sábado, 28 de diciembre de 2013

Parpadeos


Solo hay tres clases de ciegos, ¿o tres no es el número perfecto? Está ese al que no hay explosión ni asamblea de luciérnagas que lo saquen de la sombra profunda. Está el otro, el que aún ciego, conserva un esbozo de penumbra y al resplandor de un fósforo queda de pronto en éxtasis y bajo la luz furiosa del mediodía cree que los ojos le vuelan. Y finalmente está aquel, el ciego que palpa afanoso los contornos, las grietas, los movimientos y temblores de los breves mundos. Ese, el tercero, es el amante.

Eugenio Mandrini

La fotografía es de Édouard Boubat

2 comentarios:

Eleonora Eberle dijo...

A veces soy el segundo, a veces el tercer ciego. Pero no me resigno a la oscuridad.
Quizás, por eso, como las polillas, añoro esa luz que se hace imagen en pantalla grande o pantalla chica y permite las historias que me llevan a otros mundos sin salir de esta mi única e imperfecta vida.
Una frase bellísima, Caro, como tantos hallazgos que nos hacés llegar.

Caro dijo...

¡Gracias, Lili!
¡Que tengas un gran año!