miércoles, 20 de mayo de 2015

Es sentir de verdad...


Por Carolina Aguirre*

Hace poco, cuando vi el capítulo 12, pensaba justamente en que Mad Men iba contra todo lo que yo creo a la hora de escribir. Es una serie inexplicable. Si yo le contara a alguien cómo la voy a construir, me dice que eso no puede funcionar. Que es demasiado raro. También es cierto que Weiner lo fue haciendo lentamente. Que arrancó con un relato más clásico y lo fue enrareciendo, pero logrando hacer funcionar todo lo que normalmente no funciona. Deja personajes tirados durante tres temporadas y luego los retoma, toma decisiones caprichosas, no cierra algunos temas ni arcos dramáticos, se toma miles de licencias temáticas y poéticas que no colaboran con la trama, abandona líneas narrativas por la mitad, desaparece personajes sin avisar, arranca capítulos en otro lugar por corte y sin explicación. Yo creo en el personaje, creo en las referencias de otras disciplinas (Mad Men mantiene un diálogo animado con la poesía, la pintura, el diseño, la arquitectura, la publicidad) y en construir con verdad, pero me cuesta entender cómo es que la ingeniería de Mad Men es tan genial con todas las decisiones difíciles que toma. Soy como un técnico que abre un electrodoméstico, que lo quiere entender y no logra explicar cómo funciona. Sabe que funciona. Le parece genial, pero no sabe cómo está armado por dentro, qué lo hace arrancar. Y probablemente sea eso -que va en contra de mi fe- lo que la vuelve tan vital y necesaria en mi vida.


*Fragmento de una discusión sobre el final de la serie Mad Men, publicada en el sitio La Agenda. (Ir a la nota completa).