martes, 28 de junio de 2011

Todo Mike Leigh en el BAC


Hoy comienza una exhaustiva retrospectiva dedicada al realizador británico Mike Leigh, cuyo film más reciente, Another year, se estrenará en unas semanas. En el ciclo podrán verse algunos títulos inéditos en Argentina, además de dos cortometrajes. Leigh es sin dudas uno de los más importantes cineastas contemporáneos y realmente todas sus películas son interesantes. Mis preferidas son Secretos y mentiras, A todo o nada y Vera Drake, pero hay otras también imperdibles como Topsy-Turvy, La vida es formidable y Simplemente amigasLas funciones se realizarán los martes, desde hoy y hasta el 30 de agosto, en el British Arts Center (BAC - Suipacha 1333), en sus horarios habituales de las 17 y las 20 hs. La entrada es gratuita. 

Programación:

Martes 28 de junio:
La vida es formidable (Life is Sweet, 1990) + A Sense of History (corto, 1992)
                       
Martes 5  de julio:
Grandes ambiciones (High Hopes, 1988)

Martes 12 de julio:
Meantime (Meantime, 1984) +  The Short and Curlies (corto, 1988)

Martes 19 de julio:
Indefenso (Naked, 1993)
           
Martes 26 de julio:
Secretos y mentiras (Secrets and Lies, 1996)

Martes 2 de agosto:
Simplemente amigas (Career Girls, 1997)

Martes 9 de agosto:
Topsy-Turvy (Topsy-Turvy, 1999)
           
Martes 16 de agosto:
A todo o nada (All or Nothing, 2002)

Martes 23 de agosto:
El secreto de Vera Drake (Vera Drake, 2004)
                       
Martes 30 de agosto:
La felicidad trae suerte (Happy-Go-Lucky, 2008)


Más detalles en la web del BAC.

viernes, 24 de junio de 2011

Mademoiselle Chambon, de Stéphane Brizé


Pensé que tú eras un ancla en la corriente del mundo;
pero no; no existe ancla en ninguna parte.

William Bronk

Jean es albañil. Anne-Marie, su esposa, trabaja en una imprenta. Jérémy es el hijo de ambos. Los conocemos mientras hacen un pic nic y el pequeño resuelve la tarea del colegio: análisis sintáctico. Mamá y papá intentan ayudarlo, aunque a los tres les cuesta reconocer el “objeto directo” en las oraciones. Consultan el manual, la norma, y entonces comprenden que primero deben distinguir el verbo transitivo y luego hacerse la pregunta: ¿Qué? Por ejemplo: "Verónique toca el violín". ¿Qué toca Verónique? El violín: éste es el objeto directo. Aunque resulte un poco extraño, así comienza la película de Stéphane Brizé: con una lección de gramática.

En el film, Verónique es quien le enseña estas cosas a Jérémy. Es su maestra, la Mademoiselle Chambon del título. La señorita. Una vez por mes, ella invita al padre de algún alumno para que hable sobre su trabajo. “Estoy en la construcción. No creo que sea muy interesante”, responde un tímido Jean cuando la maestra le propone participar en una clase. Ella dice que sí, que seguramente tiene mucho para contar.

Casas, paredes, cimientos. “Necesitamos una base sólida para que la casa se mantenga firme. Si no construimos una base sólida...”, relata Jean a los chicos mientras Verónique lo observa cálidamente. En esta escena el espectador no puede esquivar la alegoría, porque es demasiado explícita: aquí la casa es la familia. Pero a esta altura de nada sirve conocer las figuras retóricas, ni la sintaxis, ni las conjugaciones. La maestra ya está enamorada. Jean también. Adiós a los ladrillos y a las reglas del idioma.

El manual de lengua indica que el verbo desear es transitivo. Es decir, necesita un complemento hacia el cual dirigir la acción. Pero el ser humano puede pasarse la vida, los siglos, toda la Historia, sin identificar qué es lo que realmente desea. Esta es la frustración ontológica que jamás podremos aprender en la escuela porque no existe señorita capaz de transmitirla. Nos enseñan las buenas formas del lenguaje verbal sin advertirnos que resultan absolutamente impotentes cuando se trata de amar.  

Por eso Mademoiselle Chambon es una película sobre las otras gramáticas, las evanescentes, las que nacen y mueren cada día, las que están implícitas en el silencio, en las miradas, en las ventanas que se rompen, se abren y se cierran. En la manera de acomodar las masitas en un plato. En la paz cifrada en unos pies dormidos. En la pose fingida de los amantes que dicen sentir la música cuando lo único que pueden escuchar son sus propios latidos, que ya no dan más. También están los frágiles códigos de la cobardía que las mujeres leen a la perfección (no, Jean, no tenías que montar la escena del cumpleaños para “hablarle” a tu mujer), y aún más extendidos están los códigos de la resignación y los de la fantasía romántica. ¿Pero qué resignamos exactamente? ¿Qué anhelamos? ¿Podemos definirlo acaso? De nuevo la paradoja, el deseo que no puede hacerse de su objeto. Porque cuando lo consigue, ya dejó de ser deseo. 



Mademoiselle Chambon (Francia, 2009)
Estrenada en DVD con el título Un affaire d’amour.
Dirección: Stéphane Brizé
Intérpretes: Vincent Lindon (Jean), Sandrine Kiberlain (Verónique Chambon), Aure Atika (Anne-Marie), Jean-Marc Thibault (padre de Jean), Arthur Le Houérou (Jérémy).
Editado por el sello CDI

jueves, 23 de junio de 2011

No alcanza con morirse

"Beto, ¿cómo imaginas tu muerte?’, le pregunté al narco de 16 años y 18 muertes a cuestas. Me dice: ‘Quisiera morirme con el cerebro reventado, con una bala expansiva’. Si ustedes vieran lo que hace una bala expansiva en el cerebro, entenderían la gravedad de lo que me está diciendo. ‘O, pensándolo mejor, que me entregaran hecho pedacitos para ahorrarle a mi jefa (mamá) el dolor de velarme, porque en este jale (trabajo), ya no alcanza con morirse’”.

Así comienza una demoledora nota publicada en la revista Ñ del diario Clarín. (11/06/11) Ir al texto completo.

lunes, 20 de junio de 2011

Volvió Luther

And now what?

Con esta pregunta lanzada al cielo se cerraba hace un año la primera temporada de Luther, en un final de altísima intensidad que nos dejó desahuciados y a la vez arrobados. Porque ese final vehemente e insospechado era lo que nos faltaba para admitir que, efectivamente, Luther es otra cosa. Y justo ahí, cuando empezábamos a rasguñar la médula del horror, la serie de repente terminó. Y no tuvimos otra opción que aceptar el diagnóstico de Alice Morgan: “No existe el amor. Todo lo que existe es crueldad y traición”.

Pero Luther volvió. Tal vez para refutar la sentencia de Alice, o tal vez no; eso lo iremos descubriendo en el transcurso de la segunda temporada, cuyo primer capítulo fue emitido hace unos días. Lo que importa ahora es presentar al susodicho a quienes no tuvieron el placer: John Luther es un detective de la policía de Londres especialista en homicidios. Es un investigador brillante y obsesivo, aunque sus métodos no siempre se ajusten a la norma, y es por eso que aún lo persigue una acusación por abuso de poder. John está solo. Ama a su esposa pero ella lo dejó y ya formó una nueva pareja. John sufre, explota, pierde el control. La línea se corre continuamente y las acciones se precipitan en un huracán de confusión. Como lo confirma el inicio de la temporada 2011, la vida de Luther es una ruleta rusa.

Es probable que al principio el esquema nos resulte convencional. La serie podría ser una cruza de Sherlock Holmes con una angustia insoportable con un poco de El silencio de los inocentes. Los responsables de los crímenes a veces se tornan caricaturescos y debilitan el verosímil. Sin embargo, los casos policiales pasan a un segundo plano porque aquí el corazón dramático es la fascinante psicología del protagonista y la forma sorpresiva en que toda la ficción se va arremolinando alrededor de su tragedia. A partir del tercer capítulo el relato avanza con una notable síntesis y velocidad, un inquietante efecto dominó exigido por la misma extensión del producto: la temporada debut de Luther duró solo seis episodios. ¡Y este año sólo se emitirán cuatro! Puede sonar tacaño, más aún si el ciclo nos encantó, pero así es como trabajan las series británicas, compactando alta calidad en sólidas grageas.

Ahora sí, es el momento del chapeau. No estaríamos hablando de Luther si no fuera por el actor principal, Idris Elba, a quien conocimos en The Wire en el papel de Russell “Stringer” Bell. Decir que Stringer fue el mejor personaje de The Wire sería una injusticia para el nutrido elenco de la mejor serie televisiva de todos los tiempos, así que lo diré a título personal: Stringer es mi preferido de la serie de David Simon. Y resultó que el maravilloso gángster de Baltimore en realidad era inglés y de golpe apareció encabezando una producción de la BBC. Pues sí, este hombre de físico imponente y mirada triste ahora interpreta al desolado Luther. 

And now what? ¿Cómo hace John para seguir? ¿Cómo se puede lidiar cada día con un asesinato brutal cuando no se tolera el propio dolor de existir? No hay luz en esta Londres rojo sangre. Hombres y mujeres descienden en círculos creyendo que todavía pisan la tierra de la ley y el orden. Ya no distinguen entre una cosa y otra, porque se acostumbraron. Todos, menos uno. Por eso los psicópatas se visten de payasos: estamos en su mundo, en su carnaval. Allí está Alice, la científica, la Razón devenida Locura autoconsciente, la razón de la masacre, la que parece haber triunfado. Algo tendrá que estallar en el paralelismo entre ella y John: ahí se juega el sentido, la pulseada metafísica. Observen los ojos de ella, siempre abiertos de par en par. Presten atención a los ojos de Luther, temerosos, colmados de incertidumbre y culpa, esquivos cuando se trata de sostener la vista ante un cadáver o la foto de una mujer atacada. A veces es por cansancio, otras es por desconfianza, pero por lo general lo hace cuando se queda sin respuestas, cuando no sabe ya cómo ayudar: a Luther le cuesta mucho mirar a los ojos. Sin embargo, él vuelve a girar el tambor cada mañana, pone cuerpo y alma en las calles y sale lastimado, siempre. No le importa morir. Está solo, es el último hombre, el único que insiste con el sueño de descifrar el código desconocido, la clave imposible que permita desarmar la lógica del infierno.


Luther (Reino Unido, 2010/2011)
Creador: Neil Cross
Producción: BBC One
Intérpretes: Idris Elba (John Luther), Ruth Wilson (Alice Morgan), Warren Brown (Justin Ripley), Indira Varma (Zoe), Steven Mackintosh (Ian Reed), Paul McGann (Mark North).

domingo, 19 de junio de 2011

Olivier Assayas en la Lugones

Del martes 21 al domingo 26 de junio se presentará un ciclo dedicado a la obra del gran director francés Olivier Assayas. La muestra, que incluye seis películas, cuenta con copias nuevas en 35mm enviadas especialmente desde París por el Institut Français para acompañar el estreno local de Carlos, el film más reciente del realizador, exhibido el año pasado en el Festival de Cannes. "En su capacidad -dice Jean Michel Frodon- para hacer dialogar films inscriptos en una tradición francesa con otros que exploran los desafíos más contemporáneos, la obra singular de Assayas da cuenta de la realidad del mundo en toda su complejidad."

Programación:

Martes 21
Irma Vep (Francia, 1996)
Con Maggie Cheung, Jean-Pierre Léaud, Natalie Richard.
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas. Duración: 99'

Miércoles 22 y Jueves 23
Demonlover (Francia, 2002)
Con Connie Nielsen, Charles Berling, Chloë Sevigny.
A las 14.30, 18 y 21 horas. Duración: 129 min.


Viernes 24
Clean (Canadá / Francia / Reino Unido, 2005)
Con Maggie Cheung, Nick Nolte, Béatrice Dalle.

A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas. Duración: 110 min.

Sábado 25
Eldorado / Preljocaj (Francia; 2008)
A las 14.30 horas, únicamente. Duración: 90 min.

Los destinos sentimentales (Les destinées sentimentales. Francia / Suiza, 2000)
Con Emmanuelle Béart, Charles Berling, Isabelle Huppert.
A las 17 y 20.30 horas. Duración: 180 min.


Domingo 26
Las horas del verano (L’heure d’été. Francia, 2008)
Con Juliette Binoche, Charles Berling, Jérémie Renier.
A las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas. Duración: 102 min.


El ciclo Olivier Assayas X 6 se realizará en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530). La entrada general cuesta 12 pesos (5 para estudiantes y jubilados). Para más detalles sobre las películas programadas, consultar la web del teatro.

viernes, 17 de junio de 2011

Imaginación


"La imaginación dista mucho de ser primordialmente una invención de temas nuevos, ni siquiera una producción de cualquier tipo de forma nueva. Se la puede definir con mayor precisión diciendo que es un hallazgo de una forma nueva para un contenido viejo, o -si se renuncia a la cómoda dicotomía forma y contenido- de una concepción nueva de un tema viejo. La invención de cosas o situaciones nuevas sólo será valiosa en la medida en que éstas sirvan para interpretar un tópico viejo -es decir, universal- de la experiencia humana. Hay más imaginación en una mano pintada por Ticiano que en cientos de pesadillas surrealistas representadas de manera sosa y convencional”.

Rudolph Arnheim (en su libro Arte y percepción visual. Psicología del ojo creador.)

En la imagen: Valeria Bruni-Tedeschi contempla "La Catedral" de Rodin en el film Una pareja perfecta (Un couple parfait), dirigida por Nobuhiro Suwa.  

domingo, 12 de junio de 2011

Del mal y la libertad

"El mal no desaparecerá mientras haya humanidad. El mal es una de las posibilidades que le da al hombre el ser libre, es un subproducto de la libertad humana. Mientras el hombre sea libre, también será libre para hacer el mal. Esta es, para mí, una certeza metafísica."

Jorge Semprún
(1923-2011)

Cita publicada en el suplemento Radar, del diario Página/12 (12/06/11). Ir al artículo completo.

viernes, 10 de junio de 2011

Blue Valentine, de Derek Cianfrance


Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido.

Pedro Salinas*

Blue Valentine es una película táctil. Tenemos que tocarla antes de verla. Como si fuera una ventana cubierta de rocío, debemos desempañarla para poder mirar. Por eso las manos se humedecen ya en los primeros minutos y habrá que hacer mucha fuerza para no dejarlas llorar. Porque ese jardín que ahora aparece en la ventana no nos resulta del todo desconocido. Blue Valentine es piel y escarcha. Pura tristeza háptica.

Hubo un tiempo que fue hermoso. Cindy y Dean se conocieron en un geriátrico. Ella, estudiante de medicina, acariciaba a su abuela el día en que Dean la vio por primera vez. Él, que se dedicaba a las mudanzas, se había quedado acomodando las pertenencias de un anciano que acababa de instalarse en el lugar. Aunque no era su obligación, esa tarde Dean cariñosamente acondicionó la habitación del viejito para que éste no la sintiera tan ajena. Manos de hombre noble, manos que más tarde acunarían a Cindy como si ella fuera un bebé durante ese viaje en colectivo en el que decidieron formar una familia. En aquel entonces el entusiasmo aún podía ganarle al miedo. Pero hoy esas manos están cavando un pozo para enterrar un perro muerto.

Hoy todo es azul metálico. Los rayos blancos que vienen del pasado rebotan en la coraza helada y traducen el recuerdo en ceniza. Los rostros son inmensos y están cansados y están muy cerca nuestro, tanto que podemos rozarlos y raspar la sal. “Tenemos que salir de acá”, dice Dean, y sin dudarlo reserva una habitación en un hotel alojamiento. En el camino se cruzan con un fantasma cínico que los devuelve al origen, al arrojo inicial, cuando él amó demasiado y ella se dejó rescatar. Dean tiembla. Cindy posa su mano en la de su marido: allí, una mancha azul. 

Últimas brazadas hasta llegar a la "Habitación del Futuro", un cuarto con lucecitas de ciencia-ficción y una cama que gira y marea. Él pensaba que allí podrían respirar, reír como antes, quererse bien... pero las manos apenas logran sostener la resbalosa botella de vodka. Esas manos hoy sólo saben lastimar.

Entonces Dean se aleja por la calle, solo, fundido con el cepia de las fotografías de ayer. Mientras tanto, en el cielo azul dolor estallan fuegos artificiales de colores candentes y sonidos agudos, como si fueran los aullidos desesperados de las mariposas en el estómago que siguieron luchando y aleteando hasta recién. Hasta el último segundo. Hasta que se ahogaron.


* Fragmento del poema “La memoria en las manos”.

miércoles, 8 de junio de 2011

Diagnóstico Greenaway


Por Peter Greenaway *

“Más allá de ser un arte muy antiguo, la pintura cambió muchísimo durante el siglo XX. Fue desde Picasso hasta Andy Warhol, atravesando tendencias y reconfigurándose constantemente. El cine es muy primitivo en ese sentido porque prácticamente sigue igual. Scorsese hace el mismo cine que Griffith: la misma noción de cuadro, la misma narración, la misma filosofía cristiana del bueno contra el malo, el final feliz. Ahora hay nuevas tecnologías que permiten nuevos crecimientos, pero no sigamos copiando al cine y busquemos nuevas formas de satisfacer la demanda humana de experiencias audiovisuales.”

* En un artículo publicado en el diario Página/12 (06/06/11). Ir al texto completo.

La imagen pertenece a la película ZOO, de Peter Greenaway.

martes, 7 de junio de 2011

Insidious, de James Wan


Si el terror como género les cae simpático y tienen ganas de pasar un rato realmente entretenido, les aconsejo ponerle unas fichas a Insidious (estrenada aquí como La noche del demonio), la clase de film que merece verse -y sufrirse- en una sala de cine. Ojo que a continuación voy a contar algunos detalles.

El crítico Horacio Bernades definió Insidious como un “pararrayos de tormentas de ideas ajenas”. En efecto, como señalaron todas las reseñas, el film de James Wan despliega muchísimos lazos con famosas películas del género, desde el ya clásico Carnaval de almas hasta las más recientes Arrástrame al infierno y Actividad paranormal, aunque evidentemente el faro de los autores es la irremplazable Poltergeist. Aquí también hay un niño asediado por fuerzas malignas y una familia zarandeada por la incertidumbre. Bueno, en realidad es la madre (Rose Byrne) quien está desesperada, porque percibe cosas raras y teme por la vida de su hijo. Al padre (Patrick Wilson), en cambio, se lo nota un poco más tranquilo.

Ampliando la ingeniosa metáfora del “pararrayos”, podría decirse que Insidious enaltece a sus referentes porque absorbe lo mejor de ellos, su electricidad, y a la vez evita el cepo del reciclaje mecánico. Los ecos externos recubren la película pero no la ahogan, porque no se anteponen a la construcción de los climas. Es curiosa la dualidad que sentimos: sabemos que no estamos ante nada nuevo, pero al mismo tiempo nos rendimos gozosos frente a ese horror labrado con artesanía y sagacidad, en donde las argucias genéricas de siempre se depuran para mostrarnos sólo la punta del ovillo, la eficacia de lo mínimo. Esta dosificación funciona sobre todo en la primera mitad del relato, porque en la segunda el guión abandona toda sutileza para lanzarse a un barroquismo desatado, y allí la película pierde esa humildad que transmitía en el comienzo. Sin embargo, Insidious es una experiencia que se justifica de punta a punta, más aun cuando la proyección termina y uno comprueba que las garras que nos rozan no pertenecen precisamente a los monstruos nocturnos.

Porque lo cierto es que el infierno respira cerca nuestro, ahí nomás, tan pegado al día a día que no podemos (no queremos) distinguirlo. Hay un detalle de Insidious que parece sacado de otra película, de otro género, un apunte que junto a otros que pueblan el film invitan a relegar el hilo sobrenatural para hurgar en algo más siniestro... y más humano y bien actual. En una escena el matrimonio se prepara para ir a dormir: mientras la mujer cae vencida en la cama, agotada por el trabajo y el cuidado del bebé, su marido se coloca con delicadeza una crema antiarrugas alrededor de los ojos. Sí, tal cual. Ella está nerviosa por una rutina que ya se perfila colmada de sobresaltos, mientras él sólo es capaz de concentrarse en sus patas de gallo. Ahí el director le hace un primer plano a Patrick Wilson para confirmar que este hombre tiene la piel increíblemente tirante. Irreal. Pero no es un efecto especial. Es simplemente el mundo del revés. El nuestro. Y acá no hay exorcismo que valga.

lunes, 6 de junio de 2011

Lo mismo


"La vida cotidiana es muy gris y siempre se ve a las mismas personas en una cotidianidad sin alicientes. Los humanos tenemos horas y horas al día en que no nos damos cuenta de que podemos cambiar continuamente y tenemos a nuestra disposición cosas diferentes de las que hemos tenido hasta entonces, y sin embargo siempre hacemos lo mismo, y tenemos capacidad para todo lo demás. Somos como los fantasmas de Dickens, muy tontos, porque vuelven al armario de la habitación, a la familia que tenían; todo el mundo a su disposición y vuelven al lugar donde fueron desdichados".

Enrique Vila-Matas
Fragmento de una entrevista publicada en la Revista Ñ del diario Clarín (05/06/11).

La imagen pertenece a la película Yella, dirigida por Christian Petzold.

domingo, 5 de junio de 2011

Panorama del cine europeo, en Morón

En el Teatro Municipal Gregorio de Laferrere (Brown y San Martín) de la localidad bonaerense de Morón, durante el mes de junio se presentan cuatro interesantes películas provenientes de Italia y Francia. Las funciones se realizan los días jueves a las 20:00. Las entradas son gratuitas y se empiezan a entregar una hora antes de cada proyección.

Programación:

Jueves 9 de junio, 20 hs: La Pivellina (Italia, 2009) de Tizza Covi
Una mirada poética y realista sobre la infancia y la adopción. El film cuenta la historia de una niña encontrada por una mujer que trabaja en un circo en las afueras de Roma.

Jueves 16 de junio, 20 hs: La culpa es de fidel (Francia, 2006) de Julie Gavras
Anna es una niña de nueve años que lleva una vida simple y ordenada. Ciertos acontecimientos en los años 70 transformarán profundamente la relación con sus padres y su vida cotidiana, mientras ella intenta comprenderlos desde su mirada. 

Jueves 23 de junio, 20 hs: Sonrisas y lágrimas (Italia, 2007) Silvio Soldini.
Elsa y Michele afrontan el momento clave en que la inseguridad económica los obliga a preguntarse qué es lo que en medio del "desastre" no están dispuestos a perder.

Jueves 30 de junio, 20 hs: El encanto del erizo (Francia, 2009) Mona Acahache.
Paloma, es una niña intelectualmente precoz e introvertida, en constante crisis existencial. Sus encuentros con dos almas gemelas le permitirán hallar en la vida aquellos intensos instantes de felicidad que casi nadie es capaz de ver. 

miércoles, 1 de junio de 2011

Hondura


Por Leonardo Favio *

"Desde mi nacimiento hasta que cumplí tres años tal vez lo único importante que me ocurrió fue que mis padres se separaron. Luego vino lo demás: andar tras la caricia, venga de donde venga; conocí la soledad esa que duele hondo, hondo como la mirada de un hijo triste. Hasta casi los diecisiete años mi vida fue un caleidoscopio en constante giro, cuyo único motivo fue la búsqueda de la luz, el logro de la libertad. Hasta casi los diecisiete años mi vida fue burlar puertas, altos muros, calabozos, saltar de los camiones del Patronato de Menores y una imagen constante que tengo de mí es la de un chico que corre y corre, corre y corre; un chico que corre, corre, corre, corre, un chico que corre, corre, corre y cuando me detuve, conocí el Manicomio. Buscando el amor, metí la mano en cada hueco que supuse que estaba. Sin temor, sin pudor, a cielo abierto.

En cuanto al dolor, he brindado con él todos los vinos y sé que aún queda más, mucho más. Pues bienvenido seas mi viejo y querido amigo; aquí te espero".

* Fragmento de su texto titulado “El abuelo” (1973), publicado en la web La vida de Favio.

La fotografía pertenece a Ansel Adams.