viernes, 30 de octubre de 2009

De cero

“Utilizar un seudónimo significa empezar de nuevo y eso es lo que añoro y he querido buscar: empezar de nuevo y hacer una primera película, con toda la libertad que eso significa. No quiere decir que no haga películas con libertad, únicamente que es una libertad a base de quitarme presiones de encima. En el caso de hacer una primera película, esas presiones no existen: no tienes una línea, un estilo, empiezas. Incluso llegué a pensar en el seudónimo Harry Cane. Porque si lo pronuncias rápido, se oye Hurricane, ¡huracán! Pero mi hermano me lo prohibió, teníamos ya nuestra marca de fábrica, lo que nos costó bastante tiempo, entonces ¡no íbamos a empezar de cero!”.

Pedro Almodóvar *


Esto lo dijo el director español en 1995, comentando su película La flor de mi secreto, en donde el personaje central (Marisa Paredes) es una escritora de novelas rosas que firma con seudónimo. Catorce años después, en Los abrazos rotos, Almodóvar utiliza el nombre de Harry Cane para bautizar una de las dos caras de su protagonista (Lluís Homar).

* El texto citado es un fragmento del libro Pedro Almodóvar. Un cine visceral. Conversaciones con Frédéric Strauss (editado por El País/Aguilar, Madrid, 1995).

jueves, 29 de octubre de 2009

Desayuno

Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.

Jacques Prévert


La imagen pertenece a la película El Sur (1984), de Víctor Erice, una de las obras más perfectas de todos los tiempos. El film integra un interesante ciclo que comenzó ayer en la sala Leopoldo Lugones, dedicado al productor español Elías Querejeta. Las proyecciones de El Sur están programadas para el viernes 6 y el sábado 7 de noviembre, en diversos horarios. Ir al detalle del ciclo.

martes, 27 de octubre de 2009

Esperando

Por Raúl Scalabrini Ortiz *

“Sin contratiempos, sin distracciones, el hombre fue el único espectáculo del Hombre de Corrientes y Esmeralda. Aprendió a mirarse vivir. Formó un ciclo completo dentro de sí. Aprendió a sigilar sus amarguras, a sofrenar sus alegrías y a atemperar sus ardimientos. En el arrobo de su propia contemplación, el hombre dejó de ver sus anécdotas: vio su espíritu, y no su traducción. Como el hombre de la pampa, él no tenía un paisaje delante de sí. Estaba solo junto a los años.” (…)

“El tiempo no fue, y no es, para él, una noción astronómica ni una vociferación de calendario: era y es la angustia de estar desperdiciando sus más nobles prendas, de estar malgastando el único capital que no se reconquista ni se adquiere. No tuvo a su lado una caricia que lo distrajera y la obsesión de lo que se va, pronto hizo añicos sus fuentes de acción. Uno no dicho ¿para qué? le impidió desenvolverse. Se quedó inmóvil, hundido en apatía inerte, esperando.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un niño que no ha madurado, que pasó de la infancia a la vejez. Le falta reposo, serenidad interior. A veces tiene empaques, pero no gravedad; mal humor, pero no severidad. Es casi un irresponsable ante la prudencia europea. La vida resbaló sobre él. Él no la vio pasar. Estaba encerrado en sí mismo, como en una cueva. Mide el tiempo con sus emociones, y cuando se contrasta con los sucesos exteriores se sorprende del número de años transcurridos.”


* Fragmento del libro "El hombre que está solo y espera".
(Editorial Plus Ultra)

domingo, 25 de octubre de 2009

A lo mejor resulta bien...

La vida es una moneda

La vida en una moneda
quien la rebusca la tiene
ojo que hablo de monedas
y no de grueso billetes
mi vida en una hoja en blanco
un piano desafinado
diez dedos largos y flacos
y un manojo de palabras.

Sólo se trata de vivir
esa es la historia
con la sonrisa en el ojal
con la idiotez y la locura
de todos los días
a lo mejor resulta bien.

La gente sueña que sueña
la calle sigue que sigue
el taxi gira que gira
el cielo y la ancha avenida.

Los días cantan la historia
del hombre al borde del hombre
los días cantan mañana
los días no tienen miedo

Si nos inunda el asfalto
de sensaciones profundas
gocemos bien nuestro ahogo
que es nuestra imagen fecunda.

Juan Carlos Baglietto

(Letra: Fito Páez)

sábado, 24 de octubre de 2009

Revelaciones

En la noche a tu lado
las palabras son claves, son llaves.
El deseo de morir es rey.

Que tu cuerpo sea siempre
un amado espacio de revelaciones

Alejandra Pizarnik


La imagen pertenece al film Escrito en el cuerpo (The Pillow Book), de Peter Greenaway.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Bergman y aquella fotografía

En el bello libro titulado “Imágenes”, que reúne recuerdos, notas de rodaje, reflexiones sobre el cine y otras catarsis, el director sueco escribe estas líneas en torno de su película Persona (1966):

Por Ingmar Bergman *

La señora Vogler ansía la verdad. La ha buscado por todas partes y a veces ha creído encontrar algo sólido, algo duradero, pero de pronto el suelo ha cedido. La verdad se ha diluido y desaparecido o en el peor de los casos se ha convertido en una falsedad.

Mi arte no puede digerir, transformar u olvidar a aquel niño de la fotografía. Tampoco al hombre que arde por su fe.

Soy incapaz de entender las grandes catástrofes. Dejan mi mente impasible. Posiblemente pueda leer la narración de esos horrores con una especie de voluptuosidad -una pornografía del horror. Pero jamás logro librarme de esas imágenes. Convierten mi arte en payasadas, en algo sin importancia, en cualquier cosa. La cuestión es, tal vez, la siguiente: ¿tiene el arte posibilidades de sobrevivir si no es como actividad de tiempo libre?

¡Esos tonos, esos números de circo, todas esas pamplinas, esa engreída autosatisfacción! Si a pesar de esto sigo trabajando como artista, ya no lo hago como excusa y juego de adultos, sino con plena conciencia de que trabajo con una convención aceptada que, en algunos raros instantes, nos puede dar, a mí y a mis prójimos, algunos segundos de alivio y reflexión. La misión fundamental de mi profesión es, finalmente, proporcionarme sustento y, mientras nadie cuestione en serio este hecho, seguiré realizando mis obras por puro instinto de conservación.

* Fragmento del libro de memorias “Imágenes”, publicado por Tusquets (Barcelona, 1992).

La fotografía del Ghetto de Varsovia es el eje de una estremecedora escena del film Persona.

“El camino de la vida
de quien no encuentra su propio ideal,
lo conduce a una existencia
más difícil e imprudente
que la de aquel que no tiene ningún ideal.”

Friedrich Nietzsche

lunes, 19 de octubre de 2009

"Me tengo que ir. Se me hace tarde."

Carta de despedida a una ilusión
(Cuento de Manuel) *


¿Cómo se le escribe una carta a una ilusión? ¿Cuál es su dirección, qué piso, ciudad o continente? ¿Hay que mandarla por avión o alcanza el cesto de los papeles? ¿Debe tener estampillas? ¿De cuántos pesos?

Me tengo que ir. Se me hace tarde.

Te estuve esperando en todas las esquinas un montón de tiempo. Pero me doy cuenta. Las ilusiones no van a ningún lado. Ayer empecé a darme cuenta de la hora. Llovía, hacía frío y creo que yo mismo tenía los ojos húmedos. No por vos. Por el tiempo. Tenía un lugar guardado, allí vivías vos, ilusión. Pero hoy te echo de mi casa. Estoy empezando a necesitar espacio. A darme cuenta de que a vos no te hace falta.

Cada mañana fría me doy cuenta de que no soy millonario. Y que la muerte me va cobrando su pasaje en cómodas cuotas. Y al final, cuando lo tenga pago, me voy a ir pobre, sin un solo peso del lugar. Sin un centavo de esperanza.

Para ese momento quiero haber hecho una buena inversión. Un gasto que multiplique mi capital en sonrisas, en aire y en cosas. Todo el mundo sabe que las ilusiones no dan buenos dividendos.

El viejo Marx sabe entenderme. Y muchos otros colegas también. Ya no vuelvas a mirarme con tus ojos de ilusión. Mi casa ya no es tu casa. La magia ya no existe. La maté.

Y pobre de ella si resucita.

.............................................

* Este texto integra el libro Partes de Manuel (La verdadera historia de Manuel Mandeb), de Evita Evequoz. El personaje de Mandeb fue protagonista de muchos relatos de Alejandro Dolina, quien se inspiró en un amigo desaparecido en la dictadura, Manuel Evequoz. En este libro, Evita reconstruye la figura de su hermano a partir de testimonios de personas que lo conocieron.

El fragmento reproducido arriba fue publicado en forma de anticipo por el diario Crítica (18-10-09). Ir al artículo completo.

domingo, 18 de octubre de 2009

El argumento

Por la mañana
leemos anestesiados
las noticias
de la guerra (cualquier guerra),
un titular
bien merece algunos combates;
cada bando
desea demostrar que Dios
está de su parte
con el argumento definitivo;
nuestros ojos recorren
las páginas
buscamos más confirmaciones
de nuestra derrota
y el periódico trae lo que esperamos encontrar.

Rafael Cadenas

viernes, 16 de octubre de 2009

La sociedad de la nieve, de Gonzalo Arijón

Algunos de ustedes conocerán la historia. Otros, los más jóvenes, tal vez no. A unos y otros les recomiendo con fervor esta película.

Por primera vez dan su testimonio los dieciséis sobrevivientes del accidente aéreo ocurrido en los Andes, en 1972. Dirigido por Gonzalo Arijón, La sociedad de la nieve es un documental clásico que tiene como eje el relato de los protagonistas: los recuerdos van rearmando la cronología del drama mientras se intercalan algunas escenas reconstruidas como apoyo visual para la narración. No hay voz en off: sólo las palabras sentidas de los sobrevivientes. Y los rostros de hoy. Y los cuerpos de ayer -hechos añicos- que asoman en las imágenes de archivo, tanto en las fotos como en los noticieros de televisión (un material estupendo).

Algunos de ustedes me dirán -ya los conozco- que no tienen ganas de ir al cine para sufrir con una anécdota tan tremenda. Claro que lo es: veintinueve personas murieron en la montaña. Por otro lado, la opinión pública -siempre ávida de morbo- se encargó de hacer trascender y banalizar el aspecto más delicado del caso (me da mucha pena y vergüenza cuando ante el recuerdo de la historia, en cualquier charla casual, nunca falta el "gracioso" con un comentario de humor negro).

Pero lo cierto es que, más allá de la angustia, hay pocos episodios en la historia de la humanidad que transmitan con tanta potencia lo que representa la fe. La creencia en algo abstracto, intangible, simbólico. Algo que nosotros y sólo nosotros podemos fabricar. Ellos creían en Dios, pero eso es lo de menos. El motor también podría haber sido la confianza en la amistad, en el destino, en el hombre mismo. La fe en una idea.


La fe sólo puede registrarse cuando se traduce en actos. Los escépticos argumentarán que la épica no es tal, que fue el simple instinto de supervivencia lo que motivó la resistencia de estos muchachos. Pero todos sabemos que con eso no alcanza. Y si hay algo que la tragedia de los Andes confirma es que la resistencia resulta inconcebible sin las ganas. La voluntad.

Insisto: vayan al cine a ver esta película. Y no se preocupen si, cuando abandonan la sala, una sensación no identificada les golpea el pecho y pide permiso para pasar. Déjenla entrar. Tiene sólo dos letras y no ocupa lugar.



Para quienes deseen rememorar un poco la historia, copio abajo el prefacio de "¡Viven!", el apasionante libro que Piers Paul Read publicó en 1974.

"El día 12 de octubre de 1972, un Fairchild F-227 DE LAS Fuerzas Aéreas Uruguayas, alquilado por un equipo amateur de rugby, despegó de Montevideo, en Uruguay, hacia Santiago de Chile. Noticias de mal tiempo en los Andes obligaron al avión a aterrizar en Mendoza, una pequeña ciudad en la vertiente argentina. Al día siguiente el tiempo mejoró. El Fairchild despegó de nuevo y se dirigió hacia el paso Planchón, y a las 15,24 sobre la cuidad de Curicó, en Chile. Recibió la autorización de virar hacia el norte y de iniciar el descenso hacia el aeropuerto de Pudahuel. A las 15,30 comunicó que volaba a una altura de 5.000 metros, pero cuando un minuto más tarde, la torre de control de Santiago intentó comunicar con el Fairchild, no obtuvo respuesta.

Chilenos, argentinos y uruguayos buscaron el avión durante ocho días. Entre los pasajeros no sólo se encontraban los quince componentes del equipo de rugby, sino además veinticinco amigos y parientes de los jugadores, todos ellos pertenecientes a influyentes familias uruguayas. La búsqueda no obtuvo resultados. Era evidente que el piloto había calculado erróneamente la posición y había virado hacia el norte, hacia Santiago, cuando aún se encontraba en medio de las montañas. Era el comienzo de la primavera en el hemisferio sur, y en los Andes había nevado en gran abundancia. El techo del avión era blanco. Así pues, había muy pocas posibilidades de encontrarlo, y todavía menos de que alguno de los cuarenta y cinco pasajeros y tripulantes hubieran sobrevivido a la catástrofe.

Diez semanas después un campesino chileno que apacentaba el ganado en un valle perdido en las profundidades de los Andes vio, al otro lado de un torrente, las figuras de dos hombres. Los hombres empezaron a gesticular y se clavaron de rodillas en actitud suplicante, pero el pastor, creyéndolos terroristas o turistas, desapareció. Cuando al día siguiente volvió al mismo lugar, las dos figuras seguían allí y volvieron a hacerle gestos indicándole que se acercara. Se acercó a la orilla del río y lanzó al otro lado un papel y un bolígrafo envueltos en un pañuelo. El barbudo de aspecto harapiento lo recogió, escribió algo en el papel y se lo devolvió al campesino con el mismo método. Decía así:

Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo…

Había dieciséis supervivientes. Ésta es la historia de lo que sufrieron y de cómo consiguieron sobrevivir.”

miércoles, 14 de octubre de 2009

Buscar y saber


"El infierno de los vivos no es algo que será: hay uno, es aquel que existe ya aquí y es el que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos. Dos formas hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y convertirse en parte de él hasta el punto de dejar de verlo ya. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio."

Italo Calvino
(“Las ciudades invisibles”)

martes, 13 de octubre de 2009

Esta ternura

Esta ternura
y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento ?

Tanto arroz para la zorra,
y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta

abierta para nadie.
Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban
solamente una luna de colmillo,

el té frío de la vela al alba.
Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, ¿nadie quiere esto,
nadie?

Julio Cortázar


En la imagen: Javier Cámara y Leonor Watling en la extraordinaria Hable con ella, de Pedro Almodóvar.

sábado, 10 de octubre de 2009

Cuestión de principios, de Rodrigo Grande


Confesémoslo: uno sabe qué busca cuando entra a ver Cuestión de principios. No pretendemos gran vuelo estético ni un ritmo que acelere el corazón. No queremos una trama que nos complique la existencia, más bien todo lo contrario: en estas películas necesitamos que el hombre común triunfe, que nos mientan un poco, que nos digan que la dignidad todavía puede ser narrada. Si no quedaran sobre la tierra señores que marquen la diferencia como Adalberto Castilla (Federico Luppi), esa mancha blanca sobre la monotonía de la corrupción, ya nadie contaría estas historias. Porque no habría conflicto entre las llamadas "motivaciones dramáticas": todos los personajes serían malos, obsecuentes, pusilánimes, vendidos, arbitrarios. En Luppi buscamos a un cómplice, alguien que nos tire alguna certeza, de la misma manera que su personaje recurre a un amigo de la juventud para no sentirse tan solo en medio de la perfidia reinante.

Pero se equivoca. El otrora revolucionario Guido (Oscar Alegre) ahora viste camisa salmón, luce pulsera de oro y bebe un whisky mientras increpa: “¿De qué te sirven los principios? ¿Pensás que a alguien le importa?”. Aunque el dilema no es nuevo, es interesante observar cómo el relato lleva a que el ideal del viejo Castilla se vaya disipando hasta perder relevancia, a puro azote de los otros ideales, menos románticos pero más prácticos y redituables. Que la disputa entre Luppi y su jefe (Pablo Echarri) gire en torno de una simple revista sirve para remarcar lo simbólico del asunto: más allá del objeto en sí mismo, esto es una pulseada entre la integridad moral y la soberbia del poder.

Un discreto celofán costumbrista envuelve este guión escrito por el realizador Rodrigo Grande junto a Roberto Fontanarrosa, autor del cuento original, cuya impronta brilla principalmente en los diálogos que nutren la película, intercambios en donde el protagonista muchas veces intenta justificarse a sí mismo ante los demás. Fontanarrosa sugiere que solamente somos en la medida en que nos narramos frente a los otros, una idea compleja y central para esta historia: Castilla no sería nada sin la anécdota. Si tuvo una conducta admirable, no le alcanza con guardársela y seguir viviendo. Él muere por contarla, ponerla en escena, colorearla y exagerarla ante familiares y amigos. Tal vez ya no existan los mentados “principios”: lo único que queda es una búsqueda desesperada de cariño.

Es una pena que en su último tramo la película no consiga montar una resolución convincente del conflicto, como también resulta incómodo el trazo grueso que el director propina a la esposa del protagonista, interpretada por Norma Aleandro. Tanto el escepticismo relativista como la misoginia parecen ser dos lastres insalvables en cierta forma de concebir la “argentinidad”.

Por fortuna, siempre habrá un Federico Luppi. Gigante. El abuelo de ojos cansados y enojados, ojos que de un segundo a otro pueden explotar de ternura. Hay una imagen que vale la película toda: cuando Luppi se mira en el espejo del ascensor, tratando de imitar la sonrisa de Sean Connery porque una joven y bella colega le ha dicho al viejo Castilla que tiene un aire al actor de James Bond. Esa es la argentinidad que ennoblece. Eso sí que es un momento de cine puro que no tiene precio.

jueves, 8 de octubre de 2009

Jergas

"Detesto el pedantismo y la jerga. A veces, he llorado de risa al leer ciertos artículos de los Cahiers du Cinéma. En México, nombrado presidente honorario del Centro de Capacitación Cinematográfica, escuela superar de cine, soy invitado un día a visitar las instalaciones. Me presentan a cuatro o cinco profesores. Entre ellos, un joven correctamente vestido y que enrojece de timidez. Le pregunto qué enseña. Me responde: 'La semiología de la imagen clónica'. Lo hubiera asesinado".

Luis Buñuel
(En el libro Mi último suspiro).
“El pop es una filosofía contra un mundo cruzado por el SIDA, la depresión y la guerra. El chicle Basooka es un invento pop. Mascás, mascás sin sentido, hacés un globo y ves cómo revienta.”

Marta Minujín

martes, 6 de octubre de 2009

Envíos

Todo lo que se da
llega a destiempo.
No existe otra manera.
Entre el ojo y la mano
hay un abismo.
Entre el quiero y el puedo
hay un ahogado.
Un país que asoma su cabeza deforme

en una carta,
y va a darse a destiempo,
nada es
lo que esperabas.
Y lo que llega envuelto en papel de regalo
se irá
sucio de odio.

Bailamos entre los escombros de una cita.
Dibujamos una taza de café en el desierto.
Vivimos de sumar y de restar:
lo que te da el amor, lo que te quita el miedo.
Al final nos entregan los huesos de un perfume.

Aún así persistimos.
En alguna montaña vive un pez resbaloso.
Entre números rotos se desliza una estrella.

Jorge Boccanera


En la imagen: Celia Johnson y Trevor Howard en Breve encuentro (Brief encounter), de David Lean.

lunes, 5 de octubre de 2009

Las mil y una noches

"Mientras más exploramos el universo, más consternados quedamos con el elemento narrativo presente en todos sus niveles. ¿Cómo no pensar en Scherezade, que interrumpe su relato para comenzar otra historia aún más hermosa? También la naturaleza nos presenta narraciones encajadas unas dentro de otras; la historia cosmológica, la historia en el nivel molecular y la historia de la vida y del hombre, hasta llegar a nuestra propia historia individual. En cada nivel, asistimos al surgimiento de lo nuevo, de lo inesperado."

Ilya Prigogine
(en el artículo "Un universo inventivo y creador". Diario La Nación, 1993)

Esta semana Historias Extraordinarias, de Mariano Llinás, será emitida por televisión.

Hace ya casi un año de mi encuentro con la película. Siempre quise volver a verla, pero por esas cosas que pasan, no lo hice. Quizás porque intuía que sería imposible igualar las cosquillas del primer impacto, o pensaba que una segunda visión merecía un estudio detenido de cada capítulo, cada micro-relato, cada palabra. Tal vez no volví a la película porque, en algún punto muy íntimo -e inconsciente, ahora lo sé-, acaté su propuesta y preferí salir a inventar mis propias aventuras. (En el trayecto confirmé, por ejemplo, que no están del todo extinguidos los caballeros de noble armadura).

Es cierto que Mariano Llinás es un artista ambicioso. Pero también es muy generoso: cualquiera podrá beber de la catarata de ideas que su film ha volcado sobre el mundo. Mientras el relato transcurre, uno siente que en el cine queda todo por hacer. Que para recuperar la fe solo basta la curiosidad, el entusiasmo, la libertad. Que se pueden barajar todos los recursos de este lenguaje glorioso, y dar de nuevo para sorprendernos como si fuéramos vírgenes. Detrás de las imágenes y los sonidos, me parece escuchar al director que nos grita: ¡Despabílense! Salgamos a la calle y festejemos. Observemos. Indaguemos. Actuemos. Esto recién empieza.

Historias Extraordinarias es una película feliz por un motivo muy sencillo: nos hace querer un poco más la vida.

En un antiguo post le dediqué unas líneas al film, tomando apenas una de las muchísimas sensaciones que esta obra me provocó como espectadora. Por otro lado, recomiendo visitar el blog Cinematófilos, donde encontrarán una muy útil recopilación de textos críticos, además del trailer.

Historias Extraordinarias tiene una duración total de cuatro horas. El canal de cable I-Sat la emitirá en tres bloques de ochenta minutos que se podrán ver los días martes 6, miércoles 7 y jueves 8 a la medianoche. Y habrá una emisión completa del film, el sábado 24 de octubre, también a la medianoche. Según indican algunas informaciones, el programa trae de yapa una serie de diálogos entre Llinás y Pauls en locaciones de la película.

Canal: I-Sat / Ciclo: Primer Plano
Parte 1: Martes 6 a la medianoche
Parte 2: Miércoles 7 a la medianoche
Parte 3: Jueves 8 a la medianoche
Repite completa: Sábado 24 a la medianoche

En serio: si no la vieron, no se la pierdan.

domingo, 4 de octubre de 2009

Y seguí cantando...


Mercedes Sosa
(1935-2009)



Como la cigarra

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.

Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.

María Elena Walsh

viernes, 2 de octubre de 2009

Historias mínimas

“No me gustan las películas catalogadas como entretenimiento donde la gente es masacrada con armas. Una película siempre se lleva hasta cierto punto. Si ésta comienza con disparos y explosivos, entonces ya nada será suficiente. Si la película se lleva a un nivel minimalista aun el simple sonido de una tos puede ser bastante dramático. Si el personaje principal se resbala y cae en una alcantarilla, el espectador inmediatamente se interesa por lo que le va a pasar, aun cuando en otras películas tiran a la gente desde aviones y estos sobreviven sin ni siquiera un rasguño. Ladrón de Bicicletas es un gran ejemplo de cómo el espectador se preocupa por los personajes. La gente sigue detenidamente la trama. La película es totalmente trágica.”

Aki Kaurismäki


(En una entrevista publicada en la revista digital PulpMovies).

jueves, 1 de octubre de 2009

Hay hombres que nunca partirán

Hay hombres que nunca partirán,
y se les ve en los ojos,
pues uno recuerda sus ojos muchos años después de que han
partido.

Pueden estar lejanos,
pueden aparecer a medianoche
(si están muertos)
y jugar a que viven.
Pero siempre, con la desolación de su ausencia,
uno comprende que no han vivido en vano,
y que su esperanza
es la única esperanza digna de ser vivida.

Y los hombres que nunca partirán
suelen no aparecer en los periódicos,
no se habla de ellos en las radios,
su imagen no gesticula en la televisión:
no son gente importante,
no circulan entre las altas esferas.

Son aquellos
que aceptaron el sufrimiento
y lo hicieron suyo para la salvación de otros hombres
sin decir una sola palabra:
pero dejaron abiertos, bien abiertos sus ojos
para que nunca los olvidemos cuando ellos hayan partido.

Miguel Arteche Salinas

La imagen pertenece a Liverpool, inquietante film dirigido por Lisandro Alonso.