lunes, 9 de enero de 2017

Bauman (1925-2017)

Por Zygmunt Bauman*

"Nada en el mundo está destinado a perdurar, y menos aún a durar para siempre. Con escasas excepciones,
los objetos útiles e indispensables de hoy en día son los residuos del mañana. Nada es realmente necesario, nada es irreemplazable. Todo nace con el sello de la muerte inminente; todo sale de la cadena de montaje con la etiqueta de fecha de caducidad; las construcciones no comienzan a menos que se hayan concedido los permisos para la demolición (si fuese necesaria), y los contratos no se firman a no ser que se establezca su duración o se permita su terminación en función de los riesgos del futuro. No hay pasos ni elecciones definitivas ni irrevocables. Ningún compromiso dura lo suficiente como para alcanzar un punto sin retorno. Todas las cosas nacidas o fabricadas humanas o no, son hasta nuevo aviso e imprescindibles. Un espectro se cierne sobre los moradores del líquido mundo moderno y sobre todas sus labores y creaciones: el espectro de la superfluidad.”

*Fragmento del notable libro “Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias” (Paidós, Buenos Aires, 2004)