lunes, 6 de abril de 2009

BAFICI 2009 - Última parte

Encierros

Todo festival de cine representa una extraña tómbola en donde nunca sabemos qué nos puede tocar. Creo que este año tuve suerte y fueron sólo una o dos las películas que me provocaron genuino fastidio. Pero, claro, es absolutamente minúsculo el porcentaje de lo que vemos en relación a lo que se exhibe, y es mucho más escaso el tiempo para resumir y reseñar todas las sensaciones. Tampoco sé por qué algunas ideas prenden más que otras, pero debo admitir que desde hace días mi percepción reproduce ciertos espasmos de asfixia, como si al cine de hoy sólo le preocupara certificar que el ser humano no tiene escapatoria. Angustia, agobio, incertidumbre: en la pareja (Everyone else), en la maternidad (The blessing), en la dictadura (Tony Manero), en la protesta política (Hunger), en la paranoia de la tecnología audiovisual (Afterschool), en los celos (Hooked), en el duelo (March), en la amistad (Old Joy). Es tan solo un recorte -arbitrario, desde ya- poblado de títulos tan interesantes como perturbadores, en el que también se insertan las dos películas que comento a continuación: Parque vía y René.



Parque Vía es la clase de film que se disfruta más a posteriori que durante la proyección, y no porque el relato se padezca, al contrario, sino porque en la primera impresión se cuelan los inevitables aromas de las influencias que atentan contra la frescura de la obra. Uno recuerda la parquedad de Jaime Rosales y el riguroso distanciamiento de Carlos Reygadas, cuya tendencia a la gravedad también contagia por momentos -y lamentablemente- esta película dirigida por Enrique Rivero. El protagonista es Beto (Norberto Coria), anciano que lleva treinta años trabajando para una familia rica de la Ciudad de México, y que pasó la última década como casero de una mansión en venta, un confinamiento al que él se acostumbró y del cual ya no puede salir. Beto se marea y aturde cuando enfrenta la calle, y su contacto con el mundo exterior se limita a los noticieros televisivos, empeñados en difundir las más insólitas tragedias. El hombre limpia una ventana, compra tamales calientes a un vendedor callejero, llama a su acompañante de cama para la visita semanal: el tempo preciso y la impecable composición del encuadre hacen que lo rutinario se vuelva fascinante.

Minimalismo elegante para mostrar cómo el sujeto actual elige recluirse para evadir la (¿construida?) hostilidad del afuera. Pero hay en Parque vía cierto mecanicismo que parece estar convirtiéndose en sistema, en cliché, en estas ficciones que abordan el vacío existencial (casi un género con entidad propia). Aunque la ecuación alienación = arrebato homicida sea totalmente verosímil, a veces esa fórmula se torna puro efecto y solo sirve para forzar la “universalidad” -y el gancho festivalero- de este tipo de historias. El opaco personaje merecía menos determinismo y mayor espacio para las especificidades de su drama personal. Creo que también faltó un poco de cariño.

Más allá de los reparos, el film obliga a pensar cómo ciertas condiciones de vida en el mundo actual transforman al sujeto en una criatura dependiente del encierro, tal como le ocurrió a René Plásil, protagonista del último documental de Helena Třeštíková, realizadora checa a quien el festival dedicó una retrospectiva. Foucault se haría un festín con René, la saga de un muchacho que entró a la cárcel por primera vez a los 17 años y luego atravesó infinitas liberaciones y reingresos en diferentes instituciones, dado que el delito en él era casi una necesidad fisiológica y nunca pudo armarse una vida fuera de la prisión. O era al revés: robaba para que lo atraparan, porque la cárcel era el único lugar donde se sentía contenido, sobre todo cuando empezó a ser famoso y su identidad se forjó a partir de las reincidencias compulsivas. Biopoder en su más prístina expresión.


Ser alguien, ser único en algún sentido, trascender... ¿no es lo que deseamos todos? René subió la apuesta hasta volverse la “parodia de un criminal”, como él mismo se califica. Lúcido, querible, contradictorio, por momentos siniestro, el personaje no puede completarse sin ese otro lado que inevitablemente lo cincela, la mirada de una mujer que lo acompañó veinte años intentando desentrañar su lógica imposible. Plantearse el retrato de un solo hombre extendido durante dos décadas ya es un desafío extraordinario, y eso es lo que define el estilo de Třeštíková, especialista en documentales de observación a largo plazo, en los que la épica individual se fusiona con la Historia, la del país (Checoslovaquia, en este caso) y la de un período bisagra para la política (es todo un símbolo que el relato comience en 1989).


Los signos del cuerpo narran el paso del tiempo, sin maquillajes. Una mente subversiva que muta y delata cuán difícil resulta buscar cobijo en las ideologías. Un personaje realmente inasible por donde se lo mire, a tal punto que la misma directora parece renunciar a su obsesión por comprenderlo. Pero las palabras nacidas de la rasposa voz de René aún retumban y nos interpelan:

“¿Qué se puede esperar de una sociedad que construye espacios como éstos (las cárceles), que sólo te llevan a odiar más a la gente?”

“Nunca fui a la escuela. Me hubiera gustado, pero por algún motivo, no pudo ser…”.


Para René la libertad no existe, es solo una convención y “toda convención es inútil”. Porque, en el fondo, “es el miedo lo que hace que el mundo gire”.


Escribe Hannah Arendt en el prólogo de su ensayo Sobre la revolución: “la única causa que ha sido abandonada ha sido la más antigua de todas, la única que en realidad ha determinado, desde el comienzo de nuestra historia, la propia existencia de la política, la causa de la libertad contra la tiranía”. ¿Qué sucedió con nuestra urgencia de libertad? ¿Habrán logrado erradicarla?

Tal vez René tenga razón. Tal vez sea el miedo lo que finalmente nos moviliza como especie y no la libertad, como nos gustaría creer. La cuestión es que el mundo sigue girando y el problema es hacia dónde lo llevamos. Algunos dirán que plantearse esa inquietud es una condena. Prefiero pensar que es simple responsabilidad. Y voluntad. Y trabajo.

Finalizo acá la cobertura del Bafici.
Gracias por estar ahí.


Películas mencionadas:


Everyone else (Alle anderen/ Todos los demás), de Maren Ade (Alemania, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
The blessing (Velsignelsen/La bendición), de Heidi Maria Faisst (Dinamarca, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
Tony Manero, de Pablo Larraín (Chile, 2008) - Competencia Oficial Internacional
Hunger (Hambre), de Steve McQueen (Reino Unido, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
Afterschool (Después de la escuela), de Antonio Campos (EE.UU., 2008) – Sección: Cine del futuro
Hooked (Pescuit sportiv/Pesca deportiva), de Adrian Sitaru (Rumania, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
March (März/Marzo), de Andel Klaus (Austria, 2008) – Sección: Competencia Oficial Internacional
Old Joy (Vieja alegría), de Kelly Reichardt (EE.UU., 2006) – Sección: Retro Kelly Reichardt
Parque vía, de Enrique Rivero (México, 2008) - Sección: Competencia Oficial Internacional
René, de Helena Třeštíková (República Checa, 2008) - Sección: Foco Helena Třeštíková


Aquí encontrarán un artículo de nuestra crónica diaria, publicado ayer en Página/12.

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