miércoles, 1 de junio de 2011

Hondura


Por Leonardo Favio *

"Desde mi nacimiento hasta que cumplí tres años tal vez lo único importante que me ocurrió fue que mis padres se separaron. Luego vino lo demás: andar tras la caricia, venga de donde venga; conocí la soledad esa que duele hondo, hondo como la mirada de un hijo triste. Hasta casi los diecisiete años mi vida fue un caleidoscopio en constante giro, cuyo único motivo fue la búsqueda de la luz, el logro de la libertad. Hasta casi los diecisiete años mi vida fue burlar puertas, altos muros, calabozos, saltar de los camiones del Patronato de Menores y una imagen constante que tengo de mí es la de un chico que corre y corre, corre y corre; un chico que corre, corre, corre, corre, un chico que corre, corre, corre y cuando me detuve, conocí el Manicomio. Buscando el amor, metí la mano en cada hueco que supuse que estaba. Sin temor, sin pudor, a cielo abierto.

En cuanto al dolor, he brindado con él todos los vinos y sé que aún queda más, mucho más. Pues bienvenido seas mi viejo y querido amigo; aquí te espero".

* Fragmento de su texto titulado “El abuelo” (1973), publicado en la web La vida de Favio.

La fotografía pertenece a Ansel Adams.

4 comentarios:

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Qué profunda tristeza (no reñida con la hermosura de sus palabras) la que emana del texto, compa Caro. No tengo referencia alguna de su autor, pero no me cabe duda de que alguien capaz de escribir un texto como ése acumula en los pliegues de su alma, y en los recovecos de su mente, tanta snesibilidad como talento para expresarla. Una maravilla, vaya...

Un abrazo y hasta pronto.

Caro dijo...

Hola, Manuel,

Te cuento que Leonardo Favio es artista múltiple: es cantante, compositor, actor y director de cine, uno de los cineastas más grandes de Argentina. Si algún día tienes la posibilidad de acercarte a sus películas, te recomiendo mis preferidas: "Crónica de un niño solo" (1965), "El romance del Aniceto y la Francisca" (1967) y "El dependiente" (1969).

¡Un abrazo!

Martha dijo...

Casi siempre coincidimos en las obsesiones, Caro.Beso

Martha Silva

Caro dijo...

¡Gracias, Martha!

Un beso grande.