martes, 8 de noviembre de 2016

Buffalo '66, de Vincent Gallo


Billy Brown (Vincent Gallo) sale de la cárcel, camina unos pasos y se sienta en un banco, rodeado de calles desiertas y heladas. Parece estar absolutamente solo en el mundo. Deambula asustado, perdido. Llama por teléfono a su madre y le promete ir a visitarla junto a su mujer. Miente. Él no está casado, pero no duda en secuestrar a la primera chica con quien se cruza para llevarla a su casa y presentarla como su esposa. La víctima en cuestión se llama Layla (Christina Ricci) y es una muchacha mansa y afectuosa, el extremo opuesto a Billy, siempre enojado, agresivo y reacio al más mínimo contacto corporal. Sólo los une la tristeza, y una imperiosa necesidad de cariño que él prefiere negar.

La narración avanza tímidamente hacia lo imprevisible, en medio de climas incómodos, diálogos secos y trazos de humor negro. Es la historia de un hombre desconsolado, capaz de pasar en un instante del solipsismo a la violencia, de la soberbia al llanto. Puede resultar fácil odiar a Billy, pero algo cambia cuando el relato decide desnudar su pasado: infancia gris, amores imposibles, padres siniestros. El presente para él es angustia y el futuro no existe... está solo. Y Layla está amarrada a su lado.

Estrenado en el Festival de Sundance de 1998, Buffalo ’66 es el primer film como director de Vincent Gallo, actor recordado por sus notables trabajos en Sueño de Arizona de Emir Kusturica y El Funeral de Abel Ferrara. Según sus propias palabras, el guión está inspirado en hechos autobiográficos, aunque no es necesario conocer ese dato para sentir la película como una confesión liberadora. Gallo y Ricci forman una pareja vulnerable y mágica; sus presencias son fundamentales para este pequeño film que, a pesar de sus atmósferas frías, alcanza picos de un romanticismo insospechado y conmovedor.