sábado, 31 de diciembre de 2011

Ningún fin del mundo...


..al contrario, 2012 está llegando con muchas cosas para hacer, así que supongo que no me daré cuenta si la tierra se parte al medio y me traga cuando voy por la mitad de la película. ¿Tiempo para el blog? Lo veo difícil, pero habrá que encontrarlo. En bote, en balsa o con salvavidas, Venecia seguirá a flote. Quiero agradecer a todos los que siempre están ahí: familia, amigos, colegas, lectores, alumnos y entusiastas del cine. Y sobre todo a vos, por enseñarme que existen un montón de técnicas diversas para el remo cotidiano.

Los dejo con el deseo del gran Juarroz, que es también el mío. Aunque a decir verdad, más que un vago deseo es una propuesta de trabajo con un programa bien preciso. Por eso me gusta tanto. ¡Abrazos! 

Hay que inventar respiraciones nuevas.
Respiraciones que no sólo consuman el aire,
sino que además lo enriquezcan
y hasta lo liberen
de ciertas combinaciones taciturnas.

Respiraciones que inhalen además
las ondas y los ritmos,
la fragancia secreta del tiempo
y su disolución entre la bruma.

Respiraciones que acompañen
a aquel que las respire.

Respiraciones hacia adentro del sueño,
del amor y la muerte.

Y para eso hay que inventar un nuevo aire,
unos pulmones más fervientes
y un pensamiento que pueda respirarse.

Y si aún faltara algo,
habría que inventar también
otra forma más concreta del hombre.


Roberto Juarroz 

viernes, 30 de diciembre de 2011

Ante el tiempo


"Ante una imagen, tenemos humildemente que reconocer lo siguiente: que probablemente ella nos sobrevivirá, que ante ella somos el elemento frágil, el elemento de paso, y que ante nosotros ella es el elemento de futuro, el elemento de la duración. La imagen a menudo tiene más de memoria y más de porvenir que el ser que la mira."

Georges Didi-Huberman (en su libro Ante el tiempo)

La imagen está en la cueva de Lascaux, protagonista de La cueva de los sueños olvidados, de Werner Herzog. Un estreno maravilloso para cerrar el año.

martes, 27 de diciembre de 2011

Vueltas


"Soy quien fui cuando encontré lo que no sería."

Vicente Núñez
("Sofisma")

En la imagen: Drive, de Nicolas Winding Refn

Tanteo


"Es muy aconsejable
dar a las conclusiones tratamiento de hipótesis."

Vicente Núñez
("Sofisma")

En la imagen: Film Socialisme, de Jean-Luc Godard

Uno con uno


"¿Quién me garantiza que el estar conmigo no es
la mera consecuencia de una huida?"

Vicente Núñez
("Sofisma")

En la imagen: Once upon a time in Anatolia, de Nuri Bilge Ceylan

Exceso


"El amor es un exceso de carencia."

Vicente Núñez
("Sofisma")

En la imagen: Himizu, de Sion Sono

lunes, 26 de diciembre de 2011

Demasiados extras


Por David Lynch *

No grabo comentarios del director para las ediciones en DVD de mis películas. Sé que la gente disfruta con los extras, pero ahora, con tantos complementos, parece como si la película perdiera. Tenemos que preservar la película. Debería destacar por sí sola. Trabajas tanto por conseguir que quede de un modo concreto que no debería toquetearse más. Los comentarios del director son una invitación a cambiar la manera en que la gente capta lo más importante: la película. Me parece bien contar anécdotas de un film, pero contarlo mientras pasa es un sacrilegio.

* En su libro Atrapa el pez dorado. Meditación, conciencia y creatividad. (E. Mondadori)

jueves, 22 de diciembre de 2011

Mar del Plata 2011 - Girimunho


Girimunho (Brasil, 2011)
Dirección: Clarissa Campolina y Helvécio Marins Jr.
Sección: Competencia latinoamericana


Quedan pocas imágenes”, dice Werner Herzog en esa perfecta escena de Tokio-Ga en la que él y Wim Wenders se encuentran en el mirador de la Torre de Tokio. “Observando el panorama desde aquí, sólo se ven los edificios. Las imágenes ya no son posibles. Tendría que ser arqueólogo y excavar con una pala para lograr encontrar algo en este paisaje agredido”. El enojo de Herzog crece mientras la ciudad desde lo alto parece un tetris de cemento que se resuelve en piloto automático, sin vértigo. “Necesitamos imágenes que estén en armonía con nuestra civilización y nuestra intimidad más profunda”, reclama el director de Fitzcarraldo, y así comienza a embalarse y asegura que para hallar esas imágenes se iría a filmar a Marte o a Saturno si una nave espacial lo llevara. En ese instante Tokio deja de importarnos porque es el mismo Herzog, su megalomanía, lo que llama la atención de Wenders. ¿Pero qué busca su paisano? ¿Acaso el Japón moderno no es un claro producto de “nuestra civilización”?  Herzog sigue en la suya: “Se debe ascender una montaña de 8.000 metros para encontrar imágenes limpias, claras y transparentes. Aquí no hay más nada.” Lejos de subir, Wenders decide dejar a su amigo y bajar de la torre. Aún hay mucho por descubrir en el llano.
Por suerte Herzog se dedicó a explorar cumbres, hielos, cuevas y océanos y nunca dejó de regalarnos esas imágenes que él anhelaba. Existen. Están ahí. Y es evidente, por otro lado, que en su diagnóstico agorero el director se refería específicamente a los daños que el capitalismo le provoca al paisaje. Si bien al escucharlo sabemos que el planeta no puede reducirse a ese pedacito de Tokio, resulta inevitable sintonizar con su nostalgia por todo eso que hoy ya no podemos ver. Son demasiadas las imágenes que resignamos por ser bichos urbanos. Aquí es donde un film como Girimunho se convierte en un preciado tesoro, como también lo son Alamar, La Tigra-Chaco, Le quattro volte y Border (la del búfalo en Armenia), por nombrar solo algunas obras vistas en los últimos dos años. Ante estas películas uno cree palpar esa "pureza" que tanto obsesiona al realizador de Aguirre. El problema es que la pureza prácticamente no se puede explicar. Como la magia.

La sabia afabilidad de Girimunho me llevó a Ozu y de allí a Wenders y a Herzog. Sepan disculpar esta larga digresión que sólo intenta intuir cuáles podrían ser hoy nuestras imágenes necesarias. O prioritarias. O esenciales. Girimunho es a la vez documento y fantasía. Un Brasil de una paz desconocida, un paraíso de música y sol en donde un hombre puede volver de la muerte hecho fantasma porque adora trabajar en su taller y no quiere abandonarlo. “Sólo una vez lloré, hace mucho tiempo”, dice Bastu, la abuela protagonista de film, y le creemos. Y justo cuando la ficción está a punto de transformarse en un sueño hermoso pero imposible, Bastu saca un arma de un cajón y confiesa su pasado de pistolera, y entonces la historia aterriza en lo real, por esa manía instintiva que nos hace asociar lo real únicamente con la violencia. Más tarde un nieto de Bastu llevará el arma a la ciudad para venderla como si fuera una reliquia, un objeto curioso que ya no cumple función alguna en este mundo. Entonces dan ganas de pensar que Girimunho es una película futurista, y recién ahí nos cae la ficha que Herzog nos pedía: la única imagen verdaderamente universal e imprescindible es la de la utopía.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Top 15 - Cine extranjero 2011

Esta lista no tiene necesariamente un orden jerárquico, aunque sé que Poetry ya es una de mis películas más amadas de todos los tiempos. Y la maravillosa cueva de Herzog aún no se estrenó, pero todo indica que llegará horas antes del año nuevo.

Estos son, en mi opinión, los mejores estrenos de 2011.

Top 15

1 - Poetry, de Lee Chang-dong

2 - La cueva de los sueños olvidados, de Werner Herzog

3 - La piel que habito, de Pedro Almodóvar

4 - Morir como un hombre, de João Pedro Rodrigues

5 - Aquel martes después de Navidad, de Radu Muntean

6 - Habemus Papa, de Nanni Moretti

7 - Copia certificada, de Abbas Kiarostami

8 - La vida útil, de Federico Veiroj

9 - 127 horas, de Danny Boyle

10 - Blue Valentine, de Derek Cianfrance


12 - De dioses y hombres , de Xavier Beauvois

13 - Medianoche en París, de Woody Allen

14 - Alamar, de Pedro Fernández-Rubio

15 - Súper 8, de J.J. Abrams

martes, 13 de diciembre de 2011

Top Ten 2011 - Cine argentino


Termina el año y empezamos a hacer listas, sabiendo que son relativas porque no hemos podido ver todo. Se trata, simplemente, de una selección provisoria. O, como señaló alguna vez una lectora, quizás funcione como una guía de películas para ver en vacaciones. En este post vamos con las locales. Pronto haremos lo propio con los estrenos extranjeros.


Ton Ten del año - Cine argentino

1 - Los labios, de Santiago Loza e Iván Fund

2 - Las acacias, de Pablo Giorgelli

3 - Los Marziano, de Ana Katz

4 - Hachazos, de Andrés Di Tella 

5 - El estudiante, de Santiago Mitre 

6 - Un amor, de Paula Hernández 

7 - La vida nueva, de Santiago Palavecino

8 - Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, de Mariano Cohn y Gastón Duprat

9 - Cerro Bayo, de Victoria Galiardi 

10 - Mi primera boda, de Ariel Winograd

lunes, 12 de diciembre de 2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

Profecía de una memoria por alcanzar


Por John Berger *

"Las fotografías  son reliquias del pasado, huellas de lo que ha sucedido. Si los vivos asumieran el pasado, si éste se convirtiera en una parte integrante del proceso mediante el cual las personas van creando su propia historia, todas las fotografías volverían a adquirir entonces un contexto vivo, continuarían existiendo en el tiempo, en lugar de ser momentos separados. Es posible que la fotografía sea la profecía de una memoria social y política todavía por alcanzar. Una memoria así acogería cualquier imagen del pasado, por trágica, por culpable que fuera, en el seno de la propia continuidad. Se trascendería la distinción entre los usos privado y público de la fotografía. Y existiría la familia humana."

* Fragmento de su artículo “Usos de la fotografía”, publicado en el libro Mirar.

La imagen pertenece a Robert Capa.  

jueves, 8 de diciembre de 2011

Taller: El cine y el mundo contemporáneo

El cine y el mundo contemporáneo
Taller de análisis cinematográfico

A cargo de Carolina Giudici

Lunes de 19:00 a 21:00 / Comienza el 9 de enero de 2012/ 4 encuentros / En el barrio de Almagro.

A lo largo de 2012 nos proponemos hacer un recorrido por el cine contemporáneo y sus principales representantes. Empezamos en enero con este taller dedicado a cuatro realizadores de estilos y orígenes diversos que abordan algunas de las problemáticas más complejas del mundo actual. Como hacemos siempre en nuestros talleres, no sólo discutimos las películas en grupo sino que además sumamos nuevos conceptos teóricos para ampliar la mirada crítica. *

1- Gus Van Sant: el palpitar adolescente. Análisis de Elephant y Paranoid Park.

2- Christian Petzold: el amor en la “modernidad líquida”. Análisis de Yella y Jerichow.

3- Bong Joon-ho: violencia y extrañamiento. Análisis de Memories of murder y Mother.

4- Nobuhiro Suwa: crisis en la familia. Análisis de M/Other y Yuki&Nina.


Inicio del taller: Lunes 9 de enero (hasta el 30 de enero) en el horario de 19:00 a 21:00

Lugar: Barrio de Almagro. (Hay aire acondicionado).

*Es importante asistir a los encuentros con las películas vistas, por eso como parte del taller también ofrezco copias de las películas (que pueden retirar en el momento de la inscripción).

Para inscripción y consultas llamar al número 4865 - 3317 (dejar nombre y número de contacto), o escribir a: datosparacaro@yahoo.com.ar

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Otra oportunidad

En el marco del cierre de temporada, la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín proyectará este fin de semana  tres de las mejores películas estrenadas este año: El estudiante, La vida útil y Los labios

La entrada para estas funciones es gratuita.

Programación:

Sábado 10:
Los labios (Argentina, 2010) 
Dirección y guión: Santiago Loza e Iván Fund.
A las 14:30 (100’; 35mm.)

El estudiante  (Argentina; 2011) 
Dirección y guión: Santiago Mitre.
A las 18:00 (110’, digital)
La vida útil (Uruguay / España; 2011)  
Dirección: Federico Veiroj.
Guión: Inés Bortagaray, Gonzalo Delgado, Arauco Hernández y Federico Veiroj.
A las 21:00 (67’; 35mm.)

Domingo 11:     
El estudiante
A las 14:30

La vida útil
A las 18:00

Los labios
A las 21:00

Las proyecciones se realizan en la sala Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530).  Las localidades se retiran en la boletería del teatro, a razón de dos por persona, desde dos horas antes del comienzo de cada función.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Mar del Plata 2011 - Tatsumi


Tatsumi (Singapur, 2011)
Dirección: Eric Khoo
Sección: Competencia internacional 

En su quinto largometraje el cineasta singapurense Eric Khoo le rinde homenaje a su admirado Yoshihiro Tatsumi, un maestro del comic japonés conocido por desarrollar un innovador estilo de novelas gráficas para adultos, género conocido como “gekiga”. Para contar la historia de Tatsumi y a la vez transmitir el impacto de su trazo, el director de Be with me decidió hacer un film de animación conjugando dos líneas: por un lado, el relato recrea cinco de las historietas más relevantes del dibujante, y por otro, narra algunos episodios de su vida inspirados en “A drifting life”, una monumental autobiografía que abarca unos 50 años de historia japonesa, desde el final de la Segunda Guerra hasta los ’90. 

Tatsumi es una película ambiciosa con la que al principio cuesta conectarse. Su voluntad de tributo le impone al relato una valla de solemnidad que es necesario vencer para sumergirse en el fluir emotivo de las viñetas. Confieso que durante la proyección no pude olvidarme del brillante film American Splendor, ya que su propuesta es similar a la de Khoo y los personajes de Harvey Pekar son antihéroes de lo cotidiano, como los de Yoshihiro. American Splendor tenía actores reales pero también apelaba a la animación para imbricar vida y obra del artista, y en esa fusión la película se permitía ser desestructurada y pícara, claro que para eso contaba con la ventaja inigualable de tener a personaje y autor unificados en la figura de Pekar. La trayectoria del japonés es muy distinta y por eso la síntesis requerida resultaba más compleja; a través de esta comparación solo me estoy preguntando si, quizás, una actitud menos reverencial podría haber potenciado una relación más libre entre el realizador y su material.

Sin embargo, y a pesar de sus altibajos, Tatsumi gana y conmueve porque nace de un objetivo absolutamente noble y coherente con la obra de Khoo: comprender cómo nos hemos forjado este presente de egoísmo, miedo y soledad, un mundo en donde ya no sabemos cómo vincularnos. Hiroshima, la guerra fría, Vietman, el capitalismo feroz, la alienación, no son fenómenos que se limiten a una región del mapa: son la historia del hombre, de su deshumanización, un destino ante el cual dibujante y cineasta comparten el mismo abatimiento, la misma sensibilidad exaltada. El cine de Khoo, es cierto, a veces puede bordear la sordidez paralizante (como sucede en su trabajo anterior, My Magic), pero evidentemente posee un radar especial para apresar esas almas vitalistas que marcan la diferencia. Al final del film lo vemos al Tatsumi de carne y hueso. Él es quien cumple aquí el rol luminoso que Theresa Chan detentaba en la gran Be with me.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Mar del Plata 2011 - El premio

El Premio 
(México/Francia/Polonia/Alemania, 2011)
Dirección: Paula Markovitch
Sección: Competencia internacional

"¿Qué quiere decir “pesimista”?", le pregunta Cecilia a su mamá. La niña intuye el significado, puede inferirlo a través de su propio viaje, pero verbalizar la pregunta implica también un desafío, una forma de protesta. Poner en palabras. De eso se trata el concurso literario que un joven sargento anuncia en el colegio: será premiado aquel alumno que redacte el mejor texto en honor a la bandera. Y entonces Cecilia aprenderá que, para sobrevivir, a veces las palabras verdaderas deben someterse a las que nos son impuestas.

El citado concurso escolar y sus consecuencias se desarrollan en la segunda mitad de la película, que busca combinar la alegoría con la lección de vida (coyuntural) para delatar la siniestra hipocresía imperante en los años de la dictadura. Las acciones de Cecilia generan una situación de suspenso genuino que incluso suma matices al personaje de la maestra, rol que al principio parecía sólo tangencial. Sin embargo, en su último tramo el relato pierde cierta fuerza porque se hace notar la pauta del guión, la insistencia en el sentido del mensaje, con un subrayado en los diálogos que luce innecesario para un film que hasta entonces había respirado con notable espontaneidad. De hecho, en su primera parte El premio es una película casi perfecta.
Como en El Polonio, el escenario aquí vuelve a ser una playa en invierno gobernada por un sol perezoso y un viento tenaz. Estamos en algún rincón de la costa bonaerense. Cecilia trata de deslizar sus patines de rueditas sobre la arena húmeda, y no puede y se queja y dice que quiere irse, pero a la vez descubre que en esa playa puede escaparse, jugar, tener intimidad, soñar, lanzarse a rodar por los médanos con la más pura felicidad. Y ahí nomás, pegadito a la euforia, también está el mar, que aquí no es precisamente sinónimo de lo sublime infinito. Al mar se lo mira de soslayo. Es el límite, el monstruo que no siente culpa a la hora de devorar las pocas cosas que las protagonistas atesoraban. En esa escena frente al mar la realizadora Paula Markovitch exhibe una finísima concepción simbólica del encuadre, virtud responsable de algunos de los momentos más bellos del film.

Otra escena estupenda es aquella en la que una tormenta en plena noche comienza a inundar la cabaña que habitan Cecilia y su mamá. Subió la marea y resulta imposible detener el agua que se filtra por debajo de la puerta. La madre lo intenta, aunque sea una batalla perdida. En el mismo plano vemos a la mujer moverse con bronca mientras a su lado la pequeña no deja de saltar y chillar frente a la ventana, como si estuviera celebrando el acontecimiento, alienada en su propio mundo. Pero Cecilia es demasiado inteligente como para no ser consciente de lo que ocurre. Su papá ya no está y su mamá se ahoga en el pánico. Hay que usar un nombre falso y escribir con eufemismos. Los mejores amigos también pueden traicionar. En medio de la tempestad, la alegría inoportuna de Cecilia es sólo un gesto de rebeldía, una manera de proteger el pedacito de infancia que aún merece, los últimos restos de libertad real. Es su forma de decir que ella no tiene miedo, o que al menos tiene derecho a no sentirlo todavía, porque antes debería respetarse su derecho a ser niña. Debería.    

jueves, 24 de noviembre de 2011

Semana del Cine Europeo 2011, en el Gaumont

El próximo martes 29 de noviembre comienza la Semana de Cine Europeo en Buenos Aires. Con sede en la sala Gaumont, el ciclo se extenderá hasta el 6 de diciembre y exhibirá los más recientes trabajos de Aki Kaurismaki, Paolo Sorrentino, Lars von Trier, Andreas Dresen y los hermanos Dardenne.  La muestra fue programada y será inaugurada por Thierry Frémaux, Director General del Festival de Cannes, y contará con la presencia de reconocidos realizadores que acompañarán la proyección de sus películas (¡sí, vienen los directores de Rosetta!)

Programación:
Le Havre, de Aki Kaurismäki (Alemania, 2011) Martes 29 de noviembre 20.30hs (presentación especial Thierry Fremaux) / Sábado 3 de diciembre 20.30hs

Melancholia, de Lars von Trier (República Checa, 2011) Jueves 1 de diciembre 20.30hs (presentación especial de Gaspar Noé) / Domingo 4 de diciembre 20.30hs

Le gamin au veló, de Jean-Pierre y Luc Dardenne (Bélgica, 2011) Miércoles 30 de noviembre 20.30hs (presentación especial de los realizadores) / Martes 6 de diciembre 18hs

Stopped on track, de Andreas Dresen (Alemania, 2011) Sábado 3 de diciembre 18hs / Martes 6 de diciembre 20.30hs

This must be the place, de Paolo Sorrentino. (Estados Unidos, 2011 Viernes 2 de diciembre 20.30hs / Lunes 5 de diciembre 20.30hs

La cita es en el cine Gaumont-Espacio INCAA Km O (Av. Rivadavia 1635). El costo de la entrada individual será  de 8 pesos y habrá un pack promocional de 5 películas por 30 pesos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Mar del Plata 2011 - El Polonio


El Polonio (Argentina, 2011)
Dirección: Daiana Rosenfeld y Aníbal Garisto
Sección: Competencia argentina

Amanece. Una mujer remolonea en la cama acompañada por sus dos perros, en medio de una habitación desordenada y fría. Por unos segundos me asalta la impresión de estar en un espacio levemente inclinado, como si el personaje se estuviera despertando dentro de un barco encallado en un médano. Tal vez sea un efecto deliberado de la cámara, o quizás sea solo mi propio deseo de romantizar un poquito la historia de Nati en Cabo Polonio, imaginándola como una aventurera que ha transformado en hogar algún buque abandonado hace siglos. Pero se trata simplemente de una casita sobre la playa, un desvalido refugio sin luz ni gas ni agua corriente. Allí Nati cada mañana desayuna su dosis de tabaco, pastillas y Coca-cola. Allí, cree ella, será capaz algún día de encontrar su tierra firme. Pero a pesar de la esperanza enunciada, nunca se disipa en el film la certeza de la pendiente, el siempre acechante desequilibrio. ¿Es que acaso existe en nuestra psiquis algo equivalente al “nivel del mar”?
Herida por la tragedia, la montevideana Natalia Martínez narra su experiencia de vida en este pueblo de la costa uruguaya que cada verano recibe a unos tres mil turistas, si bien sus habitantes no son más de sesenta, de los cuales muchos podrían entrar en la categoría de “pacientes”, en palabras de la protagonista. A lo largo de un año, los realizadores argentinos Daiana Rosenfeld y Aníbal Garisto se dedicaron a capturar fragmentos de la rutina de la joven y de otros residentes del lugar, trabajo cristalizado en este documental que combina ciertos códigos clásicos (el testimonio a cámara inicial) con otros más próximos al ensayo antropológico y contemplativo. El Polonio es la clase de proyecto que depende mucho del abanico de apuntes recogidos, y en este caso esos apuntes no resultan lo suficientemente llamativos u organizados como para sostener la ambición de la película.
Más allá del innegable atractivo geográfico, el film no termina de decidirse por una línea a seguir, ya que por momentos parece un diario íntimo del personaje principal, y en otros pretende ser un fresco del pueblo entero, un doble abordaje que podría funcionar muy bien si el relato supiera cómo amalgamarlo. La película, sin embargo, no profundiza en la comunidad ni en su funcionamiento y se limita a mostrar unas pocas personalidades pintorescas, convirtiendo el bienestar psicológico en una cuestión meramente individual y voluntarista. Como señalaba al principio, una vez que advertimos la situación concreta de Nati se nos diluye el barniz romántico y no se recupera más. Pero el film insiste y tira de esa cuerda -hasta forzarla, incluso-: quiere extraer cierta belleza bohemia allí donde no hay otra cosa que llana precariedad. Quiere que veamos a estos sujetos como aguerridos “freaks” que un día supuestamente optaron por una forma de vida alternativa, y ahí es cuando nos sentimos incómodos, porque nos preguntamos cuántas de estas personas tuvieron realmente la posibilidad de elegir. El Polonio genera sensaciones enredadas que podrían resumirse en la escena de la ballena varada en la playa que aparece hacia el final: podemos quedarnos con el efecto inmediato y fascinante de esa imagen extraordinaria, casi surrealista (que además recuerda el cierre de La dolce vita), o podemos detenernos unos segundos más y comprobar la enorme tristeza de ese ser privado de su hábitat natural. Indefenso, solo y totalmente desesperado.

* El Polonio se estrenó en Buenos Aires el pasado jueves. Actualmente se exhibe en el cine Gaumont.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Nutrido ciclo de cine argentino en el Cosmos

Hoy comienza un ciclo de cine argentino que se realizará de jueves a domingo hasta el 4 de diciembre en la sala Cosmos-UBA. Organizado por la agrupación Proyecto Cine Independiente (PCI), el ciclo ofrecerá una amplia retrospectiva de cortos y 26 largometrajes de reciente producción, y tendrá como condimento especial el estreno de tres óperas primas.

El jueves 17 de noviembre, a las 22, se presentará Las Acacias, de Pablo Giorgelli, primera película argentina en ganar el premio Cámara de Oro a la mejor ópera prima en Cannes. Por otro lado, el sábado 19 de noviembre, a las 20, será el estreno de El camino del vino, de Nicolás Carreras, y finalmente el domingo 27 de noviembre, a las 22, se estrenará Pompeya, de Tamae Garateguy. Además de las proyecciones se ofrecerán charlas y entrevistas con los responsables de las películas.

Según explica el PCI, la muestra tiene el objetivo de concientizar sobre las graves dificultades que tienen las películas argentinas para ser exhibidas en las salas de cine. Esta es una muy buena oportunidad para recuperar esos títulos que pasaron fugazmente por la cartelera. A continuación, la grilla de películas correspondiente al mes de diciembre:

Programación
Jueves 1º de Diciembre
18:00 - Hachazos, de Andrés Di Tella
20:00 - Puentes, de Julián Giulianelli
22:00 - Los Marziano, de Ana Katz

Viernes 2
18:00 - Un mundo misterioso, de Rodrigo Moreno
20:00 - Apuntes para una biografía imaginaria, de Edgardo Cozarinsky
22:00 - El camino del vino, de Nicolás Carreras

Sábado 3
18:00 - Tiempo muerto, de Baltazar Tockman
20:00 - Ramanegra, de Camila Toker
22:00 - Pompeya, de Tamae Garateguy

Domingo 4
18:00 - Incómodos, de Esteban Menis
20:00 - Los Marziano, de Ana Katz
22:00 - Programa de cortometrajes:
"Casa futura", de Ariel Rotter (estreno)
“Champaquí” Paulo Pécora
“Más adelante”, Lucía Puenzo & Esteban Puenzo
“Película bruta”, Mariano de Rosa
“Hamelin”, Daniel Rosenfeld
“Un espacio para el olvido”, Sabrina Farji

Las funciones se realizan en el Cine Cosmos-UBA (Av. Corrientes 2046).
La entrada general cuesta 15 pesos (10 para estudiantes de la UBA y jubilados). Para más información consultar el blog del PCI.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mar del Plata 2011 - Without


Without (EE.UU., 2011)
Dirección: Mark Jackson
Sección: Competencia internacional

más allá de cualquier zona prohibida
hay un espejo para nuestra triste transparencia

Alejandra Pizarnik

Así como Dolores Fonzi se ve obligada a habituarse a un nuevo ámbito en la ya comentada El campo, la protagonista de Without también debe adaptarse a los aromas de un espacio ajeno. Ambas mujeres parecen estar huyendo de algo, sólo que la ópera prima de Mark Jackson le impone a su personaje un trayecto inverso: si el film argentino parte de un suspenso palmario para cambiar sobriamente de tono, la película norteamericana despega con cierta frescura pero se va enrareciendo mediante turbios desvíos que hacen brotar una ansiedad tan contundente como estremecedora. 
Luego de viajar en ferry hacia un paisaje boscoso, Joslyn (Joslyn Jensen) llega a la casa de una familia que la contrató para cuidar al abuelo, un anciano de mirada perdida que no habla y está en silla de ruedas. Antes de partir de vacaciones con sus hijos, los dueños de casa le dan a la joven un instructivo al que denominan “La Biblia” y le comunican la noticia fatal: ahí no hay conexión a Internet. Joslyn deberá pasar los futuros días sin computadora, sin señal de celular, sin los artefactos que para una adolescente hoy representan el único respiro posible, de allí que el título de la película sea “without” (sin). El eje dramático no puede ser otro que la carencia.

La bella Joslyn aún no cumplió veinte años. La introducción del film la muestra como una chica sencilla y discreta, eludiendo con estilo el galanteo de un muchacho que acaba de conocerla. Al principio cumple con las tareas asignadas mientras realiza el necesario reconocimiento del terreno. Cuando la novedad muta en rutina, el hastío inunda todos los rincones y cierta inestabilidad comienza a aflorar en los movimientos mínimos. Joslyn bien podría relajarse, jugar, animarse a seguir a ese ciervo que un día se asoma al jardín de la casa, pero ella sólo es capaz de replegarse dentro de sí, atada a su smart phone, desesperada sin red, pendiente de su esbelto cuerpo, al que dedica largas horas de entrenamiento. Virtualidad y violencia fraguadas en la construcción de lo más íntimo. La existencia cincelada en función de las pantallas y el espejo, esa duplicidad cómplice del peor enemigo.

No conviene revelar más detalles de una película que funciona especialmente por su imprevisibilidad (deseando también que el film pronto se pueda conseguir de alguna forma). Es cierto que en más de un momento la historia amenaza con resbalar hacia la arbitrariedad, pero el film enseguida recaptura la atención con nuevas hipótesis sobre lo que le podría estar ocurriendo a la protagonista, todo enhebrado a través de un montaje villanesco que goza al hacernos bordear a cada paso la pesadilla, sometiéndonos fragmentariamente a la contemplación de una angustia de raíces inescrutables. Desde una puesta en escena minimalista, el relato progresa con sigilosa furia gracias a la astuta estructura del guión, verdadero modelo de dosificación narrativa. Por suerte Jackson no se limita a impartir sólo un diagnóstico subjetivista de una psicología o de una generación: diversas relaciones interpersonales confluyen en la trama y todas reciben una aguda pincelada crítica. Without fue una de las proyecciones que más disfruté dentro del festival, y el hecho de que resulte una película tan absorbente es en gran medida mérito de la debutante Joslyn Jensen, justa ganadora del Astor a la mejor actriz de la competencia internacional.

martes, 15 de noviembre de 2011

Mar del Plata 2011 - A woman


A woman (EE.UU./Italia, 2011)
Dirección: Giada Colagrande
Sección: Noches especiales
En un festival de cine solemos encontrarnos con producciones que no nos conforman o que se hallan por debajo del nivel medio de calidad esperado. Es lógico que esto suceda dentro de una programación con decenas de títulos, y es aún más factible si elegimos no apostar siempre a lo seguro. Porque también se trata de descubrir. Cuando saqué la entrada para A woman no sabía que tenía como protagonista a Willem Dafoe, la gran estrella invitada de este festival. Y mientras miraba esta película imposible ignoraba que su directora, la italiana Giada Colagrande, era la esposa del actor. Lo supe cuando terminó la proyección. Este dato es lo único que permite entender la presencia en Mar del Plata de A woman, un subproducto que bien podría perderse en la grilla del cable: típico film Cosmopolitan con vocación de thriller psicológico y todos los aderezos visuales de una pornosoft que nunca llega a ser tal, porque aquí no hay sexo (está bien que la realizadora utilice a su marido pero no le exijamos que lo exponga a tanto). Imaginen la trama de la Rebecca hitchcockiana ambientada en el bello sur de Italia: enamorada del exitoso novelista Max Olivier (Dafoe), la joven Julie (Jess Weixler, cero carisma) se muda con él a un palacio en la costa del Adriático (una mansión súper enigmática que casi no tiene muebles aunque esconde una habitación prohibida) y comienza a obsesionarse con la mujer fallecida del escritor, que era una excelsa bailarina de tango (claro, el tango suma sensualidad). La película se cree sofisticada cuando en verdad resulta antigua, obvia y ridícula, y como ejemplo comparativo podríamos recordar que Dafoe acompañó a Madonna en aquel dislate llamado El cuerpo del delito, film berreta que al menos no pretendía ser otra cosa. En A woman, para paliar el calor, Dafoe viste siempre trajes de impecable blancura, así que quizás el film se salve del olvido para quedar en la historia como el día en que el intérprete de Jesús protagonizó una larguísima publicidad de Skip.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Mar del Plata 2011 - El campo


El campo (Argentina/Italia/Francia, 2011)
Dirección: Hernán Belón
Sección: Competencia latinoamericana
“¡Fuera, chancho, fuera!”, grita el hombre frente al cerdo y frente a su esposa, asustada como siempre. El chancho está pisoteando una pequeña huerta que luce abandonada. El hombre intenta ahuyentar al animal pero enseguida comprueba lo vano del esfuerzo. “Ya está, es así. Es el campo”, dice Santiago (Leonardo Sbaraglia) para tranquilizar a Eli (Dolores Fonzi). En esa escena nos reímos un poco porque sabemos que el personaje se refiere al campo desde el prejuicio, desde la mentalidad del sujeto de ciudad. Sin embargo, Santiago no exhibe la arrogancia del hombre civilizado que viene a lidiar con “la barbarie”. Al contrario, a él se lo ve disfrutar de esta nueva lógica a descubrir. El conflicto lo padece su mujer, que no puede evitar escuchar ecos ominosos en todo lo que la rodea. Recordarle a Eli que “el campo es así” implica pedirle, de alguna manera, que deje de sobreinterpretarlo todo y acepte las cosas como son. Simplemente así, distintas. Pero ella ya tiene una idea armada sobre ese espacio-otro y hace de esa idea su bastión, protegida por una cultura y una clase que le impide medir hasta qué punto su mirada es víctima de su inconsciente.
Santiago y Eli vienen de Buenos Aires y se instalan en una casona aislada en algún lugar no especificado. Tienen una hija, Matilde, que aún no cumplió dos años pero ya entró en esa etapa de imperiosa curiosidad que exige la constante vigilancia del adulto. De a poco se advierte la crisis que el matrimonio arrastra desde hace un tiempo, y cada acercamiento se vive como un tenso examen para la reconstrucción de la pareja. Él es entusiasta y se dedica a refaccionar la desvencijada casa. Ella está sumida en una continua inquietud y no entiende qué están haciendo ahí. El campo es el relato de esa adaptación, un proceso complejo que Hernán Belón explora con sorprendente solidez narrativa. La película parte de una premisa seductora (el género) para llevarnos por senderos inesperados: amanece entre los muros del suspenso y se desliza delicadamente hacia una suerte de drama de iniciación en la madurez, en el que la protagonista deberá asumir sus temores más íntimos para empezar a leer los signos del entorno desde otra perspectiva, y hacerse cargo de las decisiones tomadas. El director aprovecha el prejuicio generalizado comentado en el párrafo anterior para sembrar peligro por todos lados y luego descolocarnos al transformar cada amenaza en un sutil extrañamiento, manipulando las inevitables prevenciones del propio espectador en torno de la inseguridad, la periferia, “los otros” (fue imposible olvidar el inicio de El tiempo del lobo, de Michael Haneke, pero el de Belón es otro planeta). Todos miramos desde algún centro, aunque ese centro sea tan solo una precaria convención. El campo invita a ensayar aquello que alguna vez sugirió Federico Fellini: abrirnos a las cosas, quitarnos del medio, dejar de empapar todo con nuestra persona. Y recordar que todo es efímero.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Reencuentro con Buñuel en la Lugones

Don Luis es un cineasta inagotable. Un visionario absoluto. Nunca nos cansaremos de hallar nuevas capas de lectura en su obra. La semana próxima comienza un ciclo que incluye cinco de sus clásicos más algunas novedades interesantes, entre ellas entre el documental El último guión: Buñuel en la memoria, estrenado en la Berlinale 2008.

Este ciclo, que comienza el 8 de noviembre, se realiza en coincidencia con la visita de Javier Espada, director del Centro Buñuel de Calanda, que llega a Buenos Aires en el marco del Primer Festival Iberoamericano “Imaginando a Buñuel”, que con el auspicio del Centro Cultural de España forma parte del programa Rituales de Pasaje, organizado por el Complejo Teatral de Buenos Aires. 

La agenda completa es la siguiente:

Martes 8: Los olvidados (México, 1950)
Dirección: Luis Buñuel. A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas

Miércoles 9: La joven (The Young One; México/EE.UU., 1960)
Dirección: Luis Buñuel. A las 14.30 y 17 horas

Jueves 10: El último guión: Buñuel en la memoria (España, 2008)
Dirección: Gaizka Urresti, Javier Espada.
Juan Luis Buñuel, en compañía de su amigo y guionista Jean Claude Carrière, recorren los lugares más significativos en la vida de Luis Buñuel (Calanda, Zaragoza, Madrid, París, Toledo), relatando algunas de sus historias más significativas, muchas de ellas tomadas de su autobiografía, Mi último suspiro, y otras nunca contadas.
Film inédito en Argentina.  A las 14.30, 17 y 22 horas

Buñuel y la linterna mágica (España, 2011)
Dirección y guión: Javier Espada
Cortometraje de animación que recrea una sesión de linterna mágica creada por un joven Buñuel en Calanda, realizado como una película antigua de cine mudo con dibujos de José Cano y música compuesta por Mikael Bentz.
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Presentación de los cortos premiados del concurso “Imaginando a Luis Buñuel”
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Calanda, 40 años después (España, 2007)
Dirección: Juan Luis Buñuel.
La ciudad natal de Luis Buñuel retratada por su hijo, quien ya le había dedicado un documental a sus calles, su gente y su festividad, signada por un furioso batido de tambores.
A las 19.30 horas, con entrada gratuita.

Viernes 11: Viridiana (México/España, 1961)
Dirección: Luis Buñuel. A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas

Sábado 12: El ángel exterminador (México, 1962)
Dirección: Luis Buñuel. A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas

Domingo 13: Belle de jour (Francia, 1967)
Dirección: Luis Buñuel. A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas 

La cita, claro, es en la sala Leopoldo Lugones (Av. Corrientes 1530).

Más información en la web del Teatro San Martín.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Música y héroes mudos

Por Jean-Paul Sartre

Yo, que soy inaccesible para lo sagrado, adoraba la magia; el cine era una apariencia sospechosa que me gustaba perversamente por lo que aún le faltaba. Ese fluir era todo, no era nada, era todo reducido a nada; yo asistía a los delirios de una muralla; a los cuerpos sólidos les habían quitado un aspecto macizo que me estorbaba en mi cuerpo y mi joven idealismo celebraba esta contracción infinita; más adelante, las rotaciones y las traslaciones de los triángulos me recordaron el deslizamiento de las imágenes por la pantalla; me gustó el cine hasta en la geometría plana. Yo hacía del negro y el blanco unos colores eminentes que resumían en sí a todos los otros y que sólo los revelaban a los iniciados; me encantaba ver lo invisible. Por encima de todo me gustaba el incurable mutismo de los héroes. O más bien, no; no eran mudos, ya que sabían hacerse comprender. Nos comunicábamos por medio de la música; era el ruido de su vida interior. La inocencia perseguida hacía algo mejor que decir o mostrar su dolor, me impregnaba con esta melodía que salía de ella; yo leía las conversaciones, pero oía la esperanza y la amargura, sorprendía por medio del oído el orgulloso dolor que no se declara.

 * Fragmento de su libro Las Palabras (Ed. Losada, Buenos Aires).
En la imagen: Rudolph Valentino en The Sheik.

domingo, 30 de octubre de 2011

Win - Win, de Thomas McCarthy


Algo retumba con metálica persistencia. Es una caldera ubicada en el sótano de la oficina de Mike (Paul Giamatti). Hay que arreglarla o reemplazarla porque en cualquier momento va a explotar, arruinando todas las cajas con archivos que abarrotan el lugar. Pero ahora no se puede, no hay dinero. Lo atamos con alambre y Dios dirá. Habrá que acostumbrarse a ese ruido insoportable, recordatorio de aquello que cotidianamente falla en nuestro entorno y que aun así debemos postergar para atender otras prioridades.
No puede decirse que a Mike la crisis económica lo haya sorprendido. Se nota que es de esos tipos que la pelearon duro toda la vida. Sin embargo, hoy, al cuerpo y a la mente les cuesta mucho más subir la pendiente, por eso se terminan tomando decisiones que tiempo atrás hubiesen sido inconcebibles. Y de repente, aunque no azarosamente, aparece ese otro que viene a desbaratar la rutina obligándonos a reacomodar todas las fichas de nuestro tablero de preconceptos y actitudes automatizadas.

Sólo se trata de convivir: ésa es la historia que viene narrando Thomas McCarthy desde su primer film. En aquella película, The Station Agent, un conmovedor Peter Dinklage pretendía volverse ermitaño para constatar que esa meta era imposible, porque había otros seres muy cerca suyo, igual de solos, que le entregaban genuinamente un afecto irrevocable. Luego llegó The Visitor, una de las películas más bellas de los últimos años, un elegante manifiesto político en el que Richard Jenkins descubría al mismo tiempo la felicidad de un amor maduro y la humillación producto de la persecución racial (o “antiterrorista”, si prefieren ese término diplomático). En su tercer trabajo, Win-Win, McCarthy potencia la veta humorística aunque sin relativizar en ningún grado la plataforma dolorosa y urgente.

Aquí otra vez el relato impone una convivencia que no estaba en los planes de nadie y que se asume, en principio, con malestar y confusión, hasta que el prejuicio cede y los hechos confirman que el otro no es un enemigo. Resulta absurdo aclarar esta evidencia, pero en un mundo al revés parecería ser necesario forzar la cercanía física, el cuerpo a cuerpo, para por fin observar y comprender al otro en su real dimensión. Las películas de McCarthy ponen la lupa justo ahí, en ese cruce inesperado, para revelar hasta qué punto el más imperceptible gesto solidario puede transformar completamente una existencia.

Cuando se estrenó The Visitor, algunos críticos le reprocharon la excesiva candidez con la que eran retratados los personajes, como si todos fueran “casi ángeles” en medio de un paisaje oscuro. Es raro lo que ocurre: en nuestra demanda de verosimilitud a veces acabamos exigiendo una cuota básica de cinismo a películas que nunca tuvieron esa aspiración. Lo que me pregunto es por qué es tan difícil aceptar que en el planeta real -y por ende, en la ficción- es posible encontrarse con buenas personas. En Win-Win, más allá de todos los errores (sanamente humanos), los protagonistas son buena gente, gente que se hace querer de verdad, y eso es algo que el director transmite con particular talento. Por eso ese estallido que metafóricamente se anuncia al comienzo del film nunca llega a consumarse como tal. Hay decepción, hay angustia, hay tristeza, pero no hay espacio para el odio radical. No vale la pena.    


Win - Win (EE. UU., 2011)
Estrenada en dvd con el título Ganar – Ganar.
Dirección: Thomas McCarthy
Guión: Thomas McCarthy
Intérpretes: Paul Giamatti, Amy Ryan, Jeffrey Tambor, Melanie Lynskey, Bobby Cannavale
Editada por el sello Fox.

sábado, 29 de octubre de 2011

Pedacitos


“Lo que pasa es que el tiempo que se nos da en este mundo, una vez que lo tomamos, ya no regresa. Entonces, las películas sirven para unir esos pedazos de tiempo unos con otros.” 

Naomi Kawase
En una entrevista publicada en el diario Página/12 (28/10/11). Ir al texto completo. 

La imagen pertenece al film Shara.

viernes, 28 de octubre de 2011

Un corto extraordinario

“Lo que nos hace ver el mundo es también lo que nos impide verlo, nuestra ideología.”

Régis Debray



Sólo lleva seis minutos ver unos de los cortometrajes más notables de los últimos años. Se llama El empleo y es una creación de Santiago Bou Grasso. Aquí está el link a YouTube.

jueves, 27 de octubre de 2011

Sujetos

Por José Pablo Feinman *

Los medios de comunicación colonizan las subjetividades y crean una totalidad informativa tan abrumante que aniquila toda verdad. No hay verdad, hay informaciones. Pero tenemos que creer en medio de todo este aquelarre de imposibilidades, que el hombre está vivo. Está vivo para torturar, para someter, para conquistar y, arduamente, para rebelarse. Y es cierto que nadie puede fundamentar una ética porque no podemos en medio de tantas diferencias y prácticas enfrentadas establecer valores universales. Pero tiene que haber éticas zonales, verdades zonales. Tiene que haber «algo» que me permita decir que Bush es un terrorista. Que Bin Laden otro. Que son malas personas, malos tipos. Que están por la muerte. Y nosotros -o, al menos, unas cuantas personas que conozco- estamos por la vida. Si eso no es así, si eso no es posible, entonces seamos pasivos observadores de la destrucción, del sometimiento y esperemos sin esperanza alguna el día del Gran Tsunami. Porque hacia allí nos llevan. “El hombre que se rebela es inexplicable”, dijo el mejor Foucault, el de Irán, el que se conmovió con la sublevación de “las manos vacías”. Puede ser. Ante los condicionamientos feroces del lenguaje, de la etnología, del inconsciente, de la semiología, de la lingüística, de la estructura, del positivismo lógico, del ser heideggeriano y del pensamiento estratégico sin sujeto, es posible que toda rebelión se haya tornado inexplicable. Seamos inexplicables.

* Fragmento del libro La filosofía y el barro de la historia. (Ed. Planeta)

miércoles, 26 de octubre de 2011

Canción


Ese corazón cabía en un zapato
y era abierto como un cuaderno abierto,
con garabatos restas y sustantivos propios.
Por ese corazón es que yo canto.

Ese corazón subía los techos a besar goteras,
después creció y aunque pasó de grado
no tuvo bicicleta ni entradas para el circo.
Por ese corazón es que yo canto.

Ese corazón golpeaba fiero en las camisas
tendidas en las sogas de los patios
y apuntó con canciones de esperanza.
Por ese corazón es que yo canto.

Ese corazón subía los techos.
Ese corazón cabía en un zapato.
Ese corazón estaba abierto, incluso,
sábados y domingos y feriados. 

Jorge Boccanera

La imagen es de la película Medianeras, de Gustavo Taretto.

La idea de este post pertenece al lector Daniel Rufach.