domingo, 7 de febrero de 2010

Up in the air, de Jason Reitman

“En Estados Unidos hay una cosa que se valora en los empleos: el lastre cero. Se llama a una persona de lastre cero a aquella que no tiene raíces, que tiene pareja pero no está enamorada, que no tiene hijos o los tiene distanciados, que tiene una formación pero no es una formación muy vocacional. Es un mundo ligero y volátil, propenso a desvanecerse”.

Vicente Verdú


[Aclaración: en este comentario se revelan detalles de la resolución de la historia. Si no vieron la película, se las recomiendo. Los espero luego.]

Con el cine de Jason Reitman flotamos. Tanto en Gracias por fumar como en Juno, y ahora explícitamente en su nuevo film, el director inyecta burbujas de amabilidad en los asuntos más delicados y nos hace observar los hechos desde cierta altura, montados en la sonrisa de esos protagonistas que parecen comprenderlo todo y actuar en consecuencia. Frescos y limpios, surfeamos el relato sin percibir que el humus que lo sostiene es mucho más negro y amargo de lo que nos gustaría admitir. Porque nos vendieron una comedia romántica (¡Amor sin escalas!) y resulta que Up in the air no sólo le hace pito catalán a la felicidad, sino que se acerca demasiado a la orilla existencial opuesta: la del vacío.

Ya saben de qué se trata: Ryan Bingham (George Clooney) se dedica a despedir trabajadores. En plena debacle económica de Estados Unidos, mientras muchas empresas quiebran y otras diseñan las inevitables "reestructuraciones", Ryan viaja por todo el país para consolar a cientos de personas diciéndoles que, a pesar de estar en la calle, “ahora empieza la verdadera libertad”. Algunos lloran, otros patalean. Una señora promete tirarse de un puente.

Ryan cumple todos los requisitos del lastre cero que exige la sociedad actual. Él pondera ese status y ofrece conferencias sobre cómo alcanzarlo (seamos honestos: los asistentes a esas charlas lucen aburridos e incrédulos, sabiendo que el discurso de Ryan es pura autoayuda marketinera). Tiene un pequeño departamento en Omaha que prácticamente no habita, ya que vive volando de ciudad en ciudad, acostumbrado a los hoteles, las relaciones casuales, los deseos en WI-FI. Ninguna atadura, salvo ese vínculo tramposo imposible de erradicar: la propia sombra. El inconsciente, lo que hace dudar.

Y dudar significa perder el avión. Irse de pista y lanzarse a lo imprevisible (o al amor, que es lo mismo). Ryan se juega, pero la realidad lo cachetea, confirmando sus peores sospechas.

No sabemos qué sentir cuando la película termina. Tanta soledad junta resulta difícil de digerir. Quienes se enojaron con el film le reclaman a Ryan que no haya reaccionado con mayor ferocidad ante la noticia de la mujer suicida, como para dejar sentado que su labor es miserable (¿es que acaso esto no había quedado clarísimo desde el inicio?). Pero también podríamos pensar que debido a ese hecho trágico se suspenderán los despidos vía Internet para volver al esquema cara a cara, triste victoria pírrica para un Ryan que ya está demasiado integrado al sistema, funcional y resignado. Es más coherente que la historia deposite cierta esperanza en la joven Natalie (Anna Kendrick), que decide regresar a sus pagos para empezar de nuevo.

Otros cuestionan el film por el “castigo moralista” que le impone a Ryan al negarle un romance serio con Alex (Vera Farmiga). Pero para creer que el destino efectivamente lo está condenando, la película debería haber intentado certificar que la otra opción -el proyecto de pareja- ofrece algún tipo de curación como garantía. Este es el punto en donde Up in the air nos tira a la tierra sin paracaídas. La hermana mayor se está separando. La otra hermana se casa con un inseguro de temer (es genial la escena en la salita del jardín de infantes, con el protagonista vendiéndole espejitos de colores a su futuro cuñado). Natalie apostó a su novio y fracasó. Ni siquiera Alex convence cuando defiende su familia, su “vida real”, esa estructura de la que cada tanto necesita escapar. A los hijos de Alex no los vemos, mucho menos a su marido. Refugiada en su autoproclamada “madurez”, el personaje de Farmiga tal vez sea el más triste de todos.

No hay paraíso, es cierto, y cada día cuesta más romper el cristal líquido para comunicarnos de verdad. Sólo quedan los momentos: algún festejo, un buen recuerdo, un dulce adiós. Parece poco, pero son esos los momentos que Reitman enciende con colores, vibración y hermosa música. Mientras todo se derrumba, encontrarse con los otros todavía tiene sentido. Sin hipocresías. Desde ese piso deberíamos partir, y no al revés. Es por este motivo que, al final del relato, los testimonios de los desocupados rescatan la importancia de los afectos. Algunos dirán que se trata de palabras demasiado cursis para un film anclado en el cinismo. Sin embargo, ante la criminal teoría del lastre cero, Up in the air sugiere que el afecto es hoy la única trinchera desde la que podemos combatir.

6 comentarios:

ARCEL dijo...

muyyyyyy buena pelicula, coincido

Eleonora Eberle dijo...

¡Qué hermoso comentario! Las otras dos películas de Reitman las he trabajado con mis alumnos y dieron mucho de qué hablar, hasta una mesa redonda espectacular surgió después de analizar "Juno". Así que tengo muchas ganas de ver esta peli.
Un abrazo, Caro.

mge dijo...

Después de leer tu crítica me pregunto si la escena que más me impactó de la película (aquella en la cual el personaje de Anna Kendrick se "desarma" ante un mensaje de texto) produjo su efecto precisamente porque se desarmó y dejó que su emoción fluyera tal y como la sentía.

Me remitió al tema de la autoconciencia que discutimos el año pasado.

sofi dijo...

La vi ayer Caro. Fui al cine sabiendo que no se trataba de una comedia romántica (echémosle la culpa a mge que me anticipó algunas cosas jaja).
Después de leer tu crítica, entendí un poco más por qué salí con ganas de llorar. Es muy dura para mi gusto, tal vez demasiado (aunque... como dijiste, ¿no es así la vida?). Creo que estoy acostumbrada a finales un poco más amables. Además, es cierto que los momentos más lindos son resaltados, esos son los recuerdos que guardamos.

Por otro lado, me gustó el final. Pocas películas terminan así. Creo que la vida es así: que a veces te cachetean, cambiás y después volvés a lo mismo (tal vez, con un poco de suerte, con otros ojos, con una mochila con otras vivencias). Me pareció muy humana, y me gustaron mucho los actores Clooney, Farmiga y Kendrick así como los personajes que desempeñaron.

Nos vemos mañana en el curso!
Un beso,
me encantó tu crítica

Sofi.

Caro dijo...

Gracias por los comentarios. Como suele pasar con las buenas películas, sigo pensando en Up in the air, precisamente porque su desenlace ambiguo plantea muchos interrogantes.

Al decir que la película destaca ciertos momentos coloridos, quise decir que hay algo en el encuentro con los otros que merece destacarse, que encierra un sentido. Pero quedarse en eso solo es conformarse.

Lo importante es que al menos se establezca un piso de humanidad. De lo contrario, tenemos la Nada. La Nada es lo que vive el protagonista: a eso llegó con su discurso individualista, funcional al sistema. Pero la película deja en claro que ése no es el camino, por eso Clooney termina tan triste, tan desorientado.

¿Cómo salir de ese atolladero al que hemos llegando tratando de encajar en el perfil impuesto por el sistema? Reitman no tiene respuestas, y tampoco niega la complejidad de las relaciones en el mundo de hoy (por eso no postula certezas en cuanto al amor o la familia, etc).

Sin embargo, sí se juega al sugerir que el "lastro cero" (Clooney) es una trampa, es inhumano: entonces valora el afecto (el registro del otro, el dolor frente al que Kendrick reacciona), valora las raíces (la visita al colegio de la infancia es significativa al respecto), y al menos desde allí pone un piso necesario. El afecto es complejo, es ingobernable, quizás sea provisorio, esto es verdad. Pero negarlo es entrar directamente en un estadio primitivo, helado, ese lugar al que esta sociedad de consumo y aislamiento nos está llevando.

La sigo pensando.

Abrazos a todos.

ElChapa dijo...

La vi hace un rato. Coincido con mucho, y quería comentarlo, aunque hay algo en las escenas de "tierra" que parece no querer anclarse. Yo siento, y seguro no estoy tan errado debido a los interrogantes y a las pocas cosas que la peli deja claras, que cuando pasan todos estos "momentos", hay elementos que hacen que Ryan quiera seguir estando allá arriba. No digo que haya hipocresía, no, pero sí una sensación de que allí, por más afecto y tranquilidad y sonrisas, no todo está bien.

Sólo una opinión. Sigo lamentando haberme perdido el curso. Espero lo repitas pronto.