miércoles, 30 de marzo de 2011

En la ruta


Amamos aquello que no tenemos, confirma Platón. El interés visceral del arte reside justo en esa cuestión: nunca se posee, siempre se escapa a otros territorios para que el hombre se abra hacia él, insatisfecho y esperanzado, y que siga buscándolo para siempre. La verdadera obra de arte nunca podrá ser un medio de satisfacción: con mayor o menor fuerza insta al receptor a avanzar en la ruta del deseo.”

Marta Zátonyi
(En el libro Arte y creación. Los caminos de la estética. Ed. Capital Intelectual).

La pintura se titula “Universo” y pertenece a Mónica Pironio, una artista argentina cuya obra me gusta mucho. Pueden conocerla en su web.

martes, 29 de marzo de 2011

Intención apagada


Llego y toco una mano
y la mano que toco
tiene dudas.
Vengo y veo unos ojos
y los ojos que veo
tienen llanto.
Pregunto por nadie
y me responde la ceniza
con su enlutado lenguaje.
Y cuando quiero volver
corriendo locamente
hacia los ojos azules
que me llaman,
el alma se me enreda
en las torres de la muerte,
donde sombras amigas
abren sus manos
hacia el tiempo.
Digo luego una palabra
amable
y nadie escucha mi voz
acostumbrada al tulipán
y acostumbrada al viento.

Debo gritar, no hay duda.
Seguir gritando, reciamente
hasta que vengan a buscarme
para negarme la cascada
luminosa de la vida.

Otto René Castillo

La autora de la fotografía es Eve Arnold.

lunes, 28 de marzo de 2011

La cicatriz de Paulina, de Manuel Legarda

Paulina es una mujer que a la vez es todas las mujeres. Su cicatriz es la firma que deja el Imperio con su poco disimulada voluntad de extinguir a un pueblo que representa un escollo para el próximo saqueo. El ultraje tuvo el aval del gobierno, si bien se implementó a través de un eufemismo conocido como “Planificación Familiar”. En 1996 Alberto Fujimori declaró en el Congreso que era necesario empezar a controlar la natalidad en Perú, razón por la cual lanzó una campaña para educar a la población -campesina, sobre todo- en cuestiones de anticoncepción y salud reproductiva. Pero no había tiempo para educar en serio ni para la concientización a largo plazo. Había que esterilizar a las mujeres lo más pronto posible con el método más práctico: la ligadura de trompas. Los médicos tenían que cumplir los objetivos que pedía el Estado. Más de 250 mil mujeres fueron operadas sin ser suficientemente informadas sobre lo que significaba esa intervención y cuáles serían las consecuencias. En muchos casos ellas y sus maridos fueron directamente perseguidos e incluso sobornados con “futuros beneficios” (alimentos, ropa, juguetes para los chicos) que por supuesto eran pura mentira. Los hombres también tuvieron su “Festival de la Vasectomía”. Sí, leyeron bien.

Poco o nulo cuidado se ponía en las cirugías, porque lo importante era liquidar el trámite con rapidez y en cantidad, aunque en algún caso olvidaran una gasa dentro del útero, o aunque a las pacientes les aplicaran un tipo de anestesia sólo indicada para uso veterinario. Muchas mujeres murieron. Otras enfermaron, contrajeron alergias, hemorragias, llegaron al cáncer. Mientras tanto, en algún lugar de Lima, vemos cómo ciertos señores de traje caro y señoras con vestidos dorados beben champagne en la inauguración de una imponente clínica del Jockey Club. Una chica canta algo de los Beatles animando la fiesta. Ella es rubia, muy muy rubia y de ojos claros. Que quede claro que se trata de otra etnia.

El documental describe cómo se ejecutó este programa de esterilización que contó con el apoyo político y económico de las Naciones Unidas y de la Agencia Internacional para el Desarrollo de EE.UU. Manuel Legarda evita la locución en off e inteligentemente permite que sean los protagonistas quienes expliquen el problema, otorgando mayor espacio a las víctimas y a aquellos que investigaron el caso. Por momentos da la impresión de que en el relato faltan ciertas precisiones, sobre todo a nivel científico, ya que la “campana” de los profesionales responsables aparece demasiado borrosa; pero al mismo tiempo, el realizador sabe que la llave es el cuerpo de las madres lastimadas. Ellas sufren. Necesitan remedios que no pueden comprar y, aun con enormes dolores, tienen que ir a trabajar para traer el pan a casa. Por eso entregan tanto los primerísimos primeros planos de los rostros femeninos: no hay verdad más grande que esos ojos desesperados.

Quisiera señalar un hallazgo que llega al final, cuando ya corren los créditos y sólo se escucha una voz perdida por ahí. Es una de las madres entrevistadas en el film, una mujer que vive en la absoluta marginación, a quien han despojado de todo, incluso violando su cuerpo, el cuerpo por el que ahora llora y reclama. Ella confiesa que ante la carencia de dinero pensó en la posibilidad de "vender un riñón", pero su médico le respondió que no, que sería una injusticia después de todo lo que le había pasado. Siniestra paradoja. Dado que es un cuerpo colonizado, mejor será cotizarlo por piezas. Es probable que ella ya se considere íntimamente muerta.

* Este film participa dentro de la competencia internacional de largometrajes en el marco del Festival Internacional de Cine Político (FICIP) que se está desarrollando en Buenos Aires.

viernes, 25 de marzo de 2011

Primer Festival de Cine Político - Del 25 al 29 de marzo

Más no se puede pedir. Mientras esperamos ansiosos el BAFICI de este año, durante los próximos cinco días tendremos la posibilidad de foguearnos con una nueva muestra que debuta hoy y que se perfila muy interesante: el primer Festival Internacional de Cine Político (FICIP), que se desarrollará en Buenos Aires desde el 25 al 29 de marzo. Las proyecciones se realizarán en el cine Gaumont, el Centro Cultural de la Cooperación y el auditorio del Hotel Bauen. Y algo importante: las entradas para todas las funciones son gratuitas.

El FICIP contará con una sección competitiva y diversas secciones paralelas, además de debates y encuentros con profesionales del medio. La competencia se hará entre filmes largometrajes, medios y cortos, procedentes de todo el mundo, pero con una convocatoria especial para los países latinoamericanos. Participarán películas de ficción y documentales.

“Entendemos como cine político -manifiestan los organizadores- todas aquellas obras que nos muestran la lucha del ser humano por vivir con dignidad, que hagan a la supervivencia de la especie, que denuncien las condiciones de sometimiento y falta de libertad, y que reflejen la lucha por los derechos, por la identidad. En definitiva que nos hablen de las luchas llevadas adelante ya sea por un individuo o un grupo, o que denuncien un orden político considerado injusto."

El Padrino del festival es Leonardo Favio, de quien podrá verse una retrospectiva que incluye Crónica de un niño solo, Juan Moreira, Gatica y Aniceto. También habrá homenajes al realizador franco-griego Costa-Gavras y al cubano Santiago Álvarez, así como una sección dedicada a clásicos del cine político argentino. Por otro lado, bajo el título Panorama político latinoamericano, se exhibirán películas recientes producidas en la región, además de muestras especiales que ponen a tres países en foco: Cuba (con trabajos de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños), Venezuela (que es el País Invitado en esta edición debut del festival) y México (celebrando el centenario de la Revolución Mexicana). Durante el festival también se organizarán proyecciones de documentales con debate posterior y mesas en donde historiadores e investigadores analizarán las tendencias estéticas del género. En fin, es sorprendentemente rica la propuesta. Ojalá tenga la convocatoria de público que merece.

Para consultar todos los detalles de películas y actividades les sugiero que ingresen al muy completo sitio oficial del FICIP: www.ficip.com.ar. El festival consta de un Consejo Directivo conformado por documentalistas profesionales de cine y productores periodísticos. El diseño y la programación general está a cargo Clara Isasmendi.

El FICIP comienza hoy y se extiende hasta el lunes 28 de marzo, con numerosas proyecciones y actividades en sus tres sedes: el cine Gaumont-Espacio INCAA KM 0 (Av. Rivadavia 1635), el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes  1543) y el Hotel Bauen (Av. Callao 360). La entrada es libre y gratuita. 
 

jueves, 24 de marzo de 2011

24 de marzo

Hombre que mira el cielo

Mientras pasa la estrella fugaz
acopio este deseo instantáneo
montones de deseos hondos y prioritarios
por ejemplo que el dolor no me apague la rabia
que la alegría no desarme mi amor
que los asesinos del pueblo se traguen
sus molares caninos e incisivos
y se muerdan juiciosamente el hígado
que los barrotes de las celdas
se vuelvan de azúcar o se curven de piedad
y mis hermanos puedan hacer de nuevo
el amor y la revolución
que cuando enfrentemos el implacable espejo
no maldigamos ni nos maldigamos
que los justos avancen
aunque estén imperfectos y heridos
que avancen porfiados como castores
solidarios como abejas
aguerridos como jaguares
y empuñen todos sus noes
para instalar la gran afirmación
que la muerte pierda su asquerosa puntualidad
que cuando el corazón se salga del pecho
pueda encontrar el camino de regreso
que la muerte pierda su asquerosa
y brutal puntualidad
pero si llega puntual no nos agarre
muertos de vergüenza
que el aire vuelva a ser respirable y de todos
y que vos muchachita sigas alegre y dolorida
poniendo en tus ojos el alma
y tu mano en mi mano

y nada más
porque el cielo ya está de nuevo torvo
y sin estrellas
con helicóptero y sin dios.

Mario Benedetti

miércoles, 23 de marzo de 2011

Creencia


Por Rodrigo Tarruella *

Cada filmografía de un director contiene una creencia en algo. Sea un gran artista, un artesano anónimo, un mediocre o un imbécil. Las creencias difieren y chocan, o parecen chocar. No es necesario compartir el protestantismo ortodoxo de Dreyer, los catolicismos de Hitchcock, Rossellini, Coppola o Scorsese, el marxismo de Eisenstein o los budismos de Ozu y Mizoguchi para aprender a disfrutar con sus obras, pero sí averiguar desde qué creencias y códigos nos hablan. Los disparates de interpretación y apropiación desde un código único (fuere psicoanalítico, marxista o cualquier otro) indican un deseo autoritario de ignorar cuál es el motor de creencias de cada artista. Ninguna obra se edifica sobre la pura forma. No hay "mecanismos" a estudiar, sino creencias que dan obras. Buñuel es, conscientemente, la educación con los jesuitas pasada por el surrealismo. Un código traspasado por otro. Ignorar, o silenciar, uno de los términos en beneficio del otro es entrar en mentiras sectarias y decir boludeces (las de 'derecha' y las de "izquierda" son simétricas). Los poetas-cinematográficos trabajan sobre la vida: contradicciones, paradojas. Hablar y escribir sobre cine es también trabajar conviviendo con paradojas y contradicciones. Y es confrontar las creencias de uno con las de cada autor o cada película.

* Fragmento del libro Jugar (la luz de otra cosa). Textos críticos de Rodrigo Tarruella, editado por el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Marzo 2009).
 
La imagen pertenece al film Ordet, de Carl T. Dreyer.

Liz






Elizabeth Taylor

(1932 - 2011)

martes, 22 de marzo de 2011

The empire of my mind


Well, there is trouble in my mind
There is dark
There is dark and there is light
Lay your hands over my eyes
As I look deep
Trough valleys deep and wide
Across the borderline
For the empire in my mind

You are the reason I don't sleep
You are the light
That's breaking through the leaves
And you know how hard I tried
To believe
I have something good inside
Over barricades I climb
For the empire in my mind

I have known love somewhere in time
I've been lifted up
I look honor in the eyes
I have no reason, I have no rhyme
I cannot deny
There's a darkness that's inside
I'm guilty by design
And now I realise
That temptations made me blind
To the empire in my mind

There is no order
And there is chaos
And there is crime
There is no one home tonight
in the empire of my mind

There is no distance that I don't see
I do have a will
No limit to my reach
I wish I would
I wish I might
To see a line tonight
Seperating wrong from right
Some are only born to try
And maybe that's the reason why
I'm afraid someday I'll find
There is no empire in my mind

Jacob Dylan

(Link a YouTube)

viernes, 18 de marzo de 2011

El único beso


“Llegó el momento. Hoy vamos a morir. Yo nunca besé a nadie, ¿y vos?”.

Esto le dice Eric a Alex en una escena de Elephant, de Gus Van Sant. Son los dos adolescentes que en unas horas provocarán una masacre en su propia escuela. También ellos morirán, pero aún no hemos llegado ahí. Ahora estamos en el baño de la casa de Alex. A él lo vemos ingresar en la ducha; Eric se le suma un segundo después. Allí, detrás de la mampara transparente, los chicos se dan un beso.

Sé que cualquiera que haya visto Elephant recuerda esta escena. Es sólo otro momento extraordinario dentro una obra capital para el cine de este siglo. Ese instante íntimo, preciso y devastador me remite a una sola idea posible: la nostalgia por lo que ya no es. Es el significado que elegí conservar, claro, ya que bien sabemos que “un texto es un universo abierto en el que el intérprete puede descubrir infinitas conexiones” (Eco). Por suerte el arte permite este circuito de múltiples sentires. De lo contrario, no estaría acá conversando con ustedes. Y por otro lado Van Sant no es precisamente un creador de conceptos unívocos. Pero confieso que a veces me asombra la necesidad que tenemos de rizar el rizo.   

En una de las tantas bifurcaciones que suele regalar Internet, llegué a un foro de discusión sobre el realizador del film. En uno de sus tópicos los participantes analizan minuciosamente la breve escena del beso en Elephant, preocupados sobre todo por la cuestión homosexual. ¿Por qué Van Sant los hace gays? ¿En verdad sufrían por su sexualidad y esto fue otra motivación para el crimen? ¿Habrían salido del closet o no? ¿Acaso hay pistas durante el film de que los chicos se gustaban? ¿Van Sant insinúa que ser gay es igual a ser marginal, y por ende también asesino? Etcétera, etcétera. El debate es interesante, pero estimo que el nudo más urgente no reside en el hecho de que un chico bese a otro del mismo sexo. Algunos comentaristas del foro aciertan al recordar que la intención del director simplemente fue mostrar a los protagonistas improvisando un contacto sexual ante la certeza de su inminente desaparición. En definitiva, toda la película se dedica a explorar el estado de la libido adolescente. Y si bien todas estas interpretaciones ayudan a ampliar el impacto de esta escena, lo que me pregunto es por qué cuesta tanto atisbar lo esencial: la hondura de esa soledad. 

Porque lo que retumba en la conciencia no es tanto la difusa imagen sino las palabras terminales de Eric: “Hoy vamos a morir. Nunca besé a nadie”. ¿Acaso hace falta más contundencia? ¿Hay que dar tantos rodeos paranoicos para asumir esa verdad? Estos chicos eligen matar y morir antes de conocer el amor. Esa curiosidad vital con la que otras generaciones crecimos ya no forma parte de su universo simbólico. No hablo de pasiones a la altura de Romeo y Julieta, sino de necesidades primordiales, humanizantes, esa picazón que bulle en el cuerpo, en la música, en los cuentos. Claro, en este punto olvido que leerle cuentos a los más chiquitos ha dejado de ser un hábito...   

Elephant describe el ingreso a una era en la que los besos ya no serán objeto de anhelo.

Escribe Franco Berardi en relación a los adolescentes de hoy:

“El intercambio simbólico entre seres humanos tiene que elaborarse sin empatía, porque ya no es posible percibir el cuerpo del otro. Para poder percibir el otro como cuerpo sensible se necesita tiempo, se necesita el tiempo de la caricia y el olerse. Y falta tiempo para la empatía porque la info-estimulación se ha hecho demasiado intensa…

¿Cómo ha podido pasar esto? ¿Cuál es la causa de estas alteraciones de la empatía cuyas señales son tan evidentes en la vida cotidiana, y en los eventos que los medios amplifican? ¿Podemos conjeturar una relación directa entre la expansión de la infósfera, la aceleración de los estímulos, de los usos nerviosos y de los tiempos de respuesta cognitiva, y la descomposición de la película sensible que permite a los seres humanos entender aquello que no puede ser verbalizado, reducido a signos codificados?

Reductores de complejidad como el dinero, la información, el estereotipo, o como las interfaces de la red digital han simplificado la relación con el otro, pero cuando el otro aparece en carne y hueso no toleramos su presencia, porque ataca a nuestra (in) sensibilidad”. *

* Fragmento del libro Generación Post-Alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. (Editorial Tinta Limón)

miércoles, 16 de marzo de 2011

Presente perpetuo

"Creo que la imagen cinematográfica debe estar siempre en presente y que no se puede confundir una imagen real con una imagen virtual que sólo existe en la mente. No se pueden confundir imaginación y percepción. La imagen del cine es el presente, porque la cámara no puede examinar los detalles que uno no ve. Desde el punto de vista filosófico, soy contrario a la expresión del pasado en el cine. Me interesa mucho más tratar de visualizar lo invisible a través de lo visible que tratar en vano de visualizar lo invisible. El pasado no se puede ver y, para mí, tampoco se puede filmar."

Eric Rohmer  
En una entrevista publicada en la revista Dirigido (Noviembre de 2004).

La imagen pertenece al film La rendez-vous de Paris (Tres encuentros en París), de Rohmer.

martes, 15 de marzo de 2011

Les Avants-Premières 2011

Del 17 al 23 de marzo se realizará la tercera edición de Les Avant Premières, una importante selección de pre-estrenos de origen francés, incluyendo también reposiciones y algún título editado directamente en dvd. La muestra tendrá lugar en los Cines Patio Bullrich (Av. Libertador 750). La entrada general tiene un costo de 20 pesos (ya están en venta en las salas del complejo).

Dentro de las 13 películas programadas, quisiera destacar las siguientes: Potiche, mujeres al poder, de François Ozon; Gainsbourg, vie héroique, de Joann Safar; El extraño caso de Angélica, de Manouel de Oliveira; Welcome, de Philippe Lioret y la imperdible Un Profeta, de Jacques Audiard (foto).

En la web de Les Avants Premières podrán conocer más detalles sobre el ciclo y consultar la grilla de programación.

lunes, 14 de marzo de 2011

Japón

Laberintos

No estamos ni en la tierra 
ni en los astros perdidos.
En nuestra propia sangre 
caminamos perdidos.
Es un viaje hacia adentro
entre los laberintos
del gran desconocido 
de los espejos fríos.
Es un lento descenso crucial definitivo
pisando el corazón, los riñones y el hígado,
un resquebrajamiento de muros sumergidos
que caen por las médulas con nuestros propios gritos.

Imposible salirse de este gran espejismo
que al universo quema
en sangre y hueso hundido.

¿Quién podría sin voces hablar con sus fantasmas?
No hay latido que logre sobrepasar los plasmas,
desnudar los umbrales,
pisar otras moradas.

Nadie ha llegado nunca más allá de sus lágrimas.

Paseamos a los dioses
por nuestras propias llagas.

Brandán Caraffa

miércoles, 9 de marzo de 2011

127 horas, de Danny Boyle


de lo posible a lo probable/del
sueño a la realidad hay como
mares/platas nocturnas donde
animales de pico descarnan
formas mojadas con los jugos
del corazón/así/viajamos
del pecho al seco sol que dora
la maravilla/o existir

Juan Gelman

La película despega con jirones de un planeta hiperactivo y colorinche: un estadio de fútbol, una playa en temporada alta, una mezquita, el subte en la hora pico, las corridas de San Fermín, una manifestación política, Wall Street y muchas más imágenes superpobladas en donde transpira el hombre-masa. 127 horas (127 hours) cuenta la anécdota de un individuo que intenta huir de la alienada maquinaria global. Pero atención, advierte Danny Boyle: la tarea es complicada. La membrana cultural que moldea la subjetividad no es tan fácil de desmontar, y en la lógica social no sólo gira la rueda del capitalismo, sino también la vida de los otros, aquellos gracias a quienes estamos acá.

Aron Ralston aparece ya en el inicio apretujado entre bloques de mundanal ruido: multitudes afiebradas, logos de comercios urbanos, autos ansiosos por llegar al hogar. Un caos del que conviene escapar. De repente, en plena ruta hacia las montañas de Utah, el protagonista se estremece al cruzarse con alguien muy parecido a él, casi un doble que circula con un grupo de ciclistas. ¿Es la impresión de verse como parte del rebaño lo que lo aterra, o es que ni siquiera soporta la idea de "comunidad"? Aron tiene su lema: “Sólo yo, la música y la noche. Love it!”,  fanfarronea mirando a su cámara de video. Aunque, honestamente, con ese artefacto siempre encendido nadie puede pretender estar realmente solo, porque también está ese otro yo que busca perdurar, ser visible, ser relato y… ¿para qué volverse imagen si no es para exhibirla a los ojos de ese mundo del cual el hombre rebelde quiere desprenderse?

El film ya narró mil cosas y aún no salimos de la secuencia de créditos, en la que vale detenerse para comprobar que ningún elemento del montaje es gratuito o meramente decorativo. Desde el goteo de una canilla hasta las pinturas rupestres, pasando por el meteorito fundacional y los tambores de la banda sonora, todo se entrelaza con vértigo y coherencia aunque en un principio el estilo amenace con pulverizarse en superficiales parpadeos. 127 horas es un Boyle puro, festivo como siempre pero tal vez más filosófico que nunca, y hasta podría decirse que toda la película es un tratado sobre el video-clip, sobre lo que este género necesita para calar hondo más allá del roce sensorial y efímero. Y lo que necesita es anclar en un grito. Si la estética del clip se caracteriza por dar autonomía a cada uno de sus componentes en un desfile óptico donde lo único que importa es el instante (así como a Aron, hasta hoy, sólo le interesaba el ahora), la caída en la grieta empuja al personaje -y al film todo- a trascender el efecto fugaz para asumir un pasado y un futuro, tejiendo un trayecto subjetivo que justifique la voluntad de resistir. En su omnipotencia, la cámara podrá danzar y ser a veces soga, a veces pájaro o a veces Dios, pero siempre regresará al hombre atrapado para auscultar sus palpitaciones. Hay que hacer de ese aventurero una persona como cualquiera de nosotros. Hay que respirar por él. Hay que prepararse para lo inconcebible.

Si dirigir es una mirada, montar es un latido de corazón”, decía Godard, y aquí Boyle hace honor a la máxima con este carnaval terracota de dolor, nostalgia, desesperación, ensayo y error. 127 horas es un barroco batido en donde una canción burbujeante de Bill Withers convive con un macabro Scooby-Doo y estampidas de cine catástrofe, todo barajado en una mente que delira pero lo hace con la materia de una cultura específica. No es un detalle frívolo que Aron fantasee con una publicidad de gaseosa, porque así es como la televisión ha formateado nuestra percepción de la sed, de allí que el director juegue con eso, evidenciando la irrelevancia de las marcas ante la agonía de un hombre que sólo necesita que el producto cumpla su función. Aron podrá alejarse de los otros pero no de lo visual. Un crítico cuestionó sus recuerdos familiares al etiquetarlos como “momentos Kodak”. ¿Acaso el realizador no podría sugerir que Aron ya no puede diferenciar la memoria personal de lo fabricado por la televisión? Todo esto forma parte de la sensibilidad del presente. Es lo que nos identifica y por eso Boyle lo respeta. Su obra celebra el pop siguiendo la voluntad originaria de esta escuela, que implica transfigurar el lugar común para volverlo objeto digno de apreciación estética. Pero así como vivimos saturados por las imágenes uniformadas de los medios masivos, sigue existiendo en el hombre una puerta para lo inesperado, para el redescubrimiento de los otros y de la naturaleza (la exterior y la del propio cuerpo). Aquí es cuando Boyle se vuelve romántico, con un romanticismo genuino, decimonónico, no en la vertiente infantilona de Slumdog Millionaire. Jamás se lo había visto al realizador tan convencido de la belleza del mundo.


¿Cómo pudo Ralston hacer lo que hizo? ¿Lo logró gracias a la fuerza de la mente? Difícil saberlo. Algo del orden de lo sublime debió haberse infiltrado para llevarlo hasta el límite. Lo cierto es que, paralizado y escondido en el desierto infinito, el héroe queda reducido a (casi) nada. Autosuficiente como era, seguramente siempre creyó que podría vencer a las montañas. Una roca y el destino lo reubican en su justa medida en su relación con la Tierra. Ahora el hombre sólo sufre y ruega por que pase ese cuervo que representa su única compañía, y por esos quince minutos de sol que tiene cada mañana. Conoció el amanecer de pequeño. Lo vio con su padre desde una cumbre, con el horizonte bajo su control. Y ahora él está allá abajo en la cueva, deseando que el astro se digne a darle unos rayos de calor. Pero ante la brutal indiferencia de la naturaleza, al hombre sólo le queda el sí mismo y los artificios que pueda crear junto con otros hombres. Cuando Aron se libera, la primera señal  humana que encuentra es un dibujo indígena en las paredes del cañón, frente al cual él sonríe aliviado, como si esas pinturas ancestrales lo hubieran estado esperando desde siempre para darle la bienvenida. Es que mientras el arte persista, no habrá posibilidad de una isla.

martes, 8 de marzo de 2011

Lo insoluble


“Todo lo que existe debe ser pintado como un enigma, ya que el arte como pura metafísica plantea enigmas facilísimos e insolubles a los hombres que creen saberlo todo.”

Roberto Aizenberg

(Imagen: "Padre y niño contemplando la sombra de un día", óleo de Roberto Aizenberg).

lunes, 7 de marzo de 2011

El arte de envejecer

Por Ricardo Piglia *

David Simon, el creador de la serie The Wire, es un gran narrador social. Incorpora a la intriga policial los hechos del presente (la economía de ajuste de Bush, la manipulación de las campañas políticas, la legalización de la droga). En el capítulo-piloto de Treme, su nueva serie de televisión que vi la otra noche, el marco es Nueva Orleáns después de Katrina: nunca los desastres son naturales, esa es la poética de Simon. La narración social se ha desplazado de la novela al cine y luego del cine a las series y ahora está pasando de las series a los facebooks y a los twitter y a las redes de Internet. Lo que envejece y pierde vigencia queda suelto y más libre: cuando el público de la novela del siglo XIX se desplazó hacia el cine, fueron posibles las obras de Joyce, de Musil y de Proust. Cuando el cine es relegado como medio masivo por la televisión, los cineastas de Cahiers du Cinéma rescatan a los viejos artesanos de Hollywood como grandes artistas; ahora, que la televisión comienza a ser sustituida masivamente por la Web, se valoran las series como forma de arte. Pronto, con el avance de las nuevas tecnologías, los blogs y los viejísimos emails y los mensajes de texto serán exhibidos en los museos. ¿Qué lógica es esta? Sólo se vuelve artístico –y se politiza– lo que caduca y está “atrasado”.

* Fragmento del texto "El perro ciego. Notas de un diario", publicado en la Revista Ñ del diario Clarín (12/02/11). (En la imagen: el adorable Bubbles en The Wire).

domingo, 6 de marzo de 2011

Solo


Es como siempre
habías querido
estar
y no podías
hasta que
de repente
lo estás
y entonces
ya no quieres
estar solo
pero claro
quién no quiere
lo que no tiene.


Roger Wolfe

La imagen pertenece al film Somewhere,de Sofia Coppola.

sábado, 5 de marzo de 2011

Un deseo antiguo


"Cuando la gente ve las cosas que hacen los magos quiere creerles, pero al mismo tiempo hay algo que se lo impide. Es allí donde realmente se halla la fascinación de la magia. Es una paradoja, un acertijo, una realización a medias de un deseo antiguo, una adivinanza, un tormento, un engaño y una verdad".


Robert Parrish (The Magician's Handbook)

miércoles, 2 de marzo de 2011

Semana de la Crítica en el cine Cosmos

La filial argentina de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) presenta una nueva edición de la Semana de la Crítica, que se realizará en el Cine Cosmos-UBA del 3 al 6 de marzo. Se entregará a los espectadores un programa impreso con críticas de las películas y en varias funciones se contará con la presencia de los directores y actores de las películas nacionales.

Programación:

Jueves 3:
A las 17: Il Pranzo di Ferragosto / Un feriado particular, de Gianni Di Gregorio (Italia, 2008).
A las 19.30: De Caravana, de Rosendo Ruiz (Argentina, 2010). (Proyección sólo para invitados).
A las 22: De Caravana

Viernes 4:
A las 17: Somos nosotros, de Mariano Blanco (Argentina, 2010).
A las 19.30: Al final la vida sigue, igual, de Raúl Perrone (Argentina, 2011).
A las 22: I Killed My Mother, de Xavier Dolan (Canadá-Francia, 2009).

Sábado 5: 
A las 17: Il Pranzo di Ferragosto / Un feriado particular
A las 19.30: Antes del estreno, de Santiago Giralt (Argentina, 2010).
A las 22: Survival of the Dead, de George A. Romero (EE.UU., 2009).

Domingo 6: 
A las 17: Survival of the Dead
A las 19.30: Los labios, Santiago Loza / Iván Fund
 (Argentina, 2010).
A las 22: Película argentina ganadora del premio FIPRESCI. 

El jueves 3, a las 19, se hará la ceremonia de entrega de los premios FIPRESCI (con invitación) y luego se exhibirá el film cordobés De Caravana.

Sede: Cine Cosmos-UBA (Av. Corrientes 2046)
Entrada general: 15 pesos / Estudiantes y jubilados: 10 pesos.

martes, 1 de marzo de 2011

El rito, de Mikael Håfström


No deja de resultar llamativo el éxito de El rito (The rite), film que lideró la taquilla local por tercera semana consecutiva a pesar de competir con una gran cantidad de títulos nominados al Oscar (es increíble que, por ejemplo, las muy buenas El ganador y 127 horas ni siquiera hayan entrado en el Top Ten). Cada tanto se dan estos casos difíciles de predecir desde el modesto cálculo periodístico, ya que El rito no es una película que haya aterrizado como un supertanque vistoso, ni intenta vender una historia original, ni tiene tampoco un elenco rutilante (aunque evidentemente aquí el rostro de Anthony Hopkins fue más que suficiente). La crítica la destrozó. Pero es indudable que los exorcismos funcionan. Hay “algo” que los hace rentables, quizás una garantía de sustos tan inmediatos como pasajeros. Una de dos: o el espectador sólo quiere la simple evasión que ofrece lo sobrenatural (un escudo frente a los dramas realistas), o se compromete a acompañar a los personajes a través de una experiencia ambigua, dispuesto a obtener más dudas que certezas. Esta última motivación es la que inspira las buenas películas de "terror religioso", y en este sentido El rito se queda a mitad de camino. Sin embargo, el film tiene algunas puntas interesantes. Por ejemplo: 

La angustia del protagonista. El joven Michael Novak (Colin O’Donoghue) vive rodeado de muertos. Su padre (Rutger Hauer, por siempre inquietante) tiene una funeraria, y por ende el hijo heredó el oficio de preparar los cadáveres para el velorio (y jamás averiguar quiénes fueron esas personas o cómo llegaron allí). Su madre murió cuando Michael era chico y desde entonces se pregunta por la existencia de Dios. “En mi familia, o eres funebrero o eres sacerdote”, dice el joven, aunque nunca entendemos del todo por qué su futuro se detiene en esas únicas dos opciones. La cuestión es que el muchacho se convierte en un cura sin fe. Y a la vez parece que tiene talento, por eso lo mandan a Roma para hacer un curso sobre exorcismos, en donde se entrenará con el padre Lucas (Hopkins). Con una opacidad que el actor sostiene hasta final, Michael se vuelve un personaje misterioso, signado por una angustia que lo retrotrae continuamente a esa helada casa llena de sarcófagos.

La Iglesia en el siglo XXI. Faltan curas en el mundo, sobre todo faltan expertos en extracción de espíritus malignos. El sacerdote mentor de Michael no niega la decadencia, y por eso no puede permitirse la deserción del joven.  “Vos estás becado acá, así que si decidís abandonar tu carrera, eso significa que nos debés 100 mil dólares”. En estos términos le habla el superior al protagonista para forzarlo a seguir con la sotana. Estamos ante una Iglesia escasa de clérigos y obligada a modernizarse. En el Vaticano el profesor dicta lujosas clases con Power Point y un monitor Touch Screen, hasta llegar al gran gag del film, cuando Hopkins interrumpe una sesión con Satanás para atender el celular. Son detalles simpáticos que le dan a la película una impronta de actualidad, le restan gravedad y la hacen más cercana.

La moderación. El director Mikael Håfström elige narrar con un tono circunspecto que favorece la construcción del personaje central y sus primeros encuentros con Hopkins. El terror crece de a poco, sin precipitarse desde los golpes sonoros. Las escenas de exorcismo no aportan mayores novedades, aunque en general están bien resueltas sin abusar de efectos especiales (con la excepción de la catarsis-espectáculo final, donde sobra maquillaje y digitalización). Es verdad que la película se cae bastante debido a una resolución condescendiente, y sin embargo hasta allí el relato venía transitando momentos sugestivos. Más allá de todas las alusiones míticas y las intervenciones concretas en los posesos, en El rito el eje no es tanto el demonio en sí sino la fuerza que ejerce el escepticismo, y aquí es cuando podemos llevar el dilema a terrenos que exceden lo religioso. Básicamente, se trata de la eterna tarea de colmar el vacío. El Diablo o la Nada.