domingo, 29 de abril de 2012

Bafici 2012 - Parte 5


Battle of the Queens (Kampf der Königinnen - Alemania/Suiza, 2011)
Dirección: Nicolas Steiner
Sección: Panorama / Imágenes paganas

“¡Mamá, el cencerro le pellizca la oreja!” Preocupadísimo, el muchacho corre de un lado para otro porque su vaca se muestra incómoda justo cuando la campana está por sonar. La vaca se llama Shakira y el joven es uno de los tantos entrenadores que durante meses esperan clasificar para la “Batalla de las Reinas”, un acontecimiento que anualmente convoca miles de fanáticos y que tiene lugar en la región de Valais, en Suiza, una zona en donde se cría una clase de ganado muy especial: vacas con cuernos que, supuestamente, tienen una predisposición genética para la lucha. Al espectador, que aún no sabe bien de qué se trata esta historia, le cuesta creer en la violencia de estos bichos que parecen más buenos que Lassie. Una escena exquisita en el inicio del film muestra cómo una beba acerca manojos de heno a las vacas mientras éstas lanzan lengüetazos colosales pero absolutamente amables. Que la tradición las haya convertido en duelistas no significa que a ellas les interese desafiarse. Es el hombre quien las conmina a cabrearse en pos de un buen espectáculo.
Y sería hipócrita negarlo: nos entusiasmamos. Queremos acción. Como señaló el amigo Andrés Fevrier al salir de la función, lo genial de Battle of the Queens es que nos llena de fervor y expectativas frente a la competencia como si estuviéramos por ver una pelea de Rocky, cuando en verdad nos está preparando para celebrar un juego cuyas reglas desconocemos. Nicolas Steiner narra su documental con el crescendo y la efervescencia propios de una película deportiva. Y como marco tenemos a los Alpes, nada menos, ese planeta aparte en donde los autos son engullidos por montañas y los habitantes se acostumbraron a vivir resbalando entre laderas, un decorado de fábula que el film captura con un blanco y negro imponente, musculoso como los bovinos protagonistas.
Alborozada, colmada de imágenes majestuosas, Battle of the Queens fue en gran medida la experiencia más feliz del último Bafici. Pero el goce se tornó indeciso, porque también sentí pena por momentos, incluso culpa. Aunque en el film predominaba el tono festivo, durante la proyección algo me decía que el director quería conectarse en serio con los animales. Descifrar su mutismo suplicante. El relato podría haber cerrado con el éxtasis de los premios, con el bullicio de la multitud, con la música. Sin embargo, quien sorpresivamente nos despidió de la sala fue una vaca: el primerísimo primer plano de su mirada cansada.