domingo, 27 de septiembre de 2009

Chocolatín y Olimpo

Por Rodrigo Tarruella *

Hay dos tendencias extremas -simetría de errores- en la valorización del cine. Una está necesitada de la otra. La estética del chocolatín, o del kiosco de golosinas, se basa en el “a mí lo único que me importa es si me gusta o no”, acompañado de “todo el mundo tiene derecho a opinar” o “es mi opinión contra la tuya”. Esta concepción autista y privatizada del mundo comparte el relativismo hipócrita del capitalismo liberal y auspicia la detención del crecimiento y el quedarse en la infancia. Estos niños-salvajes del hedonismo posmo son los primeros en concurrir -desesperadamente- a las ceremonias de los libros y films impuestos por presiones sociales, marketing y modas. La otra tendencia es la del Olimpo de los Clásicos. Esta falacia consiste en erigir altares de sacrificio obligatorio. Sus cultores practican con ferocidad sectaria la adoración dependiente y escindida de un Panteón cerrado. Esta ilusión fabrica una entelequia (autoritaria) de autoridades que excluye sujeto, experiencia e intereses personales. Tanto chocolatineros como olímpicos siguen empeñados en contemplar sus egos.


* Extracto del artículo “Fragmentos sobre estética y cine” que integra el libro Jugar (la luz de otra cosa). Textos críticos de Rodrigo Tarruella, editado por el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Marzo 2009).

1 comentario:

Eleonora Eberle dijo...

El cine como un espacio para comprendernos mejor e interpretar la realidad. El cine disparador de la fantasía, imagen de las más oscuras pesadillas. El cine, máximo pasatiempo, entretenimiento pero a la vez reflexión. Pantalla grande que nos envuelve y nos hipnotiza.
¡Muy pocos temas me emocionan tanto como el debate inteligente de una buena película!
Ni chocolatinera ni olímpica... abierta a la sorpresa.
Un beso, Caro. Gracias por el material que nos acercás al blog.