domingo, 29 de junio de 2014

Recta final


"¿Tanto lío para terminar aflojando?"

García (Julio de Grazia)

No habrá más penas ni olvido
(Héctor Olivera, 1983)

sábado, 28 de junio de 2014

Ciclo Gustavo Fontán en el Malba

Para el mes de julio Malba Cine tiene programado el estreno del último trabajo del realizador Gustavo Fontán, El rostro, junto a la exhibición de otros tres títulos del director: El árbol, Elegía de abril y La casa. Fontán es uno de los cineastas argentinos más originales y prolíficos de la actualidad. Graduado en Letras en la UBA y luego formado en la ENERC, el director estrenó su primera película en 2001, un documental sobre el escritor Leopoldo Marechal (2001), y un año después sorprendió con Donde cae el sol, una humilde y cálida ficción protagonizada por Alfonso de Grazia (en su última aparición en el cine). Pero fue en 2006, cuando presentó en el Bafici su film El árbol, cuando Fontán empezó a gestar ese sello tan personal que hoy lo define, con un cine poético-experimental que ensaya nuevas posibilidades expresivas en cada nuevo proyecto.

Dice el director acerca de las películas que se verán en el Malba: “El árbol y Elegía de abril estuvieron pensadas, desde el principio, como las dos primeras de una serie de tres películas que, de algún modo, conforman un movimiento. La casa completa la trilogía que llamamos El ciclo de la casa. El movimiento está concebido como la paulatina desaparición de los personajes y por el rastreo de la inscripción que deja o ha dejado su habitar un espacio. En El árbol el tiempo se visibiliza en la naturaleza. Los personajes observan, con conciencia o no, la mueca de la muerte. En Elegía de abril, la naturaleza ha desaparecido; quedan los objetos en los cajones, los reflejos. Los personajes habitan su propia fuga. En La casa ya no están los personajes. Sobreviven las huellas, las sombras”. (Cita incluida en la gacetilla de prensa del ciclo).

Programación:

ESTRENO – El rostro (2013 / 64')
Domingos de julio a las 18:00

El árbol (2006 / 65')
Jueves 17 a las 19:00

La casa (2012 / 62')
Jueves 24 a las 19:00

Elegía de abril (2010/ 64')
Jueves 31 a las 19:00

En este blog publiqué hace algunos años una entrevista con Fontán, en el marco de la presentación de El árbol en el Bafici 2006. Pueden leer la nota aquí.

Las funciones se realizan en el auditorio del Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415). La entrada tiene un costo de 40 pesos (20 para estudiantes y jubilados). Para más detalles sobre el ciclo, consultar la web  www.malba.org.ar

jueves, 26 de junio de 2014

La felicidad de las formas


 ¿Reside la felicidad toda en la fe? ¿Y qué es la fe? 
¿Puede ser la conciencia de lo concreto y real: 
la perfección de las formas, por ejemplo, 
los círculos brillantes de madera en unas sillas 
bajo el sol plateado de después de la lluvia?  

Adriana Díaz Enciso
 (Fragmento del poema "Bombyx mori")


Las imágenes pertenecen al delicioso film Japanese girls at the harbor (Minato no nihonmusume), dirigido por Hiroshi Shimizu.

martes, 17 de junio de 2014

Mad Men - Algunas postales


Y un día Don sonrió. Sonrió pero nadie lo vio (salvo nosotros, privilegiados de la ficción). Es que nadie puede vernos cuando tenemos una revelación. Estamos completamente solos en ese instante, justo ahí, cuando somos más felices que nunca. Y eso fue lo que seguramente sintió Don frente al mágico baile de Bert. Así concluyó el último capítulo de Mad Men, con un musical sencillo y encantador, confirmando una vez más que esta serie es una de las más exquisitas, complejas e imprevisibles que ha dado la televisión en toda su historia. Todavía tenemos que esperar unos meses para conocer la segunda parte de esta séptima temporada, la última y definitiva. Mientras tanto, se me ocurrió compartir estas notas que apuntan ante todo a retener en el recuerdo algunas impresiones.


La última temporada transcurre en 1969 y el aterrizaje en la Luna era uno de puntos emblemáticos que el relato no se podía perder. En el séptimo episodio los personajes son testigos de esa conquista, algunos reunidos por casualidad en un hotel, otros junto a sus familias y amigos, aunque la emoción no dura demasiado dado que la noticia de una muerte repentina los reubica rápidamente a todos frente a nuestra mundana finitud. Pegados a la pantalla, enlazados por el espectáculo, todos juntos, todos modernos, todos conectados al mismo tiempo... hasta que un día dejamos de mirarnos a los ojos. Creo que esta temporada logró narrar a la perfección la forma en que fuimos construyendo esa distancia, y muchos de los signos más elocuentes aparecen brillantemente conjugados en el capítulo dos, titulado “A day’s work”.


Hay distancias reales, sí, como la que ya se avizoraba entre Don y Megan, de allí que ella se instale definitivamente en California para afianzar su carrera como actriz. Por otro lado, a la costa oeste también se muda Pete para trabajar en una sucursal de la compañía, hecho que justifica diversas escenas diseñadas en función de las denominadas “conference calls”, esas conversaciones en las que los socios se reúnen alrededor de un teléfono con altavoz. Además de describir los dispositivos tecnológicos que facilitaron la globalización económica, este esquema de conexión interpersonal también representa el germen de lo que más adelante ocurriría con el trabajo en red, el correo electrónico, el Messenger, el WhatsApp… atajos que también son ataduras, nuestra contradicción esencial de cada día. Es la Modernidad, ese gigante artero al que nadie puede contener, como nadie puede evitar que un día llegue a la empresa la Diosa Computadora para transformar el paisaje y alterar la cabeza de todos (con un brutal brote psicótico incluido: ningún cambio es totalmente gratuito).


Preferimos creer que hoy es la tecnología la que nos aleja con sus tentáculos fríos. Decimos que ella es la culpable de los cortocircuitos. ¿Pero qué vino antes? ¿Fue primero la herramienta, o más bien nuestro profundo deseo de ya no tener que verle la cara al otro? El hombre inventó métodos cada vez más sofisticados para comunicarse, para salvar las distancias, cuando quizás lo único que le importaba era resguardar la separación física, corporal. Este es el ejercicio que siempre propuso Mad Men: ir hacia atrás para intentar hallar la punta del ovillo. Volver sobre la historia de los vínculos, observar los procesos para ver si somos capaces de leer nuestro presente de otra manera: más aguda y más sincera. En el episodio dos hay muchas tensiones que envenenan el aire, sobre todo en la oficina: disidencias, envidias, reproches y rencores surtidos. Los personajes evitan hablarse o cruzarse en los pasillos siempre que pueden. Sólo se encuentran en el ascensor, en donde tampoco parecen obligados a mirarse. El hombre ya ansiaba tallar su cápsula individualista mucho antes de ese ensimismamiento que hoy fomentan los teléfonos celulares. 


Otra gran protagonista de “A day’s work” es Sally. Intuyo que si Don finalmente se decide a crecer, será por los puntos que su propia hija supo ponerle en el momento preciso, dueña de una seguridad demoledora. Frente a la confusión naturalizada alguien tiene que decir basta. Y eso es lo que ocurre también con Shirley (la secretaria negra de Peggy) y todo el malentendido en torno del florero con rosas, un engranaje típico de la comedia de enredos que aquí se articula desde la histeria femenina y la lucha de clases. Más allá de sus mentiras piadosas iniciales, Shirley al final dice la verdad (las rosas son suyas) y esto le cuesta el puesto de trabajo. Tanto ella como Dawn -la otra secretaria negra injustamente desplazada ese mismo día- tienen un actuar noble y profesional. Ante todo, son mujeres sólidas, enteras. El personaje de Joan las reacomoda a ambas dentro de la empresa, y curiosamente en ese juego de fichas Dawn termina ubicada en un despacho de mayor jerarquía. Estos giros, algo azarosos a simple vista, nos hablan en el fondo del respeto que Mad Men tiene por esa raza que aprendió a resistir con dignidad aun las acusaciones más absurdas que puedan esgrimirse. 


Vamos con Peggy ahora. Es cierto que su secretaria no se merece el maltrato, y que Peggy lo despliega principalmente montada sobre sus celos y su poder como jefa. Pero sería muy cruel no comprender ese arrebato de ansiedad cuando sabemos que sigue sufriendo por Ted. Aún recuerdo su monumental llanto al final del primer episodio, cuando llega a su departamento y confirma que otra vez está sola frente al mundo. Peggy logró como nadie abrirse camino en su trabajo y ganarse una cuota de atención, pero aun así cada día debe soportar la subestimación, la arbitrariedad y el machismo sofocante del ambiente. Todas estuvimos ahí. Todavía estamos ahí. Todas somos un poco Peggy. Si tuviera que quedarme con una sola fotografía que resuma toda Mad Men, sería una postal que se reitera con frecuencia: la imagen de Peggy cuando cierra la puerta luego de una reunión, escondiendo su dolor y su furia por haber sido relegada de un proyecto, una vez más, simplemente porque no es un varón.


Desde el principio Don fue uno de los que más apoyó a Peggy en su crecimiento profesional, aunque a la hora de la competencia mano o mano él no quiso quedarse atrás. Todo indicaba que terminarían distanciados, y justo en ese momento ellos nos regalaron una de las escenas más hermosas de toda la serie: una noche en la que se quedan trabajando hasta tarde, Don y Peggy tienen una charla íntima. De fondo se lo escucha a Frank Sinatra cantando “My way”. Don invita a Peggy a bailar. Los une el cariño y ella por fin tiene un hombro sobre el cual descansar. La cámara se aleja mientras ellos bailan abrazados. Los vemos duplicados en un vidrio, un reflejo. Bueno, no exactamente, pues el único que aparece reflejado completamente es él. Desgajada, ella no está. ¿Excluida? ¿Otra vez? Quizás... aunque el encuadre también podría sugerir que mientras el hombre es capaz de desdoblarse entre lo real y el espejismo, la mujer siempre es una sola. Concreta. Aquí y ahora. 


Dentro de muchos años, cuando volvamos sobre Mad Men, habrá que asumir que, a pesar de los hombres locos del título, las verdaderas protagonistas de esta historia fueron las mujeres.

 

sábado, 14 de junio de 2014

Del arte de atajar


Por Eduardo Galeano*

En 1930, Albert Camus era el San Pedro que custodiaba la puerta del equipo de fútbol de la Universidad de Argel. Se había acostumbrado a jugar de guardameta desde niño, porque ése era el puesto donde menos se gastaban los zapatos. Hijo de casa pobre, Camus no podía darse el lujo de correr por las canchas: cada noche, la abuela le revisaba las suelas y le pegaba una paliza si las encontraba gastadas.

Durante sus años de arquero, Camus aprendió muchas cosas:
- Aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser lo que se dice derecha.

También aprendió a ganar sin sentirse Dios y a perder sin sentirse basura, sabidurías difíciles, y aprendió algunos misterios del alma humana, en cuyos laberintos supo meterse después, en peligroso viaje, a lo largo de sus libros.  


*Texto publicado en el libro El fútbol a sol y sombra (Ed. Catálogos, Buenos Aires, 1995)

miércoles, 11 de junio de 2014

Jorge Cedrón: retrospectiva integral

Desde este viernes 13 de junio el Palais de Glace presenta “Hasta la memoria siempre: Jorge Cedrón”, una retrospectiva integral dedicada a uno de los cineastas fundamentales del cine político argentino. Esta muestra es posible gracias al trabajo de búsqueda y restauración realizada principalmente por Lucía Cedrón, hija del cineasta fallecido, y por Fernando Martín Peña, quien hace unos años publicó el libro “El cine quema: Jorge 'El Tigre' Cedrón”. Luego de ser exhibida en el último Festival de Cine de Mar del Plata, la retrospectiva llega ahora a Buenos Aires e incluye películas recuperadas como El habilitado (1970), Por los senderos del Libertador (1971), Resistir, que hizo por encargo de Montoneros en 1978, y Gotán (1979), que Cedrón realizó un año antes de morir en París en circunstancias aún no fueron esclarecidas.

Programación: 

El habilitado (Argentina, 1970, 78')
Viernes 13 de junio, 19:00
Sábado 28 de junio, 19:00 

Operación Masacre (Argentina, 1972, 100')
Sábado 14 de junio, 19:00
Viernes 27 de junio, 19:00
Domingo 6 de julio, 19:00 

Por los senderos del Libertador (Argentina, 1971, 60')
Domingo 15 de junio, 16:00
Domingo 29 de junio, 19:00 

Resistir (Francia, 1978, 70')
Sábado 21 de junio, 19:00
Viernes 4 de julio, 19:00 

La vereda de enfrente (Argentina, 1963, 15') 
El otro oficio (Argentina, 1967, 30') 
Gotán (Francia, 1979, 52')
Domingo 22 de junio, 19:00
Sábado 5 de julio, 19:00 

Las funciones se realizan en la sala Kino Palais, del Palais de Glace, ubicado en Av. Libertador 1248. La entrada es libre y gratuita.

Para más detalles sobre el ciclo, visitar la página web del Palais.

martes, 10 de junio de 2014

Amparo


La luz es demasiado grande
para mi infancia.
Pero ¿quién me dará la respuesta jamás usada?
Alguna palabra que me ampare del viento,
alguna verdad pequeña en que sentarme
y desde la cual vivirme,
alguna frase solamente mía
que yo abrace cada noche,
en la que me reconozca, en la que me exista.

Alejandra Pizarnik
(Fragmento de su poema "El origen")

La imagen pertenece al film Martha Marcy May Marlene, dirigido por Sean Durkin.

lunes, 9 de junio de 2014

Quimera


Maybe this time, I'll be lucky
Maybe this time, he'll stay


Cabaret 
(Bob Fosse, 1972)

domingo, 8 de junio de 2014

Novela gótica del siglo XX en el cine - Ciclo en el BAC

El British Arts Center (BAC) programó un ciclo dedicado a películas basadas en novelas del  siglo XX caracterizadas por su narrativa gótica. Como informa la gacetilla del ciclo, las novelas góticas propiamente dichas fueron escritas en Inglaterra entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en pleno Romanticismo, por autores como Horace Walpole, M. G. Lewis y Anna Radcliffle. Quien se destacó por continuar la novela gótica en el siglo XX fue la británica Daphne Du Maurier, cuya novela “Rebeca” (1938) retomó la esencia de este género: la mansión antigua, la heroína ingenua, el marido ambiguo y un ambiente siniestro visitado por fantasmas. El éxito de “Rebeca” provocó que otras escritoras de policiales (Agatha Christie, Ethel Lina White, Josephine Tey) también se animaran a transitar el género. Fueron novelas que resultaron muy atractivas para su transposición al cine. 

Cada película tiene dos dunciones por día, a las 17 y a las 20 horas, todos los martes hasta el 15 de julio. Esta es la programación: 

Martes 10 de junio 
Rebeca, una mujer inolvidable (Rebecca,1940)
Dirigida por Alfred Hitchcock, sobre la novela homónima de Daphe Du Maurier 

Martes 17 de junio 
Prisionera del destino (My Name Is Julia Ross, 1945)
Dirigida por Joseph H. Lewis, sobre la novela “The Woman in Red”, de Anthony Gilbert. 

Martes 24 de junio 
La escalera de caracol (The Spiral Staircase, 1946)
Dirigido por Robert Siodmak, sobre la novela “Some must watch”, de Ethel Lina White. 

Martes 1º de julio 
El alucinante mundo de los Ashby (Paranoiac, 1963)
Dirigido por Freddie Francis, sobre la novela “Brat Farrar”, de Josephine Tey. 

Martes 8 de julio 
El signo del diablo (Eye of the Devil, 1966)
Dirección: J. Lee Thompson, sobre la novela “Day of the arrow”, de Philip Loraine. 

Martes 15 de julio 
Una noche interminable (Endless Night, 1971)
Dirigida por Sidney Gilliat, sobre la novela homónima de Agatha Christie. 

Todas las películas se exhiben en idioma original con subtítulos en castellano. Las funciones se realizan en el BAC (Suipacha 1333). La entrada es libre y gratuita.

Para más detalles sobre el ciclo y las películas, pueden consultar la página web del BAC.

viernes, 6 de junio de 2014

Keep on playing


Amy: ¿A qué viene tanto apuro?

Phillip: ¿Qué?

Amy: Eres realmente bueno en esto. Si aciertas ahora, vas a ganar y el juego se habrá acabado.

Phillip: ¿No se trata de eso, acaso?

Amy: La gracia del juego está en seguir jugando.

Emily Evan y Stephen Thompson en la segunda temporada de In the flesh (ya les dije que esta serie es buenísima, ¿no?)

martes, 3 de junio de 2014

La llenura del vacío


“Lo peor era que mi vacío estaba precisamente allí, a dos pasos de las latas. Tendría que haberlo robado la última vez, y entonces ahora no estaría pasando por todos esos problemas. Pero era demasiado pesado. Después de todo el degenerado estaba lleno; lo levanté sin dificultad, pero eso de llevarlo sobre la espalda, en cuatro patas, en la oscuridad... Si ustedes nunca anduvieron con un vacío a cuestas, hagan la prueba: es como llevar diez litros de agua sin balde.”

Arkady y Boris Strugatsky
(Fragmento de la novela “Roadside Picnic”)

En la imagen: la notable Gillian Anderson en The House of Mirth, de Terence Davies.

domingo, 1 de junio de 2014

La pregunta


"Es posible que la Tierra sea solo un cascote que gira alrededor del Sol. Es muy posible. Pero la grandeza que tiene ese cascote es que en él hay un ser metafísico que se pregunta por el sentido del Universo."

Hegel