jueves, 27 de octubre de 2011

Sujetos

Por José Pablo Feinman *

Los medios de comunicación colonizan las subjetividades y crean una totalidad informativa tan abrumante que aniquila toda verdad. No hay verdad, hay informaciones. Pero tenemos que creer en medio de todo este aquelarre de imposibilidades, que el hombre está vivo. Está vivo para torturar, para someter, para conquistar y, arduamente, para rebelarse. Y es cierto que nadie puede fundamentar una ética porque no podemos en medio de tantas diferencias y prácticas enfrentadas establecer valores universales. Pero tiene que haber éticas zonales, verdades zonales. Tiene que haber «algo» que me permita decir que Bush es un terrorista. Que Bin Laden otro. Que son malas personas, malos tipos. Que están por la muerte. Y nosotros -o, al menos, unas cuantas personas que conozco- estamos por la vida. Si eso no es así, si eso no es posible, entonces seamos pasivos observadores de la destrucción, del sometimiento y esperemos sin esperanza alguna el día del Gran Tsunami. Porque hacia allí nos llevan. “El hombre que se rebela es inexplicable”, dijo el mejor Foucault, el de Irán, el que se conmovió con la sublevación de “las manos vacías”. Puede ser. Ante los condicionamientos feroces del lenguaje, de la etnología, del inconsciente, de la semiología, de la lingüística, de la estructura, del positivismo lógico, del ser heideggeriano y del pensamiento estratégico sin sujeto, es posible que toda rebelión se haya tornado inexplicable. Seamos inexplicables.

* Fragmento del libro La filosofía y el barro de la historia. (Ed. Planeta)

1 comentario:

Eleonora Eberle dijo...

¡Sí, seamos inexplicables!
Un abrazo cariñoso.
Liliana