lunes, 3 de agosto de 2009

No es el aura de Kant

Es el resultado del silencio.
Ocultos en los ranchos,
emparejados con la hacienda,
los peones carcomen
la filosofía.
No es el aura de Kant
ni el primer motor
de Tomás de Aquino:
es una bola de lento fuego
que se revuelca en el alma.
El sueño es un largo cuchillo en el vientre
de los blancos dioses
y un incendio de alpataco
que todo lo destruya.

La luna amontonada en los galpones
y el regreso de un interminable viaje
a caballo por las estrellas.

Los perros huelen el alma de los peones
y encuentran seres desconocidos.

Cristian Aliaga

La pintura es de Antonio Berni ("Desocupados").