jueves, 3 de febrero de 2011

Un pedacito...

…de la vida de un maestro.

Lo que sigue es un fragmento de un libro sobre Sergei Eisenstein, en donde el autor relata un episodio de la infancia del cineasta ruso.

Por Dominique Fernandez *

“¿Las condiciones para una buena estructura del Yo no se encuentran ya reunidas? Un padre fuerte sobre el que poder apoyarse, eje de la identificación y la oposición; una madre agradablemente fina; una nodriza que corrige el cosmopolitismo un poco fútil de los padres con la solidez calurosa de la tradición popular.

En realidad, era una familia en plena crisis. Posiblemente a causa del «cambio de papeles». El acto de autoridad partió de la madre. En 1905 decidió partir. ¿Desavenencia, atracción de otro hombre, o pura manifestación de energía? Se llevó a su hijo y llegó con él a San Petersburgo. Idilio entre el jovencito y su madre, mientras están los dos solos. Pero, un día, bruscamente, le envió a casa de su padre en un compartimento de tren cerrado con llave.”

* Fragmento del libro Eisenstein, el hombre y su obra, de Dominique Fernandez. (Editorial Aymá, Barcelona, 1975).

Hace muchos años conocí esta anécdota de la vida temprana de Eisenstein, y hoy sigo sin poder quitarme la imagen de la cabeza. Veo a ese muchachito de siete años desesperado, solo, llorando, tratando de entender por qué su madre cometió semejante crueldad. Años después se convirtió en un genio irremplazable. Y jamás olvidó lo que sintió en ese tren.