lunes, 15 de diciembre de 2008

Todos contra Juan

Sí, lo sé, recién ahora te lo vengo a decir, por eso te pido disculpas. Si nunca viste Todos contra Juan, quizás lo mejor ya haya pasado. Pero nunca es demasiado tarde. Como se convirtió en un programa de culto que muchos están descubriendo a destiempo, es más que probable que América TV vuelva a ponerlo en pantalla muy pronto; por otro lado, todos los capítulos están disponibles en Internet. El extraño mundo de Juan está ahí, cerquita, al alcance de la mano, y es tan adictivo como el ingenio de Capusotto en You Tube.

Para quienes no lo conocen: Juan Perugia (Gastón Pauls) es un actor frustrado obsesionado con recuperar la fama que tuvo fugazmente en 1993, cuando trabajó como galancito en una telenovela juvenil llamada “La vida es un juego”. Pasaron quince años y Juan nunca volvió a tener visibilidad, aunque por supuesto él insiste en negar su fracaso y cree que todos se acuerdan de “Paco”, el personaje que interpretaba en esa serie que, curiosamente, compartía a muchos de los protagonistas de "Clave de Sol" y "Montaña Rusa".

El prejuicio hacía temer que todo el drama se redujera al guiño autobiográfico (Pauls empezó su carrera como galán para adolescentes), con un esquema en donde siempre se repetiría la misma situación: Juan va en busca de quienes solían ser sus colegas y lo único que recibe a cambio es indiferencia o burlas. Todos contra Juan demostró enseguida que podía trascender ese único chiste, y que es precisamente el origen entre real y ficticio de Juan lo que revitaliza en cada episodio el espíritu paródico. Pero más allá de las ironías sobre el ambiente del cine, la televisión y sus caretas, lo interesante es que la historia intenta rebatir la etiqueta del “perdedor” recordando que los únicos éxitos que valen son aquellos que dan sentido a nuestro ser cotidiano.

Con corazón, con timing justo, con diálogos excelentes y situaciones divertidísimas, Todos contra Juan luce como un producto artesanal labrado entre amigos dispuestos a reírse de su propia frivolidad. Los creadores -con Pauls a la cabeza, primer impulsor del proyecto- disparan contra el paisaje que los vio nacer y, al tiempo que lo cuestionan con acidez, lo asumen como parte inevitable del universo massmediático que todos habitamos y alentamos, un espectáculo disparatado en donde el Facha Martel puede jactarse de tener algo en común con Marlon Brando: ambos testearon la hipótesis warholiana.


Juan es tan patético, tan torpe, tan desafortunado el pobre, pero tan voluntarioso y testarudo, que termina seduciéndonos con su ingenua persistencia. Es un hombre-niño que parece suspendido en el tiempo, con su infatigable bufanda y su eterna camisa leñadora, refugiado en ese bar en donde flotan en el aire las canciones de Foreigner y Rick Astley. Quizás porque se quedó en los ‘80 Juan no llegó a aprender que el talento es lo de menos, dato que la cultura cínica de los ‘90 aclaró definitivamente. Vale más la estafa, la doble cara. Y a la larga, Juan no puede sostener la doble cara, aunque lo intente. Por eso se inventa una burbuja y en ella se autoconvence. En el fondo, Juan es un buen tipo y eso hoy está pasado de moda.

Los detractores del programa se han quejado por ciertos “hurtos” de ideas a algunas series extranjeras, especialmente a la británica "Extras", en donde el gran Ricky Gervais encarna a un actor de décima línea que hace lo imposible por expandirse. Es cierto, pueden percibirse diversas influencias, pero si hay algo que imprime argentinidad a muchos de los personajes de Juan es -mal que nos pese- su carácter de chantas, una broma a la que se prestaron muchos de los artistas o figuras de la farándula que se interpretaron a sí mismos, como Emilio Disi, Gustavo Garzón, Guillermo Guido, Fabián Mazzei, "Cacho" Rubio, Esteban Prol y Pablo Rago. Y si no son chantas cabales es porque la fama les antepuso algún delirio, por eso Mirtha Busnelli fue cleptómana, Luis Luque fue sexópata y Antonio Grimau fue… ¡pirómano!


Dentro de un elenco estupendo (Henny Trayles, Oscar Nuñez, Ezequiel Campa, Alfredo Castellani), resulta muy simpático el personaje de Tony (Sebastián De Caro), mano derecha de Juan en todo momento. Dueño de un local de comics y merchandising bizarro, Tony se toma cada uno de los desafíos de Juan como si fuera un conflicto cinematográfico guionado con solemnidad: él lo desmenuza, investiga la situación y, si es necesario, rastrea las herramientas míticas que podrían ayudar a Juan. Tony es otro grandulón que no se atreve a madurar y tiene serios problemas para relacionarse con las mujeres. Muy lejos de Perón y del Che Guevara, la generación de Juan y Tony tiene como guía al maestro Yoda.


Para el final dejamos a Luz (Mercedes Oviedo), personaje que permite a la serie explotar su costado romántico. Juan está enamorado de ella pero no lo confiesa porque es su mejor amiga. Sin embargo, la mirada de Luz es fundamental para evaluar en su justa dimensión cada una de las acciones del protagonista. Ella es quien marca la diferencia, quien sonríe con cariño porque puede ver al verdadero Juan, mientras los demás se dedican a mofarse. Cada capítulo cierra con una reflexión en donde Juan indirectamente admite la intrascendencia de todos los desaires que vive día a día en su recorrido mediático, porque está claro que lo único que nos salva es que ese otro ser, al que uno quiere, esté allí para devolvernos la mirada. En esos minutos finales de abierto mensaje ideológico, en esas palabras pronunciadas por un Gastón Pauls que aquí brilla como nunca, Todos contra Juan desborda ternura y da vuelta el tablero: perdedor es aquel que jamás vio unos ojos colmados de afecto sincero.



Todos contra Juan
Martes, 22:15 - América TV
Dirección integral: Gastón Pauls Dirección y guión: Gabriel Nesci

2 comentarios:

PetaloPow dijo...

Muy bien Caro. Soy muy fan de este programa! la perlita televisiva del año

Cecilia Díaz dijo...

Excelente crítica y comparto tus elogios a Todos contra Juan. Sólo agregaría que Luz también es una negadora, como cada uno de los personajes. Ella mantiene una relación que Tony se encarga de críticar y que claramente, no funciona.
Con este unitario, Amanda O y Los Pells aparece esta tendencia de mirar el otro lado de la fama y de los medios. Quizás es una arista de la tv ombligo pero no deja de ser interesante.

Te mando un abrazo,