viernes, 14 de mayo de 2010

Estamos con Russell

En una conferencia de prensa en el Festival de Cannes, Russell Crowe reflexionó sobre las responsabilidades que un sujeto como Robin Hood podría tener en el mundo de hoy.

“Me he preguntado, sus objetivos ¿serían de carácter político, o económico? ¿Estaría mirando a Wall Street y las grandes sumas que han llegado para respaldarlos, o el desastre de las hipotecas subprime? ¿O se daría cuenta de que la verdadera riqueza reside en la difusión de la información? Mi teoría es que si Robin Hood viviera, lucharía contra los monopolios en los medios de comunicación.”

Dirigida por Ridley Scott, Robin Hood se estrenó ayer en Buenos Aires. Aún no la vi, pero sí vi suficientes películas con Russell Crowe para afirmar que me cae muy bien (más allá de algún desliz como Una mente brillante, personaje-freak insoslayable para dar algún día con el Oscar). Me gusta que con su físico se resista a acatar la línea escultural impuesta por el estrellato, porque es justamente esa alegre robustez la que lo atrae siempre hacia la tierra, como si su hombría real se negara a extinguirse por completo detrás de las apariencias.
Recordemos sus mejores películas:

Top 5 de Russell Crowe

Los Angeles al desnudo (L.A. Confidential, 1997). Dirigida por Curtis Hanson, con Guy Pearce y Kim Basinger Bassinger.
Aunque ya le habíamos echado el ojo en Rápida y mortal, el actor neocelandés aterrizó definitivamente en el cine masivo con este riguroso policial ambientado en los años 50, que aborda los temas de siempre: mafia, crímenes, corrupción, traiciones. Hanson revisita el noir con deleite, con nuevas lupas sobre las canaletas tramposas de un mundo podrido, un cuadro brutal en medio del cual la dignidad de Crowe se agradece.

El informante (The insider, 1999). Dirigida por Michael Mann, con Al Pacino y Christopher Plummer.
Russell conmueve. Porque su Jeffrey Wigand hace que lo que hay que hacer, pero lo pierde todo (salvo los principios, que no cotizan). Por suerte Pacino está con él. Ambos actúan como piensan. Ambos saben claramente por dónde pasa la Historia, por eso son sujetos y no objetos. Pero el capitalismo parece haberse comido la dialéctica, y hoy esta clase de héroes ya no se encuentran. Confiar en una idea es chocar contra la pared. No importa. Crowe sigue, y muchos de sus mejores personajes volverán a la carga contra el sistema.

Capitán de mar y guerra (Master and Commander: The far side of the world, 2003). Dirigida por Peter Weir, con Paul Bettany y James D'Arcy.
Esto sí que es cine de alta mar en serio, una aventura bélica como las de antes, nada de piratas caribeños de cartón. Fibrosa y angustiante, la película se nutre del conflicto entre la voluntad (el capitán) y la razón (el científico). Weir conjuga el gesto imponente y el quiebre íntimo, y uno siente que no quiere bajarse nunca de ese barco, a pesar del miedo, la mugre y los cañonazos.

American Gangster (2007). Dirigida por Ridley Scott, con Denzel Washington y Josh Brolin.
Excelente film, con una denuncia feroz sobre el sistema de importación de droga en Estados Unidos. Esta es la reseña que escribí en el momento de su estreno.

Los secretos del poder (State of play, 2009). Dirigida por Kevin McDonald, con Ben Affleck y Rachel McAdams.
Además de tener todos los elementos necesarios para el pleno disfrute (una intriga sólida, suspenso, ironías, grandes personajes secundarios), esta película pinta como pocas las contradicciones que rodean al trabajo del periodista en la actualidad, con un protagonista tironeado entre el poder político-económico y los monopolios comunicacionales, intentando filtrar un mínimo esbozo de coherencia en medio del desastre. El Crowe de la intransigencia, la simpatía y la entereza; ése es el Crowe que más queremos, y State of play es un film totalmente acorde con el discurso del actor citado al comienzo del post. Me encanta el detalle de la lapicera que funciona como símbolo de la vieja escuela periodística. Porque no es tan fácil deletear lo que se escribe con tinta.

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