domingo, 18 de julio de 2010

Philadelphia, de Jonathan Demme

 
Philadelphia es una película con grandes momentos que conviven con otros de cuño esquemático (entre estos últimos incluyo ciertas coreografías efectistas en la Corte y el clip-Oscar de Tom Hanks con Maria Callas de fondo). Al verla hoy uno sabe que muchas cosas cambiaron para bien, y que la homofobia y el sida ya no se podrían representar apelando a un dispositivo de pavor como el que aquí diseña Jonathan Demme. El film es exactamente lo que la industria necesitaba en 1993 para narrar estos temas, con una retórica marcada por personajes que miran casi casi directo al objetivo de la cámara, interpelándonos, para recalcar que todos estamos en juicio. También son recurrentes los travellings rápidos que nos estampan contra las lesiones, las manchas, los estigmas de una enfermedad que debía cobrar visibilidad de una vez por todas. Lo interesante de Demme es que, aun con el traje mainstream y ciertos didactismos, logra exprimir el lenguaje para dar real espesor cinematográfico a las situaciones que lo merecen. Hay escenas impecables que han perdurado y que hoy siguen haciendo de Philadelphia un film difícil de resistir.

Creo que el mejor momento es el que transcurre en la biblioteca pública. Como todo en la película (como todo en el buen cine), se trata de una puja de miradas. Miradas en un ring disputando el derecho a estar (a ser) en un mismo espacio. Primero un vigilante pasa y mira con cara de malo a Joe Miller (Denzel Washington), que está comiendo cuando no debería. Ahí es cuando Miller descubre que Andrew Beckett (Hanks) está leyendo en una mesa cercana. Miller observa. Recuerda que días atrás no aceptó ser el abogado de un enfermo de sida. Llega un empleado de la biblioteca y le “sugiere” a Andrew que vaya a trabajar a una sala privada. Miller se esconde detrás de una pila de libros -y nosotros con él- para contemplar sin culpa el acto de discriminación. Hasta que no lo tolera.

Sobre la mesa, en los estantes, miles de libros de derecho garantizan la igualdad. Pero los ojos riñen. Ojos confundidos, ojos desconfiados. Los de Andrew, resistentes. Miller intercede con la mirada de la solidaridad. Lo que sigue después es perfecto, por los precisos pasos que da la cámara, por los gestos precavidos que sellan el pacto entre los dos protagonistas. Andrew no quiere volver a sufrir un rechazo. Miller todavía tiene muchas dudas y temores (que no perderá a lo largo del film, todo un acierto en la construcción del personaje), pero no hay vuelta atrás. Las rodillas flaquearon ante ese hombre que decidió pelearla solo. Punto de giro, timón hacia la dignidad.



 Philadelphia (EE.UU, 1993).
Dirección: Jonathan Demme
Con Tom Hanks, Denzel Washington, Jason Robards, Antonio Banderas.

La escena comentada puede verse en You Tube.