miércoles, 3 de octubre de 2012

Jindabyne, de Ray Lawrence


Yo conocía a esa chica, desde que era una niña -cuenta una mujer-. Solía venir a mi casa y yo le hacía pasteles y le dejaba que se los comiera mientras veía televisión. 

Raymond Carver, “Tanta agua tan cerca de casa”.

No vamos a caer en el confort de decir que se trata de una "historia mínima" -claramente no lo es- pero sí podemos asegurar que el cuento es conciso, concentrado, subrepticiamente volcánico, como siempre en Carver. Un misil aproximándose en cámara lenta a la médula del estupor cotidiano, a eso que está ahí nomás, durmiendo con uno en la misma cama. En esta historia la protagonista y narradora es una mujer que un día siente que ya no puede reconocer a su marido. O no quiere. Y es verdad que él hizo algo que no es fácil de comprender, pero no estuvo solo en esa empresa. ¿Cuál es el problema, entonces? ¿Él? ¿Los demás? ¿El mundo? 

¿En qué situación y bajo qué designios la mirada decide que el otro ya no es más un ser humano?

Es curioso lo que le ocurrió al cine con este cuento. Allá por 1993 Robert Altman lo combinó con otros ocho relatos de Carver para tejer la voluminosa Ciudad de Ángeles (Short Cuts), una película que postula como esencia -o necesidad de época- la mutiplicidad de líneas dramáticas, la acumulación de conflictos y la superpoblación, justamente lo inverso a la efectiva y meticulosa economía narrativa que caracteriza el estilo del escritor. En Altman esta vocación holística burbujea a flor de piel: es un plan explícito, es su marca, a tal punto que Short Cuts con los años se convirtió en un modelo ineludible del relato coral.

En 2006 Ray Lawrence volvió sobre el mismo cuento, cambiando el paisaje norteamericano por un pueblo del sur de Australia. Para poder nutrir un largometraje de dos horas se entiende que la anécdota original deba expandirse inevitablemente, y Jindabyne lo hace mediante detalles de neto arraigo carveriano, trazos certeros que destilan melancolía, resignación, ansiedades, desesperación agazapada, frustaciones, rutinas sofocantes, pavor ante el tiempo y sus heridas. Muy lejos de la discreta condensación de su fuente literaria, sin embargo, la película también opta por el efecto Altman: el relato se abre para sumar nuevos personajes y abundantes obstáculos, y así nos encontramos con la noticia de un embarazo, una suegra indeseable, niños traviesos en peligro, el contexto mítico del lugar y otros etcéteras que corren paralelos al dilema moral central. Por otro lado, al hacer que la víctima del caso sea una joven aborigen, el film busca conectar con la cuestión de la alteridad racial, un tema inherente a la mejor tradición cinematográfica australiana (Rolf de Heer, Peter Weir) que aquí apenas recibe un tratamiento tangencial.

No pretendo relativizar los intentos por complejizar el drama y hacerlo extensivo a todos los involucrados, pues de hecho allí reside la concepción política del realizador. Nada que objetar ante esta elección. Es sólo que me llama mucho la atención la manera en que los directores contemporáneos ceden ante la cada día más irrefrenable pulsión coral, un formato que adora distribuir una porción de trascendencia entre todos y cada uno de los personajes. Pero ya sabemos que mayor cantidad no equivale a mayor calado, y entonces aquello que al principio podría haber sido sólo la exploración de una experiencia subjetiva, una escucha sensible, un ensayo intimista, termina finalmente adoptando el estatuto algo pretencioso del tratado. Así y todo, Lawrence nunca pierde de vista su causa, convicción que lo ayuda a sostener con coherencia las riendas del conjunto hasta la última escena. Jindybane es por momentos una película realmente muy buena, y esto en gran medida se lo debemos a Laura Linney y Gabriel Byrne, actores con espaldas capaces de soportar todo lo que carguen sobre ellas y aun así mostrarse más terrenales que nuestros propios vecinos.



Jindabyne (Australia, 2006)
Dirección: Ray Lawrence
Guión: Beatrix Christian, a partir del cuento “So much water so close to home”, de Raymond Carver.
Intérpretes: Laura Linney, Gabriel Byrne, Deborra-Lee Furness, John Howard, Leah Purcell, Stelios Yiakmis.