viernes, 13 de abril de 2018

20º BAFICI - Becoming Cary Grant


Becoming Cary Grant (Francia, 2017)
Dirección: Mark Kidel
Sección: Películas sobre películas

Cary Grant se casó cuatro o cinco veces. ¿O fueron seis? Cuesta llevar la cuenta mientras vemos la película. Grant siempre tuvo serios problemas para vincularse con las mujeres y por eso postergó su deseo de formar una familia, pero recién pudo comprender el origen del trauma cuando se sometió a un tratamiento con LSD que le permitió acceder a los rincones sellados de su inconsciente. En los años ’50, la aplicación de esta droga en la terapia psicoanalítica era un ejercicio legal. Para el actor fueron casi cien sesiones de psicodélicas revelaciones, una experiencia bisagra que él describió en una autobiografía no publicada y que funciona como disparador narrativo de este documental firmado por Mark Kidel. El relato se construye a partir una escisión. Una subjetividad en fuga. Un muchachito herido que no lograba reconocerse en ese galán de carisma descomunal que habitaba en la pantalla. Un hombre partido, que creció en un hogar triste y muy pobre en la ciudad inglesa de Bristol, y llegó a ser una de las estrellas más refulgentes y unánimemente adoradas del Hollywood clásico.


Jonathan Pryce presta su templada voz para que el espectador pueda sentir las memorias de Grant con la cercanía del relato en primera persona. Al mismo tiempo, el film incluye una serie de grabaciones caseras que el actor registró con su cámara portátil a lo largo de su vida, material de archivo inédito que da cuenta de una mirada activa y curiosa. Tenemos también los testimonios -típicos del género- de figuras que lo conocieron, aunque no son muchos en este caso, dado que en general sus contemporáneos ya fallecieron. Su última esposa y su única hija aportan sus semblanzas, y se intuye que fueron ellas quienes le cedieron los escritos autobiográficos y las filmaciones hogareñas a la producción del film. Y me pregunto -especulación mía, aclaro- si este pacto con la familia podría ser el motivo por el cual la película prefiere no decir nada sobre las relaciones íntimas que el actor mantuvo con otros hombres (muchos testigos han confirmado que este hecho no era simplemente un rumor). Esta omisión fue lo que varias críticas le reprocharon a Becoming Cary Grant, ya que la película parece no querer (o no poder) hacerse cargo de la cuestión homosexual, actitud que resulta extraña en una obra que desde el comienzo se propone como una indagación sincera en la psicología del personaje. De todas maneras, y más allá de esta omisión, lo que fracasa en el film es justamente la zona biográfica que el director más se empeña en ilustrar: todo lo referido a la terapia lisérgica se expone de forma rudimentaria, con innecesarias “escenas de reconstrucción” fuera de foco que pretenden simular a un Grant inquieto en el diván del analista, junto a una reiteración de ideas que se atoran en un freudismo elemental.

Sin embargo, y pese a todo, el aura sabe imponer con orgullo su perdurabilidad. Por eso todo digno documental de montaje -y más aún si es un documental cinéfilo- puede compensar sus carencias cuando decide mostrar fragmentos de las películas a cargo del personaje homenajeado. Mark Kidel cumple con la promesa e incorpora delicias imperecederas de Hawks, de Cukor, de Stevens, de Hitchcock, además de sumar imágenes preciosas del actor en sus inicios como acróbata o de sus días como padre. Y entonces sí, el goce. Esa elegancia arrolladora. Ese cuerpo elástico que a veces jugaba a ser torpe. Esa boca pícara. Esos ojos que fascinan cuando miran de reojo. Esa especie de magia. Y esa resolución irrebatible a la hora de besar… No. No busquen comparaciones ni herederos en el cine actual. De esos besos ya no quedan más.


Becoming Cary Grant vuelve a proyectarse el sábado 21 de abril, a las 17, y el domingo 22 de abril, a las 12.30, ambas funciones en el Village Recoleta.

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