sábado, 8 de agosto de 2020

Curso de cine online: FAMILIA Y DESTINO


FAMILIA y DESTINO
A cargo de Carolina Giudici

Curso online: Tres clases editadas en video + Charlas vía Zoom

Dos opciones:
Miércoles a las 19:00, desde el 26 de agosto

Lunes a las 18:00, desde el 31 de agosto

Tres películas que nos trasladan a épocas y ámbitos diversos para invitarnos a sentir y pensar de qué forma la familia (o su ausencia) moldea la subjetividad de las personas, y cuánto influyen otros factores en ese proceso. La fuerza de los lazos sangre, la soledad, la frustración, la violencia, la política, el deseo, la memoria, la alienación, son sólo algunos de los temas abordados por estas películas a partir de diferentes paradigmas estéticos. En cada clase del curso se desarrollarán conceptos del lenguaje del cine y se ofrecerá una introducción a la obra del realizador para luego profundizar en el análisis del título elegido. 

Clase 1: TODO O NADA, de Mike Leigh (Gran Bretaña, 2002)

Clase 2: LAS HERMANAS ALEMANAS, de Margarethe von Trotta
(Alemania, 1981)

Clase 3: IDA, de Pawel Pawlikowski (Polonia, 2013)

Encuentros vía Zoom - Dos opciones:
Miércoles a las 19:00 - Fechas: 26/08; 02/09; 09/09
Lunes a las 18:00 - Fechas: 31/08; 07/09; 14/09

Antes de cada encuentro vía Zoom el asistente podrá acceder online a una clase editada en video en donde realizo una introducción a la obra del director y analizo fragmentos de la película. Luego en la charla en grupo vamos a conversar sobre las ideas e interrogantes propuestos en el análisis. Para participar no se necesitan conocimientos previos sobre cine.

Van a poder ver online o descargar todas las películas del curso y también otras del mismo autor que voy a compartir. Para conocer más detalles sobre el curso y la dinámica de las clases, por favor escribir a tallerdecinedecaro@gmail.com, o llamar al 4865-3317.

viernes, 7 de agosto de 2020

Recomendación: MOOLAADÉ, de Ousmane Sembene


Considero que la película Moolaadé (2004), del cineasta senegalés Ousmane Sembene, es una de las obras más importantes estrenadas en lo que va de este siglo. Cuenta cómo un grupo de mujeres en un pueblo de Burkina Faso se unen para luchar contra la mutilación genital de las niñas.

Moolaadé (palabra que significa "protección") puede verse subtitulada en YouTube y también en el sitio Zoowoman.

La película integra un ciclo sobre cine africano organizado por la Sección “Estudios Interdisciplinarios de Asia y África, de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), que propone subir comentarios sobre las películas a su página de Facebook todos los viernes a las 18:00, a cargo de docentes especializados en cultura africana. Hoy van a comentar Moolaadé.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Gente a contramano

"Se sentó en el Foro de Corrientes y Uruguay. Sólo había dos clientes, mujer y hombre, uno en cada extremo del local. Pablo se preguntó quiénes serían esos madrugadores. Tal vez gente que no había dormido. Gente a contramano, como él. Tomó una taza grande de café. Después salió, anduvo en el aire frío que olía a limpio y comenzó a sentirse optimista. En esto reconocía una forma especialmente suya de relacionarse con la ciudad. El enfrentamiento con el cielo de las mañanas siempre lo sosegaba y lo reconciliaba con el mundo. No importaba la carga que arrastrara ni lo que hubiera sucedido el día anterior ni las pesadillas nocturnas. Andar en la luz nueva era una forma de recomenzar, de darse otra oportunidad."

Antonio Dal Masetto
Fragmento de la novela "Hay unos tipos abajo".

La imagen pertenece a la película homónima basada en la novela, dirigida por Rafael Filipelli. Está disponible en YouTube.

lunes, 3 de agosto de 2020

Reencuentro

   
"..la vida no es tan sólo despedirse continuamente, sino que la vida tiene también mucho de ilusionarse humanamente con volver a encontrar aquello que hemos perdido." 

Federico Jeanmaire
(En su novela "Mitre")

En la imagen: Ficción (2006), exquisita película dirigida por Cesc Gay (una de mis preferidas de siempre).

sábado, 1 de agosto de 2020

El paraíso imperfecto



-Es cierto —dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno—; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve. 

Augusto Monterroso

La imagen pertenece a Carta a un padre, de Edgardo Cozarinsky, una película con hermosos cielos y muchas preguntas. Puede verse en YouTube

viernes, 31 de julio de 2020

Algo así como la Historia...


"Y le ocurría que este distanciamiento, este no participar para nada en los hechos, de alguna manera muy confusa, muy subterránea, lo disgustaba y, hasta cierto punto, lo avergonzaba. Sin siquiera confesárselo se sentía culpable. ¿Culpable de qué? Era difícil explicarlo. Tal vez de insensibilidad, de indiferencia, de sentir ese anquilosamiento paulatino de una parte de sí. De una parte que en otro tiempo (seamos honestos: durante el brevísimo tiempo de la militancia universitaria y la revistita) había vibrado, o había querido vibrar con... con algo que tampoco podía definir con exactitud pero que significaba algo así como la Historia, o el país, o la gente, o tal vez algo simplemente más abierto, más limpio, más generoso que su miserable mundo de todos los días".

Humberto Constantini
Fragmento de su novela "La larga noche de Francisco Sanctis" (Ed. Tren en Movimiento, Buenos  Aires, 2017).

En la imagen: Diego Velázquez en la excelente transposición de la novela al cine que hicieron Andrea Testa y Francisco Márquez. La película puede verse online aquí

miércoles, 29 de julio de 2020

Un hueco



"¿Qué nos enseña el cine sino el descubrimiento sin cesar ampliado de sus límites, de lo que falta a la mirada y a la escucha en el momento mismo de su exaltación? Es solamente para ser desmentido que se le da a los dos sentidos privilegiados en la sesión cinematográfica esta suerte de poder total. El desmentido, la decepción, la sensación de tope, de un límite, de un hueco en nuestro propio sistema perceptivo y cognitivo son exactamente lo que nos deja el aprendizaje privilegiado."

Jean-Louis Comolli

(Fragmento de su ensayo “Cine contra espectáculo”, publicado en el libro Filmar para ver. Escritos de teoría y crítica de cine. Ed. Simurg-FADU)

En la imagen: Million Dollar Baby, de Clint Eastwood

lunes, 27 de julio de 2020

El arte y el reloj


"La duración de una obra es lo que la cultura que la ve nacer pueda permitirse como tiempo robado (tiempo ocioso) al funcionamiento del capital que se mueve en sus estructuras más profundas."

Rafael Spregelburd
(Revista "Otra parte" - Primavera 2008)


En la imagen: Mariano Llinás en el rodaje de La Flor.

sábado, 25 de julio de 2020

Nobody knows I'm here, de Gaspar Antillo


Me pareció hermosa esta película chilena. Tiene una trama sencilla pero aun así se las ingenia para preservar algunas sorpresas hasta el último minuto. Les sugiero verla sin conocer detalles de la historia. Está en Netflix.


Marta: Parece que va a haber tormenta.
Tío Braulio:  ¿Lo dices por el viento?
Marta: No. Por la aplicación.
 
Marta y Braulio habitan el mismo lugar pero no leen los signos del entorno de la misma forma. De a poco, la tecnología fue invadiendo los rincones más remotos de la tierra y ya nadie es capaz de aislarse por completo. Tampoco Memo. Él se instaló en la isla para esconderse, para huir de algo... o de todos. Huir de la mirada del otro. 

Hoy nos abruman infinitos libros, tesis y conferencias que abordan la cuestión filosófica del cuerpo, desde todo ángulo posible. Pero nadie que esté afuera de un cuerpo condenado puede ni siquiera imaginar lo que se sufre realmente. Hay demasiada teoría y muy poco roce con el verdadero dolor. Esta película humilde logra acercase a esa tristeza con una sensibilidad fuera de lo común. 


Memo sabe que no es invisible. Desaparecer totalmente podría ser una opción, aunque algo del orden del deseo parece pelearse con ese último recurso. El relato se interna precisamente ahí, en esos pliegues íntimos de la subjetividad en donde un ser todavía lucha por ser quien es y no aquello que desde siempre le dictaron los ojos de los demás. Pero claro… es una lucha que cansa. Memo está agotado y el cuerpo impone sus propios límites. Aquí es cuando el personaje de Marta se torna esencial.


Una serie de peripecias llevan a Memo a enfrentar el trauma. Quizás -realmente no lo sé- contar su verdad en público le permita empezar a vincularse de otra forma con su propia identidad y su pasado. Pero la posibilidad concreta de apertura surge cuando Memo constata que alguien es capaz de mirarlo con sincera ternura: mirarlo como persona y no como una rareza. Por eso en la última escena no tenemos la certeza de un triunfo de la voluntad o de una transformación superadora. El final es tan solo un cuerpo abrazando a otro cuerpo de forma genuina.

viernes, 24 de julio de 2020

jueves, 23 de julio de 2020

Comprender en vez de juzgar


Por Albert Camus*

“Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de cualquier cosa. Por el contrario, si me es necesario es porque no me separa de nadie, y me permite vivir, tal como soy, a la par de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres, ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues, al artista a no aislarse; le somete a la verdad, a la más humilde y más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia más que confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo hacia los demás, equidistante entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso, los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar. Y si han de tomar partido en este mundo, sólo puede ser por una sociedad en la que, según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si en ello consiente. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones, en el otro extremo del mundo, basta para sacar al escritor de su soledad, por lo menos, cada vez que logre, entre los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trate de recogerlo y reemplazarlo, para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.”


*Fragmento de su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura (1957).

La imagen pertenece a la extraordinaria La promesa (La promesse), película dirigida de Pierre y Jean-Luc Dardenne. 

Pueden ver la película online en este sitio.

jueves, 16 de julio de 2020

Expansiones


"Diez o quince años después de Apocalypse Now! estaba en un hotel en Inglaterra y agarré el principio de la película. Terminé viéndola completa. Y no era tan rara como pensaba. Había, en cierto modo, expandido lo que la gente estaba dispuesta a tolerar en una película".

Francis Ford Coppola
(En un artículo publicado en el suplemento Radar del diario "Página/12". Ir al texto completo).

miércoles, 15 de julio de 2020

The Children's Hour


Texto publicado en 2010, cuando acababa de 
sancionarse la Ley de Matrimonio Igualitario.

Debe ser el déjà vu cinematográfico más curioso que me tocó experimentar. Allá por los años 90, en el cable, me topé con La mentira infame (The children’s hour), dirigida por William Wyler. Un par de años después, también en televisión (es increíble comprobar cuántos buenos clásicos programaban antes en el cable), me dispuse a ver Infamia (These three), que tenía un argumento llamativamente similar a la película anterior y estaba firmada por… William Wyler.

¿Las dos pertenecían efectivamente al mismo Wyler? ¿El mismo de Cumbres Borrascosas y Rosa de Abolengo? ¿Y cómo sería entonces la obra de teatro original? Ahora uno confirma esos datos finos con solo entrar a IMDB, pero hace quince años esto no era automático, salvo que uno tuviera una enciclopedia completísima. Lo único evidente era la diferencia fundamental entre ambas versiones: The children’s hour, estrenada en 1961, exponía un amor homosexual que These three, en 1936, no podía ni siquiera sugerir. Por eso no se trata de un remake más: nació de una necesidad de Wyler de hacer justicia, y se vengó del código Hays readaptando la misma obra pero esta vez con un personaje que sufre de verdad y confiesa sentirse “anormal” (nadie pronuncia la palabra lesbianismo).

La autora de la pieza original es Lilliam Hellman, quien colaboró como guionista en varias películas de Wyler. La historia transcurre en un colegio para niñas dirigido por dos jóvenes profesoras (Audrey Hepburn y Shirley McClaine en la versión de 1961). Una de las alumnas -particularmente dañina y manipuladora- le cuenta un día a su abuela que vio a las maestras en una actitud “sospechosa”, narración al oído que queda fuera de nuestro alcance, justamente porque ya no importará su veracidad. El eje del film es la fuerza devastadora del prejuicio, pero más allá de la infamia que deben afrontar las protagonistas, lo que el realizador no quiso eludir es el profundo dolor de una persona que no puede aceptarse a sí misma porque la sociedad se lo prohíbe.

Y pensar que hace unas semanas en el debate por la ley de matrimonio igualitario todavía se hablaba de “aquello que es natural y aquello que no lo es”. Ayyy… si pudiera le sacaría un pasaje a Wyler de regreso a la vida para que hiciera una tercera versión aquí en Argentina. Apuesto a que nos regalaría una encantadora comedia de enredos (aunque no fuera su género habitual), contento de que una partecita del mundo haya dado un paso hacia una mejor humanidad.



The Children’s Hour (EE.UU, 1961)
Título local: La mentira infame
Dirección: William Wyler
Con Audrey Hepburn, Shirley McClaine, James Garner, Miriam Hopkins, Karen Balkin.

Las dos películas de Wyler pueden verse online:
These Three
The Children's Hour

martes, 14 de julio de 2020

En guardia


Alguien te sigue a veces en silencio.
Las cosas nunca dichas
Se transforman en actos.
Atraviesas la noche en las manos del sueño,
Pero el otro, implacable,
No te abandona: lucha
Contra la irrealidad, la falsa vida
Donde todo es ocaso.
Frágil perseguidor que eres tú mismo,
Lo has obligado a ser, en guardia siempre,
El minucioso espejo que no olvida.

José Emilio Pacheco
("La falsa vida")


La pintura pertenece a George Tooker ("Subway", 1950)

lunes, 13 de julio de 2020

Libro recomendado


En unas semanas van a cumplirse 20 años del estreno de Nueve reinas, y es una buena oportunidad para recordar este libro que publicó el BAFICI en 2016 dedicado a Fabián Bielinsky.

Pueden descargar el libro completo, de forma gratuita, desde este sitio.

domingo, 12 de julio de 2020

Vacío


"Cuando una está sola, todos los hoteles 
son demasiado grandes".

Nora (Delia Garcés), en la versión de Casa de Muñecas
que dirigió Ernesto Arancibia en 1943.

sábado, 11 de julio de 2020

Pero igual... hay algo primordial


Por Ana Katz*

“¿Qué es una buena familia? ¿Ésa en la que comen todos juntos, o ésa en la que cada uno come en su cuarto? ¿Qué es una buena madre? ¿La que sabe siempre qué están haciendo los hijos? Yo intentaba describir el mundo de la familia desde lo extraño, no desde lo familiar. Lo familiar es lo que todos sabemos; los Benvenuto, la comida, ‘hijo, ¿volvés tarde?’. Es lo que uno sabe de oído. Y a mí lo que me interesaba era que a un tipo, de golpe, todas las escenas supuestamente familiares se le volvieran desconocidas. Es algo que me parece terrorífico.”

*En una entrevista sobre su excelente film debut, El juego de la silla (Publicada en el suplemento Radar de Página/12 - Julio de 2003)

La película puede verse en YouTube.

miércoles, 8 de julio de 2020

martes, 7 de julio de 2020

Necesidad del otro


Por James Baldwin*


No puedo ser pesimista porque estoy vivo. Ser pesimista significa que hemos aceptado que la vida humana es una cuestión académica, así que estoy obligado a ser optimista. Estoy obligado a creer que podemos sobrevivir a lo que sea.

Pero…


Los negros en este país… el futuro de los negros en este país es precisamente tan luminoso o tan oscuro como el propio futuro del país. Depende completamente del pueblo estadounidense y no de los representantes. Depende del pueblo estadounidense decidir si van a enfrentar al desconocido que difamaron por tanto tiempo, a lidiar con él y a aceptarlo.


Lo que los blancos tienen que hacer es encontrar en sus corazones el porqué es necesario tener a un "negro", para empezar. Porque no soy un negro, soy un hombre. Pero si crees que soy negro, es porque lo necesitas.


Ésa es la pregunta que se deben hacer los blancos de este país, al norte y al sur, porque es un sólo país, y para el negro no hay diferencia entre norte y sur, es sólo una diferencia en la manera de castrarte, pero el hecho de castrar es la realidad estadounidense...


Si no soy el negro aquí y ustedes lo inventaron, ustedes los blancos lo inventaron, pregúntense por qué. Nuestro futuro depende de ello, de si se puede o no hacer esa pregunta.



*Fragmentos del excelente documental I Am Not Your Negro (2016), dirigido por Raoul Peck.

sábado, 4 de julio de 2020

Más allá de la vida, de Clint Eastwood


 Texto publicado en 2011

Más allá de la vida (Hereafter) es un blanco fácil para las lecturas arrojadas desde la soberbia y la precipitación. Mary Ann-Johansson, por ejemplo, dice en su reseña que lo único que explica la existencia de esta película es que Clint Eastwood se está volviendo senil. Muchos críticos se confiesan asombrados frente al nivel de “ridiculez” de Hereafter, pero en vez de detenerse a desmenuzar los matices, se quedan en el rechazo irónico, ese acto reflejo tan cómodo y tan extendido en este oficio. Algún mandato periodístico internalizado -aunque no demasiado discutido- nos apura a establecer juicios conclusivos que demuestren la “seguridad” del ojo entrenado, y en este automatismo mucha veces se eluden los grises, esas zonas que quizás contengan lo más complejo de la obra, la puerta que invita a transitar las formas. Y eso es justamente lo que intento hacer en este espacio: interrogar al cine. Hurgar en las dudas antes de alojarme en los diagnósticos cerrados.

En Hereafter Matt Damon es un médium que se comunica con personas recientemente fallecidas. Tiene ese don desde su adolescencia, cuando una enfermedad lo dejó al borde de la muerte. Le alcanza con tomar un instante las manos de un allegado al muerto para conectarse con la voz que le habla desde el otro lado. También puede ver el rostro del muerto en una especie de flash fugaz y muy artificial (y sí, el cine depende de la figuración). La comunicación dura un par de minutos, pero aporta suficiente información como para que el familiar en pena se quede conforme.

Nada de esto es demasiado nuevo para el cine. Es más, resulta llamativamente elemental la manera en que Eastwood expone estas “intervenciones paranormales”, con una discreción que nos deja un poco helados, quizás porque al tópico lo tenemos muy asociado a otros géneros y otros contextos. Y aquí reside el desafío del film, porque justamente la primera barrera a romper es nuestro escepticismo, la jactancia de creer sólo en aquello que puede probarse. Hereafter demuestra un enorme respeto por lo que no conocemos. Es una película sobre la fe, un intento por recuperar el espacio de lo metafísico en la vida cotidiana. Este anhelo debe ser lo que a muchos críticos les resultó absurdo. Otra vez, lo que más cuesta es vencer el prejuicio.

Al final, no te explican bien qué pasa después de la muerte”, dijo una señora ansiosa cuando terminó la proyección. Y el punto es que la película no tiene como objetivo hacer una gran revelación al respecto. Nadie sabe qué pasa después, salvo a través de los numerosos “testigos” que confirman el cliché: quien se acerca a la muerte ve una luz y se siente invadido por la paz. Luz brillante, siluetas espigadas, imágenes repetidas que se han convertido en lugar común, el único lugar que tenemos. Por eso el relato insiste con esos túneles blancos. Lo demás es silencio. No pretendamos inventar el reverso. Aceptemos que la razón no puede penetrar lo más esencial. Asumamos los límites, partamos de lo que conocemos -la tierra firme del clasicismo- a ver si al menos algunas emociones genuinas logran compensar el vacío radical.

Aunque es clara la atmósfera de solemnidad que baña la película, por momentos parece no tomarse demasiado en serio a sí misma, como en la secuencia de la feria del libro, en donde se evidencia cómo la producción editorial lucra con las experiencias en catástrofes, ya sea con un ensayo espiritual como el que publica el personaje de Cécile de France, o con un relato de supervivencia en apariencia morboso como el que presenta el autor que la sucede en el mismo stand. Existe toda una industria cultural dispuesta a explotar el temor a la muerte, y Hereafter no esconde que es parte del juego.

Lo más intenso es la historia de los hermanos gemelos ambientada en un barrio humilde de Londres. La escena que reúne a uno de ellos y a Damon en el hotel probablemente sea la más significativa de la película. Porque allí se impone una diferencia: el mensaje que llega desde el más allá no resulta suficiente. Es el ser viviente, y no el fantasma, el único capaz de encontrar las palabras justas para el consuelo.

jueves, 2 de julio de 2020

Simplemente... CONTINUAR



Dijo CLINT EASTWOOD, en una entrevista publicada en enero de este año:

“Nunca imaginé que iba a llegar hasta aquí. Cuando empecé a actuar 60 años atrás, no pensaba que algún día mi trabajo se iba a terminar, entonces uno simplemente espera que lo que hace le lleve a algún sitio. En cuanto a mi edad, debo confesar que de vez en cuando levanto la cabeza y me pregunto cómo es que todavía sigo trabajando y me cuestiono si no tendría que buscarme un buen asilo para ir a vivir. De todos modos, creo que he tenido suerte y he heredado los genes de mi abuelo, que me permiten seguir adelante. Pero tampoco tengo la seguridad. En cualquier caso, sé que no tengo que cuestionarme mucho nada y simplemente continuar.”


La nota completa puede leerse aquí.

jueves, 25 de junio de 2020

Testigos de la desintegración


“Veo al país desintegrándose y contemplar cómo eso ocurre es una de las grandes tragedias de mi vida. No puedo decir lo triste que me pone. Pero lo que sale a la superficie son los viejos problemas, no la economía sino las creencias sociales. Es un resabio religioso en contra del secularismo. Gente que quiere un país blanco y otros que quieren uno múltiple. Gente que cree que el aborto es un crimen, y otros que piensan que debe existir el derecho a elegir. Gente que cree que llevar armas está bien, que pueden matar a cualquiera porque son estadounidenses y libres, y otros que piden controlar la posesión de armas, y así. Es una guerra social y por eso intratable, no se soluciona regalando autos nuevos o muebles. Es una enfermedad profunda”. 

Paul Auster 
Fragmento de una entrevista publicada en el sitio del diario “La voz del interior”. Ir al texto completo.

La imagen pertenece a Loving (2016), excelente film de Jeff Nichols.

martes, 16 de junio de 2020

Entre el decir y el pensar


"El diálogo dice una cosa y la puesta en escena dice otra. Este es el punto fundamental de la puesta en escena. Me parece que las cosas ocurren a menudo así en la vida. Las personas no expresan sus pensamientos más profundos, tratan de leer en la mirada de sus interlocutores y, con frecuencia, intercambian palabras triviales mientras intentan adivinar algo profundo y sutil."

Alfred Hitchcock
, en diálogo con François Truffaut en El cine según Hitchcock.

En la imagen: el director en el rodaje de Los pájaros.

sábado, 13 de junio de 2020

Heridas

Por Paul Auster *

Creo que alguien se convierte en artista, particularmente en escritor, porque no está del todo integrado. Algo está mal en nosotros, sufrimos por algo, es como si el mundo no fuera suficiente, entonces sentís que tenés que crear cosas e incorporarlas al mundo. Una persona saludable estaría contenta con tomar la vida como viene y disfrutar la belleza de estar vivo... no se tiene que preocupar por crear nada. Alcanza con hacer un trabajo interesante, amar a alguien, comer buena comida, vivir todo lo que se pueda, morir. Esa parece una linda forma de vivir. Otros, como yo, estamos atormentados, tenemos una enfermedad, y la única manera de soportarla es haciendo arte. Es decir, si estoy haciendo esto, es porque algo está mal. ¿Qué es lo que está mal? Difícil decirlo porque estas heridas se producen cuando sos muy joven.

* Fragmento de una entrevista publicada en la revista Ñ del diario Clarín (18/02/12).

domingo, 7 de junio de 2020

Up in the air, de Jason Reitman


Texto publicado en 2010

“En Estados Unidos hay una cosa que se valora en los empleos: el lastre cero. Se llama a una persona de lastre cero a aquella que no tiene raíces, que tiene pareja pero no está enamorada, que no tiene hijos o los tiene distanciados, que tiene una formación pero no es una formación muy vocacional. Es un mundo ligero y volátil, propenso a desvanecerse”.

Vicente Verdú


[Aclaración: en este comentario se revelan detalles de la resolución de la historia. Si no vieron la película, se las recomiendo. Los espero luego.]

Con el cine de Jason Reitman flotamos. Tanto en Gracias por fumar como en Juno, y ahora explícitamente en su nuevo film, el director inyecta burbujas de amabilidad en los asuntos más delicados y nos hace observar los hechos desde cierta altura, montados en la sonrisa de esos protagonistas que parecen comprenderlo todo y actuar en consecuencia. Frescos y limpios, surfeamos el relato sin percibir que el humus que lo sostiene es mucho más negro y amargo de lo que nos gustaría admitir. Porque nos vendieron una comedia romántica (¡Amor sin escalas!) y resulta que Up in the air no sólo le hace pito catalán a la felicidad, sino que se acerca demasiado a la orilla existencial opuesta: la del vacío.

Ya saben de qué se trata: Ryan Bingham (George Clooney) se dedica a despedir trabajadores. En plena debacle económica de Estados Unidos, mientras muchas empresas quiebran y otras diseñan las inevitables "reestructuraciones", Ryan viaja por todo el país para consolar a cientos de personas diciéndoles que, a pesar de estar en la calle, “ahora empieza la verdadera libertad”. Algunos lloran, otros patalean. Una señora promete tirarse de un puente.

Ryan cumple todos los requisitos del lastre cero que exige la sociedad actual. Él pondera ese status y ofrece conferencias sobre cómo alcanzarlo (seamos honestos: los asistentes a esas charlas lucen aburridos e incrédulos, sabiendo que el discurso de Ryan es pura autoayuda marketinera). Tiene un pequeño departamento en Omaha que prácticamente no habita, ya que vive volando de ciudad en ciudad, acostumbrado a los hoteles, las relaciones casuales, los deseos en WI-FI. Ninguna atadura, salvo ese vínculo tramposo imposible de erradicar: la propia sombra. El inconsciente, lo que hace dudar.

Y dudar significa perder el avión. Irse de pista y lanzarse a lo imprevisible (o al amor, que es lo mismo). Ryan se juega, pero la realidad lo cachetea, confirmando sus peores sospechas.

No sabemos qué sentir cuando la película termina. Tanta soledad junta resulta difícil de digerir. Quienes se enojaron con el film le reclaman a Ryan que no haya reaccionado con mayor ferocidad ante la noticia de la mujer suicida, como para dejar sentado que su labor es miserable (¿es que acaso esto no había quedado clarísimo desde el inicio?). Pero también podríamos pensar que debido a ese hecho trágico se suspenderán los despidos vía Internet para volver al esquema cara a cara, triste victoria pírrica para un Ryan que ya está demasiado integrado al sistema, funcional y resignado. Es más coherente que la historia deposite cierta esperanza en la joven Natalie (Anna Kendrick), que decide regresar a sus pagos para empezar de nuevo.

Otros cuestionan el film por el “castigo moralista” que le impone a Ryan al negarle un romance serio con Alex (Vera Farmiga). Pero para creer que el destino efectivamente lo está condenando, la película debería haber intentado certificar que la otra opción -el proyecto de pareja- ofrece algún tipo de curación como garantía. Este es el punto en donde Up in the air nos tira a la tierra sin paracaídas. La hermana mayor se está separando. La otra hermana se casa con un inseguro de temer (es genial la escena en la salita del jardín de infantes, con el protagonista vendiéndole espejitos de colores a su futuro cuñado). Natalie apostó a su novio y fracasó. Ni siquiera Alex convence cuando defiende su familia, su “vida real”, esa estructura de la que cada tanto necesita escapar. A los hijos de Alex no los vemos, mucho menos a su marido. Refugiada en su autoproclamada “madurez”, el personaje de Farmiga tal vez sea el más triste de todos.

No hay paraíso, es cierto, y cada día cuesta más romper el cristal líquido para comunicarnos de verdad. Sólo quedan los momentos: algún festejo, un buen recuerdo, un dulce adiós. Parece poco, pero son esos los momentos que Reitman enciende con colores, vibración y hermosa música. Mientras todo se derrumba, encontrarse con los otros todavía tiene sentido. Sin hipocresías. Desde ese piso deberíamos partir, y no al revés. Es por este motivo que, al final del relato, los testimonios de los desocupados rescatan la importancia de los afectos. Algunos dirán que se trata de palabras demasiado cursis para un film anclado en el cinismo. Sin embargo, ante la criminal teoría del lastre cero, Up in the air sugiere que el afecto es hoy la única trinchera desde la que podemos combatir.


Up in the air actualmente puede verse en Netflix.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Estar en mis ojos


"Aprender a mirar los ojos, a mirar lentamente, profundamente, aprender a escuchar con los ojos. Nadie puede soportar la interrogación del silencio, se ha escrito. Nadie puede soportar la interrogación de los ojos. Los ojos nos descubren y nos encubren. Cuánto tiempo tarda un hombre en ser dueño de sus ojos, cuánto tiempo he tardado yo en habitar mis ojos, vivir en ellos, poblarlos. Porque generalmente huimos la región de los ojos, demasiado clara, y nos agazapamos en los sótanos del cuerpo. Hay que irse a vivir a los ojos como a lo alto de la claraboya, a las claras buhardillas de la casa, a los cielos del cuerpo. Estar en mis ojos para que se me vea y para ver."

Francisco Umbral
(Fragmento de su libro "Mortal y rosa")

En la imagen: Moonlight, de Barry Jenkins.

sábado, 23 de mayo de 2020

El después


"Tal vez la eternidad sea despertar de una siesta bien dormida con los ojos entregados al asombro...."

Leonardo Favio
(Revista Ñ - 07/04/08)


viernes, 22 de mayo de 2020

Los paranoicos, de Gabriel Medina


Bailar solo. Eso hace Luciano Gauna (Daniel Hendler) durante la noche en su departamento. Se fuma un porro, se queda casi a oscuras, pone a todo volumen una música furiosa… y baila con eléctrica belleza. Algo cercano a lo alucinante se condensa en esa escena: ese muchacho al que creíamos un pusilánime necesita encerrarse para liberarse y brillar.

Nadie lo ve bailar, claro. Porque Gauna está solo. Es un ser plomizo, dubitativo, limitado. No es falta de talento lo que vuelve tan retraído. Es lisa y llana inseguridad. Si le preguntan qué hace, él dice que está “escribiendo un guión”, pero es poco y nada lo que tiene resuelto. Se gana unos pesos como animador de fiestas infantiles, disfrazándose de un muñecote violeta con rasgos alienígenas al que los chicos conocen como “Cachito”. Vive de prestado en un departamento que en otro tiempo perteneció a la abuela de su histórico amigo Manuel. Y es justamente el inesperado arribo de Manuel lo que desatará el conflicto en Los paranoicos.

A diferencia del taciturno Gauna, Manuel (Walter Jakob) es un joven de paso firme que ya fue y vino muchas veces. Tiene una carrera exitosa en España como productor de cine y televisión. Tiene una novia llamada Sofía (Jazmín Stuart), una mujer hermosa que por una de esas vueltas del destino debe instalarse unos días en la casa de Gauna. Favores entre amigos. Cosas que pasan.

Debut en el largometraje de Gabriel Medina, Los paranoicos es una comedia de coloraciones amargas, con una factura cuidada y un relato disfrutable puntuado esporádicamente por cierta languidez (tono que resulta inevitable dado el perfil dramático del protagonista). La crítica local señalizó con acierto los rastros en esta película del cine de Martín Reijtman y Juan Villegas, además de las semejanzas que presenta Gauna con el maníaco-depresivo que interpretó Adam Sandler en Embriagado de Amor (Punch-Drunk Love), de Paul Thomas Anderson. Pero más allá de los guiños o las carencias (como el papel de Stuart, al que le falta espesor), Los paranoicos se destaca por una puesta en escena inteligente consagrada a la fina construcción del personaje central.



En una entrevista publicada en la revista El Amante, el director del film dice que “hay mucho en el lenguaje físico como expresión de la psicología, en el hecho de que Gauna no pueda mirar a los ojos, en esa energía contenida bajo un disfraz de tipo introspectivo”. Es precisamente la forma en que la cámara registra el rostro de Hendler, su mirada siempre huidiza, su hablar entrecortado, su pavor, lo que permite al espectador entablar una irreprimible complicidad con la percepción ansiosa del personaje. Portentosos primeros planos, estupenda utilización de la música y una fotografía lúgubre que convierte al departamento común y corriente del protagonista en una cueva personalísima y enigmática, un espacio que nos cuesta abandonar una vez terminada la proyección.

Hay algo en Gauna que lo hace inolvidable. Él sabe que es un cobarde. Hasta que le llega la hora de actuar. La película narra ese instante con toda la euforia que un cuerpo es capaz de aplacar durante años. De fondo, una Buenas Aires húmeda y desierta. Esa ciudad que es única y es nuestra.



Los paranoicos puede ver en YouTube

miércoles, 20 de mayo de 2020

Intuición

 
"Los que cambian el mundo no son los que tienen mucho amor propio, sino los hombres y mujeres que están preparados para hacer el ridículo."

P. D. James, en su novela "Hijos de los Hombres".

En la imagen: el gran Jasper (Michael Caine) en el film Children of Men, de Alfonso Cuarón.

lunes, 18 de mayo de 2020

Refugio


"...ahora pienso que la sala de un cinematógrafo es el lugar que yo elegiría para esperar el fin del mundo."

Adolfo Bioy Casares (en su relato "Amores imposibles")

La imagen pertenece a Take Shelter, notable film de Jeff Nichols.

sábado, 16 de mayo de 2020

Un movimiento de afectividad



Por Franco Berardi*

“La conexión es una relación con el otro que puede ser funcional pero no tiene la sutileza que pertenece a la conjunción, al contacto ambiguo e insinuante, a la palabra que siempre está abierta a nuevas interpretaciones y nuevas evoluciones. Claro que la epidemia instala un problema muy profundo de deserotización de la relación social y de desrealización de la experiencia. Hemos aprendido a hacer casi todo online pero no todo se puede y creo que a nivel antropológico, psíquico, y también político mucho se jugará a nivel de lo que no puede ser reducido a la conexión. (...)

“Deberíamos discutir este problema desde un punto de vista psicoanalítico y poético. Pero pienso que se puede producir también un efecto contrario. Es decir, que el encanto de la virtualización podría romperse y un movimiento poderoso de acercamiento y de afectividad podría manifestarse, porque la dimensión online se volverá el recuerdo de una época angustiosa, como un síntoma de la enfermedad. Veo el espacio de un verdadero movimiento cultural, estético y social.”

*Fragmentos de una entrevista publicada en el diario “Clarín” (16/05/20)

En la imagen: In the mood for love, de Wong Kar-wai

viernes, 15 de mayo de 2020

Sin ningún amo


"Eres libre para ir adonde quieras. Vete, entonces. Alcanza esa libertad sin tierra y... buena suerte. Pues si descubres una forma de vivir sin servir a ningún amo, sea cual fuere, cuéntanos a los demás cómo lo lograste. Pues serías el primero en la historia del mundo."

Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), en el film The Master, de Paul Thomas Anderson

jueves, 14 de mayo de 2020

Jaulas


“No se puede sobornar a la infelicidad con pastillas”.

Es Marion Crane (Janet Leigh) quien pronuncia esta brillante línea de diálogo, durante la segunda secuencia de Psicosis (Psycho, 1960). Desde que la muchacha llega a la oficina, esa mañana, dice sentir un persistente dolor de cabeza, por lo cual su compañera le propone tomar unas pastillas. Ojo que no son aspirinas sino “tranquilizantes” recomendados por un especialista. Pero Marion sabe que su angustia no se aplacará con unos comprimidos y un vaso de agua. Su angustia, la de su amante, la de tantos millones, surge por no tener el dinero suficiente para vivir un poquito mejor. Pero entonces… ¿qué significaría "vivir mejor"?

Hay mucha melancolía en Alfred Hitchcock. Mucha soledad. No fue un genio solamente por la forma en que exploró, expandió y enriqueció el lenguaje del cine. Hitchcock fue inmenso porque jamás olvidó que el miedo más atroz proviene del mero hecho de existir. Estamos en peligro desde que empezamos a respirar.

A veces imagino un mundo futuro en donde el cine será un arte perimido. En ese futuro ya nadie tendrá palpitaciones. Los nervios estarán regulados por ansiolíticos que se aplicarán a los bebés como si fueran vacunas. La genética habrá constituido un sujeto que sólo responderá a estímulos publicitarios. En ese hipotético planeta, mirar una película será como asistir a una excavación arqueológica. Los científicos buscarán documentos sobre la subjetividad de nuestra época. Cuando lleguen a la disección de Psicosis, no importarán tanto las imágenes hoy emblemáticas, como la escena de la ducha, la caída de Arbogast, el torso desnudo de John Gavin, el rostro tenso de Leigh al volante, el auto en el pantano, la mansión gótica, el cadáver reseco en el sótano…

Lo que perdurará será otra cosa. Los historiadores necesitarán comprender por qué la ciencia terminaría transformando al sujeto en un ser menos complicado, sin rastros de autocrítica ni de "locura". Encontrarán la explicación en los relatos antiguos, cuando los humanos todavía denunciaban el dolor de la existencia, cuando asumían la dureza de sus jaulas pero, al mismo tiempo, deseaban escapar y pedían auxilio a través del arte.

Lo que quedará de Psicosis como pieza de museo será la conversación que sostienen Norman Bates (Anthony Perkins) y Marion en esa sala del hotel plagada de pájaros embalsamados. Dice Norman: “Todos tenemos nuestra 'trampa' privada. Estamos atrapados en ellas y ninguno de nosotros puede liberarse. Arañamos y rascamos... pero sólo contra el aire, sólo contra nosotros mismos. Y a pesar de todo eso, no nos movemos un solo centímetro.”




Texto publicado en junio de 2010