domingo, 6 de diciembre de 2009

Mejor no hablar de ciertas cosas...

Conversaciones cada vez más cortas

«Bienaventurado aquel que no anduvo
en consejo de los sin Dios...»
Cámbiese con tacto el tema.

«El sentido de la vida...»
¡Penoso desliz!

«Se trata de revolucionar todas las condiciones
en las que el hombre
es un ser humillado...»
Todos bostezan, se molestan, ríen.

Contra eso genomas a la medida,
inmortalidad en el disco duro.
¡Oh ciencia! ¡Éxtasis! ¡Eutanasia!
¡Somníferos que hacen milagros,
cuando el curso va al sótano!

Hans Magnus Enzensberger

Versión de José Luis Reina Palazón


La imagen pertenece a la película La soledad (2007), de Jaime Rosales.

2 comentarios:

Eleonora Eberle dijo...

Es que la palabra tiene una fuerza tan poderosa que muy pocos se la bancan. Lástima. Porque la palabra crea, cura, libera. También duele como bisturí cuando corta y deja salir la verdad.

Caro dijo...

Coincido, Liliana, sólo que siento que a veces tenemos puro ruido antes que verdaderas palabras. Enzensberger en su poema resume lo que siento desde hace ya algunos años, que los intercambios son breves, esquivos, muchas veces limitados a la catarsis o la queja. Ciertos "temas" (a esta altura, casi todos) aparecen automáticamente anulados en las charlas, aunque sigan siendo decisivos.