miércoles, 31 de agosto de 2011

Palabras heridas


“La escala del horror se ha convertido en algo difícil de describir. ¿Cómo relatar eso sin banalizarlo ni contribuir al espanto? También las palabras están heridas de muerte. Los locutores de televisión dicen que alguien fue ‘levantado’ en vez de decir que fue secuestrado. Tenemos un doble desafío: combatir el horror y crear un espacio que no sea horror. No se puede combatir el mal sin prefigurar al mismo tiempo una esperanza.”

Juan Villoro
(En una entrevista publicada en la revista Ñ del diario Clarín. 13/08/11)

La imagen pertenece al film Secret Sunshine, dirigido por Lee Chang-dong.

martes, 23 de agosto de 2011

Fieles a la excepción


Por Alain Badiou *

"En la situación de crisis y de desorientación actual lo más importante es guardar las manos sobre el timón de la experiencia que estamos llevando a cabo, sea en el amor, en el arte, en la organización colectiva, en el combate político. Hoy, lo más importante es la fidelidad: en un punto, aunque sea en uno solo, hay que tratar de no ceder. Y para no ceder debemos ser fieles a lo que pasó, al acontecimiento. En el amor hay que ser fiel al encuentro con el otro porque vamos a crear un mundo a partir de ese encuentro. Claro, el mundo ejerce una presión contraria y nos dice “cuidado, defiéndase, no se deje abusar por el otro”. Con eso se nos está diciendo “vuelvan al comercio ordinario”. Entonces, como esa presión es muy fuerte, el hecho de mantener el timón hacia el rumbo, de mantener vivo un elemento de excepción, es ya extraordinario. Hay que pelear por conservar lo excepcional que nos ocurre."

* Fragmento de una entrevista publicada en el diario Página/12 (06/11/10). 


La imagen pertenece al film Los Marziano, de Ana Katz.

sábado, 20 de agosto de 2011

Raúl Ruiz (1941-2011)

“Un viejo refrán de Hollywood pretende que una cinta tiene éxito cuando el espectador logra identificarse al protagonista: es él quien conduce la acción, es él quien debe vencer. Yo creo más bien que en un film digno de ser visto uno debe identificarse con el film mismo, y no con uno de los personajes. La identificación debe hacerse con los objetos manipulados, con los paisajes, con los múltiples personajes, desdoblamiento este que sólo puede tener lugar una vez pasado, sobrepasado, el punto hipnótico. A partir de ese momento, uno se encuentra en otro film. Antes del punto hipnótico estamos delante de un espectáculo: las imágenes vienen a nosotros; ahora habría que decir mejor que las imágenes despegan del aeropuerto que somos nosotros, y se van volando hacia la película que vemos. Somos de repente todos los personajes del film, todos sus objetos, sus decorados; vivimos aquellas conexiones invisibles con la misma intensidad que la secuencia visible.”

Raúl Ruiz (en su libro Poética del cine)

jueves, 18 de agosto de 2011

Una cierta luz


"Abrir el diario a la mañana es como tomar una taza de veneno puro, o un vaso de ácido sulfúrico. ¿Por qué entonces no mirar la niebla, una hora del día, una cierta luz, fuera de la neurosis y la angustia? También eso es vida".

Federico Fellini
(En el libro. Yo, Fellini. Conversaciones con Costanzo Costantini).

La imagen pertenece a Amarcord.

miércoles, 17 de agosto de 2011

De los que pierden


“Nunca hice deporte, de ningún tipo. El deporte no me estimula, probablemente porque me falta por completo el espíritu competitivo. Tengo la tendencia a estar siempre del lado del que pierde, en cualquier ocasión.”

Federico Fellini
(En el libro Yo, Fellini. Conversaciones con Costanzo Constantini).

En la imagen: Giuletta Masina en Las noches de Cabiria.

sábado, 13 de agosto de 2011

La lógica implacable

Por Eduardo Grüner * (Fragmento)

Una vez más la violencia represiva y la guerra de clases se ha cobrado vidas en Jujuy, en la Argentina, en América latina, en el mundo. Vidas de pobres, vidas de sin-techo, vidas de trabajadores y superexplotados, vidas sufridas a cuyo sufrimiento sin fin –pero dispuesto a la lucha por sus derechos– ha venido a poner fin la barbarie combinada de la gran propiedad terrateniente, la voracidad asesina del Capital, la negligencia (si no la irresponsabilidad objetivamente cómplice) del Estado, el menosprecio clasista de una “justicia” privatizada, la indiferencia de los grandes medios de des-comunicación. Vidas que se restan de la vida, aunque se suman –por sólo recordar el último año– a las vidas de los aborígenes que pelean por su relación ancestral con la tierra, los militantes populares que luchan junto a los “tercerizados”, los desesperados ocupantes de terrenos donde construir la ilusión de una vida (y ya nos vamos cansando de decir que cada uno de esos episodios es un “punto de inflexión”, sin que parezca “inflexionarse” gran cosa). Vidas sin auténtica vida, a las que se les corta de un balazo la dignidad de luchar por otra vida. En tiempos en que la “corrección política” ordena por doquier emitir ondas de amor y paz, las andanadas de metralla contra los pobres que confiaron en esos mensajes están bien lejos de ser una “anomalía”: al contrario, son la voz de una Verdad que la “buena onda” puede ocultar por un rato, pero que tarde o temprano revienta como una pústula en la superficie. Es la Verdad eterna –no habría por qué temerle a esa palabra– que dice que mientras todo un “sistema” (económico, social y político, desde ya, pero también “cultural”, “moral”, “espiritual”) esté sustentado sobre la explotación de la mayoría y el descarte de los no-explotables, mientras eso siga ocurriendo, mientras esa sea la “estructura” y la lógica de fondo, en algún momento el Poder tendrá que poner el dedo en el gatillo. Porque los vencidos (como los llamaba Walter Benjamin, para no pasivizarlos con el mote de víctimas) tienen la mala costumbre de resistirse a su destino trágico. A veces, puede ser, lo hacen con torpeza, o imprudentemente. La desesperación desorienta, nubla la visión “táctica”. Tan “incorrectos” son. Y entonces hay que enseñarles educación a tiros. Aunque estemos en democracia: también en ella, a veces, se hace entrar la letra con sangre.

* Fragmento de un artículo publicado en el diario Página/12 (11/08/11). Ir al texto completo.

martes, 9 de agosto de 2011

Compaginaciones


"Que quede claro, de una vez por todas, que estar enamorado es un asunto personal que no concierne al objeto amado -ni siquiera si éste corresponde-. Se intercambian, incluso en este caso, gestos y palabras simbólicas en los que cada cual lee cuanto tiene en su interior y por analogía supone vigente en el otro. Pero no hay motivo, no hay necesidad de que los dos contenidos se compaginen. Se necesita un arte muy especial para saber aceptar e interpretar favorablemente esos símbolos, ilusionándose con que la correspondencia sea real."

Cesare Pavese ("El oficio de vivir")

domingo, 7 de agosto de 2011

Alturas


"Nunca estás a la altura de tus propios sueños. No es miedo a lo que diga la crítica o tu tía, es ante vos mismo, ante lo que soñaste: lo que deseaste hacer con aquello y lo que te salió. Aunque vengan muchos y te digan que estuviste muy bien, vos sabés lo que hubieras querido hacer y no te salió."

Alfredo Alcón

En una entrevista imperdible publicada hoy en el diario Clarín (07/08/11). Ir al texto completo.

La imagen pertenece a la película El ladrón de orquídeas (Adaptation), dirigida por Spike Jonze.

sábado, 6 de agosto de 2011

Periódicamente


Periódicamente,
es necesario pasar lista a las cosas,
comprobar otra vez su presencia.
Hay que saber
si todavía están allí los árboles,
si los pájaros y las flores
continúan su torneo inverosímil,
si las claridades escondidas
siguen suministrando la raíz de la luz,
si los vecinos del hombre
se acuerdan aún del hombre,
si dios ha cedido
su espacio a un reemplazante,
si tu nombre es tu nombre
o es ya el mío,
si el hombre completó su aprendizaje
de verse desde afuera.

Y al pasar lista
es preciso evitar un engaño:
ninguna cosa puede nombrar a otra.
Nada debe reemplazar a lo ausente.

Roberto Juarroz


La imagen pertenece a Messidor, interesantísima película de Alain Tanner vista ayer en el ciclo de la Lugones dedicado al realizador suizo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

True North, de Steve Hudson


“En la vida aceptamos cosas que en la ficción consideraríamos inaceptables”.

J. M. Coetzee (“Foe”)

Uno, dos, varios hombres le hablan a la cámara haciendo un breve racconto de sus vidas. Son chinos que huyen de su país perseguidos por la miseria. No queda muy claro a quién le hablan, pero esa voz detrás de la cámara los presiona, les recuerda que deben “tener una historia” si quieren ingresar a Inglaterra. Algo así como un motivo, una justificación, un relato. ¿Algo que convenza o que conmueva a las autoridades de inmigración? La voz sin rostro (¿un traficante?) parecería estar personificando a un policía frente al cual los chinos ensayan un discurso “vendible”. Entonces la cámara se posa sobre una niña que no sabe cómo inventar una historia. Dice que su familia tuvo que ahorrar dinero para que ella pudiera escapar y ahora se ve obligada a trabajar. Dice que ella ya no tiene derecho a existir en China pues su mamá va a tener otro hijo. Pero este drama, su verdad desnuda, no alcanza. No entendemos por qué. Ella debe tener una historia. De nuevo, uno quisiera saber quién está ahí atrás, quién reclama una mentira. El dispositivo narrativo no explica con precisión en qué contexto los personajes vierten sus testimonios. Y la cuestión más llana, la más difícil de aceptar, es que esos seres le están hablando al espectador. Puede tratarse, simplemente, de una provocación, esa clase de trampas de la enunciación tan afines, por ejemplo, a un Michael Haneke. Por cierto, el cine tiene derecho a hacerlas.

Luego de este prólogo comienza la trama central de True North, film británico que se estrenó directo a dvd hace un par de años bajo el título A la deriva. Casi toda la acción se desarrolla arriba de una pequeña embarcación pesquera que representa el único sostén económico para un padre y su joven hijo. Están al borde de la bancarrota, y aunque la pesca se ha tornado un negocio imposible, el capitán se niega a desprenderse del buque, a pesar de los consejos de su hijo, que en el fondo añora una vida más sana para su padre. Una noche el barco atraca en un puerto de Bélgica y allí el muchacho recibe una propuesta: llevar a Inglaterra a un grupo de chinos, escondidos en la bodega. Y entonces ocurrirá lo que imaginamos. Y lo que no imaginamos, también. Con absoluta conciencia Steve Hudson apuesta a la hipérbole, al martillazo irrefutable, y justamente por esto la película fue cuestionada, rechazada sobre todo por su perfil de parábola “aleccionadora”, por sus aires de "castigo". Pero la lección fracasa cuando rezuma arrogancia, cuando se notan los piolines, tal como señalaba hace poco al comentar el film noruego Aguas turbulentas. En True North hay otra estrategia en juego, mucho más inteligente.  

¿Cuál es el límite de lo verosímil? ¿A partir de qué punto nos resulta imposible seguir creyendo en una ficción? ¿Acaso existe alguna divina proporción, un número de oro? ¿Por qué impugnar el artificio, entonces? ¿Y cuánto falta para que lo real termine superándolo todo?

El asunto es que todo lo visto en la película podría representar esa historia que la niña china finalmente logró inventar.

O no.

Cada día el mundo se supera a sí mismo en su oferta de estupor. Por eso, como ejercicio cotidiano, uno se resiste a naturalizar el horror. Pero hay ciertas noticias que me anonadan profundamente, que me anulan la palabra y la razón. Y luego el hecho se diluye, se mezcla con todo lo demás, tan solo una noticia olvidada entre tantas. True North también es una película más, entre tantas. Pero aquí hay un plus, pues esto es cine. Y el arte existe para amplificar el alarido, para que no dejemos de oírlo aun cuando la agenda mediática ya se haya fugado a otro puerto.


A la deriva (Reino Unido, 2006)
Título original: True North
Dirección y guión: Steve Hudson
Intérpretes: Peter Mullan, Martin Compston, Gary Lewis, Angel Li.
Editada por AVH

lunes, 1 de agosto de 2011

Alain Tanner en la sala Lugones


Este martes 2 de agosto comienza una retrospectiva dedicada al cineasta suizo Alain Tanner que se desarrollará hasta el martes 16 en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín. El ciclo trece largometrajes y dos cortos realizados por el director, todos ellos en copias 35mm enviadas especialmente por Swiss Films, a los cuales se suma un cortometraje-homenaje dirigido por Jacob Berger.

Dice Luciano Monteguado: “¿Quién es Alain Tanner? Las generaciones más jóvenes de cinéfilos seguramente lo desconocen y los más veteranos probablemente lo tengan un poco olvidado. Pero se trata, ni más ni menos, que de uno de los grandes cineastas europeos de la generación del ’60, un suizo que hizo suyo el ideario vital y libertario de Mayo del ’68 y que no lo abandonó jamás, desde que cuatro décadas atrás se llevó de aquí mismo, de Locarno, el Leopardo de Plata por su sorprendente ópera prima, Charles, mort ou vif (1969).” (En un artículo publicado en Página/12, desde el Festival de Locarno de 2010)

El detalle de las películas y los horarios puede consultarse en la web del Teatro San Martín.

En la imagen: La salamandre (1971), de Alain Tanner.

domingo, 31 de julio de 2011

Como el Arca de Noé

El director ruso Sergei M. Eisenstein tuvo alguna vez la idea de adaptar el contenido de El Capital de Karl Marx al lenguaje cinematográfico. Eisenstein no llegó a concretar el proyecto, pero el impulso, la curiosidad o, simplemente, la fantasía, alcanzaron como disparadores para concebir la película Noticias de la antigüedad ideológica: Marx, Eisenstein, El capital, un trabajo de nueve horas de duración a cargo del realizador alemán Alexander Kluge. Desde el sábado 30 de julio y durante todos los sábados de agosto en la Fundación PROA (Av. Pedro de Mendoza 1929) se exhibirá esta película en su versión completa y también en su versión reducida de 84 minutos. En la web de la Fundación encontrarán los detalles de la programación.

Lo que sigue es un fragmento de una excelente entrevista que Patricia Kolesnicov le hizo a Kluge. *

- ¿Qué quería Eisenstein de lo que sería su película?
- Esto es un trabajo de Marx, la base de un país comunista, se suponía que sería el fundamento de la utopía. Pensaba que era necesario que la gente no aprendiera el vocabulario de la revolución de memoria, sino que combinara las palabras de Marx con su experiencia.

- ¿Quería enseñar?
- Quería combinar experiencias sociales y personales, con las palabras abstractas de la economía. Decía que la economía era un tema de imágenes, de experiencia, algo práctico. Quería llevar el subtexto de Marx a la vida.

- ¿Quería ayudar a la revolución?
- Sí, pero creía que la revolución estaba en la cabeza de la gente. Tenés que tener imágenes en la cabeza para entender qué es la revolución; si no, repetís las frases.

- ¿Y qué quería usted con esta película?
- Más o menos lo mismo que él. Pero yo no puedo decir dónde hay una revolución. Tenemos que apegarnos a estos pensadores, a Marx, a Benjamin, a Adorno, y poner sus análisis en imágenes.

- ¿Para qué?
- ¿Para qué? ¿Por qué esos hombres sabios de la antigüedad construyeron el Arca de Noé? Tenés que tener esos botes, tenés que construirlos.

- ¿Para salvarnos?
- Para salvar lo que vale la pena entregarle a la próxima generación.

* Fragmento de un artículo publicado en el diario Clarín (31/07/11). Ir al texto completo.

sábado, 30 de julio de 2011

Aguas turbulentas, de Erik Poppe

He aquí lo difícil:
caminar por las calles
y señalar el cielo o la tierra.

Alejandra Pizarnik

En el centro del film hay un joven que no puede olvidar un hecho que hace quince años lo llevó a la cárcel. Jan Thomas ya cumplió su condena, pero íntimamente lo acosa un pasado que el espectador infiere a partir de desperdigados flash-backs. Un niño murió. Lo que en principio parecía un crimen tal vez haya sido un accidente, pero la cuestión es que el protagonista no termina de aceptar -o verbalizar- su responsabilidad. Dado que toca muy bien el órgano, Jan consigue trabajo en una iglesia y, de a poco, cautelosamente, comienza a adaptarse a la "libertad". La acción transcurre en algún lugar de Oslo, un paisaje bañado en tonos anaranjados y amarillos, fotografía candorosa y suave que contrasta con la oscuridad del conflicto.

Jan no confía en las bondades de Dios. Sin embargo, en la iglesia él encuentra a un cura amable que le evita los sermones y sólo intenta darle otra oportunidad. También conoce a una bella sacerdotisa con quien dialoga sobre el perdón y la existencia del mal sin la pretensión de arribar a iluminaciones definitivas. Es interesante este personaje femenino, que asegura amar a Dios pero tampoco se expone como una fanática de visión limitada. Ella más bien parece asumir que la religión es una ficción como cualquier otra que el ser humano necesita construirse para enfrentar la indolencia de lo real. A través de estos matices terrenales Jan va tanteando la posibilidad de la fe, y la iglesia se convierte en el lugar de conexión consigo mismo, aunque tan sólo sea mediante el éxtasis que le provoca la música. Para él es suficiente. Y de repente se produce un giro, un cambio en el punto de vista, tanto a nivel narrativo como predicativo. El director Erik Poppe abandona el equilibrio y comienza a pontificar. El discurso cobra gravedad y cálculo. Porque resulta que la madre de la víctima habita la misma ciudad que el victimario. Arreados por el guión, el muchacho y la madre están destinados a enfrentarse. La película eleva así su mirada buscando algo más allá, que no es el cielo sino un cierto ideal de qualité europea.

Aguas turbulentas (DeUsynlige) se consagra, entonces, como una clásica fábula de expiación con moraleja ad hoc. Pasado y presente tejidos en espejo. Relato bifurcado que al plegarse ahoga su latir auténtico para invocar una innecesaria respiración artificial. El pulso delicado que en la primera parte acompaña la dolorosa reconciliación del protagonista con la vida, en la segunda mitad se vuelca al servicio de la revancha y la redención, dos cuerdas dramáticas legítimas en sí mismas pero que aquí sólo están moldeadas en función del espectáculo altisonante. Y no conforme con la muerte inicial de un niño, el film entregará a otro niño como botín del suspenso. Y algo perderá consistencia en medio de esta espuma tan prefabricada: nuestras ganas de creer.    

viernes, 29 de julio de 2011

Rejas


Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.

Paco Urondo
(Fragmento del poema “La verdad es la única realidad”)

La imagen pertenece al notable film Un prophète, dirigido por Jacques Audiard.  

jueves, 28 de julio de 2011

Mil veces


"Los amantes no pueden encontrar nada que decirse uno a otro que no se haya dicho y callado mil veces. Los besos se inventaron para traducir en heridas esas nadas."

Lawrence Durrell ("Mountolive")

La fotografía pertenece a Henri Cartier-Bresson.

martes, 26 de julio de 2011

Karen llora en un bus, de Gabriel Rojas Vera


"¿Me pasas el saco?"

No deja de sorprenderme la fuerza inquebrantable que en el cine puede tener una brevísima línea de diálogo colocada en el momento justo. Un sólido remate verbal muchas veces puede salvar y justificar la visión de una película fallida, siempre y cuando esa frase suene natural y fluya sobriamente dentro de la escena que se está desarrollando. No me refiero aquí a las declaraciones ampulosas que suele prodigar el cine “con mensaje”, en donde generalmente el clímax se concentra en un largo parlamento pronunciado con gran virtuosismo actoral, como el operístico speech de Al Pacino en el final de Perfume de mujer. Tampoco me refiero a las frases emblemáticas recordadas por su inteligencia y porque son capaces de resumir en un enunciado todo el sentido dramático de una película, como el "Are you talking to me?" de Travis Brickle, o el "You can't handle de truth!" del Coronel Jessep. Todas estas son películas de alto perfil en donde la palabra ya viene resguardada por el eco mítico que representa la voz de la estrella. Es la magia que rodea a las palabras en el cine. Pero la vida es otra cosa.

En la vida, probablemente, la frase más importante no es la que más impacta sino la que más se repite. Para bien o para mal. Sobre esta idea el realizador colombiano Gabriel Rojas Vera construyó la estructura de su opera prima, Karen llora en un bus. Por suerte, el andamiaje del guión logra hacerse lo suficientemente invisible como para dejar que el relato discurra con gracia y afabilidad. El film narra la historia de una mujer (la excelente Ángela Carrizosa) que abandona a su marido y se empeña en forjarse una vida por sus propios medios, aunque esto implique lidiar con la indigencia, la vergüenza y la soledad. Rápidamente me encontré sumergida en el mundo de Karen y me aboqué a espiarla con absoluta transparencia y respeto, gracias a un realismo discreto que acompaña al personaje sin recurrir al miserabilismo, esa tentación efectista en la que suelen caer este tipo de ficciones, sobre todo cuando el autor se siente obligado a “sacudir” al espectador e imponer una denuncia social. No es el caso de esta película, que ante todo busca explorar la situación de la mujer en un sistema en donde sigue imperando el machismo, y sabemos que esto va mucho más allá de Colombia y de la modernidad.

La debilidad del film reside en algunos personajes secundarios (el esposo, especialmente) que se quedan en el estereotipo ya que parecen diseñados tan solo para ser funcionales a la evolución de la protagonista, y en este aspecto la película termina rozando algunos lugares comunes. Pero el riesgo del trazo grueso se debe a que el guión ha decidido retacear toda la información posible sobre la biografía de Karen, por lo cual ella es una suerte de página en blanco en donde todos los sucesos rebotan generando contrastes difíciles de prever: así como ciertas soluciones resultan facilistas, hay otras que consiguen reforzar la incógnita. No sabemos de dónde viene la protagonista hasta que el relato, de manera muy dosificada, ofrece algún dato a través de flash-backs. En todo esto se percibe la intención de universalizar el conflicto. Y dado que en la película abundan los silencios, las palabras cobran otro espesor, otra carga, ya sea porque se pronuncian con resignado automatismo (al pedir limosna, al vender servicios casa por casa), o porque representan ese castigo cotidiano que ya no se puede soportar. "¿Me pasas el saco?" Justamente allí, en esa fotografía en apariencia tan trivial y tan cliché, es donde se inmiscuye el potencial del cine, el perfecto contrapunto entre palabra e imagen: para revelar la necesidad de la diferencia ante la repetición que esclaviza.




Karen llora en un bus (Colombia, 2011)
Director: Gabriel Rojas Vera
Con Ángela Carrizosa, Juan Manuel Díaz, María Angélica Sánchez.
Film inédito en Argentina.

domingo, 24 de julio de 2011

Volver al VHS

Desde el último viernes, cuando leí la estupenda nota de Andrés en su blog Cinematófilos (previamente publicada en Clarín), me hallo sumida en la nostalgia cinéfila y no dejo de pensar en todos los grandes momentos vividos junto a la videocasetera, yendo del videoclub a casa y viceversa. Como todo afecto pasado que queda en el corazón muy asociado a una época, el VHS no sólo marcó mi relación con el cine durante mi infancia y mi adolescencia, sino que además hoy sigue siendo para mí un instrumento de trabajo que me niego a abandonar. Necesitaba rendirle a este formato un pequeño homenaje y pensé en muchas películas que quería recordar. Hasta que me decidí por las tres que siguen, muy especiales para mí:

Novia se alquila (EE.UU., 1987)
Título original: Can’t buy me love
Dirección: Steve Rash
Con Patrick Dempsey, Amanda Peterson, Seth Green, Courtney Gains.

Aunque tiene todos los condimentos de las comedias juveniles en la línea de John Hughes, Novia se alquila parte de una premisa que no por realista deja de infundir tristeza: para sentirse querido y ganar popularidad en el colegio, el protagonista tiene que comprar -literalmente- a la chica deseada por todos. Ronald (un jovencísimo Patrick Dempsey) integra la tribu de los nerds pero sueña con ser parte de los populares. De origen humilde, el joven trabaja como jardinero en la casa de Cindy (Amanda Peterson, una belleza que pronto dejaría la actuación), la chica más linda y chic de la “preparatoria”.

Un día Cindy se pone un vestido carísimo de su mamá y por accidente lo estropea, hecho que es salvado por una propuesta de Ronnie: él le presta a Cindy el dinero para que compre un nuevo vestido, y a cambio ella tiene que simular ser su novia por un tiempo. A pesar del snobismo de ella y de las torpezas de él, de los opuestos surgirá una amistad interesante que terminará con final feliz. Antes de llegar ahí, sin embargo, las peripecias del protagonista deparan momentos de amargura y patetismo, sobre todo cuando Ronnie llega al extremo de burlarse de quienes fueron sus amigos de toda la vida simplemente porque ahora se cree parte del otro bando. Un gran (auto)engaño del que los personajes deberán aprender para crecer. Las distancias de clase tienen repercusiones profundas y en la escuela se hacen sentir con particular dolor. Novia se alquila es una película sobre las diferencias y sobre la ridícula empresa de pretender ser lo que no somos.


IT (EE. UU., 1990)
Dirección: Tommy Lee Wallace
Con Annette O’Toole, Harry Anderson, John Ritter, Richard Thomas

Todavía recuerdo el preciso instante en que, en medio de una charla sobre cine de terror, mi primo Hernán nos dijo: “Tienen que ver IT”. Con mis hermanas corrimos al videoclub y así descubrí una de las películas más aterradoras de mi historia cinéfila. Hoy es una obra de culto, pero en aquel entonces estas películas editadas directo a video no llegaban con la garantía de una campaña publicitaria, y uno reparaba en ellas gracias al boca en boca o a la sugerencia atinada del videoclubista. Basada en una novela de Stephen King, la versión cinematográfica de IT fue producida para la televisión como miniserie de dos capítulos de dos horas cada uno. Si bien el DVD de IT que hoy circula incluye la versión completa, la película en VHS de los ’90 sólo duraba tres horas.

En la ficción los personajes denominan “It” a un monstruo que cobra diversas formas, aunque principalmente se encarna en el payaso Pennywise (Tim Curry, inigualable). Los protagonistas son un grupo de amigos que se reúnen luego de 30 años para volver a enfrentar a este monstruo que los acosó cuando ellos eran chicos y vivían en el pueblo de Derry, en el estado de Maine (escenario habitual en las historias de King). Los segmentos que narran la infancia de los protagonistas son los más sólidos, ya que allí el payaso muta y viste diferentes trajes en función de los miedos más íntimos de cada personaje. Con una impronta que remite a los climas de Cuenta conmigo, en este primer tramo se construye la amistad que llevará a los siete héroes a cumplir -o no- su promesa de reencuentro en caso de una resurrección del horror. La resolución del film está muy lejos de las expectativas, como suele ocurrir en las ficciones de King, pero esto no empaña la categoría de clásico absoluto del VHS que IT se ha ganado con los años.


El Cuentacuentos (Reino Unido, 1988)
Título original: The Storyteller (Primera temporada/ 9 episodios).
Producción: Jim Henson
Dirección: Jim Henson, Steve Barron.
Con John Hurt, Michael Gambon, Brian Henson, Alistair Fullarton, David Greenaway, Miranda Richardson, Jonathan Pryce.

Luego de veinte años sin regresar a estas hipnóticas imágenes, acabo de reencontrarme con El Cuentacuentos en YouTube para confirmar que el hechizo permanece intacto, y en esto tiene mucho que ver el relato oral. John Hurt interpreta a un anciano con orejas de duende que narra cada fábula al lado de una chimenea mientras dialoga con su perro parlanchín (y ahora, mirando los gestos de Hurt, uno no puede evitar la comparación con las narraciones televisivas de Alberto Laiseca).

Editada en VHS en tres volúmenes, esta serie británica se compone de nueve episodios y no hay que confundirla con otra más prolífica llamada Cuentos asombrosos (Amazing Stories), producida en Estados Unidos por Steven Spielberg. En The Storyteller todos los relatos tienen ambientación medieval y están inspirados principalmente en cuentos populares alemanes y rusos. El creador de la serie no es otro que Jim Henson, el director de Laberinto, un verdadero mago a la hora de diseñar mundos fantásticos tan fascinantes como peligrosos. Hay muchos príncipes y princesas, ambiciones, brujas, conjuros, luchas, condenas, metamorfosis y, sobre todo, lecciones de vida, como sucede en la tradición de los cuentos de hadas, aunque con una aproximación más matizada, más adulta. Ignoro el impacto que estas producciones podrían tener hoy, en la era post Harry Potter, pero lo cierto es mis hermanas y yo adorábamos cada episodio de esta serie y los mirábamos una y otra vez. Por suerte El Cuentacuentos se consigue en Internet, y en YouTube están colgados todos los capítulos, incluyendo la versión doblada al español (la que yo conocí). Si tienen ganas de asomarse, les recomiendo empezar por uno de mis episodios preferidos: Los tres cuervos, protagonizado por Miranda Richardson y Jonathan Pryce.