martes, 31 de agosto de 2010

Hace diez años...

…se estrenaba la inmensa Nueve Reinas, de Fabián Bielinsky.


Cuando el cine es arte, “además de entretenimiento, se basa en tener una perfecta y organizada visión del mundo, donde con la excusa de contar una primera historia transparente, se cuenta una segunda, simbólica.”

Ángel Faretta

(en su artículo titulado “El problema de la crítica”, publicado en el diario Perfil, 1998).

miércoles, 25 de agosto de 2010

Cinco minutos de gloria, de Oliver Hirschbiegel

Dos hombres se columpian entre el hoy y los 70, van y vienen en su cabeza mientras viajan en sendas limusinas hacia el mismo lugar. Ambos fueron contratados por un programa de televisión para ser protagonistas de una “reconciliación”. Antes del show, lo que la cámara encuadra una y otra vez es el espejo retrovisor: quiénes fueron y quiénes son.

Estamos en Irlanda. Uno de los hombres (Liam Neeson) parece un empresario de camino a algún negocio. Sereno, piel tirante, piernas cruzadas. En su adolescencia adoraba calzarse una chaquetita negra que apenas ocultaba su arma, revólver que guardaba junto a viejos juguetes. Apenas un muchachito preocupado por su acné. Pero para ser aceptado en el grupo, tuvo que matar.

El otro hombre (James Nesbitt) es un manojo de nervios. Mira para todos lados con el semblante molido. Increpa a Dios y todavía tiene fuerzas para preguntarle por qué. A su hermano lo masacraron hace 30 años. Él estaba a pocos metros en el momento fatal, jugando a la pelota en la calle, muy concentrado en batir su propio récord. Pateaba contra la pared y la devolvía, una, dos, tres, cuatro… cien. Jamás imaginó que seguiría contando hasta hoy, aguantando la furia, noventa y ocho, noventa y nueve… y vuelta a empezar. Una condena de por vida para no explotar.

Los espejos, otra vez. O su imposibilidad de reflejar. Cinco minutos de gloria (Five minutes in heaven) es una película sobre esas imágenes que nunca se podrán capturar. Si le damos poco crédito al alemán Oliver Hirschbiegel (director de despareja trayectoria), es probable que el film nos resulte por lo menos estrambótico. Pero, justamente, ésa es la idea: sacudir las formas y las formalidades, sabiendo que la culpa no se puede curar. Por eso el relato descoloca, pega volantazos, lleva y trae histrionismos típicos para luego lanzarlos por la ventana. (En lo que sigue, voy a revelar detalles).

A ver: ya pasó casi una hora de película y todo indica que asistiremos a un reality show con suspenso, una performance vistosa entre un hombre que pide perdón y otro que quiere venganza. Pero no, ese lugar común queda abortado por un arrebato, un portazo que desnuda la grotesca simplificación mediática de la memoria política.

Luego el relato se entusiasma con una batalla cuerpo a cuerpo, algo más “cinematográfico” que la propuesta televisiva anterior, para lo cual monta una inesperada coreografía de acción (o de western, como sugirió el crítico Horacio Bernades), una escena tan animosamente inverosímil que nos deja un poco frustrados.

Y hay más reversos de la trama: el ex guerrillero a quien creíamos un ejecutivo aburguesado, hoy no es más que un pobre tipo sumido en el vacío, mientras que el otro personaje, con todo los tics de un border para el hospicio, en realidad tiene una linda familia que se convertirá en su última y necesaria palanca.

¿A dónde llegamos con todos estos giros? Quizás a la poco espectacular conclusión de que en tragedias como ésta la redención no existe, como tampoco la catarsis definitiva, aunque la televisión y el cine insistan en narrarlas. El duelo es pesado, pedestre, demasiado inabarcable como para dejarse fotografiar. Aunque tal vez, algún día, se pueda empezar a poner en palabras, de allí que John (Nesbitt) se anime por fin a probar la terapia de grupo. “Compré unas sandalias para venir, porque lo vi en una película. Vi que todos se sentaban en círculo y usaban sandalias”, bromea John con sus compañeros, otro guiño autoconsciente sobre el propósito del film: descreer de las imágenes prefabricadas para salir a pisar lo real.


No se trata de conciliar, porque queda claro que la sutura es imposible. La Historia deberá seguir supurando su malestar.

martes, 24 de agosto de 2010

Oh... la France

“Samuel Beckett decía que, siendo un extranjero en Francia, no le correspondía dar su opinión sobre la situación política del país que lo albergaba: nunca firmaba peticiones, no iba a manifestaciones, no escribía cartas de protesta a los diarios. Yo, menos sabio que Beckett, no puedo quedarme callado. Viviendo en un país donde se ha instalado un abominable Ministerio de Identidad Nacional e Inmigración para definir quién es y quién no es francés; donde el presidente tacha a los habitantes de los barrios pobres de racaille, "basura"; donde otro ministro dice de los inmigrantes argelinos que "uno de ellos está bien, pero el problema empieza cuando hay muchos"; donde el presidente pregunta en público para qué sirve leer el clásico francés más importante del siglo XVII, como La Princesse de Clèves ; donde la ministra de financias declara que los franceses deben "pensar menos y trabajar más"; viviendo en un país así siento la obligación de denunciar estas infamias. Si no lo hago, no tengo derecho a dar mi opinión ni sobre literatura ni sobre nada.”

Alberto Manguel


En una entrevista publicada en la Revista Ñ. (Ir al artículo completo).

La imagen pertenece al film Código desconocido (Code inconnu), de Michael Haneke.

lunes, 23 de agosto de 2010

Una de Gilles


"Un creador no es un ser que trabaja por el placer. Un creador no hace más que aquello de lo que tiene absoluta necesidad."

Gilles Deleuze

domingo, 22 de agosto de 2010

Mil voces

Igualmente enfermo estaba
el paisaje, pero magnífico.
Los bosques de violeta oscuro.
En casa hice el tonto con algunos colores.
Fue enojoso. Tampoco los poemas me salieron.
Como esa tarde de verano, metí
la mano en una nube de mosquitos
sin agarrar uno solo. Y sin embargo
se oye murmurar mil voces.

Paul Klee

viernes, 20 de agosto de 2010

Clonar a Marx

“Las películas pueden ser obras de arte, pero yo no tomaría el concepto de obra de arte en forma aislada. Porque en rigor de verdad es un concepto antiacadémico. Se encuentra del lado del espectador. Los espectadores son los verdaderos artistas en la medida en que reproducen la película. En ese sentido, la película opera como un espejo, a veces como una fuerza gravitatoria o, por qué no, como un imán. Pero las virutas de hierro están en la cabeza de las personas.”

Alexander Kluge

En una entrevista publicada en el diario Página/12 (19/08/10).

El Goethe Institut, el Complejo Teatral de Buenos Aires y la Fundación Cinemateca Argentina presentan, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Avda. Corrientes 1530), el estreno exclusivo de la versión completa de 570 minutos de Noticias de la Antigüedad ideológica. Marx-Eisenstein-El capital, dirigida por Kluge. Por su extensa duración, el film se exhibirá desde hoy viernes 20 de agosto y hasta el domingo 29 en distintos capítulos y horarios. Además de las proyecciones del film, el lunes 23 la Sala Lugones presentará Todos los sentimientos creen en un final feliz, largometraje documental sobre Kluge dirigido por Angelika Wittlich. (Consultar el detalle de la programación)

El año pasado pude ver la versión comprimida (90 minutos) de este trabajo. La experiencia es exigente, sin duda, pero también es riquísima. (Entre los apuntes que tomé mientras miraba la película, encontré la frase del título del post: "Habrá que clonar a Marx").

jueves, 19 de agosto de 2010

Una bella película argentina

Este viernes 20 de agosto, a las 22, se proyecta por última vez La Tigra, Chaco, dirigida por Federico Godfrid y Juan Sasiaín, en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960 - Ciudad de Buenos Aires).

Si no la vieron y tienen la oportunidad, no se la pierdan. La tía Candelaria es uno de los personajes del año.


martes, 17 de agosto de 2010

Nuestro Zeus

“Lo que me inspiró es la tragedia griega, en la que protagonistas predestinados y condenados se enfrentan a un sistema que es indiferente a su heroísmo, a su individualidad, a su moralidad. Pero en vez de dioses del Olimpo que lanzan rayos ardientes y joden a la gente por diversión, tenemos instituciones posmodernas. El departamento de policía es un dios, el tráfico de drogas es un dios, el sistema escolar es un dios, el ayuntamiento es un dios, las elecciones son un dios. El capitalismo es el dios supremo en The Wire. El capitalismo es Zeus”.

David Simon, creador de The Wire


En una nota publicada en la web del periódico Diagonal (12/01/10). Quienes aún no conocen esta serie y les falta un empujoncito para animarse, recomiendo la lectura completa de este artículo.

domingo, 15 de agosto de 2010

The Broken, de Sean Ellis

Me alcanzó esta imagen para sentir ganas de ver la película, de la que nada sabía. Estaba navegando en Internet a la pesca de cierta información cuando me topé con un Richard Jenkins serio y fracturado, que me remitió a aquella tremenda escena sobre el final de El hombre equivocado en la que Henry Fonda es atacado por su mujer. Así que busqué The Broken, sin imaginar que toda la película, de punta a punta, me sometería a la rutina de recordar otras películas. Lástima que no se trate de un sabio juego de alusiones para deleite del amante del género, sino de un flagrante saqueo a cuatro manos que intenta vestirse de gala. El film no tiene demasiado valor per se, y sin embargo aquí me hallo dedicándole unas líneas. Será porque el relato, además de ser ladrón, es abiertamente mezquino a la hora de explicar el porqué del conflicto, y a uno no le queda otra opción que rellenar los profusos baches de la trama, o incluso inventarla.

The Broken se estrenó en dvd en Argentina con el título El espejo roto. La acción está ambientada en Londres, en donde una joven médica (Lena Headey) un día vive la escalofriante experiencia de cruzarse con su doble. O sea: la protagonista observa cómo su auto es conducido por una mujer idéntica a ella. Gina -tal el nombre de la chica- sigue a su doppelgänger por las calles de la ciudad y llega a un departamento. Corte de montaje y la vemos en pleno accidente de tránsito, del que sale prácticamente ilesa. Empiezan las rarezas, con su pareja, con su familia, con los flashes confusos de esa otra mujer tan parecida a ella.

Mucho golpe de sonido, mucha edición manipuladora, muchas pesadillas y mucho despertar (¡era solo un sueño!). Lo que al inicio era un seductor film de atmósferas se convierte de a poco en una cadena de trampas. Mientras tanto, los espejos se rompen y aquel que ayer era tu novio hoy te mira muy feo. El mecanismo general se asemeja al de Body Snatchers, aunque hay muchas referencias más, mezcladas en arbitrario licuado. (De paso, quien interpreta al novio de la protagonista es nada menos que Melvil Poupad, rostro de Rohmer, de Ozon y de Desplechin, y el que hace de psiquiatra es el danés Ulrich Thomsen, aún recordado como el hermano mayor de La celebración. Dos actores de talla para personajes nimios, a los que se suma Richard Jenkins luego de enamorarnos en The Visitor).

Director y autor del guión, Sean Ellis montó un andamiaje de terror de qualité para dejarnos apenas en el borde del misterio real, como si a la película le faltara una segunda parte. (No sigan leyendo si piensan verla). ¿Acaso se trata de una rebelión en masa de nuestros otros yo? ¿Qué justifica que lo hagan? El film, por supuesto, no aporta ningún contexto, cuando lo que resultaba más interesante en The Broken era explorar la lógica de los otros, esa parte nuestra que ya no tolera estar acorralada en un espejo. El tema del doble es inagotable, justamente porque su fuente es el inaprensible inconciente. El espejo nos devuelve nuestra cara, pero está invertida, no es la cara que ven los demás. Esta es una paradoja aterradora, imposible de quebrar. Desde hace unas horas me persigue una hipótesis: quizás todos los seres siniestros que circulan o circularon por el mundo rompieron alguna vez un espejo. También uno mismo, por qué no. (Yo no recuerdo haberlo hecho, o al menos eso quiero creer...
)



El espejo roto
(The Broken. Inglaterra/Francia, 2008)
Dirección: Sean Ellis
Editado en dvd por SP Films.

Para llegar a un estilo

“Cada vez que hablo con alguien joven que se quiere dedicar a la dirección teatral, le suplico que no tome como ejemplo lo que para mí ha supuesto el resultado de cincuenta años de trabajo. Así que, volviendo a la cuestión de la sencillez y el despojamiento, no es bueno que alguien que empieza apueste directamente por eso. Para llegar a la sencillez, antes hay que haber pasado por las formas más barrocas y extravagantes imaginables. Yo lo hice. Hay que tener un montón de verduras encima de la mesa para saber con cuál quedarse, cuál es la mejor.”

Peter Brook


En una entrevista publicada en la revista ADN Cultura del diario La Nación (15/08/10). Ir al artículo completo.

sábado, 14 de agosto de 2010

Había una vez

El cine Rosedal tenía
un techo que se abría,
y si la película no te gustaba
vos mirabas las estrellas
y la función seguía.
El cine Rosedal:
Ilusión con maní.
Entrar de día, salir de noche.
Ahora viene la de besos
Yo me quedo.

Alicia Márquez



En la imagen: Robert Walker y Judy Garland en El reloj (The clock), dirigida por Vincente Minelli.

viernes, 13 de agosto de 2010

Violencias constantes

Hace quince años, el antropólogo Philippe Bourgois publicó el libro En busca de respeto. Vendiendo crack en Harlem (Ed. Siglo XXI). Para el trabajo de campo, el autor se instaló en el barrio durante cuatro años y se hizo pasar por vecino. Los párrafos que siguen integran una entrevista con el investigador publicada hoy en el diario Página/12, en donde recuerda su experiencia de aquellos años y la compara con el panorama actual.

Por Philippe Bourgois *


- “En estas interacciones, los que llevan las de perder padecen violencias constantes. Puede ser por su camisa, su falda, o por su forma de pronunciar los plurales. Cualquier minucia. Lo que es peor, se convence a las víctimas de que es su propia estupidez la que ocasiona esos episodios incómodos. Me lo ilustró bien Primo, uno de mis amigos de allá, cuando me relató que su jefa lo había llamado ‘analfabeto’ y él tuvo que recurrir a un diccionario para ver qué le habían querido decir con eso. Y sabía leer. La incomunicación, evidentemente, estaba en otro lado.”

- “Los discriminados sienten la angustia de no saber ni cómo hay que mover el cuerpo para obtener credibilidad frente a las personas de mejor posición socioeconómica. A ese nivel llega el problema. Por un lado, soy pesimista, porque la ilegalidad se ha multiplicado desde la primera edición de este libro, que fue allá por 1995. No deja de impactarme el hecho de que los dominados sigan tolerando ese grado de desigualdad. Peor aún: ¿por qué la dominación se internaliza y se concreta en violencias entre pobres, en vez de apuntar a los poderosos de una sociedad que no los integra? No hay respuestas automáticas. Lo que sí compruebo cada vez que vuelvo a East Harlem es que, más allá del estado en que yo esté, la vida se abre camino.

- “Para darte un ejemplo, el hijo de uno de los dealers con los que me comuniqué en los ochenta es ahora diseñador web. No gana fortunas, pero gracias a los anuncios que Google pone en su site tiene para mantenerse. Lo insólito es que su página es sobre pandilleros. Enseña cómo golpear mejor, cómo pelearse, y los anunciantes son compañías que fabrican ropa onda hip hop. En ese chico yo veo las contradicciones de la sociedad de consumo, junto a una creatividad que está pidiendo pista para canalizarse de modo más positivo.”

* En una entrevista realizada por Facundo García, publicada hoy en el diario Página/12. Ir al artículo completo.

La imagen pertenece a la extraordinaria serie The Wire, que no está ambientada en Harlem sino en Baltimore, pero el sistema, tristemente, es el mismo.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Magia y felicidad


Por Giorgio Agamben *
 
Walter Benjamin dijo una vez que la primera experiencia que el niño tiene del mundo no es que "los adultos son más fuertes, sino su incapacidad de hacer magia". La afirmación, efectuada bajo el efecto de una dosis de veinte miligramos de mescalina, no es por esto menos exacta. Es probable, en efecto, que la invencible tristeza en la cual se sumergen cada tanto los niños provenga precisamente de esta conciencia de no ser capaces de hacer magia. Aquello que podemos alcanzar a través de nuestros méritos y de nuestras fatigas no puede, de hecho, hacernos verdaderamente felices. Sólo la magia puede hacerlo. Esto no se le escapó al genio infantil de Mozart, quien en una carta a Bullinger señaló con precisión la secreta solidaridad entre magia y felicidad: "Vivir bien y vivir felices son dos cosas distintas; y la segunda, sin alguna magia, no me ocurrirá por cierto. Para que esto suceda, debería ocurrir alguna cosa verdaderamente fuera de lo natural".

Los niños, como las criaturas de las fábulas, saben perfectamente que para ser felices es preciso tener de su lado al genio de la botella, tener en casa el asno cagamonedas o la gallina de los huevos de oro. Y en cada ocasión, conocer el lugar y la fórmula vale mucho más que proponerse honestamente y dedicarse con todas las fuerzas a alcanzar un objetivo. Magia significa, precisamente, que nadie puede ser digno de la felicidad; que como sabían los antiguos, la felicidad, para el hombre, es siempre hýbris, es siempre arrogancia y exceso. Pero si alguien llega a reducir la fortuna con el engaño, si la felicidad depende, no de lo que esa persona es, sino de una nuez encantada o de un ábrete-sésamo, entonces y sólo entonces puede decirse verdaderamente feliz.

Contra esta sabiduría pueril, que afirma que la felicidad no es algo que pueda merecerse, la moral ha alzado desde siempre su objeción. Y lo ha hecho con las palabras del filósofo que menos ha comprendido la diferencia entre vivir dignamente y vivir feliz. "Aquello que en ti tiende con ardor a la felicidad es la inclinación; aquello que luego somete esta inclinación a la condición de que debes ser primero digno de la felicidad es tu razón", escribe Kant. Pero con una felicidad de la cual podemos ser dignos, nosotros (o el niño que hay en nosotros) no sabemos bien qué hacer. ¡Qué desastre si una mujer nos ama porque nos lo merecemos! ¡Y qué aburrida la felicidad como premio o recompensa por un trabajo bien hecho!

Que el vínculo que mantiene unidas la magia y la felicidad no es simplemente inmoral, que puede, más bien, dar testimonio de una ética superior, se evidencia en la antigua máxima según la cual quien se da cuenta de que está siendo feliz, ya ha dejado de serlo. Así, la felicidad tiene con su sujeto una relación paradójica. Aquel que es feliz no puede saber que lo está siendo; el sujeto de la felicidad no es un sujeto, no tiene la forma de una conciencia, aunque sea la más buena. Y aquí la magia hace valer su excepción, la única que permite a un hombre decirse y saberse feliz.


* Fragmento de su ensayo “Magia y felicidad”, incluido en el libro Profanaciones. (Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2005).

Las imágenes, por supuesto, pertenecen a Toy Story 3D, la película más feliz del año. Y la más melancólica, también.

martes, 10 de agosto de 2010

Crear desde el pecado

El guionista Jean-Claude Carrière recuerda a Luis Buñuel:

"A modo de ejercitación, don Luis me hacía contarle una historia por día, aunque la misma no tuviera nada que ver con el guión que estábamos escribiendo. Era sólo para entrenar la imaginación, que cuando se trabaja como un músculo no tiene límites. Para quienes fuimos educados en un ambiente cristiano, existe el pecado de intención: pensar en algo malo es pecado, nos inculcaron. Con Buñuel aprendí que para ser guionista hay que desterrar esa idea. El me decía: «Cada día, el guionista tiene que matar a su padre, violentar a su madre y traicionar a su patria». Hay que aceptar que la imaginación tiene una total inocencia. Además, Buñuel me enseñó que hay que ser imaginativos, pero respetar la necesidad de que lo que sucede en una película sea verosímil. Hay situaciones que ocurren en la vida real, son verdaderas, pero que puestas en un film resultan inverosímiles. Si yo le hubiera propuesto a Buñuel una escena con el presidente de Ecuador afeitándose el bigote en televisión, me la habría rechazado por inverosímil".

* En una nota publicada en el diario La Nación (26/09/96). Ir al artículo completo.

lunes, 9 de agosto de 2010

Cosquillas

"Este momento.
¿Almacenará ella este momento el resto de su vida?
No grandes cosas. Un par de nubes. Sol. Decir tonterías.
No decir nada. Una risa subterránea. Cosquillas.
Hace días que no piensa en mí. Quizás sea este sitio.
Estar aquí.
Ojalá durara mucho.
Ojalá durara para siempre..."

Isabel Coixet
(del guión de su película La vida secreta de las palabras)

domingo, 8 de agosto de 2010

Estoy con la cabeza contra el muro

Estoy con la cabeza contra el muro.
Me convoco a mí mismo como quien mira un pozo.
Vuelve un niño perdido
por calles de humo, por pasillos blancos,
trágico, con las mejillas tatuadas
y fuegos pequeñitos en cada dedo.
Vuelven tiempos erizo de rapiña y disparos,
de angustias decoradas por curas y trompetas,
estampas y desfiles. Y todo que se para.
Lucen asombros, se hacen estallidos, se redondean lomos,
y mamá me dice algo tremendamente piedra
que me pone en mi sitio.

Retorna ahora el día de la ira, el tremendo momento
en que perdí los ojos y me hice azabache, cactus y piedra
alumbre.
Y me quedé en Ourense
mirando con horror este río del tiempo.

Xosé Luis Méndez Ferrín
Versión de Eloísa Otero y Manuel Outeiriño



La imagen pertenece al film El pasajero (Professione: reporter), de Michelangelo Antonioni.

jueves, 5 de agosto de 2010

The Children's Hour

Debe ser el déjà vu cinematográfico más curioso que me tocó experimentar. Allá por los años 90, en el cable, me topé con La mentira infame (The children’s hour), dirigida por William Wyler. Un par de años después, también en televisión (es increíble comprobar cuántos buenos clásicos programaban antes en el cable), me dispuse a ver Infamia (These three), que tenía un argumento llamativamente similar a la película anterior y estaba firmada por… William Wyler.

¿Las dos pertenecían efectivamente al mismo Wyler? ¿El mismo de Cumbres Borrascosas y Rosa de Abolengo? ¿Y cómo sería entonces la obra de teatro original? Ahora uno confirma esos datos finos con solo entrar a IMDB, pero hace quince años esto no era automático, salvo que uno tuviera una enciclopedia completísima. Lo único evidente era la diferencia fundamental entre ambas versiones: The children’s hour, estrenada en 1961, exponía un amor homosexual que These three, en 1936, no podía ni siquiera sugerir. Por eso no se trata de un remake más: nació de una necesidad de Wyler de hacer justicia, y se vengó del código Hays readaptando la misma obra pero esta vez con un personaje que sufre de verdad y confiesa sentirse “anormal” (nadie pronuncia la palabra lesbianismo).

La autora de la pieza original es Lilliam Hellman, quien colaboró como guionista en varias películas de Wyler. La historia transcurre en un colegio para niñas dirigido por dos jóvenes profesoras (Audrey Hepburn y Shirley McClaine en la versión de 1961). Una de las alumnas es particularmente dañina y manipuladora. Un día esta nena le cuenta a su abuela que vio a las maestras en una actitud “sospechosa”, narración al oído que queda fuera de nuestro alcance, justamente porque ya no importará su veracidad. El eje del film es la fuerza devastadora del prejuicio, como si una hermosa casita de muñecas fuera pisoteada con furia por un monstruo primitivo y desatado. Pero más allá de la infamia que deben afrontar las protagonistas, lo que Wyler no quiso eludir es el profundo dolor de una persona que no puede aceptarse a sí misma porque la sociedad se lo prohíbe.

Y pensar que hace unas semanas en el debate por la ley de matrimonio igualitario todavía se hablaba de “aquello que es natural y aquello que no lo es”. Ayyy… si pudiera enviarle una copia de esta película a cada uno de ellos, a ver si por fin comprenden que desde ahora habrá cada día menos lágrimas. Y si pudiera, ya que estamos fantaseando, le sacaría un pasaje a Wyler de regreso a la vida para que hiciera una tercera versión aquí en Argentina. Apuesto a que nos regalaría una encantadora comedia de enredos (aunque no fuera su género habitual), contento de que una partecita del mundo haya dado un paso hacia una mejor humanidad.


The Children’s Hour (EE.UU, 1961)
Título local: La mentira infame
Dirección: William Wyler
Con Audrey Hepburn, Shirley McClaine, James Garner, Miriam Hopkins, Karen Balkin.

martes, 3 de agosto de 2010

Del tranvía

Por José Luis Guerín *

“Necesitaba una ciudad sumamente silenciosa, organizada. En Estrasburgo encontré una ciudad milagrosamente coreográfica en el paso del tranvía, las bicicletas y los peatones. Un poco el sentido de la toma que buscaban los hermanos Lumière cuando iban a filmar ciudades. Espacios públicos con un movimiento armónico donde fuera fácil distinguir la silueta de una mujer a la que seguimos. Ése fue uno de los motivos esenciales. También la presencia del tranvía, que era un elemento que quería mostrar. A veces una película comienza por un deseo tan infantil como querer mostrar a una chica en un tranvía. El tranvía es una metáfora perfecta del cine.”


* En una entrevista publicada en el sitio Séptimo vicio, a propósito de su hermoso ensayo fílmico Unas fotos en la ciudad de Sylvia.

domingo, 1 de agosto de 2010

Tecnologías de la invasión

Por Lucrecia Martel *

“La cuestión que más me llama la atención de este nuevo mundo de imágenes es la de la autoría. Entendiendo la autoría como la voluntad que define y da existencia a las cosas. Cualquier persona que tenga acceso a Internet puede sobrevolar el planeta en pocos minutos. Con Googleearth, por ejemplo. Según dicen algunos diarios, estas ofertas de imágenes tomadas por satélite generan riesgos estratégicos en las zonas de conflicto, como Irak, donde ha sucedido que ciertos grupos iraquíes utilizan esa información para dirigir su ataque. Y se ha obligado a Googleearth a desactualizar ciertas regiones, de modo que no aparezcan los asentamientos militares de los aliados que hoy tienen. El maravilloso mundo de la nueva tecnología nos lleva a las mismas viejas preguntas: esto que parece la realidad, lo real, lo natural, ¿cuánto de voluntad, de decisión magnánima o miserable encierra? Estas increíbles herramientas de construcción de imágenes y sonidos, ¿a la felicidad de quién contribuyen?

¿Por qué aceptamos que eso sea correcto de forma tan natural? ¿Es correcto que una fuerza armada por motivos de abastecimiento de petróleo haga uso de imágenes tomadas por satélite para hacer más efectiva la apropiación de un territorio mientras que la fuerza armada que resiste esa ocupación no lo haga? La pregunta puede parecer falsa. Pero lo que deseo señalar es que todos asumimos con bastante naturalidad el hecho de que se altere una imagen pública del planeta en función de las mezquinas ambiciones de un gobierno. En fin, la realidad se crea con decisiones humanas. La voluntad que define la forma espacio-temporal de nuestro planeta no es ajena a la guerra. Esta cuestión tan evidente, ser autores, es difícil de aceptar porque nos hace responsables de la realidad. Incluyendo la pobreza y todas sus calamidades.”



* Fragmento de un testimonio publicado en la revista Cahiers du Cinéma España (Nº 1 - Mayo de 2007).

La imagen pertenece a la mejor secuencia de El origen (Inception), la nueva -e infladísima- película de Christopher Nolan.