viernes, 30 de julio de 2021

En Netflix: El vuelo, de Robert Zemeckis


“Por cierto que de este mundo no podemos caernos. 
Estamos definitivamente en él.” 

Christian Dietrich Grabbe*

Darlo vuelta. Lo primero que vemos en la película es el breve plano de un avión en ascenso. Y luego, un pezón. Una mujer se levanta de la cama, mareada, inestable, y camina totalmente desnuda por una habitación, buscando sus prendas. Su cuerpo llama la atención, no sólo porque es bellísimo, sino porque el tiempo que el relato le dedica a esa desnudez no es algo común dentro del cine mainstream. Hablamos de unos segundos apenas, y en ese momento quizás no seamos del todo conscientes, pero esa decisión de puesta en escena intenta trascender la simple sensualidad (o la provocación, si quieren) para imponerse como un acto de franqueza, un pacto de cercanía que anticipa el verdadero tema de El vuelo (Flight): el dolor de estar irremediablemente expuestos, sin abrigos, ni control, ni consuelo. La inversión de expectativas es sólo una de las diversas maniobras sorpresivas que contiene la película, pues el trailer nos había preparado para las curvas de un film catástrofe y de repente uno se encuentra sumergido en la desolación de un hombre adicto al alcohol. Y no hay secuencia de acción que pueda superar el espectáculo de esa primera y caudalosa lágrima que vierte Denzel Washington cuando despierta en el hospital y le comunican quiénes murieron en el accidente.

Act of God. Más allá de este bienvenido desplazamiento de géneros (agreguemos que John Goodman aparece dos veces trayendo la comedia pura en su mochila), toda la narración de la película es absolutamente diáfana y sincera. Y ya desde el comienzo, a través de un montaje paralelo, el film advierte que por allí también ronda Nicole (Kelly Reilly), una chica adicta a la heroína que terminará involucrada con el protagonista. Al explicitar por adelantado ese cruce dramático, Zemeckis parecería asumir que como demiurgo detrás de la fábula él puede conocer y predecir los destinos de los personajes, mientras la historia en sí misma postula que en lo real sucede justamente lo opuesto: hay que convivir con el azar y el absurdo. La narración jamás especula ni oculta la información esencial sobre la conducta del capitán Whip Whitaker (Washington), y es por eso que uno se siente tan absorbido por este relato, que logra convencernos siempre, incluso frente al delirio del vuelo invertido. Es lícito pensar que el vodka y la cocaína fomentaron en parte el arrojo y la lucidez del héroe para franquear los límites de lo factible. O tal vez no, quién sabe. Lo que queda claro -para el espectador agnóstico, al menos- es que casi cien personas se salvaron gracias a un hombre que tomó las decisiones correctas en el instante preciso. Otros prefieren hablar de un milagro. Pero... "¿qué tuvo que ver Dios en esto?", se pregunta Whip mientras en el fondo del cuadro vemos la cúpula de la capilla que quedó destruida por el aterrizaje forzoso. Y ahí recordamos la escena en la que el ala del avión le arranca literalmente la cruz a la iglesia, un momento que Zemeckis elige mostrar en cámara lenta, aun cuando eso implica frenar el ritmo de la vertiginosa caída. Podría deducirse que con ese gesto la película anula la posibilidad de la fe religiosa. Pero también podría ser todo lo contrario. 

Wilson. Debe ser que a Dios lo necesitamos en la ficción, aunque sólo sea como un personaje más, como función o compulsión. Dios mete su cola en esta historia y se calza distintos trajes con sigilo, casi sin que nos demos cuenta. Para algunos, los mortales no somos más que dados sacudidos en un cubilete planetario, y lo único que Dios puede darnos es la certeza del azar, como dice el joven enfermo de cáncer en una de las escenas más memorables de la película (“Perdemos demasiado tiempo intentando controlarlo todo”). Para otros, hay que rezarle al Señor porque él es el gran organizador, el tapón del caos: para muchos sobrevivientes el accidente fue un prodigio divino que hay que leer desde la lógica de la predestinación. Whip Whitaker no cree en nada ni en nadie, y sin embargo en su desesperación final también recurre a Dios. Pero el dios del protagonista, junto con todos los otros dioses que deambulan por el film, no hacen más que replicar aquí el rol que la pelota Wilson cumplía en Náufrago: simplemente, se trata de inventar un amigo con quien hablar. Imaginar que estamos un poco menos solos.

Denzel. Así y todo, Wilson también se alejaba, y Tom Hanks volvía a estar solo y a la deriva. En Náufrago Zemeckis suprime a Wilson para confirmar la intangibilidad del símbolo frente a la soledad ontológica del ser humano. Hoy es una pelota, mañana será una fotografía, mucho antes fue el sol. Pero ningún símbolo se sostiene sin voluntad, y a esto también se refiere El vuelo. Y aquí es cuando el director decide hacer foco en el cuerpo, pues frente a todos los discursos que buscan darle peso al "espíritu", en este film la voluntad no puede disociarse del cuerpo y su obstinada materialidad. ¿Qué puede hacer la razón cuando el cuerpo se empecina en tironear para el otro lado? Nunca lo habíamos visto a Denzel Washington así, tan titánico y a la vez tan frágil, con tanta tristeza y con tanta necesidad de hundir la cabeza como una tortuga. Él, un actor de porte volcánico, de grandes parlamentos, sonrisa insuperable y dicción contundente, aquí muchas veces se ve obligado a hablar entre dientes, avergonzado, como cuando le pide a una colega que mienta por él, cuando no lo vemos directamente mascullar incongruencias mientras agita una botella vacía. Es extraordinaria toda la secuencia en el hotel previa al temido interrogatorio: allí el actor condensa en cada temblor toda la ansiedad del personaje y su subversiva abstinencia, para llegar finalmente a ese plano brutal que lo muestra tumbado en el baño, con un rastro de sangre que certifica su estado de inconsciencia. Denzel nos da la espalda, casi no vemos su cara, pero uno no puede dejar de sentir sobre los propios hombros la gravedad de ese físico inmenso y vencido que desde algún lugar callado clama por auxilio, y al que a la vez sólo le queda resto para entregarse al abandono. Es así nomás... de este mundo no podemos caernos. 

* Christian Dietrich Grabbe en su obra Hannibal, citado por Sigmund Freud en El malestar en la cultura. 

Esta reseña surgió de una charla sobre El vuelo que mantuve con el amigo Andrés Fevrier, autor del blog Cinematófilos. (¡Gracias por las ideas!).

FLIGHT está disponible en Netflix

jueves, 29 de julio de 2021

Tamara Kamenszain (1947-2021)


“La poesía puede hacer algo con las rupturas y las muertes. No puede evitarlas, no puede resucitar a los muertos, no puede rehacer las parejas rotas, pero enfocándose en lo más nimio - cuchara, mesa, chaqueta, incluso cadáver - puede quizás calmar la desesperación ante lo irreparable y reponer el valor de uso del objeto perdido”.

TAMARA KAMENSZAIN
(Fragmento de su ensayo “Los libros chiquitos")

La imagen pertenece a la película Meek's cutoff, de Kelly Reichardt

miércoles, 23 de junio de 2021

Tentación

"El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar..."

Alejandra Pizarnik 
(En un diálogo con Marta Moia)


La imagen pertenece a Bajo los puentes, film dirigido por Helmut Käutner

martes, 8 de junio de 2021

Esa serenidad tan anhelada...


“Una vez hice un documental llamado Cabezas parlantes, en donde les hice dos preguntas a varias personas: ¿Quién es usted? y ¿qué quiere usted? En cuanto acabé el film me puse a pensar yo mismo en esas dos preguntas. Y, a decir verdad, entendí que yo tampoco podría contestarlas. No sé quién soy ni lo que deseo. Si tuviera alguna aspiración sería alcanzar la serenidad. No he logrado encontrarla, y creo que nunca lo haré.”

Krzysztof Kieslowski
(En una entrevista realizada en 1991, incluida en el dvd de La doble vida de Verónica).

En el corto Cabezas parlantes (Gadacaje glowy, 1980), el director entrevista a un conjunto de personas que van desde un niño de apenas dos años hasta una anciana que vivió un siglo entero, pasando por todas las generaciones intermedias. Si bien cada deseo tiene un matiz diferente, es increíble constatar hasta qué punto todos -ellos, nosotros, vos, yo- en el fondo anhelamos lo mismo. 

Este cortometraje puede verse con subtítulos en español en YouTube.

martes, 25 de mayo de 2021

El cine auténtico

Por Leopoldo Torre Nilsson*

"Pienso que el creador no es un sociólogo. Casi nunca da, estéticamente, solución a la realidad. El creador produce un mundo, el ámbito con el que ha estado relacionado. Es muy raro encontrar en la historia del arte obras que signifiquen una solución social, o que interpreten el pensamiento científico. Toda obra es una suerte de interrogante. Es valiosa en la medida en que el interrogante es profundo y responde a fenómenos testimoniales de su época. El creador que siente que no maneja con seguridad los temas que está desarrollando, es porque es un creador que no vive con intensidad una problemática; ésta puede tener carácter social, temporal, pertenecer al orden de la realidad o de la irrealidad, pero pienso que si son escapistas, son inauténticos. El mundo irreal es tan importante como el mundo real. No es más válida la película que muestra el problema actual de los cañeros del norte que la que muestra la incertidumbre del hombre ante el amor; las dos pueden ser igualmente valientes. Están en estratos distintos, simplemente. Pienso, sí, que no es válida artísticamente la impostación: pensar cuáles son los grandes temas y según resulten ser los de la tierra o del amor, me pongo a hacerlos porque son grandes temas, a priori. Eso es impostación. Lo auténtico es aquello que siento necesidad de hacer."

*Fragmento de una entrevista publicada en 1960 en la revista Contracampo Nº4, y reproducida en el libro colectivo Leopoldo Torre Nilsson, una estética de la decadencia (Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken/Grupo Editor Altamira, Buenos Aires, 2002).

Descubrí El secuestrador (1958) en el año 2014, cuando fue proyectada en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Quizás sea la mejor película de Torre Nilsson y sin dudas es una de las más grandes obras del cine argentino todo. Hoy la película puede verse en YouTube.  

viernes, 21 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (IV) - Un blog de 17 mil entradas


En 2009 Luis Gruss abrió un blog titulado “Suspendelviaje". Tiene 17 mil posteos. Leyeron bien, sí. ¿Pueden creerlo? No debe existir nada parecido en todo el planeta, y el dato no hace más que confirmar la avidez de un hombre que no podía dejar de escribir, pensar, imaginar, leer, compartir. Persistir. 

En mi propio espacio he copiado varias veces entradas suyas que me fascinaron, pero ahora les pido que vayan directamente ahí: lean Suspendelviaje. Sepan que van a encontrar de todo, y en medio de ese todo van a dar con esas líneas precisas que ustedes estaban buscando hace mucho tiempo. No lo van a poder soltar. Agradezco a Andrea por mantener activo el blog de Luis, y aquí abajo comparto uno de mis textos preferidos.


Por Luis Gruss

Degradamos la lista de cosas que nos sostienen. Son pocas y encima les quitamos valor. Erróneamente suponemos que dos o tres salvavidas no alcanzarán. Pensamos que cien o doscientos serían necesarios para empezar a arrastrarnos desde el centro embravecido del mar hasta la tierra firme y segura. Dos o tres no es nada, decimos. Diez tampoco. Deben ser cien o doscientos como mínimo. Porque si no -pensamos también- caeremos junto al puente y a todo lo demás. Así no hay ni habrá salvación posible. Degradamos la lista de cosas que nos rescatan. ¿Para qué más? A veces un barco basta. 

La imagen pertenece al film Primavera tardía, de Yasujiro Ozu.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (III)


“Quisiera hoy dejar de llorar, dejar de pensar, dejar atrás, sobre todo, el oscuro valle de las inmundicias. Quién pudiera vivir sin asidero. O pegado como chicle a un navío de verdad. Ahora estoy en crisis. O, lo que es lo mismo, en virtual estado de oportunidad. Quiero pisar nuevas tierras hasta diluirme o renacer en ellas. Quiero cantar y llamar a alguien para decirle que aún es tiempo”.

Luis Gruss
Fragmento del relato "El baile", que integra el libro La carne (ediciones Atril, Buenos Aires, 2004). 

En la imagen: All or nothing (2002), de Mike Leigh

martes, 18 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (II)


Algunos fragmentos de un hermoso texto escrito por Luis Gruss y publicado hace casi 20 años en la revista Latido.
 

Cambio luego existo

"Conozco a muchas personas que viajan por el mundo sin llegar jamás a ningún sitio. Eso no quiere decir que la pasen mal. Es más, casi todos los turistas vuelven encantados de sus fascinantes recorridas. Admito que un cambio de lugar, una movida de esas que ponen todo patas para arriba, puede replantear la vida del mejor plantado. Pero eso, no nos engañemos, ocurre sólo en contadas ocasiones. Escuché la historia de una joven de la antigua China que había resuelto emprender un largo viaje; se había propuesto romper con la monotonía de sus días. Comunicó la decisión a su maestro, hombre sabio y prudente como todos los chinos, el cuál reaccionó con acritud. ¿Cómo puedes salir de viaje si los tres reinos del país aún no se han unido?, le preguntó con visible enojo. La joven de la antigua China era una chica de barrio; no tenía muchas pretensiones. Consideraba incluso, y con razón, que la unión de aquellos reinos estaba completamente fuera de su alcance. Cuando así se lo hizo saber a su maestro, éste severamente le replicó: la unión de esos tres reinos es en efecto un objetivo remoto. Pero más remota que un objetivo remoto es la carencia de objetivo. Tu viaje no tiene objetivo. 

 "Además del sabio maestro chino, otro de los mayores aguafiestas que conozco en este campo es cierto poeta portugués —soberbio y austero como pocos— que despreciaba los viajes, los cambios, la gente nueva y todas esas cosas lindas que tiene la vida. El tipo rechazaba cualquier acto, por mínimo que fuera, que lo sacara de sus frecuentes caminatas por la calle de los Doradores, en la vieja y recóndita Lisboa. Se sentía tan a gusto dentro de su órbita que ni siquiera quería leer libros diferentes a los que ya había leído. "Siento el tedio anticipado de las páginas desconocidas", escribió una tarde, oscuramente, antes de bajar a la tabaquería por la Calle de la Aduana. 

 "¿Adónde pretendía llegar este señor? Voy a exponer al respecto una hipótesis personal. Creo que Fernando Pessoa (de él estoy hablando) decía una cosa pero deseaba otra. En realidad estaba harto de su apatía endémica y hasta la padecía. Quería cambiar, quería ser otro, pero sólo pudo lograrlo a través de su inclasificable obra literaria. A veces no puedo dejar de identificarme con sus idas y vueltas, con sus contradicciones, con esa cosa de quiero y no puedo que finalmente se convertía en no quiero, no voy, no puedo. Cómo no entenderlo. Yo, sin ir más lejos, me la paso hablando mal de las fiestas, pero cuando finalmente voy a alguna me dejo llevar por la situación y la disfruto (críticamente, eso sí, no se vaya a pensar que soy un frívolo). Predico la inmovilidad porque es profunda, sólida, verdadera y todo eso, pero casi lo único que hago es moverme de aquí para allá buscando no se qué aventura maravillosa. Pessoa mismo llegó a escribir un manifiesto contra toda relación amorosa —contra cualquier compromiso terrestre, en realidad, que lo desviara de su misión sagrada— pero cuando las papas quemaban no se podía contener. Un día que se cortó la luz en la oficina donde trabajaba con Ofelia Queiroz —la única mujer que se le conoce— casi la viola sobre el escritorio. Ella misma contó el episodio en una carta. De repente la empujó contra la pared y sin que mediara una palabra (él, justamente, que en eso era un campeón) la agarró por la cintura, la abrazó y la besó apasionadamente como si estuviera loco. 

( …) 

 "Quedarse, partir, unirse, cambiar, escapar, insistir. Quizás la transgresión suprema en la era de las autopistas rápidas consista en permanecer, en comprometerse al menos con el entorno más cercano, ahondar en lo que uno es hasta el extremo de la terquedad. Antes (y debo aclarar que la palabra antes ya me está cansando) yo creía en la posibilidad de una transformación total y colectiva. Creía en la revolución. Pretendía "cambiar la vida", como pedía Rimbaud. Soñaba con el hombre nuevo, con un mundo trastocado hasta en sus últimos pliegues. No es que piense ahora que todo eso ya pasó. El mundo me sigue pareciendo un lugar peligroso, inhumano, egoísta, donde cada uno pretende salvarse por la suya. Sólo que ya no sé si puedo cambiarlo a fuerza de voluntad. No tengo un discurso, no sé de teorías, no cultivo el análisis político y social. A veces pienso incluso que la historia universal sucede a no más de veinte metros de cada uno. Y que es ahí, en ese breve territorio, donde puedo intentar alguna cosa. Quiero hacerlo. Todavía siento una responsabilidad por lo que pasa y lo que deja de pasar. Una necesidad de entrega que sigue en pie como un tronco seco dispuesto a florecer." 

Luis Gruss 

En la imagen: Las nieves del Kilimandjaro, película dirigida por Robert Guédiguian.

lunes, 17 de mayo de 2021

Leer a Luis Gruss (1953-2021) (I)

 
“¿A qué sueño personal ya renunciamos? Y si todavía no lo hicimos, ¿por qué seguir alimentándonos de eternos imposibles? Se podría arriesgar en este punto una hipótesis tan insensata como seductora. Decir por ejemplo que de una manera o de otra todos buscamos justamente eso que la vida nos mezquina. La belleza que se oculta en la espuma de los días. El lado oscuro o luminoso de la intangible luna. O decir, también, que la desilusión nunca es total. Que hasta los que pierden la fe guardan por lo bajo una carta marcada, y esperan, como todo el mundo, enormes cambios en el último minuto”.

LUIS GRUSS 
Fragmento del ensayo “Preguntas a la esperanza”, publicado en el libro Malos poetas (Ediciones Atril, Buenos Aires, 1998).


La imagen pertenece a la película Minari, dirigida por Lee Isacc Chung

domingo, 2 de mayo de 2021

La mujer, el trabajo y el cuerpo


Por Remedios Zafra*

Una trabajadora siempre tiene cuerpo. Su cuerpo le precede y me pregunto qué pasaría si al contratar a un hombre se le advirtiera de este asunto y sus consecuencias. "Oiga, usted tiene cuerpo", "Cuidado, usted puede ser padre". ¿Qué pasaría si serlo se utilizara como razón camuflada de excusas para no renovar un contrato o cargar de sospechas una trayectoria profesional, pendiente de un hilo por si el hombre contratado y con cuerpo decidiera "ser padre"? ¿Pensarán tal vez que siempre habrá otro entusiasta dispuesto a ocupar su puesto? ¿O quizá que el padre podría encadenar trabajos temporales y a media jornada hasta que cuidar de los hijos fuera mejor opción que contratar a alguien para cuidarlos por el mismo pequeño sueldo que él gana? Porque ¿eso es lo que se espera de un padre?

Nadie interroga a un hombre sobre su deseo de ser padre. 

*Fragmento del excelente libro El entusiasmo, precariedad y trabajo creativo en la era digital (Ed. Anagrama, Barcelona, 2017)

La imagen pertenece a Mi piace lavorare - Mobbing (2003), dirigida por Francesca Comencini, una muy buena película italiana que está disponible en YouTube (los subtítulos en español son precarios, pero se puede ver, y el film vale la pena). 

jueves, 29 de abril de 2021

Comienza el Festival de Cine de Cosquín online con una película notable: Esquirlas

Hoy comienza una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Cosquín (FICIC), por primera vez en modalidad online, con la curaduría del crítico Roger Koza. Para ver las películas tienen que entrar al sitio del festival y registrarse.

Hay muchos títulos muy atractivos en la programación, pero en principio les sugiero no perderse el extraordinario documental ESQUIRLAS, de Natalia Garayalde.

La directora tenía 12 años cuando estalló la fábrica militar de Río Tercero. Allí vivía ella con su familia, que tenía una cámara de video con la que pudieron registrar toda la experiencia y sus consecuencias. Un película política y muy personal, una de las más importantes del cine argentino de los últimos años. 

ESQUIRLAS se estrena en el FICIC hoy jueves 29 de abril a las 21:30

Más información en la página web del festival.

lunes, 26 de abril de 2021

Un producir vitalicio


 “El imperativo neoliberal de optimización y rendimiento no permite finalizar nada. Hace que todo sea provisional e inacabado. Nada es definitivo ni concluyente. No solo los programas informáticos, sino también todos los ámbitos vitales, incluso la educación, están sometidos a la presión para ser optimizados. El aprendizaje vitalicio no permite finalizar los estudios. No es otra cosa que un producir vitalicio. El régimen neoliberal elimina las formas de cierre y finalización para incrementar la productividad”.


Byun-Chul Han
(Fragmento de su ensayo La desaparición de los rituales)

En la imagen: L'emploi du temps, de Laurent Cantet

sábado, 24 de abril de 2021

Nunca alcanza



Por Mauricio Kartun*

“Tenemos cerebros configurados a los ritmos de la tierra. En contacto físico y temporal con ella. Tiempos nativos. Pero en el último siglo de pronto el hombre empezó su lento éxodo aéreo. Remontó su cuerpo primero en un globo; su voz y sus imágenes con una antena después. Y desde hace un par de décadas, con internet, ya planea sin necesidad de volver a aterrizar. Un auténtico y literal destierro. El tiempo que alguna vez fue una montaña se fragmenta, se erosiona, se hace arena, polvo. Y vuela. La geografía ya no es obstáculo. El tipo se encuentra de pronto con tiempos aéreos y ni sabe pilotear. Pero en su sed eterna quiere ir cada día más rápido. No soporta una página que tarda unos segundos en cargar y abre entre tanto otra solapa y otra. Toda velocidad será lenta. Su ambición secreta es que el tiempo dé la vuelta. Que la página cargue alguna vez antes mismo de que él lo quiera. Esa es su contradicción más angustiante, la paradoja trágica: más rápido y nunca alcanza. Puede hacer ahora en una hora lo que antes llevaba una vida. Y no le alcanza. En la ilusión ingenua de que eso lo hace más feliz se termina complaciendo entonces con más experiencias de infinita menor intensidad y duración. Ese choque con el nuevo tiempo etéreo tras siglos de pertenecer al viejo tiempo material es el drama que le toca a nuestros cuerpos hoy.” 

*Fragmento del artículo “El teatro y el tiempo”. Pueden leerlo completo aquí

Las imágenes pertenecen a la película LA EXCAVACIÓN (The Dig), dirigida por Simon Stone, interesantísima película disponible en Netflix, con los impecables (y muy terrenales) Carey Mulligan y Ralph Fiennes. 

jueves, 22 de abril de 2021

Ciclo ASIA DIVERSA: muy buenas películas para ver online (y gratis)

Desde hoy y hasta el martes 6 de mayo, la plataforma “Puentes de Cine” presenta esta selección de películas que podrán verse online de forma gratuita. 

Como proponen los programadores, el ciclo “nos invita a asomarnos a las otras migraciones que recibimos en Argentina. Ocho historias que transitan entre Corea, China, Laos y Taiwán, y nos permiten entender un poco más quiénes son y qué sienten lxs que llegan a nuestro país desde tan lejos ejerciendo su derecho a migrar”. 

Para ver las películas, tienen que ingresar en el sitio y pulsar el comando “Ver película” en alguno de los títulos; ahí deben registrarse con sus cuentas de Gmail o Facebook, y listo. 

Dentro de los títulos programados que conozco, les recomiendo especialmente La salada, El futuro perfecto y La chica del sur.

miércoles, 21 de abril de 2021

Enredadera


“Me fui de Salta a los 19 años porque, en parte, refundarse es tomar distancia. Las convenciones sociales te marcan una identidad. Es una enredadera que hay que salir a machetear. ¿Quiero esto para mí? ¿Soy esto que se espera de mí? La identidad es una cárcel. Hay que estar alerta y saber que es una construcción; cuando ya no sirve, hay que inventarse una nueva”.

Lucrecia Martel 
(En una entrevista publicada acá).

En la imagen: La ciénaga.

domingo, 18 de abril de 2021

Destinos


El hijo único (Hitori musuko, 1936), 
pequeña maravilla de Yasujiro Ozu.

Pueden verla online en este sitio.