jueves, 28 de febrero de 2013

Ciclo Adrián Caetano, en el Malba

Para el mes de marzo la Cinemateca del MALBA programó una retrospectiva dedicada a Adrián Caetano, uno de los realizadores más prolíficos y consistentes del llamado “Nuevo Cine Argentino”. La muestra no sólo incluye sus largometrajes (que se proyectarán en 35mm.), sino además algunas rarezas como el telefilm Mujeres elefante o el cortometraje El héroe al que nadie quiso. En ese marco podrá verse -los sábados a las 19:30 y con entrada gratuita- el mediometraje La expresión del deseo, un film que Caetano rodó inmediatamente después de Pizza, birra, faso, y que ha sido muy poco visto.

Agenda:

Jueves  7
Mujeres elefante, a las 18:00
Pizza, birra, faso, a las 22:00 

Viernes  8
Pizza, birra, faso, a las 18:00 

Sábado  9
La expresión del deseo, a las 19:30* 

Jueves  14
La cautiva + Calafate, a las 18:00
Bolivia, a las 22:00 

Viernes  15
Bolivia, a las 18:00 

Sábado  16
La expresión del deseo, a las 19:30* 

Jueves  21
Sangre roja + El héroe al que nadie quiso, a las 18:00
Un oso rojo, a las 22:00 

Viernes  22
Un oso rojo, a las 18:00 

Sábado  23
La expresión del deseo, a las 19:30* 

Jueves  28 
Crónica de una fuga, a las 18:00
Francia, a las 22:00 

Viernes  29 
Francia, a las 18:00 

Sábado  30
La expresión del deseo, a las 19:30*

* Para estas funciona la entrada es libre y gratuita.
 La entrada general cuesta 25 pesos, y 13 para estudiantes y jubilados.

Para más información, visitar la web del Malba.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Mitificaciones


"No entiendo cómo hay gente que dice que la infancia 
es la época más feliz de su vida."

Ana (Geraldine Chaplin),
en el film Cría Cuervos, de Carlos Saura.

domingo, 24 de febrero de 2013

La imagen inevitable


"La imagen real no está a la altura de las expectativas, no trasciende. Ahora me interesa tomar una historia, fantástica o improbable, y tratar de llegar a su fondo, lograr que no sólo parezca real sino inevitable."

Stanley Kubrick (1964)
Citado por Norman Kagan en su libro El cine de Stanley Kubrick (Ed. Marymar, Buenos Aires, 1974).

En la imagen: Django sin cadenas (Django unchained), de Quentin Tarantino.

viernes, 22 de febrero de 2013

22 de febrero

Llaman a la puerta.
Pero los golpes suenan al revés,
como si alguien golpeara desde adentro.

¿Acaso seré yo quien llama?
¿Quizá los golpes desde adentro
quieran atrapar a los de afuera?
¿O tal vez la puerta misma
ha aprendido a ser el golpe
para abolir las diferencias?


Lo que importa es que ya no se distingue
entre llamar desde un lado
y llamar desde el otro.

Roberto Juarroz
(Poesía Vertical XI, 25)

martes, 19 de febrero de 2013

Un homme


“Desde chico siempre tuve dos actores preferidos: Marlon Brando y Jean-Louis Trintignant. Ellos no externalizan todo. Siempre hay algo que guardan para ellos y que permanece en el misterio, y sus interpretaciones tienen una clase de riqueza que sólo puedes encontrar en la vida real. Eso fue fundamental en mi deseo de trabajar con él. Porque al mismo tiempo él exuda calidez y humanidad. Hay muchos grandes actores de su edad, pero no conozco a ningún otro con ese aura particular que era tan necesaria para el papel.” 

Michael Haneke 
En una entrevista publicada en el sitio Indiewire. Trintignant es el protagonista de Amour, la última y notable película del cineasta austríaco.   

domingo, 17 de febrero de 2013

Tesis sobre un homicidio, de Hernán Goldfrid


Tesis sobre un homicidio intenta ser un “policial deductivo” que se deshace mientras avanza porque fracasa en un punto esencial: lograr que nos importen las consecuencias de la deducción. El principal problema del film radica en que el destino de los personajes no nos interesa demasiado, aun cuando todos exhiben aristas que podrían haberse explotado mejor. Las actuaciones no colaboran, es cierto, pero no creo que debamos cargar las tintas sobre Calu Rivero y Alberto Ammann. Frente a la muerte de su hermana, Laura (Rivero) luce quizás más lozana de lo que debería, aunque esto bien puede tener una justificación, pues hacia el final se sugiere que tomar el lugar de su hermana podría ser un deseo patológico que ella cultivaba. Por su parte, Gonzalo (Ammann) jamás nos atrapa con sus supuestamente desafiantes conceptos filosóficos, ya que en su forma de hablar (o recitar) el actor ignora los matices y entonces sus parlamentos terminan anulándose entre sí en una inocua oratoria.

Pero quizás no habría que desdeñar con tanta simpleza el traje robótico diseñado por Ammann, ya que por momentos el personaje se convierte literalmente en un sujeto vacío, la clase de sujeto para el cual la noción de justicia carece realmente de sentido. Gonzalo ni siquiera tiene la gracia del psicópata persuasivo: es más opaco todavía. Una cáscara, una especie de agujero, un personaje-abstracción que podría haber sumado ambigüedad a la historia si no fuera por la cantidad de caprichos que el relato despliega en su trayecto.

Estamos muy lejos del gran duelo intelectual que el film pretende vender. Tampoco funciona como película de suspenso ni conmueve como drama psicológico. Tesis es un producto fallido en cuyo interior, sin embargo, parece haber quedado atrincherada otra película, la que podría haber indagado con mayor cuidado en el pasado que vincula a los personajes de Ammann y Ricardo Darín. Tal vez el único momento genuinamente inquietante de la película sea aquel en el que Darín observa una vieja fotografía para descubrir el afecto que lo unía a quien hoy es su enemigo. ¿Cómo entender que el film lance la idea de que ellos podrían ser padre e hijo para luego dejarla apagarse entre tantos otros desvíos? Es que Tesis nunca llega a las construcciones porque la narración se queda atorada en las distracciones, demasiado pendiente del brillo de los condimentos escenográficos (la visita al Malba, el show de Fuerza Bruta) y de los anzuelos argumentales surtidos que tienen un objetivo claro: infundir impresión de calidad cinematográfica y seducir con su patente convocatoria a la libre interpretación.

Por cierto, una película que desde sus mismos diálogos exige prestar atención a los detalles debería haber sido un poco más aplicada en ese rubro. En Tesis hay muchos elementos que hacen ruido, incluso en las escenas laterales. Mi detalle preferido involucra a Darín y a su empleada doméstica. Como imaginarán, Darín en esta película vuelve a encarnar al clásico porteño que se las sabe todas (su consejo de profesor con calle es “Garchá todo lo que puedas. Lo demás viene solo”). La empleada también parece porteña, y si no lo es, al menos habla como cualquier argentino. Sin embargo, cuando Darín le pide que le prepare la cena, ella responde que puede dejarle listas unas milanesas y unos “bocadillos de acelga”.  ¿Por qué no decir buñuelos, palabra que además de ser menos vueltera tiene la ventaja de no expulsarnos de la ficción? Nada... apenas una duda más.  

miércoles, 13 de febrero de 2013

Reencuentro con Wim Wenders en la sala Lugones

El próximo miércoles 13 de febrero comienza una de las grandes retrospectivas que este año tiene programadas la Sala Leopoldo Lugones: se trata de un ciclo muy completo dedicado al cineasta alemán Wim Wenders. Hasta el 27 de este mes podrán verse los largometrajes más destacados del director, así como también un documental de Marcel Wehn que explora los primeros años de la carrera de Wenders. La mayoría de las películas se exhiben en formato digital.

La agenda completa es la siguiente: 


Miércoles 13: La letra escarlata (1973)
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (85')

Jueves 14: Alicia en las ciudades (1974)
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas (110’)

Viernes 15: En el transcurso del tiempo (1976)
A las 14.30 y 19.30 horas (176')

Sábado 16: El amigo americano (1977)
A las 14.30, 18 y 21 horas (123')

Domingo 17:
Chambre 666 (1982)
+
El estado de las cosas (1982)
A las 14.30, 18 y 21 horas. (Duración total: 165’)

Lunes 18: No hay función


Martes 19: París-Texas (1984)
A las 14.30, 18 y 21 horas (147').

Miércoles 20: No hay función

Jueves 21: Las alas del deseo (1987)
A las 14.30, 18 y 21 horas (128')

Viernes 22: Historia de Lisboa (1994)
A las 14.30, 17, 19:30 y 22 horas (100')

Sábado 23:
El amigo americano (1977)
A las 14.30 y 19:30 horas (123’)

Alicia en las ciudades (1974)
A las 17 y 22 horas (110’)

Domingo 24:
El estado de las cosas (1982)
+
Chambre 666 (1982)
A las 14.30 horas. (Duración total: 165’)

En el transcurso del tiempo (1976)
A las 18 horas (176’)

Historia de Lisboa (1994)
A las 22 horas (100’)

Lunes 25: Los hermanos Skladanowsky (1995)
A las 14.30, 17, 19:30 y 22 horas (79’)

Martes 26: Llamado a las puertas del cielo (2005)
A las 14.30, 18 y 21 horas (123’)

Miércoles 27: Del que se mudó - Los primeros años de Wim Wenders (2007)
Dirección: Marcel Wehn.
A las 14.30, 17, 19:30 y 22 horas (96’; Digital)

 
Las funciones se realizan en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530) - Las entradas cuestan 20 pesos (10 para estudiantes y jubilados que tengan credencial del complejo).

Para más detalles sobre el ciclo, los horarios y las películas, consultar la web del teatro.

lunes, 11 de febrero de 2013

La seguridad del hábito


¿Qué intentamos limpiándonos el rostro con una energía y un frío semejantes?

Luego el mecanismo se pone en marcha. Cada uno tiene el suyo, café-cigarrillo, té-tostada o perro-correa, regulamos nuestro propio recorrido para experimentar el menor miedo posible.

En realidad, dedicamos todo nuestro tiempo a luchar contra el terror de lo vivo.

Amélie Nothomb
Fragmento de su novela "Diario de Golondrina".

La imagen pertenece al film La comedia de la vida (Du levande), dirigido por el cineasta sueco Roy Andersson.

domingo, 10 de febrero de 2013

Everybody's got a thing


Hay un camino de liberación que parte de la sensación de anhelo perpetuo de "My Cherie Amour" hasta llegar a esa sincera palmadita en la espalda que es "Don't you worry 'bout a thing", y ése es el trayecto que recorre Pat (Bradley Cooper) en El lado luminoso de la vida (Silver Linings Playbook). No es precisamente genial la última película de David O. Russell, y ni siquiera sé si es muy buena, ¿pero cómo no sentir cariño por un film que ubica en platea preferencial a dos de las más grandes canciones de Stevie Wonder? 

viernes, 8 de febrero de 2013

Lógica mercantil


"Nombra una sola cosa en este mundo que no sea negociable."

Walter White (Bryan Cranston), en Breaking Bad

lunes, 4 de febrero de 2013

El vuelo, de Robert Zemeckis


“Por cierto que de este mundo no podemos caernos. 
Estamos definitivamente en él.” 

Christian Dietrich Grabbe*

Darlo vuelta. Lo primero que vemos en la película es el breve plano de un avión en ascenso. Y luego, un pezón. Una mujer se levanta de la cama, mareada, inestable, y camina totalmente desnuda por una habitación, buscando sus prendas. Su cuerpo llama la atención, no sólo porque es bellísimo, sino porque el tiempo que el relato le dedica a esa desnudez no es algo común dentro del cine mainstream. Hablamos de unos segundos apenas, y en ese momento quizás no seamos del todo conscientes, pero esa decisión de puesta en escena intenta trascender la simple sensualidad (o la provocación, si quieren) para imponerse como un acto de franqueza, un pacto de cercanía que anticipa el verdadero tema de El vuelo (Flight): el dolor de estar irremediablemente expuestos, sin abrigos, ni control, ni consuelo. La inversión de expectativas es sólo una de las diversas maniobras sorpresivas que contiene la película, pues el trailer nos había preparado para las curvas de un film catástrofe y de repente uno se encuentra sumergido en la desolación de un hombre adicto al alcohol. Y no hay secuencia de acción que pueda superar el espectáculo de esa primera y caudalosa lágrima que vierte Denzel Washington cuando despierta en el hospital y le comunican quiénes murieron en el accidente.

Act of God. Más allá de este bienvenido desplazamiento de géneros (agreguemos que John Goodman aparece dos veces trayendo la comedia pura en su mochila), toda la narración de la película es absolutamente diáfana y sincera. Y ya desde el comienzo, a través de un montaje paralelo, el film advierte que por allí también ronda Nicole (Kelly Reilly), una chica adicta a la heroína que terminará involucrada con el protagonista. Al explicitar por adelantado ese cruce dramático, Zemeckis parecería asumir que como demiurgo detrás de la fábula él puede conocer y predecir los destinos de los personajes, mientras la historia en sí misma postula que en lo real sucede justamente lo opuesto: hay que convivir con el azar y el absurdo. La narración jamás especula ni oculta la información esencial sobre la conducta del capitán Whip Whitaker (Washington), y es por eso que uno se siente tan absorbido por este relato, que logra convencernos siempre, incluso frente al delirio del vuelo invertido. Es lícito pensar que el vodka y la cocaína fomentaron en parte el arrojo y la lucidez del héroe para franquear los límites de lo factible. O tal vez no, quién sabe. Lo que queda claro -para el espectador agnóstico, al menos- es que casi cien personas se salvaron gracias a un hombre que tomó las decisiones correctas en el instante preciso. Otros prefieren hablar de un milagro. Pero... "¿qué tuvo que ver Dios en esto?", se pregunta Whip mientras en el fondo del cuadro vemos la cúpula de la capilla que quedó destruida por el aterrizaje forzoso. Y ahí recordamos la escena en la que el ala del avión le arranca literalmente la cruz a la iglesia, un momento que Zemeckis elige mostrar en cámara lenta, aun cuando eso implica frenar el ritmo de la vertiginosa caída. Podría deducirse que con ese gesto la película anula la posibilidad de la fe religiosa. Pero también podría ser todo lo contrario. 

Wilson. Debe ser que a Dios lo necesitamos en la ficción, aunque sólo sea como un personaje más, como función o compulsión. Dios mete su cola en esta historia y se calza distintos trajes con sigilo, casi sin que nos demos cuenta. Para algunos, los mortales no somos más que dados sacudidos en un cubilete planetario, y lo único que Dios puede darnos es la certeza del azar, como dice el joven enfermo de cáncer en una de las escenas más memorables de la película (“Perdemos demasiado tiempo intentando controlarlo todo”). Para otros, hay que rezarle al Señor porque él es el gran organizador, el tapón del caos: para muchos sobrevivientes el accidente fue un prodigio divino que hay que leer desde la lógica de la predestinación. Whip Whitaker no cree en nada ni en nadie, y sin embargo en su desesperación final también recurre a Dios. Pero el dios del protagonista, junto con todos los otros dioses que deambulan por el film, no hacen más que replicar aquí el rol que la pelota Wilson cumplía en Náufrago: simplemente, se trata de inventar un amigo con quien hablar. Imaginar que estamos un poco menos solos.

Denzel. Así y todo, Wilson también se alejaba, y Tom Hanks volvía a estar solo y a la deriva. En Náufrago Zemeckis suprime a Wilson para confirmar la intangibilidad del símbolo frente a la soledad ontológica del ser humano. Hoy es una pelota, mañana será una fotografía, mucho antes fue el sol. Pero ningún símbolo se sostiene sin voluntad, y a esto también se refiere El vuelo. Y aquí es cuando el director decide hacer foco en el cuerpo, pues frente a todos los discursos que buscan darle peso al "espíritu", en este film la voluntad no puede disociarse del cuerpo y su obstinada materialidad. ¿Qué puede hacer la razón cuando el cuerpo se empecina en tironear para el otro lado? Nunca lo habíamos visto a Denzel Washington así, tan titánico y a la vez tan frágil, con tanta tristeza y con tanta necesidad de hundir la cabeza como una tortuga. Él, un actor de porte volcánico, de grandes parlamentos, sonrisa insuperable y dicción contundente, aquí muchas veces se ve obligado a hablar entre dientes, avergonzado, como cuando le pide a una colega que mienta por él, cuando no lo vemos directamente mascullar incongruencias mientras agita una botella vacía. Es extraordinaria toda la secuencia en el hotel previa al temido interrogatorio: allí el actor condensa en cada temblor toda la ansiedad del personaje y su subversiva abstinencia, para llegar finalmente a ese plano brutal que lo muestra tumbado en el baño, con un rastro de sangre que certifica su estado de inconsciencia. Denzel nos da la espalda, casi no vemos su cara, pero uno no puede dejar de sentir sobre los propios hombros la gravedad de ese físico inmenso y vencido que desde algún lugar callado clama por auxilio, y al que a la vez sólo le queda resto para entregarse al abandono. Es así nomás... de este mundo no podemos caernos. 

* Christian Dietrich Grabbe en su obra Hannibal, citado por Sigmund Freud en El malestar en la cultura. 

Esta reseña surgió de una charla sobre El vuelo que mantuve con el amigo Andrés Fevrier, autor del blog Cinematófilos. (¡Gracias por las ideas!).

domingo, 3 de febrero de 2013

Epílogo



Y al fin reina el silencio.
Pues siempre, aún sin quererlo,
guardamos un secreto. 
 
Gabriel Celaya 
 
La imagen pertenece al film Barbara, dirigido por Christian Petzold.