domingo, 13 de septiembre de 2009

Flash of genius, de Marc Abraham *

Destellos de genio
Flash of genius (EE. UU., 2008)
Dirección: Marc Abraham
Estreno directo a DVD
Editado por AVH

¿Alguien sabe a quién se le ocurrió inventar el cepillo de dientes? ¿O quién diseñó el primer mouse para la computadora, o a quién agradecer la existencia de esa estufa que nos protege del frío? Cada día disponemos –y dependemos– de objetos imprescindibles para nuestra rutina más simple, pero no nos detenemos a pensar que en ese objeto puede concentrarse la vida entera de un hombre que, alguna vez, en algún lugar, entregó cuerpo y alma para desarrollarlo. Un ejemplo: si manejamos un auto un día de lluvia, graduar el ritmo del limpiaparabrisas representa un gesto casi natural, aunque no lo es: ese mecanismo se lo debemos al ingeniero Robert Kearns, protagonista de esta interesantísima película biográfica que acaba de editarse en DVD.

Destellos de genio (Flash of genius) narra la lucha de este hombre –ingeniero, docente universitario, padre de seis hijos– para que su invento y su nombre fueran reconocidos. Porque ocurrió que en 1963, cuando Kearns (Greg Kinnear) difundió su revolucionario limpiaparabrisas, la Ford Motor Company primero accedió a financiarlo para luego robarle la idea de forma flagrante. Humillado, completamente solo frente a una de las empresas más poderosas del mundo, Kearns se embarcó en un proceso legal que duró más de veinte años y que lo terminó alejando de su propia familia.

Más allá de algunos convencionalismos, el director debutante Marc Abraham elige el perfil bajo y evita las fórmulas cerradas: no acude al ciclo éxito-caída-redención que las biopics tanto han desgastado –y esta historia daba tela para esos clisés–, sino que retrata la evolución íntima del personaje con los detalles del entorno, con gestos que dicen más que cualquier diálogo, sobre todo cuando describe la relación de Kearns con su mujer (Lauren Graham) y sus hijos. No hay llantos ni alegatos gritados a los cuatro vientos, sólo una tensión subterránea que crece, mientras los años pasan y las fuerzas ya no son las del comienzo. Es como si el tono del relato estuviera preparando el terreno para el ingreso triunfal de la resignación. Destellos de genio es una verdadera épica sin los ropajes de la épica; eso es lo que la hace diferente.

El gran acierto es tener como puntal a Greg Kinnear (Little Miss Sunshine), la clase de actor que convence con solo pulsar la tecla precisa, sin apelar a las trampas del histrionismo. Esa justeza en la interpretación es lo que convierte al personaje en un sujeto tan fascinante como terrenal, en la línea de aquellos héroes anónimos que al cine clásico le gustaba ponderar. Como el Mr. Smith o el John Doe de Frank Capra, Kearns es un enano que combate gigantes en una sociedad donde todos los valores están invertidos. Si no conserva su dignidad ante las presiones del sistema, ¿cómo podrá mirar a sus hijos a los ojos? No es un dilema nuevo, es cierto. Pero nos separan setenta años de Caballero sin espada y las motivaciones del viejo héroe hoy resultan risueñas. Cuando Kearns alega que “no se trata de una cuestión de dinero sino de lo que está bien y lo que está mal”, lo único que sentimos es nostalgia, como si el argumento de la ética ya no formara parte de los géneros realistas.



* Artículo publicado previamente en el diario Crítica (12-09-09)

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