sábado, 6 de diciembre de 2014

Mar del Plata 2014 - Haemoo


Haemoo (Corea del Sur, 2014)
Dirección: Shim Sung-bo
Sección: Panorama - Autores

Eran altas las expectativas que despertaba este primer film como director de Shim Sung-bo, que tenía como principal antecedente ser el coguionista de una de las obras más perfectas del Nuevo Cine Coreano, Memories of Murder (2003), sin dudas el mejor trabajo de Bong Joon-ho (quien a su vez es productor y coguionista de Haemoo). Ambientada a fines de los ’90, en medio de la crisis financiera que sufrió el sudeste asiático, Niebla marina (esa es la traducción del título original) narra la historia de un grupo de pescadores empujados al contrabando de inmigrantes ilegales.

Hay algo fascinante en las películas de barcos: siempre azuladas y húmedas, animadas por esa infalible fusión de melancolía y aventuras, estas películas poseen un encanto atemporal que ya desde el vamos promete momentos de excelente cine. Haemoo no es la excepción. Durante la proyección, sin embargo, el entusiasmo inicial se fue disolviendo a medida que el relato avanzaba, ya que muchos giros narrativos de la trama resultaban llamativamente similares a los de True North, aquel interesantísimo film británico reseñado hace unos años en el blog. La sorpresa se perdió camino al clímax, pues la conmoción que provoca True North es muy difícil de igualar.

Haemoo es una película partida en dos. Sin transiciones pasamos del drama social al horror más cruel que uno pueda imaginar. Una maniobra -demasiado brusca- del capitán desencadena una carnicería imparable y el barco se transforma en un infierno arrasado por la violencia primitiva. El director decide ir a fondo con la locura, montando una gran ópera pesadillesca que apuesta al extremo, a la contundencia del género. Pero llega un momento en que uno empieza a distanciarse de ese paisaje brumoso en donde las acciones se anulan mutuamente debido a la pomposidad macabra que lo inunda todo sin dejar ningún espacio para la ambigüedad o la empatía. Y entonces carece de sentido detenerse a pensar la cuestión de la desigualdad social ante un discurso que asegura con tanta certeza que la barbarie acabará triunfando, siempre. Es el pozo del facilismo en el que a veces puede caer el cine del pesimismo terminal.