martes, 3 de mayo de 2011

Bafici 2011 - Parte 8


La Lisière (Alemania/Francia, 2010)
Dirección: Géraldine Bajard
Sección: Competencia oficial internacional

Hace unos días comentaba la película sueca Burrowing, protagonizada por un niño que escapaba hacia un bosque cercano para evadir la maleza afectiva del barrio en donde vivía. El film franco-alemán La Lisière, casualmente, también gira en torno de un bosque, un barrio nocivo y un personaje que quiere huir, salvo que acá no hay un sendero filosófico que opere como guía. En esta película no hay mapa alguno y encima, cuando el relato avanza, en la ruta sólo se vislumbra niebla y más niebla, y sin embargo uno sigue adelante creyendo que en algún punto se despejarán las ideas, pero resulta que no. A veces, simplemente, lo único que importa es perderse.

En el centro del film está François (Melvil Poupad), un joven médico a quien le acaban de ofrecer un puesto en el pequeño pueblo de Beauval, para lo cual debe abandonar París, alejándose de su novia y de sus amigos, un círculo snob que ya parece aburrirlo. Quizás el hombre quiera entrar en otros ritmos existenciales, más serenos, más francos. Habrá que adivinarlo, porque cuando Poupad empuña su sonrisa insondable, no tenemos otra opción que consolarnos con el quizás. Sí sabemos que en el nuevo barrio al protagonista lo esperan códigos extraños, un paisaje que sólo ostenta dos colores: sexualidad y amenaza. Allí una banda de preadolescentes se entretiene jugando al borde de la ruta. Las chicas se disfrazan de prostitutas mientras los chicos dan órdenes, todos peinados y arropados con look anacrónico, como si vivieran una fábula atemporal en donde sólo gobierna el instinto básico. De a poco la película nos lleva al áspero terreno de la atracción entre adolescentes y adultos, mientras la narración nos hace recorrer geografías típicas de un Chabrol o un Dumont que aquí tienen sabor al Pueblo de los Malditos, con una atmósfera saturada de inestabilidad lyncheana.

Según sus propias declaraciones, la realizadora Géraldine Bajard intentó, por un lado, cuestionar la actitud de los adultos posmodernos que pretenden prolongar su juventud, y por otro, mostrar que los chicos pueden ser perversos y manipuladores cuando sus padres los crían en estructuras de valores confusos. En un principio esta voluntad provocadora parecería acompañar cierta impronta lúdica de la puesta en escena, hasta que en la historia alguien muere y ya no pueden recobrarse los aires eróticos. Pero más allá de las interpretaciones sociológicas, lo interesante del trabajo de Bajard reside en su inclinación por las formas abiertas, por los contornos volátiles que concientemente eluden las suturas entre una escena y la siguiente. Al igual que Burrowing, en el film francés hay muchas situaciones que necesariamente no cierran, porque ésa es la única manera de hacernos sentir esa carencia que en cada personaje se traduce en una especie diferente de ansiedad. En medio del vértigo que acarrea todo festival de cine, hay que agradecer un recreo como La Lisière, la clase de película que me gusta calificar como perfecta transición entre otras proyecciones. Un film para reacomodar los reflejos, para entrenar las expectativas, para recuperar las ganas de caminar por la cornisa del enigma sin sentirnos obligados a resolverlo.