exitosa en España como productor de cine y televisión. Tiene una novia llamada Sofía (Jazmín Stuart), una mujer hermosa que por una de esas vueltas del destino debe instalarse unos días en la casa de Gauna. Favores entre amigos. Cosas que pasan.

Debut en el largometraje de Gabriel Medina, Los paranoicos es una comedia de coloraciones amargas, con una factura cuidada y un relato disfrutable puntuado esporádicamente por cierta languidez (tono que resulta inevitable dado el perfil dramático del protagonista). La crítica local señalizó con acierto los rastros en esta película del cine de Martín Reijtman y Juan Villegas, además de las semejanzas que presenta Gauna con el maníaco-depresivo que interpretó Adam Sandler en Embriagado de Amor (Punch-Drunk Love), de Paul Thomas Anderson. Pero más allá de los guiños o las carencias (como el papel de Stuart, al que le falta espesor), Los paranoicos se destaca por una puesta en escena inteligente consagrada a la fina construcción del personaje central.



En una entrevista publicada en la revista El Amante, el director del film dice que “hay mucho en el lenguaje físico como expresión de la psicología, en el hecho de que Gauna no pueda mirar a los ojos, en esa energía contenida bajo un disfraz de tipo introspectivo”. Es precisamente la forma en que la cámara registra el rostro de Hendler, su mirada siempre huidiza, su hablar entrecortado, su pavor, lo que permite al espectador entablar una irreprimible complicidad con la percepción ansiosa del personaje. Portentosos primeros planos, estupenda utilización de la música y una fotografía lúgubre que convierte al departamento común y corriente del protagonista en una cueva personalísima y enigmática, un espacio que nos cuesta abandonar una vez terminada la proyección.

Hay algo en Gauna que lo hace inolvidable. Él sabe que es un cobarde. Hasta que le llega la hora de actuar. La película narra ese instante con toda la euforia que un cuerpo es capaz de aplacar durante años. De fondo, una Buenas Aires húmeda y desierta. Esa ciudad que es única y es nuestra.



Los paranoicos puede ver en YouTube

miércoles, 20 de mayo de 2020

Intuición

 
"Los que cambian el mundo no son los que tienen mucho amor propio, sino los hombres y mujeres que están preparados para hacer el ridículo."

P. D. James, en su novela "Hijos de los Hombres".

En la imagen: el gran Jasper (Michael Caine) en el film Children of Men, de Alfonso Cuarón.

lunes, 18 de mayo de 2020

Refugio


"...ahora pienso que la sala de un cinematógrafo es el lugar que yo elegiría para esperar el fin del mundo."

Adolfo Bioy Casares (en su relato "Amores imposibles")

La imagen pertenece a Take Shelter, notable film de Jeff Nichols.

sábado, 16 de mayo de 2020

Un movimiento de afectividad



Por Franco Berardi*

“La conexión es una relación con el otro que puede ser funcional pero no tiene la sutileza que pertenece a la conjunción, al contacto ambiguo e insinuante, a la palabra que siempre está abierta a nuevas interpretaciones y nuevas evoluciones. Claro que la epidemia instala un problema muy profundo de deserotización de la relación social y de desrealización de la experiencia. Hemos aprendido a hacer casi todo online pero no todo se puede y creo que a nivel antropológico, psíquico, y también político mucho se jugará a nivel de lo que no puede ser reducido a la conexión. (...)

“Deberíamos discutir este problema desde un punto de vista psicoanalítico y poético. Pero pienso que se puede producir también un efecto contrario. Es decir, que el encanto de la virtualización podría romperse y un movimiento poderoso de acercamiento y de afectividad podría manifestarse, porque la dimensión online se volverá el recuerdo de una época angustiosa, como un síntoma de la enfermedad. Veo el espacio de un verdadero movimiento cultural, estético y social.”

*Fragmentos de una entrevista publicada en el diario “Clarín” (16/05/20)

En la imagen: In the mood for love, de Wong Kar-wai

viernes, 15 de mayo de 2020

Sin ningún amo


"Eres libre para ir adonde quieras. Vete, entonces. Alcanza esa libertad sin tierra y... buena suerte. Pues si descubres una forma de vivir sin servir a ningún amo, sea cual fuere, cuéntanos a los demás cómo lo lograste. Pues serías el primero en la historia del mundo."

Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), en el film The Master, de Paul Thomas Anderson

jueves, 14 de mayo de 2020

Jaulas


“No se puede sobornar a la infelicidad con pastillas”.

Es Marion Crane (Janet Leigh) quien pronuncia esta brillante línea de diálogo, durante la segunda secuencia de Psicosis (Psycho, 1960). Desde que la muchacha llega a la oficina, esa mañana, dice sentir un persistente dolor de cabeza, por lo cual su compañera le propone tomar unas pastillas. Ojo que no son aspirinas sino “tranquilizantes” recomendados por un especialista. Pero Marion sabe que su angustia no se aplacará con unos comprimidos y un vaso de agua. Su angustia, la de su amante, la de tantos millones, surge por no tener el dinero suficiente para vivir un poquito mejor. Pero entonces… ¿qué significaría "vivir mejor"?

Hay mucha melancolía en Alfred Hitchcock. Mucha soledad. No fue un genio solamente por la forma en que exploró, expandió y enriqueció el lenguaje del cine. Hitchcock fue inmenso porque jamás olvidó que el miedo más atroz proviene del mero hecho de existir. Estamos en peligro desde que empezamos a respirar.

A veces imagino un mundo futuro en donde el cine será un arte perimido. En ese futuro ya nadie tendrá palpitaciones. Los nervios estarán regulados por ansiolíticos que se aplicarán a los bebés como si fueran vacunas. La genética habrá constituido un sujeto que sólo responderá a estímulos publicitarios. En ese hipotético planeta, mirar una película será como asistir a una excavación arqueológica. Los científicos buscarán documentos sobre la subjetividad de nuestra época. Cuando lleguen a la disección de Psicosis, no importarán tanto las imágenes hoy emblemáticas, como la escena de la ducha, la caída de Arbogast, el torso desnudo de John Gavin, el rostro tenso de Leigh al volante, el auto en el pantano, la mansión gótica, el cadáver reseco en el sótano…

Lo que perdurará será otra cosa. Los historiadores necesitarán comprender por qué la ciencia terminaría transformando al sujeto en un ser menos complicado, sin rastros de autocrítica ni de "locura". Encontrarán la explicación en los relatos antiguos, cuando los humanos todavía denunciaban el dolor de la existencia, cuando asumían la dureza de sus jaulas pero, al mismo tiempo, deseaban escapar y pedían auxilio a través del arte.

Lo que quedará de Psicosis como pieza de museo será la conversación que sostienen Norman Bates (Anthony Perkins) y Marion en esa sala del hotel plagada de pájaros embalsamados. Dice Norman: “Todos tenemos nuestra 'trampa' privada. Estamos atrapados en ellas y ninguno de nosotros puede liberarse. Arañamos y rascamos... pero sólo contra el aire, sólo contra nosotros mismos. Y a pesar de todo eso, no nos movemos un solo centímetro.”




Texto publicado en junio de 2010

miércoles, 13 de mayo de 2020

Lonely people


"El mundo está lleno de gente solitaria 
temerosa de dar el primer paso."

Lo dice Tony Lip (Viggo Mortensen) en Green Book, una buena película que muchos colocaron apresuradamente en el cómodo cajón de la "corrección política". La película de Peter Farrelly es más sutil y honesta de lo que muchos quieren creer.

martes, 12 de mayo de 2020

Prevención


"Yo desconfío de los que nunca dudan."

Bernardo Carman (Luis Medina Castro) 
en el film Dar de la cara
dirigido por José A. Martínez Suárez

lunes, 11 de mayo de 2020

Deber ser


"Siempre nos adaptamos a lo que dicen los demás, 
aunque estén equivocados."

Gabriele (Marcello Mastroianni), 
en el film Una giornata particolare, de Ettore Scola. 

viernes, 8 de mayo de 2020

Nuevas texturas


Por Jorge Carrión*

“Los mundos creados por las teleseries comienzan in media res, en el momento de crisis (de cambio) en que se inician todos los grandes relatos. No hay introducción. No hay previously on. No hay dramatis personae. El episodio piloto retrata a los personajes profesional y familiarmente, con su máscara (lo que quieren representar) desencajada, súbitamente violentados. Se ofrece tal como es a las pupilas del espectador, mediante cámaras que vacilan sobre el hombro del camarógrafo, en planos que vibran, a través de texturas que parecen sucias, en planos fijos que emulan los de las cámaras de seguridad. (…) Todo se retrata con la misma ilusión de verdad que encontramos en un documental y en el cine que ha incorporado su estética. Porque las teleseries persiguen la creación de un mundo. Sellan desde su inicio un pacto con el telespectador para que éste asuma que lo que está viendo es tan real y tan ficticio como la vida misma. Un mundo paralelo al que relacionarse desde la adicción.”

*Fragmento del estupendo libro “Teleshakespeare. Las series en serio”. (Editorial Interzona, Buenos Aires, 2014) 

Las imágenes pertenecen a Bloodline, una serie de Netflix muy entretenida sobre una familia con algunas cuentas pendientes y diversos problemas a resolver. 

martes, 5 de mayo de 2020

Rostros


Sometimes I feel like a motherless child
Long, long way from my home


(Aquí en la voz de Darius Rucker)

Esta canción, interpretada por Odetta, también se escucha en El evangelio según San Mateo (Il vangelo secondo Matteo), la película más bella de Pier Paolo Pasolini.  

domingo, 3 de mayo de 2020

Lectura recomendada: "Hollywood en Don Torcuato", de Andrés Fevrier

Acaba de publicarse en formato digital un libro muy especial, así que les pido sólo un minuto de su tiempo para contarles algo:

En los años ‘80 ocurrió algo en Argentina que no se volvió a repetir, al menos no con tanta intensidad: se rodaron diez películas a partir de un acuerdo entre la compañía Aries, fundada por Héctor Olivera y Fernando Ayala, y el mítico Roger Corman, productor norteamericano que fue padrino de muchos de los mejores cineastas contemporáneos (Scorsese, Coppola, Cameron y tantos más). Todas esas películas tenían fines abiertamente comerciales: la mayoría son rarezas absolutas hoy poco recordadas, salvo quizás por los fanáticos del “cine de culto”.
 
Pero “Hollywood en Don Torcuato” es un libro que vale la pena leer aun cuando nunca te hayas cruzado con alguna de estas películas. En primer lugar porque la investigación periodística a cargo de Andrés Fevrier es de esas que ya casi no existen: aunque desconozcamos por completo el tema, es la propia organización del material la que va construyendo en nuestra mente un mural lleno de detalles. Hay un gran trabajo de archivo, excelentes fotografías y muchas entrevistas que aportan datos y anécdotas riquísimas (hablan el propio Olivera, José Pablo Feinmann, Alberto Lecchi), y todo está narrado con un estilo tan riguroso como ameno. Pero por sobre todas las cosas, transitar este libro implica adentrarse en el corazón de la maquinaria del cine clase B y descubrir hasta qué punto la sociedad Corman-Olivera representó una posibilidad de trabajo, entrenamiento y maduración en el oficio para muchos artistas y técnicos argentinos. Es todo un capítulo en la historia de la industria del cine nacional que nunca había sido explorado con la profundidad que merecía. Hasta ahora.
 
Muchos de ustedes, sobre aquellos que alguna vez asistieron a mis cursos de cine, lo conocen a Andrés. Este libro necesita toda la difusión que puedan hacer. Por favor compartan esta publicación si conocen a personas que podrían estar interesadas (es un material particularmente atractivo para estudiantes de cine o para quienes estén vinculados a la realización de películas). En este enlace encontrarán el PDF para descargarlo de forma gratuita. ¡Gracias!

miércoles, 29 de abril de 2020

Tren que pasa


Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Octavio Paz 
(Fragmento del poema “Más allá del amor”)

En las imágenes: Marlene Dietrich en el film Blonde Venus, de Josef von Sternberg

martes, 28 de abril de 2020

De la fe y el darse cuenta

"Creo que la fe es injusta: me parece muy injusto que algunas personas tengan fe y otras no la tengan. Cuando somos felices no nos damos cuenta. Eso también es injusto”.

Cosas que nunca te dije (Things I never told you), pequeña gran película de Isabel Coixet.

lunes, 27 de abril de 2020

El futuro tan temido



- ¿Cuál es el horizonte más temido que vislumbra a futuro? 

- Volvernos adictos a una eternidad mediocre. Comprar un servicio para que las personas que amamos sigan recibiendo cada tanto un WhatsApp, aunque estemos muertos. Ya está toda la tecnología necesaria para eso. 

 Quien responde es LUCRECIA MARTEL, en una entrevista publicada en La Nación-Revista (Ir al artículo completo). 

En la imagen: 2046, de Wong Kar-wai

viernes, 24 de abril de 2020

Sugerencias surtidas para ver en Netflix


En las vísperas de otro fin de semana que deberemos pasar adentro de casa, les dejo aquí cinco recomendaciones de películas para ver en Netflix. Hay para todos los gustos.

Una comedia triste: LOS MEYEROWITZ, la familia no se elige, de Noah Baumbach. Estupenda película del mismo director de Historia de un matrimonio, con un reparto inmejorable: Hoffman, Sandler, Stiller, y la gran Elizabeth Marvel (la vimos hace poco en “Unbelievable”). Diálogos brillantes y personajes que se sienten muy cercanos.

Un drama social: YO, DANIEL BLAKE, de Ken Loach. La pobreza de la clase trabajadora en Inglaterra. La desesperación. La necesidad de asistencia médica y la humillante burocracia. Es dura, pero creo que hay que verla.

Una de terror: VIENE DE NOCHE (It comes at night), de Trey Edward Shults. Una familia se recluye en su cabaña porque algo extraño sucede afuera aunque no saben bien qué es. Reconozco que no es el mejor contexto para recomendar esta película, pero si el género les gusta, les aseguro que vale la pena. No es un terror clásico. Es otra cosa, quizás indescifrable. Ambigua y muy inquietante.

Un emblema del western: SHANE, el desconocido, de George Stevens. Una película de 1953 que ha marcado a muchos narradores clásicos contemporáneos: Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain, por ejemplo, o El jinete pálido, de Clint Eastwood, tienen sus raíces en Shane.

Una rareza francesa: NOCTURAMA, de Bertrand Bonello. La narración de esta película tiene uno de los mejores comienzos que he visto en los últimos años: seguimos la trayectoria de diversos personajes que se van cruzando con motivaciones que no deberíamos revelar (traten de no leer de qué se trata). Ellos son jóvenes y saben que este mundo está equivocado. Una película imperfecta pero interesante y entretenida.

jueves, 23 de abril de 2020

La situación se torna delicada


Basta mirar el sol
a través de un vidrio ahumado
para ver que la cosa va mal;
¿o les parece a ustedes que va bien?
 

Yo propongo volver
a los coches tirados por caballos
al avión a vapor
a los televisores de piedra.
 

Los antiguos tenían razón:
hay que volver a cocinar a leña.


Nicanor Parra

miércoles, 22 de abril de 2020

¿Qué quiere usted?


“Una vez hice un documental llamado Cabezas parlantes, en donde les hice dos preguntas a varias personas: ¿Quién es usted? y ¿qué quiere usted? En cuanto acabé el film me puse a pensar yo mismo en esas dos preguntas. Y, a decir verdad, entendí que yo tampoco podría contestarlas. No sé quién soy ni lo que deseo. Si tuviera alguna aspiración sería alcanzar la serenidad. No he logrado encontrarla, y creo que nunca lo haré.”

Krzysztof Kieslowski
(En una entrevista realizada en 1991, incluída en el dvd de La doble vida de Verónica).

En el corto Cabezas parlantes (Gadacaje glowy, 1980), el director entrevista a un conjunto de personas que van desde un niño de apenas dos años hasta una anciana que vivió un siglo entero, pasando por las todas generaciones intermedias. Si bien cada deseo tiene un matiz diferente, es increíble constatar hasta qué punto todos -ellos, nosotros, vos, yo- en el fondo anhelamos lo mismo. 

Este cortometraje puede verse con subtítulos en inglés en YouTube.

martes, 21 de abril de 2020

Después


"Cuando todo ha sido dicho, cuando la escena principal parece haberse cerrado, está el después; y me parece importante mostrar al personaje precisamente en estos momentos, de frente y de espaldas, su gesto y su actitud, porque sirven para aclarar todo lo que ha sucedido y lo que, de todo lo sucedido, permanece en el interior del personaje."

Michelangelo Antonioni


La imagen pertenece a la película La aventura.

sábado, 18 de abril de 2020

Lost Girls, de Liz Garbus


La película Lost girls (Chicas perdidas) es una buena continuadora de la estética del “policial discreto” que hemos ponderado en el comentario sobre la miniserie Unbelievable en el post anterior.

La historia, basada en hechos reales, pone el foco en las madres que deben unirse y movilizarse cuando la justicia es nula. El caso confirma, tristemente, que para el sistema existe cierta "categoría" de mujeres cuyas muertes no ameritan investigaciones serias. La protagonista es Amy Ryan, la clase de actriz que sabe calzarse todo tipo de papel y lucir siempre genuina. Pueden verla en Netflix.

martes, 14 de abril de 2020

UNBELIEVABLE: un análisis audiovisual


Comparto un comentario que publiqué en YouTube sobre INCONCEBIBLE, excelente miniserie de Netflix dirigida por Lisa Cholodenko. 

Primera parte

Segunda parte

sábado, 11 de abril de 2020

Recomendación: Manhunt: Unabomber


¿Qué pasa por la cabeza de un hombre que aspira a crear una revolución intelectual enviando bombas por correo? Ése fue el proyecto del extraño Ted Kaczynski, y esta tensa miniserie narra su curiosa historia y la de los policías que lo investigaron. Está en Netflix (no confundir con la serie Mindhunter, también buena aunque algo despareja).

jueves, 9 de abril de 2020

En Netflix: Girl, de Lukas Dhont


Por Jean-Luc Nancy*

El cuerpo es material. Es aparte. Distinto de otros cuerpos. Un cuerpo empieza y termina contra otro cuerpo. Incluso el vacío es una especie sutil de cuerpo.


Un cuerpo no está vacío. Está lleno de otros cuerpos, pedazos, órganos, piezas, tejidos, rótulas, anillos, tubos, palancas y fuelles. Un cuerpo también está lleno de sí mismo: es todo lo que es.


El alma es la forma de un cuerpo organizado, dice Aristóteles. Pero el cuerpo es precisamente lo que dibuja esta forma. Es la forma de la forma, la forma del alma.


El alma está extendida por todas partes a través del cuerpo, dice Descartes, está enteramente por todas partes a lo largo de él, en él mismo, insinuada en él, escurrida, infiltrada, impregnante, tentacular, insuflante, modelante, omnipresente.


Nada más singular que la descarga sensible, erótica, afectiva que ciertos cuerpos producen sobre nosotros (o bien, inversamente, la indiferencia en que nos dejan ciertos otros). Tal conformación, tal tipo de ligereza, tal color de pelo, un aspecto, cierta distancia entre los ojos, un movimiento o un dibujo del hombro, del mentón, de los dedos, casi nada, pero un acento, un pliegue, un rasgo irremplazable... No es el alma, sino el espíritu de un cuerpo: su punta, su firma, su olor.


El cuerpo es una prisión o un dios. No hay término medio.


*Fragmentos del ensayo "58 Indicios sobre el Cuerpo".

Las imágenes pertenecen a la extraordinaria película Girl, dirigida por Lukas Dhont.

miércoles, 8 de abril de 2020

El consejero


“La razón no da respuestas. No puedo saber qué me deparará el futuro. Tenemos que elegir a pesar de la incertidumbre. La sabiduría sostiene dos verdades contradictorias en nuestra mente, simultáneamente. Esperanza y desesperación. Una vida sin desesperación es una vida sin esperanza. Mantener estas dos ideas en nuestra cabeza es la vida misma.”

Se lo extrañaba a Paul Schrader en buena forma. Su nueva película se llama First Reformed y la protagoniza el gran Ethan Hawke.

Pueden verla en este sitio

domingo, 5 de abril de 2020

En Netflix: El vuelo, de Robert Zemeckis


“Por cierto que de este mundo no podemos caernos. 
Estamos definitivamente en él.” 

Christian Dietrich Grabbe*

Darlo vuelta. Lo primero que vemos en la película es el breve plano de un avión en ascenso. Y luego, un pezón. Una mujer se levanta de la cama, mareada, inestable, y camina totalmente desnuda por una habitación, buscando sus prendas. Su cuerpo llama la atención, no sólo porque es bellísimo, sino porque el tiempo que el relato le dedica a esa desnudez no es algo común dentro del cine mainstream. Hablamos de unos segundos apenas, y en ese momento quizás no seamos del todo conscientes, pero esa decisión de puesta en escena intenta trascender la simple sensualidad (o la provocación, si quieren) para imponerse como un acto de franqueza, un pacto de cercanía que anticipa el verdadero tema de El vuelo (Flight): el dolor de estar irremediablemente expuestos, sin abrigos, ni control, ni consuelo. La inversión de expectativas es sólo una de las diversas maniobras sorpresivas que contiene la película, pues el trailer nos había preparado para las curvas de un film catástrofe y de repente uno se encuentra sumergido en la desolación de un hombre adicto al alcohol. Y no hay secuencia de acción que pueda superar el espectáculo de esa primera y caudalosa lágrima que vierte Denzel Washington cuando despierta en el hospital y le comunican quiénes murieron en el accidente.

Act of God. Más allá de este bienvenido desplazamiento de géneros (agreguemos que John Goodman aparece dos veces trayendo la comedia pura en su mochila), toda la narración de la película es absolutamente diáfana y sincera. Y ya desde el comienzo, a través de un montaje paralelo, el film advierte que por allí también ronda Nicole (Kelly Reilly), una chica adicta a la heroína que terminará involucrada con el protagonista. Al explicitar por adelantado ese cruce dramático, Zemeckis parecería asumir que como demiurgo detrás de la fábula él puede conocer y predecir los destinos de los personajes, mientras la historia en sí misma postula que en lo real sucede justamente lo opuesto: hay que convivir con el azar y el absurdo. La narración jamás especula ni oculta la información esencial sobre la conducta del capitán Whip Whitaker (Washington), y es por eso que uno se siente tan absorbido por este relato, que logra convencernos siempre, incluso frente al delirio del vuelo invertido. Es lícito pensar que el vodka y la cocaína fomentaron en parte el arrojo y la lucidez del héroe para franquear los límites de lo factible. O tal vez no, quién sabe. Lo que queda claro -para el espectador agnóstico, al menos- es que casi cien personas se salvaron gracias a un hombre que tomó las decisiones correctas en el instante preciso. Otros prefieren hablar de un milagro. Pero... "¿qué tuvo que ver Dios en esto?", se pregunta Whip mientras en el fondo del cuadro vemos la cúpula de la capilla que quedó destruida por el aterrizaje forzoso. Y ahí recordamos la escena en la que el ala del avión le arranca literalmente la cruz a la iglesia, un momento que Zemeckis elige mostrar en cámara lenta, aun cuando eso implica frenar el ritmo de la vertiginosa caída. Podría deducirse que con ese gesto la película anula la posibilidad de la fe religiosa. Pero también podría ser todo lo contrario. 

Wilson. Debe ser que a Dios lo necesitamos en la ficción, aunque sólo sea como un personaje más, como función o compulsión. Dios mete su cola en esta historia y se calza distintos trajes con sigilo, casi sin que nos demos cuenta. Para algunos, los mortales no somos más que dados sacudidos en un cubilete planetario, y lo único que Dios puede darnos es la certeza del azar, como dice el joven enfermo de cáncer en una de las escenas más memorables de la película (“Perdemos demasiado tiempo intentando controlarlo todo”). Para otros, hay que rezarle al Señor porque él es el gran organizador, el tapón del caos: para muchos sobrevivientes el accidente fue un prodigio divino que hay que leer desde la lógica de la predestinación. Whip Whitaker no cree en nada ni en nadie, y sin embargo en su desesperación final también recurre a Dios. Pero el dios del protagonista, junto con todos los otros dioses que deambulan por el film, no hacen más que replicar aquí el rol que la pelota Wilson cumplía en Náufrago: simplemente, se trata de inventar un amigo con quien hablar. Imaginar que estamos un poco menos solos.

Denzel. Así y todo, Wilson también se alejaba, y Tom Hanks volvía a estar solo y a la deriva. En Náufrago Zemeckis suprime a Wilson para confirmar la intangibilidad del símbolo frente a la soledad ontológica del ser humano. Hoy es una pelota, mañana será una fotografía, mucho antes fue el sol. Pero ningún símbolo se sostiene sin voluntad, y a esto también se refiere El vuelo. Y aquí es cuando el director decide hacer foco en el cuerpo, pues frente a todos los discursos que buscan darle peso al "espíritu", en este film la voluntad no puede disociarse del cuerpo y su obstinada materialidad. ¿Qué puede hacer la razón cuando el cuerpo se empecina en tironear para el otro lado? Nunca lo habíamos visto a Denzel Washington así, tan titánico y a la vez tan frágil, con tanta tristeza y con tanta necesidad de hundir la cabeza como una tortuga. Él, un actor de porte volcánico, de grandes parlamentos, sonrisa insuperable y dicción contundente, aquí muchas veces se ve obligado a hablar entre dientes, avergonzado, como cuando le pide a una colega que mienta por él, cuando no lo vemos directamente mascullar incongruencias mientras agita una botella vacía. Es extraordinaria toda la secuencia en el hotel previa al temido interrogatorio: allí el actor condensa en cada temblor toda la ansiedad del personaje y su subversiva abstinencia, para llegar finalmente a ese plano brutal que lo muestra tumbado en el baño, con un rastro de sangre que certifica su estado de inconsciencia. Denzel nos da la espalda, casi no vemos su cara, pero uno no puede dejar de sentir sobre los propios hombros la gravedad de ese físico inmenso y vencido que desde algún lugar callado clama por auxilio, y al que a la vez sólo le queda resto para entregarse al abandono. Es así nomás... de este mundo no podemos caernos. 

* Christian Dietrich Grabbe en su obra Hannibal, citado por Sigmund Freud en El malestar en la cultura. 

Esta reseña surgió de una charla sobre El vuelo que mantuve con el amigo Andrés Fevrier, autor del blog Cinematófilos. (¡Gracias por las ideas!).

FLIGHT está disponible en Netflix

sábado, 4 de abril de 2020

Pronóstico


"Hay muchos tipos de calma.
Ésta no me gusta nada".

El capitán
(En Fitzcarraldo, de Werner Herzog)

martes, 31 de marzo de 2020

Fuerzas contrarias


“Si nuestra época ha alcanzado una interminable fuerza de destrucción, hay que hacer la revolución que cree una interminable fuerza de creación, que fortalezca los recuerdos, que precise los sueños, que corporice las imágenes”.

Juan Goytisolo


Frase pronunciada por el escritor en Notre Musique, hermoso film-ensayo-manifiesto de Jean-Luc Godard.

lunes, 30 de marzo de 2020

¿Cómo saber si es amor?, de James L. Brooks


El cine de James L. Brooks despliega un don que él no puede permitirse en su trabajo como guionista de sitcoms: sus películas tienen tiempo. Al no estar sometido a la tiranía del gag, la brevedad y el remate televisivos, Brooks en sus films se toma revancha y prolonga las escenas un poco más de lo que es habitual en las comedias del mainstream. How do you know dura 121 minutos (¡no es para tanto!) y es una de las películas más cortas en la obra del director. Sin embargo, muchos críticos protestaron por su “duración excesiva” y su consecuente falta de timing. Algo pasa con la crítica y la impaciencia, pero éste no es un problema que incumba a Brooks. Por suerte, él deja que sus relatos respiren sin correr a los personajes con un cronómetro, sobre todo cuando ellos conversan y necesitan construir la intimidad, el descubrimiento progresivo del otro.

“¿No desearías a veces poder apretar el botón Delete y borrar todo lo que decís, incluso mientras lo estás diciendo?”, le dice George (Paul Rudd) a Lisa (Reese Witherspoon) luego de un comentario desafortunado. Ella lo entiende porque se siente igual de ansiosa y desorientada. Ambos están en una forzosa etapa de transición y no tienen idea de lo que vendrá. A él lo obligaron a dejar su cargo como ejecutivo, acusado de manejos turbios en la empresa en la que trabajaba y que pertenece a su padre (Jack Nicholson), que a su vez es el verdadero responsable del delito. Ella es una jugadora de softball que ya pasó la barrera de los treinta y por eso acaban de desplazarla del equipo que lideró durante años. Ambos están nerviosos, cometen torpezas, hablan de más. George no sabe cómo enfrentar a su padre; Lisa no logra definir qué le pasa con Matty (Owen Wilson), el tercero en discordia.

Si algo debemos agradecer al guión es su voluntad de esquivar la fórmula del malentendido. En lugar de fomentar los típicos enredos que brincan veloces de una acción a otra, el realizador prefiere destinar a cada situación el tiempo de expansión que merece, haciendo que los personajes atraviesen en cada caso todo el arco de incomodidades iniciales, desvíos y consecuencias (una de las cuales, claro, es enamorarse). Este ritmo particular en la evolución dramática ayuda a airear la puesta en escena y hallar sutiles espacios para la contemplación. Y aunque Brooks escribe diálogos brillantes, con varias líneas muy divertidas, lo que uno más recuerda de sus películas son los momentos en donde los personajes callan, como aquel de Mejor Imposible (As good as it gets) en el que Helen Hunt posaba desnuda para Greg Kinnear, una escena de inesperada felicidad en la cual el protagonista principal del film estaba ausente. En How do you know, de repente, el verborrágico Paul Rudd elige el silencio y la mirada atenta para confirmarle a Witherspoon lo que ella necesita: es un hombre que sabe escuchar.

Hay muchas cosas para decir sobre este film, pero voy a señalar sólo dos más. En primer lugar, los colectivos. Ni George ni Lisa poseen un auto en la ficción, y por lo tanto deben tomar el transporte público, un hecho original -para el cine de hoy, no para nosotros, los mortales- que además aporta una escena hermosa y cercana (¿quién no dejó pasar colectivos cuando quien nos acompaña en la parada es alguien a quien no queremos despedir?). Segundo, el personaje de Matty, un ídolo del baseball que no quiere compromisos pero termina enganchado con la protagonista. Al principio este personaje amenaza con ser la apoteosis de la arrogancia y la banalidad, un sujeto de un solo color que vendría a funcionar a la vez como comic relief y como polo villanesco opuesto al bueno de George. Sin embargo, para nuestra sorpresa, Matty va exhibiendo sus matices hasta conquistarnos definitivamente a fuerza de dignidad, y todo gracias a ese inmenso comediante llamado Owen Wilson, la verdadera frutilla de esta película encantadora. 


Esta película actualmente puede verse en Netflix.