domingo, 1 de mayo de 2011

La lengua balbuceante


Hay cien caminos para llegar al gris.
Mezclas entre alumbrar y oscurecer.
Instantes que no son
de la luz, la penumbra ni la noche.
Hay grados de quietud,
ondulaciones en las líneas rectas,
incontables maneras de estar solos.
Las palabras no son jamás las mismas.

El agua no se explica en su elemento,
hay peldaños de líquido, hay estados
que funden hielo y rabia con bondad.
Todavía no sé qué nombre darle
al deseo de carne pensativa,
a la risa brotando del dolor.
Quiero identificar el cosquilleo
que detiene mi mano mientras odio
como el freno de un huésped más alegre.

Me faltan los milímetros en tránsito.
Tengo a medias los poros del sentido.
Para eso sucede la poesía,
esa lengua esquimal que balbucea
los matices del blanco,
temperaturas ínfimas.

Andrés Neuman

La imagen pertenece al film Aíta, fascinante trabajo del español José María de Orbe presentado en el último Bafici.

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