lunes, 29 de noviembre de 2010

Semana del Cine Europeo en el Gaumont

Desde el 30 de noviembre al 8 de diciembre en el Cine Gaumont, se llevará a cabo La Semana de Cine Europeo, en donde podrán verse interesantes títulos de reciente producción, aún no estrenados en el país.

La muestra fue programada y será presentada por Thierry Frémaux, Director General del Festival de Cannes, y contará con la presencia de algunos de los directores. La entrada tendrá un costo de 8 pesos y habrá un pack promocional de 5 películas por 25 pesos.

Dentro del ciclo se proyectará Tuesday, after Christmas, notable film rumano del cual hablamos recientemente en un post. El director Radu Muntean es uno de los invitados a presentar su película.

Programación:

Enter de void (Francia/Alemania/Italia - 160 min.)
Dirección: Gaspar Noé
Jueves 2 y sábado 4 de diciembre a las 20.30.

Des hommes et des dieux (Francia – 122 min)
Dirección: Xavier Beauvois  
Martes 30 de noviembre y domingo 5 de diciembre a las 20.30

Tuesday, after Christmas (Rumania – 99 min)
Dirección: Radu Muntean
Miércoles 1 y el Martes 7 de diciembre a las 20.30

Looking for Eric (R.Unido/Fran./Ita./Belg./Esp. – 116 min.)
Dirección: Ken Loach
Sábado 4 de diciembre a 18.00 y lunes 6 de diciembre a las 20.30

O estranho caso de Angelica (Portugal/Francia/España/Brasil – 97 min.)
Dirección: Manoel de Oliveira
Viernes 3 y miércoles 8 de diciembre a las 20.30

La muestra se realizará a partir del próximo martes en el Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635).

En la web del Cine Club Núcleo encontrarán más información sobre las películas programadas.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Valores invertidos



"Me aparto de la gente que considera a la insolencia valor y cobardía a la ternura. Y también me aparto de aquellos que consideran charlatanería a la sabiduría e ignorancia al silencio."


Khalil Gibran

La pintura pertenece a Henri Matisse.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Festival de Mar del Plata 2010 - Parte 5


Tuesday, after Christmas (Marti, dupa craciun / Rumania, 2010)
Dirección: Radu Muntean
Sección: Competencia internacional

Un hombre y una mujer conversan y se hacen mimos en la cama. La cámara los toma en un largo plano fijo, animado únicamente por el entusiasmo que irradian sus cuerpos desnudos. Si el mundo se detuviera en ese momento y los dejara así, despojados de todo, ellos jurarían que podrían ser felices aunque no les quedara otra cosa que sus propias presencias. Especulamos, claro, porque en lo real el mundo no se detiene, mucho menos el capitalismo, y las apuestas románticas duran lo que un suspiro. De esta intimista secuencia inicial pasamos a la insipidez de un shopping, en donde vemos al mismo hombre acompañando con desgano a su esposa, encargada de comprar los regalos para Navidad. La otra mujer, la de la cama, es su joven amante.

Tuesday, after Christmas (El martes, después de Navidad), quinto film de Radu Muntean, narra una historia ambientada en la Rumania más europea y liberal posible, con profesionales sin mayores apremios económicos y rutinas que se sobrellevan con automatismo. Hasta que un día ocurre algo distinto. Mientras tanto, los vínculos se sostienen gracias al consumo y los rituales que imponen las fechas festivas. Es estupenda la manera en que el guión diagrama diversas escenas en función de los regalos que los personajes deben intercambiar, incluyendo el simulacro de Papá Noel y todas las sutiles complicidades implicadas en ese engaño. Alguien por ahí dice que quiere regalarle un telescopio a su pareja. Es más fácil descubrir galaxias lejanas que sentarse a observar en serio lo que se cuece en el propio hogar.

Paul (Mimi Branescu) no ha decidido aún blanquear su relación con Raluca (Maria Popistasu), pero resulta que la muchacha es la dentista de la hija que él tiene con su mujer Adriana (la extraordinaria Mirela Oprisor), lo que genera una situación de incomodidad que no podrá soportarse mucho tiempo más. En una secuencia magistral, a los cuatro personajes principales les toca  interactuar acorralados en el consultorio odontológico, espacio aséptico que se va colmando de flechas invisibles, cargadas de vergüenza, culpas y reproches que deben tragarse como sucia saliva. Durante todo el relato el realizador apelará a esta estética de la contigüidad, con una finísima concepción escénica tensada sobre los cuerpos y sus vibraciones, confirmando que para narrar ciertas historias no existe mejor principio que aquel “montaje prohibido” que promulgara André Bazin. Y a pesar de que el cine ya haya transitado muchas veces el tema de la infidelidad, hay algo hipnótico en el realismo intransigente de Muntean que parecería abrir nuevos poros desde donde transpirar el drama. Su marca es una mano firme que nos mantiene ahí, alertas y preocupados al borde del cuadrilátero, con ganas de entrar a mediar para que los personajes no salgan tan lastimados. Aunque en el fondo sabemos que en estos terrenos es imposible hallar respuestas que consuelen a todos.

Espero que Tuesday, after Christmas consiga el estreno comercial que merece. Fue una de las mejores películas del festival.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Festival de Mar del Plata 2010 - Parte 4


Silent souls (Ovsyanki / Rusia, 2010)
Dirección: Alexei Fedorchenko
Sección: Competencia internacional

Aunque resulta fácil confundirla con un óleo, la imagen de arriba es un instante de cine y pertenece a la película rusa Silent Souls (Almas silenciosas), filmada en Cinemascope y exhibida en el festival con la gloriosa tecnología HD. Daban ganas de pulsar un imaginario botón de Pausa para detener cada tanto el relato y gozar con los encuadres de Alexei Fedorchenko, que estuvo acompañado por la fotografía de Mikhail Krichman (destacado por su trabajo en la exitosa El regreso, de Andrei Zvyagintsev). Lástima que al realizador se lo note tan embobado con su propio pincel y la persecución de la "belleza académica", por lo cual el film no logra ir más allá de la colección de postales (preciosas, pero a la vez congeladas).

La historia busca rescatar la lengua, los mitos y las costumbres del pueblo meria, cuya cultura hoy está prácticamente olvidada. Esta reivindicación es explicitada por el protagonista y narrador, Aist, un hombre que comienza confesando haber vivido sin familia por los últimos 40 años. Aist es muy amigo de su jefe, Marion, quien acaba de perder a su esposa. Los hombres deciden ocuparse del cuerpo sin vida de la mujer, respetando una antigua tradición: deberán acicalar el cadáver y llevarlo hasta un río, en donde montarán un ritual.

El agua elige a las personas. El río es el juez más alto”, dice el personaje desde la voz over, por citar sólo una de las numerosas reflexiones que atraviesan el relato para recordarnos que estamos ante un viaje de indagación metafísica. Acá surgen los dilemas. Porque, por un lado, Silent souls necesita de la palabra para describir y explicar las particularidades étnicas del pueblo, lo que hace al costado informativo del film. Pero, por otro lado, muchas de las frases pronunciadas son tan obvias y cursis que se arriesgan a desactivar la potencia sugestiva de las imágenes, además de asfixiar a los personajes con el denso protocolo elegíaco. La película se empantana entonces en esta pulseada de expresividades entre lo icónico y lo verbal, una paradoja que Fedorchenko no consigue resolver. 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Festival de Mar del Plata 2010 - Parte 3

Tournée (Francia, 2010)
Dirección: Mathieu Amalric
Sección: Panorama

Toda película tiene una secuencia especial a partir de la cual tejemos la trascendencia de lo que estamos viendo. No me refiero a los puntos de giro ni a las epifanías, ni tampoco a ese diálogo que claramente que está puesto ahí como clave de lectura (“El truco está en el tiempo”, decía Darín en El aura, por citar un ejemplo). Hablo de la secuencia que más adoramos, la que más recordamos, la que durante la proyección nos elevó a otro grado de fusión con el relato, secuencia que puede no ser la misma para cada espectador, pero que marca el momento en que nos enganchamos definitivamente con esa “conversación” que el film propone. Porque eso es lo buscan los verdaderos autores: conversar. Bajar un poco la música ambiente para poder hablar, como reclama continuamente el aturdido Joachim (Mathieu Amalric) en Tournée, una película libertaria e imprevisible, desvergonzada y melancólica como una charla empachada de alcohol al final de la noche, cuando ya se fueron todos de la fiesta y nos quedamos solos, con la corbata desatada y el rimel hecho una lágrima. Y la sinceridad.

Antes de ir a la secuencia que anticipé más arriba, digamos de qué va este film dirigido, escrito y protagonizado por Amalric (ese tipo bajito pero súper comprador que se devora cada película en la que asoma, y que se llevó el premio a la Mejor Dirección en el último festival de Cannes). Tournée se centra en una gira que un grupo de actrices norteamericanas realiza por Francia, acompañadas por un manager francés en bancarrota, que no logra conseguir un teatro en París para montar el gran show que les había prometido a las chicas. Ellas son bailarinas reales. Es decir, en la “vida real” son nombres reconocidos en Estados Unidos dentro del género llamado “New Burlesque”, en donde combinan el striptease con baile, canto, comicidad y algo de magia, pasando sin aviso de la chabacanería a la sofisticación. El relato muestra fragmentos de este espectáculo junto con los entretelones de la gira, la convivencia entre las actrices y la rara relación que tienen con el representante, quien en su desesperación no deja de cometer torpezas.

El momento privilegiado, la bisagra personal, dura apenas unos segundos, cuando la bailarina Mimi le Meaux (Miranda Colclasure) llega a su habitación en el hotel, luego de un show. Aparece sentada al borde de la bañera, con su cuerpo desnudo generoso en curvas y tatuajes, aunque nosotros sólo vemos su espalda, todo un acto de pudor para un film que venía desvistiendo anatomías. Pero en la escena del baño la cámara respeta la intimidad de la mujer, observándola mientras ella moja sus piernas y se hace masajes en los pies. Porque los tacos duelen, incluso a quienes hacen malabares sobre ellos. Y el ojo de la cámara es el de alguien que comprende ese dolor, alguien que siente admiración y cariño, que permanece ahí como si estuviera aguardando el instante indicado para abrigar a su personaje con una bata. Esa es la forma en que se revela un director de cine.

Hay un cierto compás cassavetiano en la mirada de Amalric, con esa cámara que se enrosca en los cuerpos como una serpiente, que flamea como boa de plumas, siempre curiosa y carnal, pero sin la necesidad de hurgar en la decadencia característica del creador de Faces. Por el contrario, Tournée se acerca más al vitalismo todo terreno que transmite el cine de Arnaud Desplechin (quien trabajó con Amalric en varias ocasiones). Y a pesar de su evidente estructura de ficción, y como señaló en una reseña el crítico Jonathan Romney, el film también recuerda por momentos el registro de Frederick Wiseman y su avidez antropológica a la hora de retratar un microcosmos con sus dinámicas y códigos intransferibles. De allí que el relato siga espiando a Mimi le Meaux una vez que terminó su baño. Ella parece estar esperando algo. Mira su celular y suspira. Se quita las gigantescas pestañas postizas, se pone una remera y baja al bar del hotel a ver si logra sentirse un poco menos sola. Porque de eso también se trata.

Pero ojo que no estamos ante a una película para llorar. Aunque intuimos que estas mujeres han llorado mucho, y que siguen disfrazando muchas angustias, a ellas no les interesa la puesta en escena del lamento, porque ya están en otro lugar. Fueron y vinieron demasiadas veces. Eligieron, por sobre todas las cosas, la voluptuosidad del humor, enseñando que nada nos hace más libres que el hecho de querer el propio cuerpo.    

lunes, 22 de noviembre de 2010

Festival de Mar del Plata 2010 - Parte 2

Agua y sal (Argentina, 2010)
Dirección: Alejo Taube
Sección: Competencia latinoamericana
De caravana (Argentina, 2010)
Dirección: Rosendo Ruíz
Sección: Competencia internacional

“Un egresado de cualquier escuela de cine conoce mejor su oficio que un veterano promedio de la generación anterior”, asegura Quintín en uno de los artículos compilados en el libro “Cine del Mañana” (publicado en este festival, sobre el que volveremos).  Aunque el diagnóstico del crítico no sea una revelación, sirve para describir la factura exterior de los dos títulos locales que pude ver en la muestra. En ellos, como en la mayor parte del cine argentino de los últimos años, se hace notar la cuidadísima confección de la banda sonora, la luz, el color, el encuadre, las elecciones de cámara y las locaciones. Ya casi no quedan rastros de esa precariedad técnica que agobió al cine nacional en las últimas décadas del siglo pasado, y no deja de ser admirable este milimétrico esmero puesto en la calidad de la imagen, lo que sin duda contribuye al solaz visual del espectador. Pero con el oficio solo no alcanza. En muchos casos falta todavía la seguridad para aferrarse al volante y seguir ese rumbo que -quizás íntimamente- se desea, pero que en la pantalla termina siendo confuso. 

Agua y sal, segundo largometraje de Alejo Taube, aborda el tema del doble. Sí, está permitido pensar en Borges, en Cortázar, en la Véronica kieslowskiana, e incluso en dos películas argentinas recientes con llamativos puntos en común con la aquí comentada: El otro, de Ariel Rotter (las dudas ante la paternidad; el anhelo de una realidad alternativa) y Las vidas posibles, de Sandra Gugliotta (una desaparición repentina; el mismo actor para dos personajes). En film comienza cuando Javier (Rafael Spregelburd) confiesa -desde una voz over- que a veces le gustaría llevar otra vida, aun teniendo ya lo que cualquiera soñaría: una buena posición económica y una bella mujer a quien amar. Mientras él y su esposa se sacan fotos en el puerto de Mar del Plata, la imagen se concentra en otro sujeto (el mismo Spregelburd, con barba espesa) que está descargando cajas en un barco. De allí en más el relato sigue el conflicto de ese otro hombre, apodado “Biguá”, acostumbrado al mar y ahora perturbado porque su novia adolescente está embarazada. Lo mejor de Agua y sal reside en esta primera parte, cuando se describe la melancolía de Biguá, la familia de su chica, la rutina en el barco pesquero, hasta que un enroque narrativo nos reubica en la historia del primer personaje.

Si bien hay suficiente ambigüedad como para debatir si todo es producto de la imaginación, o de la pura casualidad, o de la simple magia de la ficción, estas disquisiciones no despiertan la curiosidad esperada, porque hay algo anterior que falla en el film, sobre todo en la conexión emotiva con los personajes. Probablemente se deba a que las comparaciones con otros autores y obras similares contaminan a cada paso la percepción, o a que el relato no logra entibiar su rigidez programática, su barniz “cerebral”. En lo personal me parece que el director perdió con el cambio de registro, que del realismo urgente y vigoroso de su estimable film debut, Una de dos (2004), pasó a una contemplación distanciada y prolija en exceso, en donde la reflexión sobre lo social irrumpe de forma necesaria pero al mismo tiempo desvaída. Porque acá lo interesante era la dialéctica que se podía haber jugado entre las conciencias del empresario y del pescador, una idea inquietante que el film no consigue aprovechar.

También De caravana busca exponer las diferencias de clase que definen a la sociedad argentina, a través de una historia ambientada en la provincia de Córdoba, de donde son oriundos todos los actores y técnicos que hicieron este film dirigido por Rosendo Ruíz. Lo que en un proyecto inicial sería sólo un cortometraje sobre el fenómeno de la Mona Giménez, fue creciendo hasta convertirse en esta comedia con toques policiales que narra la atracción entre un joven “concheto” y una chica fanática del cuarteto, quienes inician un romance en medio de una trama de robos, tráfico de drogas, celos violentos y miradas discriminatorias. Se trata de una película dinámica y disfrutable en todo su trayecto, especialmente por el placer que implica descubrir caras nuevas interpretando personajes simpatiquísimos, como la travesti Penélope (genial Martín Rena) o el dealer llamado “Maxtor” (Rodrigo Savina, imaginen a Eduardo Blanco cruzado con Adrián Suar y Juan Cruz Bordeau), tan dúctil para impartir órdenes criminales como para lanzar serias lecciones de filosofía y lucirse bailando merengue.

Existen ciertos problemas de guión que restan originalidad al conjunto, como alguna escena trillada (el taxista contento cuando le piden que siga a otro auto), o el trazo estereotipado de algunos personajes (el amigo snob del protagonista), pero lo que no se llega a sentir a fondo es el acicate crítico sobre la cuestión social, una impresión que se refuerza con la resolución reconciliada. Hay un choque cultural mostrado con ironía y frescura, pero el choque no lastima, o lo hace tímidamente, quizás por temor a borronear los límites del género y turbar la venia popular. De caravana es una buena película que podría haber dado muchísimo más. Habrá que seguir organizando viajes, entonces, de la villa al country, de un loft en Palermo a una casita humilde en Mar del Plata, de ida y vuelta, una y otra vez, hasta por fin empezar a comprender por qué nos cuesta tanto hacernos cargo de las distancias.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Festival de Mar del Plata 2010 - Parte 1

Todos vós sodes capitáins (Todos vosotros sois capitanes / España, 2010)
Dirección: Oliver Laxe
Sección: Competencia internacional

Este film surgió de una experiencia educativa real. El joven Oliver Laxe (nacido en París, criado en La Coruña) armó un taller de cine en una escuela para chicos pobres en Tánger, y les propuso a sus alumnos crear una película. Lo que vemos es un ensayo fílmico sobre ese proceso, desde las clases básicas sobre el uso de la cámara hasta una serie de tomas de lo que podría ser el montaje final. Laxe habla y se muestra en primer plano, tanto que al comienzo parecería opacar a los pequeños que deberían ser los protagonistas, una decisión que irrita bastante y nos pone a la defensiva como espectadores. Porque al principio todo lo que recibimos son jirones dispersos de cinema verité mechados con escenas en donde se nota el artificio del hacer decir a los chicos y a otros personajes aquello que sirve al guión. Bueno, probablemente no rija aquí la autoridad de un guión previo, pero sí se percibe un férreo plan estético, que uno descubre cuando la película está llegando a sus últimos tramos. El eje del plan es una interrogación permanente, ontológica: ¿desde qué lugar filmar el objeto que nos resulta ajeno?

Los alumnos protestan. “No sabemos qué quiere hacer el profesor”. “Filma cosas por acá y por allá pero no sigue una historia”. “A la película le falta acción”. A ellos les gustaría filmar la naturaleza, las ruinas, los olivos (claro homenaje a Abbas Kiarostami y sus influencias). Los chicos quieren convertirse en relato, o al menos eso inventa Laxe para ahondar en su exploración (a esta altura, ya no importa tanto qué es espontaneo y qué no). El realizador cambia entonces el exhibicionismo por la transparencia enunciativa, encadenando planos generales en donde se ve a los niños alejarse hacia el horizonte, al punto de perderse, libres en la fuga, allí donde no pueden alcanzarlos ni la cámara ni los encasillamientos.

En más de una ocasión el director señaló que su temor era quedar atado a “cierto paternalismo que puebla la imagen contemporánea, esta idea de hacer el bien". (*) En efecto, su película evita la mirada ternurista para abocarse a la reflexión sobre la ética, los límites de la intervención artística, las distancias entre el ojo y el objeto. Desde el ánalisis a posteriori, Todos vós sodes capitáins resulta claramente un trabajo interesante y auspicioso, pero la experiencia en la proyección nos deja la impresión de haber estado ante un borrador, apenas el primer paso de un proyecto mayor que debe seguir insistiendo en las preguntas hasta que lleguen las respuestas. Porque, más allá de cualquier pudor intelectual, esos chicos siguen siendo chicos que no deberían tener que tramar su historia en soledad.


* En un artículo publicado en el diario El Mundo.

Festival de Mar del Plata 2010 - Una anécdota introductoria

Veamos si una anécdota puede resumir el sentir en su conjunto:

Es jueves por la tarde y voy en camino a la que será mi penúltima película en el festival. Estoy cruzando la calle Belgrano cuando veo que a mi lado pasa un rostro conocido. ¡Pero si es John Sayles! (Mar del Plata también es esto: rozar con el codo al director de Escrito en el agua, o viajar en un ascensor a solas con Alan Rickman, por ejemplo). Termino de cruzar y me paro en la esquina para espiar sus movimientos. Veo que él y la mujer que lo acompaña lucen desorientados. Deben estar buscando alguno de los cines. Miran para un lado y para el otro, vuelven sobre sus pasos. ¿Me acerco? ¿Les doy una mano? Entre tanto absurdo cavilar veo que un hombre les da indicaciones y ellos finalmente llegan a destino. ¿Será que a Sayles le toca presentar ahora su último film, Amigo? ¿Y esto se me escapó? Desesperada, manoteo la grilla de horarios y compruebo que no, su película no está programada para hoy. Ajá, entonces el director va como simple espectador a ver otra. ¿Cuál será esa película que él eligió? ¿Qué obra maestra me estoy perdiendo?

Mientras sigo mi ruta hacia otro cine, me da bronca saber que, además de tantas películas deseables, me perdí la de Sayles y también la que Sayles fue a ver, como también su conferencia, y la de Bruce Beresford, y la de Bruno Ganz, y la de Hal Hartley, porque uno quiere escuchar a los maestros pero al mismo tiempo quiere pispear aunque sea un manojito de las películas del festival. “Al menos fui a la charla con Roman Gubern, que estuvo buenísima”, me digo para resignarme, y me refugio en una máxima que suele aplicar mi papá: “Todo no se puede”.  

Así que aquí estamos. Voy a recorrer algunas películas a partir de la lógica de la resonancia. Es decir, aquellos títulos que siguen golpeando las puertas de la percepción, con diferentes intensidades y motivaciones. Como diría Paul:

Do me a favor: open the door and let’em in.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Estamos en viaje...


Hacia la 25º edición del Festival de Cine de Mar del Plata.

¡Nos vemos muy pronto!

En las líneas de la mano

- ¿En qué cree usted hoy? ¿En la escritura, en los libros, en la cultura?

- En el punto de interrogación. En la investigación. Mire, los primeros, en el siglo XIX, que tomaron en serio el espiritismo no fueron los místicos sino los hombres de ciencia. Encontré a matemáticos y lógicos que de noche iban a hacerse leer las líneas de la mano. Cuanto más se desarrolla un trabajo científico, más se necesita otra cosa.

Umberto Eco

En una entrevista publicada en la web de la revista Ñ (13/10/10). Ir al artículo completo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Tanto


Tomar la vida todos los días
Como un remedio,
De esos remedios que hay para tomar.
Tanto aspiré, tanto soñé que tanto
De tantos tantos me hizo nada en mí
Mis manos quedaron frías
Sólo de aguardar el encanto
De aquel amor que las calentara al fin.
Frías, vacías, Así.


Fernando Pessoa
(fragmento del poema "Todo menos el tedio me da tedio")

En la imagen: La flor de mi secreto, dirigida por Pedro Almodóvar.

martes, 9 de noviembre de 2010

Respirar


"No hay forma artística que tenga tanto en común con el cine como la música. Ambos afectan directamente nuestras emociones, no por la vía intelectual. Y el cine es principalmente ritmo; es inhalación y exhalación en secuencia continua."

Ingmar Bergman

La imagen pertenece al film El latido de mi corazón (De battre mon coeur s'est arrêté), dirigido por Jacques Audiard.

lunes, 8 de noviembre de 2010

C'mon People


Well we're going to, yeah we're going to
get it right this time.
We're going to, really going to
raise it to the sky.
People are ready to forgive a few mistakes
But let's get started, form a party
Don't you know how long it takes!

C'mon people let the fun begin.
We've got a future and it's rushing in.
Call all the minstrels from the ancient shrine.
Pass down the message that it's right this time.

Well I'm trying to, yeah I'm crying to
Lay it on the line.
We're trying to, really dying to
Get it right this time.
So many yearning for the way it's gonna be.
Believe it when you see it happening to you
You know it's real.

C'mon people let the world begin.
We've got a future and it's charging in.
We'll make the best of all we have, and more.
We'll do what never has been done before.
Oh yeah.

Well I'm going to, yeah I'm going to
Get it right this time.
I'm going to, really going to
Raise it to the sky.
I must admit I may have made a few mistakes,
But let's get started, from a party
Don't you know how long it takes!

So c'mon people let the fun begin.
We've got a future and it's rushing in.
Call all the minstrels from the ancient shrine.
Pass down the message that it's right this time.

Paul McCartney

domingo, 7 de noviembre de 2010

Taxi, un encuentro, de Gabriela David


Mientras el humo de su cigarrillo coloniza la imagen, el muchacho cuenta. Alguien a quien no vemos parece estar interrogándolo, y él responde como hábil narrador, sin mezquinar detalles ni esquivar cambios de tono. Del costumbrismo de arrabal a la melancolía after hours, pero con una suavidad difícil de hallar en el cine argentino.

Esteban (a quien llaman “el Gato”) dice ser ladrón de autos, con preferencia por los taxis, porque -según explica- antes de llevar el taxi al desarmadero, podía manejarlo por unas horas como si fuera su chofer y así hacerse unos mangos. Al menos ésta era su rutina hasta la noche del giro. Por sobre todo, lo que yo quería era hablar. Qué sé yo… de cualquier cosa. Intercambiar opiniones”, aclara el Gato, mientras el relato muestra que sus pasajeros no estaban igual de interesados en la charla. Porque cuando tomamos un taxi de noche, más aún después de un largo día de trabajo, lo único que queremos es llegar. No importa que nos sintamos más solos que el taxista: queremos llegar, poner la tele y no pensar más. (Filosofía al paso: es en ese preciso trayecto en taxi en donde nos preguntamos, más que nunca, por qué tenemos esta vida y no otra. El cuerpo sigue en el auto pero la cabeza ya no está. Espacio propicio para dejar cosas olvidadas y luego aducir que no las podemos encontrar).

En la película se la ve linda a Buenos Aires, pero con una belleza tan desierta y vaporosa que intoxica, y entonces uno se quiere escapar, aunque tan sólo sea a través de ese afiche publicitario que nos vende otros cielos. Una chica se sube al taxi sin saber a dónde ir. Luego de muchas vueltas, aparecerán las luces de la autopista, algo así como una frontera, un “de ahora en más”. La clave geográfica será una ventana, abierta de par en par hacia esos puentes que no estaban tan lejos como creíamos. Quizás alguna vez por fin entendamos que son los desconocidos de siempre, aquellos justos borgeanos, quienes en verdad nos están salvando.

Taxi, un encuentro forma parte de mi cajita de pequeños tesoros cinéfilos. Todo mi respeto para su autora, Gabriela David, fallecida el último miércoles. 
Busquen la película.


Taxi, un encuentro (Argentina, 2001)
Dirección y guión: Gabriela David.
Intérpretes: Diego Peretti, Josefina Vitón, Miguel Guerberoff.

viernes, 5 de noviembre de 2010

La complejidad del primate

Por Tzvetan Todorov *

"Se puede ver a la especie humana en relación a la vez de semejanza y contraste con nuestros primos gorilas y chimpancés. El hombre es un animal al que le lleva muchísimo tiempo ocuparse de sus hijos. Somos una especie muy protectora y cooperativa con nuestras crías. No somos la especie más agresiva, pero somos la que se comunica mejor, la que elaboró el lenguaje. Todos los animales se comunican pero no hay nada comparable al lenguaje. Ha permitido las mejores y las peores cosas. La colaboración y la exterminación. También permitió una identificación muy fuerte con el Otro. Y es la fuente de un movimiento de compasión, de simpatía que también permitió la tortura. Porque la tortura implica cierto grado de identificación con el Otro. Yo sé lo que le duele: sé cómo torturarlo para obtener lo que deseo . Somos una especie de primate más complicada que las otras, pero no obstante somos primates."

* En una entrevista publicada en la Revista Ñ del diario Clarín (04/11/10). Ir al artículo completo.

La imagen pertenece a la película Gomorra, dirigida por Matteo Garrone.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Platicar


"No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar."

Juan Rulfo (fragmento de su cuento "Nos han dado la tierra").


La imagen pertenece al film Extraño, dirigido por Santiago Loza.

martes, 2 de noviembre de 2010

Paciencia


“Muy pocos poseen la requerida paciencia para mirar y escuchar. Y, sin embargo, basta un gesto, una palabra, para modificar una relación.

El hombre sentado frente a mí en el compartimento vacío me es antipático; después me dice «¿Puedo abrir la ventanilla?», y todo cambia. Y cuanto más se profundiza en la realidad, más se analizan los hombres y las situaciones, más se destacan las relaciones de coincidencia, y más se pone el acento en la comunidad de los intereses. En una palabra, se trabaja para salir de las abstracciones.”

Cesare Zavattini  (“Tesis sobre el neorrealismo”)

La imagen pertenece al film Umberto D., dirigido por Vittorio De Sica.