miércoles, 23 de marzo de 2011

Creencia


Por Rodrigo Tarruella *

Cada filmografía de un director contiene una creencia en algo. Sea un gran artista, un artesano anónimo, un mediocre o un imbécil. Las creencias difieren y chocan, o parecen chocar. No es necesario compartir el protestantismo ortodoxo de Dreyer, los catolicismos de Hitchcock, Rossellini, Coppola o Scorsese, el marxismo de Eisenstein o los budismos de Ozu y Mizoguchi para aprender a disfrutar con sus obras, pero sí averiguar desde qué creencias y códigos nos hablan. Los disparates de interpretación y apropiación desde un código único (fuere psicoanalítico, marxista o cualquier otro) indican un deseo autoritario de ignorar cuál es el motor de creencias de cada artista. Ninguna obra se edifica sobre la pura forma. No hay "mecanismos" a estudiar, sino creencias que dan obras. Buñuel es, conscientemente, la educación con los jesuitas pasada por el surrealismo. Un código traspasado por otro. Ignorar, o silenciar, uno de los términos en beneficio del otro es entrar en mentiras sectarias y decir boludeces (las de 'derecha' y las de "izquierda" son simétricas). Los poetas-cinematográficos trabajan sobre la vida: contradicciones, paradojas. Hablar y escribir sobre cine es también trabajar conviviendo con paradojas y contradicciones. Y es confrontar las creencias de uno con las de cada autor o cada película.

* Fragmento del libro Jugar (la luz de otra cosa). Textos críticos de Rodrigo Tarruella, editado por el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Marzo 2009).
 
La imagen pertenece al film Ordet, de Carl T. Dreyer.