lunes, 27 de febrero de 2012

Perfidia, una miniserie de Juan Laplace


Una de las sorpresas de este verano se llama Perfidia - ¿Cuál es tu límite?, una miniserie que se emitió durante las últimas semanas por la Televisión Pública. Hoy la serie completa ya se encuentra disponible en Internet, como es el caso del sitio Clan-Sudamérica (también está en YouTube, pero aquí se pierde mucha calidad). Escrita y dirigida por Juan Pablo Laplace y rodada en HD, Perfidia consta de ocho capítulos de 25 minutos cada uno, por lo cual recomiendo hallar el tiempo adecuado para evitar dispersiones y ver todos los episodios de corrido, como si fuera una película. No lean nada sobre la trama ni sigan adelante con este post. Vayan a buscarla.


Lo que impacta de inmediato es la extraordinaria tersura de la imagen, bendición que a lo largo de todo el relato será exprimida al máximo por la inteligente puesta en escena. Pero dejemos este punto para después. Antes debo admitir que al ver el primer capítulo, cuando apenas comenzaba la presentación de los personajes, me asaltó el prejuicio. En la escena en la que Manuel (Juan Gil Navarro) espera ser interrogado en la oficina del policía, hay un plano que remite directamente a Los sospechosos de siempre (The usual suspects), de Bryan Singer. De acuerdo, ok: no todos los espectadores tienen por qué conocer la referencia, pero quien la identifica no puede obviar el dato porque resulta demasiado importante a la hora de anticipar la conducta del protagonista (y al autor esto no se le escapa, por supuesto). Minutos más tarde, durante el encuentro en el bar con los amigos, Manuel efectivamente confirma que es dueño de una locuacidad envolvente (y aquí no hablo más sobre el film de Singer, porque tampoco quiero revelar la intriga de esa obra capital al lector que no la haya visto). Resumiendo, el episodio piloto me pareció un poco pretencioso, como si el realizador se estuviera jactando de haber reunido en una modesta ficción televisiva un muestrario de alusiones y técnicas del cine bien aprendidas sin contemplar la cuota de previsibilidad o de pose que esto podría sumar a la historia. Sin embargo, había otras fuerzas irresistibles que reclamaban seguir con Perfidia: su sofisticada concepción visual y una estructura narrativa de inusual complejidad. Había, finalmente, un realizador con personalidad que con elegancia trituraría las impresiones apresuradas.


Ya los títulos de crédito, con la palabra "perfidia" enfundada en dólares, anuncian que todo es una cuestión de dinero y que probablemente más de uno será estafado y algún otro sufrirá por amor (las lágrimas de Gloria Carrá). Con mayor o menor grado de precisión los hechos pueden intuirse, por eso el relato no tiene como prioridad preservar el enigma y prefiere depositar la tensión en un delicado juego de anacronismos que a cada paso reubican los roles y las acciones, alterando constantemente el cuadro de identificaciones entre los personajes y el espectador. Frente a la intrincada disposición narrativa ocurren dos cosas: por momentos el drama se torna demasiado frío y analítico, mientras que no todos los personajes llegan a “respirar” lo suficiente como para ganar la carnadura buscada; por otro lado, aunque cierta confusión pueda resultar eficaz e incluso placentera en algún pasaje, hay situaciones que no terminan de engancharse con fluidez en el conjunto (sobre todo el personaje de Jerónimo, cuya inquietante subtrama ameritaba más desarrollo).

Dicho esto, lo que debemos celebrar es que la propuesta no se conforme con ser “puro guión”: el laberinto de trampas se sostiene gracias a la riqueza de un estilo. Un estilo perspicaz, convencido, digno de la mejor cepa cinematográfica, ya que Laplace piensa la retórica de la imagen en todo su potencial expresivo y no meramente expositivo. No voy a describir todos los hallazgos de composición y puesta en escena que ustedes seguramente sabrán apreciar en la serie; sólo resta decir que existe algo intimidante, en principio, en esa franqueza arrolladora que inyecta la alta definición. Recién cuando el ojo comienza a habituarse es que empezamos a ver y beber más. Más detalles, más colores, más matices. Y aquí es donde Perfidia aprovecha toda esa intensidad y nos hace vivir la imagen como signo: la imagen vibra, insinúa, susurra, delata efímeros reflejos que a su vez delatan otras opacidades, dobleces, realidades alternativas dentro de la misma realidad, recordatorios de que aquello que vemos es sólo una cara más de una verdad siempre elusiva. Es gratificante encontrar un bordado tan sutilmente apasionado en una producción para la pantalla chica. Para entusiasmarse.


Perfidia - ¿Cuál es tu límite?
Dirección y guión: Juan Laplace
Producción: Juan Laplace y Luis Sartor
Dirección de fotografía: Max Ruggieri
Cámara: Laura Mosquera
Edición: Lautaro Colace
Elenco: Juan Gil Navarro, Antonio Birabent, Gloria Carrá, Romina Richi, Carlos Portaluppi, Lucas Akoskin, Leonardo Saggese.

Emitida durante febrero de 2012 por la Televisión Pública (Canal 7)

domingo, 26 de febrero de 2012

¿Es posible aprender?


Por Andrei Tarkovski *

¿Qué es el arte? ¿Lo bueno o lo malo? ¿Procede de Dios o del diablo? ¿De la fuerza del hombre o de su debilidad? ¿Es quizá una prenda de la comunidad humana y una imagen de armonía social? ¿Es ésa su función? Es algo así como una declaración de amor. Un reconocimiento de la propia dependencia de otros hombres. Es una confesión. Un acto inconsciente, que refleja el verdadero sentido de la vida: el amor y el sacrificio.

Pero si dirigimos la mirada hacia atrás, reconocemos que el camino de la humanidad está lleno de cataclismos y de catástrofes. Descubrimos las ruinas de civilizaciones destruidas. ¿Qué ha sucedido con ellas? ¿Por qué se agotó su aliento, su voluntad de vivir y sus fuerzas morales? Supongo que nadie creerá que todo eso tiene una causa material. Una idea así me parecería salvaje. Y al mismo tiempo estoy convencido de que hoy volvemos a estar al borde de la destrucción de una civilización porque ignoramos plenamente el lado interior y espiritual del proceso histórico. Porque no queremos reconocer que nuestro imperdonable y pecaminoso materialismo, un materialismo que no conoce la esperanza, ha traído infinitas desgracias sobre la humanidad. Es decir, creemos que somos científicos y dividimos, para conseguir una mayor fuerza de convicción en nuestras cavilaciones científicas, el indivisible proceso de la humanidad en dos partes, haciendo luego de una sola de sus motivaciones la causa de todo.

De esta manera intentamos no sólo justificar los fallos del pasado, sino también proyectar nuestro futuro. Quizá se demuestre en tales errores la paciencia de la historia, que espera que el hombre alguna vez consiga escoger bien, sin tener que terminar en un callejón sin salida en el que la historia, una vez más, corrija el fallido intento por medio de otro paso, esta vez más exitoso. En ese sentido, es verdad lo que afirman tantos: de la historia nadie aprende y la humanidad suele, simplemente, ignorar la experiencia histórica.

* Fragmento del epílogo del libro Esculpir en el tiempo (Ed. Rialp).

La fotografía pertenece a Dani Yako.

martes, 21 de febrero de 2012

Perfect Sense, de David Mackenzie



“La naturaleza humana, a pesar de toda la grandiosidad con la que nos deslumbra desde hace cinco siglos, tal vez haya tropezado con sus propios límites.”

Paula Sibila (El hombre postorgánico)

Michael (Ewan McGregor) es chef y Susan (Eva Green) es epidemióloga. La primera cita entre ellos tiene lugar en la cocina del restaurant en donde trabaja él. Ella prueba un bocado delicioso y segundos después comienza a llorar sin parar, sin nada que él pueda hacer o decir para calmarla. Terminarán juntos en la cama, sí, pero de la forma más extraña que uno pueda imaginar. Contagio de desolación: ésa es la primera amenaza de infección que resulta cercana para el espectador. En esta escena queda claro que nada será previsible en Perfect Sense.

Y no es que estemos ante un paisaje totalmente novedoso. Desde lo temático  enseguida nos asalta el recuerdo de Ceguera, aunque por suerte David Mackenzie elude la vacua pomposidad de Fernando Mereilles. Por otro lado, en el plano visual se intercalan tramos impresionistas editados al estilo del mejor Danny Boyle (allí donde el montaje asociativo sabe sumar sentidos y no es una mera distracción), así como imperan los cielos siempre grises de Children of Men, que también buscaba situarnos en el futuro sin utilizar las iconografías típicas de la ciencia-ficción, aumentando la inquietud al hacer que el ocaso definitivo resultara mucho más inmediato y familiar. Lo curioso es que todas estas referencias repiquetean en uno durante la visión de Perfect Sense pero jamás atrofian la autonomía de la película, que logra ser libre y frondosa en su estremecedor delirio porque se nota que a sus creadores no les importó el ridículo ni la divina proporción. En el relato la catástrofe convive con artificios publicitarios y una voz over poética compite con imágenes reconocibles de la actualidad sociopolítica, mientras en plena involución se filtran los atisbos de un amor triste: todo junto y un poco revuelto en una película quizás fallida pero indudablemente arriesgada y persuasiva.

Parece nomás que todo empezó el día en que alguien despertó y ya no sabía cómo entender a ese otro ser que dormía a su lado. Hoy es imposible aislar el virus. No existe en el exterior ni figura en ningún historial científico. Llega desde adentro, como una catarsis monumental incubada durante siglos que finalmente irrumpe y dispara una mutación. Es la pérdida del mundo. Dejamos de ser humanos para transformarnos en otra cosa que aún no está definida. Mientras esperamos el nuevo manual de instrucciones, Perfect Sense se nos presenta como anticipada memorabilia, un álbum-collage que recopila y atesora aquellos reflejos esenciales que el cuerpo eligió olvidar.


Perfect Sense (Alemania /Reino Unido, 2011)
Dirección: David Mackenzie
Guión: Kim Fupz Aakeson
Intérpretes: Ewan McGregor, Eva Green, Connie Nielsen, Ewen Bremner, Stephen Dillane, Denis Lawson.

lunes, 20 de febrero de 2012

Heridas

Por Paul Auster *

Creo que alguien se convierte en artista, particularmente en escritor, porque no está del todo integrado. Algo está mal en nosotros, sufrimos por algo, es como si el mundo no fuera suficiente, entonces sentís que tenés que crear cosas e incorporarlas al mundo. Una persona saludable estaría contenta con tomar la vida como viene y disfrutar la belleza de estar vivo... no se tiene que preocupar por crear nada. Alcanza con hacer un trabajo interesante, amar a alguien, comer buena comida, vivir todo lo que se pueda, morir. Esa parece una linda forma de vivir. Otros, como yo, estamos atormentados, tenemos una enfermedad, y la única manera de soportarla es haciendo arte. Es decir, si estoy haciendo esto, es porque algo está mal. ¿Qué es lo que está mal? Difícil decirlo porque estas heridas se producen cuando sos muy joven.

* Fragmento de una entrevista publicada en la revista Ñ del diario Clarín (18/02/12).

domingo, 19 de febrero de 2012

Princesita


¿Cuándo vuelve mi papá?
Creo oír sus pasos al regresar
ya no recuerdo
el color de su mirar
al sonreír

Una foto en un placard
y un abrazo que no quiere llegar
tan solo en sueños
puedo imaginar su voz
llamándome... dice

Oh, princesita
Luz de mi vida
Oh, princesita
Te encontraré

Si él me enseña a nadar
yo podré bucear el fondo del mar
y en su guitarra
tocaremos la canción
que él dejo al partir

¿Cuándo vuelve mi papá?
Es que la lluvia no lo deja llegar
y en el camino, va perdido
y sé que está
llamándome... dice

Oh, princesita
Luz de mi vida
Oh, princesita
Te encontraré

Ya te encontré 


Letra: Isabel de Sebastian y Bob Telson
Versión en español interpretada por Caetano Veloso

Esta canción integra la banda sonora de La vida según Muriel, film de 1997 que acabo de reencontrar en el canal INCAA TV. Este martes 22/02 a las 20:00 habrá otra emisión de esta bella película dirigida por Eduardo Milewicz. Para agendar. 

viernes, 17 de febrero de 2012

The Ides of March, de George Clooney



Atención: se revelan detalles de la trama.

Ellos pulen la imagen. Hacen marketing político. Venden un porte, un concepto. El film acaba antes de que se celebren los comicios porque en el fondo ya no importa el acto electoral en sí, sólo la previa, las encuestas y los impactos mediáticos capaces de definir tendencias. (Ningún voto es realmente libre desde que nos gobiernan las encuestas. Habría que repensar todo el sistema, pero eso no es algo que podamos resolver acá). Es una cuestión de imagen, decíamos, y en Secretos de Estado (The Ides of March) abundan las reproducciones de Mike Morris (George Clooney). En la televisión, en las revistas, en los afiches, en el espejo, los íconos rebotan en un caleidoscopio en el que cada gesto se adivina ultra ensayado. La película sabe que se dirige a un espectador escéptico que ya no confía en las estampitas de campaña ni en los discursos de los candidatos, de allí que necesite anclar su apuesta en la palabra de un convencido: el joven (Stephen/Ryan Gosling) que sí dice creer en el proyecto del político. Deberíamos, supuestamente, sentir el conflicto moral a través de él.

Pero una cosa es la ficción de la política y otra cosa es la ficción de la película. La segunda tiene que ser lo suficientemente contundente como para hacer mella en la primera y motivar una dialéctica, por eso resulta increíble que un film que pretende cuestionar la fabricación de caretas sea tan descuidado al construir la presencia de sus protagonistas frente al espectador. No hay manera de justificar la “sorpresa” que esconde el personaje de la becaria (Molly/Evan Rachel Wood). Al ver el film por segunda vez uno intenta hallar indicios de la joven ingenua que luego nos quieren vender, pero no hay fisura alguna en su aplomado temple. Desde que irrumpe en escena, Molly sabe cuál es su lugar y a dónde quiere llegar. Tiene un andar decidido, lleva los cafés para todo el equipo y toca el hombro de algún colega cuando le conviene. Y de repente nos anuncian que está embarazada. Y encima cuando está en la clínica esperando el aborto, la chica dice “I hate this shit” (Odio esta mierda), y suena como si estuviera acostumbrada a hacer el trámite un par de veces al año (¡¿?!). Molly es un personaje de plastilina que el guión deforma con llamativa torpeza. Junto a ella hay otras dos mujeres con relativa incidencia en la trama: la periodista cínica y extorsionadora que al final será castigada con la indiferencia, y la mujer del político que sólo aparece para incitar al líder a que ceda en sus principios. Por último, otra joven y bella pasante cerrará el film sugiriendo un eterno retorno al ciclo del abuso masculino/necia sumisión femenina. Algo aquí huele a rancio, un vaho que se vuelve casi infantil frente al insuperable affaire Clinton-Lewinsky. También huele a misoginia.

Con esto no quiero decir que haya que negar el tema de la manipulación sexual. El problema con el “giro de la becaria” es que termina absorbiendo toda la tensión, opacando otras dimensiones más ricas del escenario dramático. Como bien señala Manuel Trancón en la revista El Amante, The Ides of March “parece menos una película que su propio prólogo”, porque da la impresión de dejarnos apenas en la puerta de otras puntas más arriesgadas por explorar. A diferencia de El estudiante (comparación ineludible), en donde todo se limita a la rosca en sí misma, en el film de Clooney sí se enuncian ideas y deseos políticos. También proliferan el chantaje, el camaleonismo y la ambición trepadora, pero al menos aquí asoma un candidato con un programa y con presiones diversas como para elevar por ese lado el nivel de la discusión. Más allá de algunos diálogos disfrutables y certeros (el vínculo Gosling/Seymour-Hoffman es lo mejor del film), a la larga todo se ciñe a la superficie: evitar la mancha sobre el traje mojigato. Ésa parece ser la carta de defunción de un político, mientras que el destino más patético para un consultor en desgracia sería asistir las necesidades eróticas de los ex presidentes. Simplificador, el relato se escapa antes de pisar el fango concreto en donde sabemos que acechan las otras manchas, las verdaderamente dañinas. La mirada a cámara final de un Gosling angustiado viene a confirmar el viejo cuento: la política es sucia. Esto es lo que hay. Si algún espectador aún cree en ese joven del comienzo que aseguraba tener ideales, podrá concluir que al menos él resistirá “desde adentro” y que quizás algo bueno se consiga en el camino. En cada esquina brota la mugre, así que por ahora no tenemos más alternativa que elegir el mal menor.

¿Pero es ésa realmente la única opción que nos queda?

jueves, 16 de febrero de 2012

Agua


"De vez en cuando, bajaba hasta el lago, y pasaba horas mirándolo, puesto que, dibujado en el agua, le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida."

Alessandro Baricco ("Seda")

La fotografía pertenece a Michael Kenna.

domingo, 12 de febrero de 2012

Lo imprevisible



Por Alain Bergala *

Una verdadera cultura artística sólo puede construirse sobre el encuentro con la alteridad fundamental de la obra de arte. Sólo el choque y el enigma que representa la obra de arte con respecto a las imágenes y los sonidos banalizados, predigeridos, del consumo cotidiano son realmente formadores. Lo demás no es sino desprecio por el arte y por el niño. El arte sólo puede ser aquello que resiste, aquello imprevisible, aquello que en un primer momento confunde. El arte debe seguir siendo, también en pedagogía, un encuentro que trastorna todos nuestros hábitos culturales. Quienquiera que pretenda conducir suavemente de los productos de consumo al arte se halla de entrada en el desconocimiento y la traición del arte. Si se quiere envolver la cultura para hacerla más apetecible o más digesta es porque se está profundamente convencido de que es una píldora amarga y hay que disimular su sabor. El verdadero arte no puede ser confortable ni pasivo.

* Fragmento del libro La hipótesis del cine. (Ed. Laertes, Barcelona.)
La imagen es del film La noche del cazador (The night of the hunter), de Charles Laughton.

sábado, 11 de febrero de 2012

La Emma de Chabrol

En 1991 Claude Chabrol rodó su versión fílmica de Madame Bovary, protagonizada por Isabelle Huppert. Cinco años le llevó al director transformar la novela de Gustave Flaubert en un guión de cine. “Quiero ser escrupulosamente fiel”, dijo Chabrol en el momento del estreno. Y aquí surge la eterna pregunta al hablar de adaptaciones: ¿cómo medir la fidelidad entre dos medios expresivos tan diferentes? El director de El bello Sergio ensaya aquí una respuesta.

Por Claude Chabrol *

“Buena parte del perfeccionismo de Flaubert puede, de un modo muy práctico, ser directamente transferido al film. Por otra parte uno debe tratar de encontrar los equivalentes visuales para su modo de escribir, que está hecho de la acumulación de elaborados detalles. El sonido de un pájaro específico está subrayado en la escritura pero, visualmente, basta con ponerlo allí.

Esta acumulación que Flaubert logra con pequeños toques yo debo hacerla a través de la síntesis. Casi caí en la trampa de subrayar detalles. Por ejemplo, si Flaubert describe una escena en un interior a través de un objeto que está sobre la mesa, sería un error hacer un primer plano de ese objeto. Entonces lo que hicimos fue poner todo lo que describía en el decorado, sin subrayarlo. Está en la toma pero ustedes tendrán que encontrarlo. Hay tantos detalles en el libro que podríamos haber hecho el film enteramente con naturalezas muertas.

Madame Bovary es un libro muy moderno. Me maravilló el personaje de Emma y su estupidez. Pero lo más maravilloso de Emma Bovary es su deseo consciente de encontrar un modo de salir de esa mediocre estupidez. Eso es lo que la hace tan atractiva y tan moderna. Para Flaubert el hombre no es inteligente. Es estúpido, con pequeños toques de inteligencia que lo hacen muy conmovedor.”

* Fragmento de un texto publicado en 1991 por American Film, reproducido en la revista Film N°7 (Abril/Mayo de 1994)

jueves, 9 de febrero de 2012

Nuevo cine español en la sala Lugones


Con el título “Nuevas estrategias: Corrientes subterráneas en el nuevo cine español”, el próximo martes 14 de febrero comienza un ciclo conformado por las más diversas y arriesgadas propuestas provenientes de España. La muestra está integrada por 7 largometrajes y otros 22 films de menor duración (cortos y mediometrajes) que dan cuenta de la atractiva renovación estética que ha vivido en los últimos años el cine de la península. Las proyecciones se realizarán hasta el 24 de febrero en la sala Lugones del Teatro San Martín.

He visto cuatro de las películas programadas: La vida sublime y Aita. Carta al hijo (foto), hermosos films descubiertos en el último Bafici, en donde también vi Finisterrae, una rareza total sólo apta para espectadores de espíritu abierto. Todos ustedes son capitanes es otra buena película de corte experimental exhibida en el festival de Mar del Plata de 2010. En el sitio web del San Martín encontrarán una detallada presentación del ciclo a cargo de su curador, el crítico Fran Gayo. Los horarios son los de siempre en la Lugones: 14.30, 17, 19.30 y 22 hs.

Programación:
Martes 14
Caminos, silencios y sonrisas (cortometraje) - Dir: Alumnos de la “Escola de Bordils”.
La vida sublime - Dir: Daniel V. Villamediana

Miércoles 15
Programa de cortometrajes de Lois Patiño.
Todos ustedes son capitanes - Dir: Oliver Laxe

Jueves 16
Gato encerrado (corto) -  Dir: Peque Varela.
Finisterrae - Dir: Sergio Caballero

Viernes 17
El sol en el sol del membrillo (corto) -Dir: Los hijos
Moza de Ánimas (corto) - Dir: Oriol Sánchez.
Los Materiales (mediometraje) - Dir: Los hijos

Sábado 18
Los orígenes del marketing (corto) - Dir: Elías León Siminiani
True Love - Dir: Ion de Sosa.

Domingo 19
Mudanza (corto) -  Dir: Pere Portabella
Caracremada - Dir: Lluís Galter

Miércoles 22
Programa de cortometrajes de Fernando Franc
Programa de cortos de Velasco Broca

Jueves 23
Lanbroa - Dir: Mikel Zatarain.
O proceso de Artaud (corto) - Dir: Ramiro Ledo.
Aita. Carta al Hijo (mediometraje) - Dir: José María de Orbe

Viernes 24
Notas de lo efímero (mediometraje) - Dir: Chus Domínguez
Canedo (mediometraje) - Dir: We Are QQ.

Valor de la entrada: 12 pesos (Estudiantes y jubilados: 5 pesos)
Teatro General San Martín: Avda. Corrientes 1530
En la web del teatro hay más detalles sobre el ciclo y las películas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Poesía

Este ensueño es un silbido más en el viento
y un guerrero no detiene jamás su marcha.

Luis Alberto Spinetta  (“Dale gracias”)
(1950-2012)

lunes, 6 de febrero de 2012

Los Muppets, de James Bobin


Hay una escena de Los Muppets que regresa con insistencia a mi cabeza. Un chirrido. Llega antes por los oídos que por el recuerdo visual. Es el momento en el cual Gary, Mary, Walter y René inician la búsqueda de los Muppets. Están en el auto y el robot que oficia de chofer propone localizar a los personajes mediante su módem. Ahí se escucha el típico sonido de la conexión a la red por dial-up: primero el tono de los dígitos marcados y luego ese ruido estrambótico y agudo que hoy se nos hace insoportable, tan estridente que los protagonistas del film se tapan los oídos deseando que el martirio acabe.

El gag funciona, es breve y prácticamente anecdótico dentro del conjunto del relato. Pero nada se le escapa al guión de Jason Segel y Nicholas Stoller. La escena es otro comentario sobre uno de los temas centrales del film: el paso del tiempo (lo que fuimos, lo que proyectamos hacer con el tiempo que nos queda). Pensar que hace unos diez años el dial-up aún representaba la puerta hacia una aventura fascinante: Internet, el nuevo mundo. Ansiábamos conectarnos para sentir ese chirrido revolucionario. Y hoy, aunque el dial-up aún exista como posibilidad, sabemos que ha perdido terreno y el chiste del film nos confirma que todos ya estamos habituados a otra lógica. Me pregunto si no será que estamos excesivamente entrenados para adaptarnos con facilidad a lo nuevo (lo cómodo), al punto tal de volvernos ingratos, de no poder reconocer aquello que nos cambió la vida apenas unos años atrás. Será que no vivimos los avances tecnológicos en su verdadera dimensión emancipadora (humana) sino como un mero imperativo de consumo por el cual todo se agolpa en una carrera de descartes y reemplazos continuos. Y eso que Los Muppets no es una película nostálgica. No postula que el pasado fue mejor. Simplemente, nos plantea si no nos hemos acostumbrado a olvidarnos demasiado pronto de ciertas cosas fundamentales.  

jueves, 2 de febrero de 2012

Trabajo orgánico


Cada tanto, aunque sea una vez cada tanto,
es inevitable volver a los puentes…

Una idea de David Lynch: “Cuando ves un edificio avejentado o un puente oxidado, estás presenciando el trabajo conjunto del hombre y la naturaleza. Si pintas el edificio, pierde toda magia. Pero si le permitimos envejecer, la naturaleza se suma al trabajo de construcción del hombre: el resultado es orgánico. Sin embargo, con frecuencia la gente ni siquiera se plantea permitir algo así, sólo se les ocurre a los escenógrafos.” (1)

Leyendo la biografía de Clint Eastwood escrita por Patrick McGilligan, descubrí que fue Bruce Beresford el realizador contratado en primer lugar para dirigir Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County). Eastwood ya estaba elegido como actor protagonista, pero no logró congeniar con el director de Conduciendo a Miss Daisy. Beresford al poco tiempo se alejó del proyecto, a pesar de que ya había avanzado en la selección de locaciones. Eastwood tomó la posta. Por suerte.




Así lo cuenta McGilligan: “Clint desechó la idea de construir un nuevo puente de Roseman (el principal puente cubierto del relato), con lo que se ahorraría un millón y medio de dólares del presupuesto previsto. Los departamentos artísticos del estudio se encargarían de que el verdadero puente de Roseman, que, debido a una reciente restauración, a Beresford le pareció demasiado bonito, tuviera un aspecto envejecido, y después de la filmación lo devolverían a su estado original.” (2)


1 - David Lynch, Atrapa el pez dorado. (Ed. Mondadori)
2 - Patrick McGilligan, Clint Eastwood. (Ed. Lumen)