domingo, 30 de agosto de 2009

"Todos quieren ser artistas"

En su nuevo ensayo La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna, el filósofo francés Gilles Lipovetsky afirma que el cine, contra quienes postulan su ocaso creativo, ganó en el mayor de los sentidos: transformó la forma de mirar que tiene el mundo.


Lo que sigue es un fragmento de una entrevista publicada hoy en el suplemento Radar, del diario Página/12

Por Eduardo Febbro *

La tesis de su libro es que el cine es el vector de una visión del mundo. Pero esa visión, ese modelo, era antes transmitido por la lectura. La pregunta es: ¿acaso la lectura va a perder frente a la pantalla?

– La lectura ya perdió gran parte de su prestigio. No aparece como el entretenimiento favorito en ninguna categoría de los jóvenes, incluso los más cultivados. Eso se acabó. Y es fácil de comprender: el mundo de la pantalla es un universo lúdico. La gente busca en todo la presencia del espíritu cine. La pantalla permite hacer muchas cosas mientras que la lectura tiene un lado más inmóvil. Evidentemente, ese modelo se ve atacado por el modelo de la pantalla lúdica. Al mismo tiempo, es imposible imaginar una cultura y un mundo libres sin la lectura. El libro, la lectura, son centros, ejes, ambos forman el espíritu. No se puede imaginar el desarrollo de una cultura auténtica sin el libro. Un autor norteamericano se hizo la siguiente pregunta: “¿acaso Google nos hace tontos. Antes yo leía libros, ahora quiero encontrarlo todo en cinco minutos”. Es así. Buscamos informaciones inmediatas en Google pero el libro exige tiempo. Tampoco hay que exagerar porque también hay libros que conocen un gran éxito. No hay que tener una visión apocalíptica. No hay que permanecer inactivos frente a la pantalla. Debemos trabajar para que el libro, el tiempo más lento de la lectura, no esté amenazado. Ese trabajo le corresponde a la escuela, no se puede esperar que sea espontáneo.

Ahí está otra de las particularidades de su libro. Usted no es pesimista. Frente a un gran mercado del pesimismo, ante un pensamiento escatológico sobre la realidad del mundo, usted dice que no, que no es así, que estamos en un mundo creativo.

– Es evidente que hay amenazas, pero también muchas exageraciones. Tomemos un ejemplo: la idea de que el cine ha dejado de ser creativo es una estupidez. Ese tipo de especulaciones pertenecen a cinéfilos cuyos modelos son Godard, Orson Welles, Antonioni, como si hoy el cine hubiera dejado de crear. Es falso. Nunca como hoy se crearon tantas películas y tan diferentes. Encontramos una gran diversidad de estilos, de temáticas. El cine actual es mucho más plural que el cine de los años 50. La idea del fin del cine creativo es una visión ideológica. En cuanto a la música, tampoco pienso que estemos en un mundo de agonía. En otro campo, diría también que la vida intelectual seguirá siendo como siempre minoritaria. Eso no se va a democratizar. La vida intelectual es difícil. La gente quiere tener acceso a todo rápidamente, hasta hay libros en cuya tapa se promete que nos van a explicar Platón en dos páginas. Eso es el espectáculo, pero no tiene nada que ver con lo que dice Platón. Platón es difícil. No se puede acceder a Platón en cinco minutos. Es imposible. Eso no va a cambiar. En este sentido, siempre habrá expertos y grandes intelectuales que serán leídos por un público minoritario. Hay algo muy curioso en la actualidad: todo el mundo quiere crear, todos quieren ser artistas. Ocurre que el consumo no puede darnos todo. Por eso hay tanta gente que interviene en los blogs. Son actos creativos porque la gente quiere estar activa. El mundo de las pantallas, internet, los teléfonos móviles, las cámaras, elevan el nivel estético de la gente. Es falso afirmar que el sentido estético declina. Al contrario, el sentido estético se democratiza. Observe los millones de personas que van hoy a los museos. Eso también es consumo, estoy de acuerdo, pero es consumo estético, que busca emociones estéticas. Ha habido una evolución del sentido estético de las masas.

* Fragmento de un artículo publicado en Página/12 (30-08-09). Ir al texto completo.

viernes, 28 de agosto de 2009

Apetitos

"Por modesto que sea el lugar que ocupes, puedes estar seguro de que un día aparecerá alguien que lo reclamará para él o, lo que es peor, te insinuará que debes compartirlo con él. En casos como este uno lucha por el puesto o lo abandona. Yo estoy por lo último, y no porque no pueda luchar, sino por una absoluta aversión a mi mismo: arreglárselas para quedarse con algo que atrae a los demás denota una cierta vulgaridad en la elección. Poco importa que uno haya llegado antes, porque esto todavía empeora las cosas, puesto que los que te sigan tendrán siempre un apetito más fuerte que tú, que lo tienes en parte satisfecho".

Joseph Brodsky
El gran pez

Un enano y un gigante
en un circo itinerante
donde encuentra a esa mujer
Un pueblo en una burbuja
y el ojo de aquella bruja
que la muerte puede ver

En el río hay un gran pez
todo puede suceder
flores amarillas y amor de rodillas
qué golpiza de placer.

Vivir relatando historias,
coloreando la memoria,
el viejo acapara la atención
La distancia entre los cuentos
y los acontecimientos
ni más ni menos que una versión.

El baile de las siamesas
y el secreto de un poeta
que extravió la inspiración.
Al final en la partida
se cumplió la profecía
y en el cuento se perdió.

En el río hay un gran pez
No solo un retrato
de un mundo más grato
del que en realidad vivió.

Alejandro Balbis


(Canción inspirada en la extraordinaria película de Tim Burton).

jueves, 27 de agosto de 2009

Puertas

"No creo que el arte haya llegado a ningún callejón sin salida. El hombre siempre irá abriendo nuevas puertas; lo importante es saber a dónde conducen esas puertas. Y luego tener fuerza para emprender el camino que se ve desde ellas".

Joan Miró

martes, 25 de agosto de 2009

Un cuentito de Oscar Wilde

El Maestro

Cuando cayeron las tinieblas sobre la tierra, José de Arimatea, habiendo encendido una antorcha de madera de pino, bajó al valle desde el altozano, pues tenía quehaceres en su casa.


Y vio a un joven desnudo que lloraba, arrodillado sobre las duras piedras del Valle de la Desolación. Tenía los cabellos de color de miel, y su cuerpo era como una flor blanca, pero había herido su cuerpo con espinas y sobre sus cabellos había puesto ceniza, a guisa de corona.

Y el que era dueño de grandes posesiones dijo al joven que estaba desnudo y lloraba:

-No me asombra que sea tan grande tu aflicción, pues en verdad Él era un hombre justo.

Y el joven respondió:

-No lloro por él, sino por mí. También yo he convertido el agua en vino, y he curado a los leprosos y dado vista a los ciegos. Yo he caminado sobre las aguas y he arrojado a los demonios de los que habitan en las tumbas. Yo he dado de comer a los hambrientos en el desierto en que no había alimento alguno, y he hecho salir a los muertos de sus angostas moradas, y, por mandato mío, en presencia de una gran multitud, se secó una higuera que no daba fruto. Todas las cosas que hizo ese hombre las he hecho yo también. Y, no obstante, a mí no me han crucificado.

Oscar Wilde

Un poco de nostalgia



Una amiga me mandó estas fotos y no pude evitar la tentación de compartir los recuerdos con todas aquellas mujeres que crecieron en los años 80 (y con mis hermanas, especialmente).

Estas maravillas pertenecen a la colección personal de Julieta Vitali, una artista a la que todos deberían conocer. Este es su sitio web
.

lunes, 24 de agosto de 2009

Otro genio...

...nacía hace 110 años.

Él.



El amenazado

Es el amor.

Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel,

como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado,

pero como siempre
es la única.

¿De qué me servirán mis talismanes:
el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje
de las palabras que usó el áspero Norte

para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la Biblioteca,
las cosas comunes, los hábitos,
el joven amor de mi madre,
la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo

es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,

ya el hombre se levanta a la voz del ave,
ya se han oscurecido los que miran por las ventanas,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías,

con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan las hordas.
(Esta habitación es irreal, ella no la ha visto).
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


Jorge Luis Borges

(24 de agosto de 1899 – 14 de junio 1986)

domingo, 23 de agosto de 2009

Rostros

“No hay nada en el mundo que pueda compararse con un rostro humano. Es una tierra que uno no se cansa jamás de explorar, un paisaje (ya sea árido o apacible) de una belleza única. No hay experiencia más noble, en un estudio, que la de constatar cómo la expresión de un rostro sensible, bajo la fuerza misteriosa de la inspiración, se anima desde el interior y se transforma en poesía”.

Carl Theodor Dreyer


En la imagen: Maria Falconetti, protagonista de La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d'Arc, 1928), obra maestra del director danés.

viernes, 21 de agosto de 2009

Invocando espíritus, de Peter Cornwell *

Desde que Sexto sentido resucitó la euforia por los fantasmas, hace ya una década, las películas en esta línea se multiplicaron como plaga, incluyendo muchas remakes del terror japonés, con La llamada a la cabeza. El desgaste terminó convirtiendo a los fantasmas en los personajes más arbitrarios del género, mientras que otros monstruos todavía respetan ciertas premisas: los vampiros sólo salen de noche, los hombres lobo deben esperar la luna llena y los zombis son implacables aunque no demasiado veloces. Datos que hacen a la base dramática mínima para que el espectador reconozca qué peligros se juegan en la ficción.

Pero los fantasmas vienen descarrilando y no hay red que los contenga. Se pavonean tanto en el sueño como en la vigilia. Pueden ser actores de carne hueso o digitalizados, susurrantes o chillones, sucios o hiperproducidos, vengadores o protectores. Hacen cualquier cosa que el guión disponga, desde simbolizar el espanto metafísico ante la muerte hasta mutar en una simple araña para dar un susto estándar. Exhibicionistas y caprichosos, han perdido autoridad, tal como lo confirma este film del debutante Peter Cornwell.


En Invocando espíritus (The Haunting in Connecticut), el personaje de Virginia Madsen tiene un hijo adolescente con un cáncer en estado avanzado, motivo por el cual la familia completa se ve obligada a mudarse a un sitio cercano a la clínica que asiste al joven. Es la típica historia de casa embrujada, pero con un plus: a las escenas fantásticas se adosan, sin solución de continuidad, imágenes del cuerpo en pleno tratamiento oncológico.

Si en clásicos como El resplandor y Poltergeist el suspenso se elaboraba con ambigüedad y paciencia, aquí los trucos se agotan pronto y el relato ni siquiera deja margen para la especulación, porque resulta que al pibe –que padece los acosos del Mal apenas se muda– se le ocurre instalar su habitación nada menos que ¡en el sótano! Es obvio que así los fantasmas te van a venir a buscar enseguida.


* Artículo publicado previamente en el diario Crítica (20/08/09)

jueves, 20 de agosto de 2009

Una mujer y un hombre

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

Juan Gelman


En la imagen, por supuesto: Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée en Une homme et une femme, de Claude Lelouch.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Cine de América Latina en el CCC

Con la proyección del documental El lado oscuro de la dama blanca, del director chileno Patricio Henríquez, se inaugura hoy a las 20 el ciclo “Latinoamericano en el Centro. Una mirada total”, en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543), donde se podrán ver hasta fin de año cinco películas que dan cuenta de la realidad del cine latinoamericano, de acuerdo con la mirada de realizadores de distintos puntos del continente. La entrada es gratuita.

Por Oscar Ranzani

(Fragmento de un artículo publicado hoy en Página/12)

Guadi Calvo, periodista especializado en cine latinoamericano, es el programador de esta muestra y señala que el subtítulo del nombre del ciclo, Una mirada total, le da la intencionalidad: “Yo quiero que este ciclo se perpetúe en el tiempo, más allá de mi presencia. El objetivo es exhibir todo el cine latinoamericano: documental o ficción, cine de última generación o clásicos. Y la idea es también buscar una serie de películas que tienen valores y que han pasado sin ningún tipo de notoriedad en sus propios países, y que no se han visto afuera tampoco. Quiero tratar de pasar todo el cine latinoamericano que me sea posible”, asegura el programador, quien sostiene que la ausencia de este tipo de material audiovisual en la cartelera porteña no es una situación exclusiva de nuestro país, sino que “se da en todas las capitales del continente. De pronto, hay más posibilidad de ver cine oriental que cine colombiano. Incluso hay películas latinoamericanas como Bolívar soy yo, del director colombiano Jorge Alí Triana, que ganó en el Festival de Mar del Plata 2002 y nunca se exhibió en Buenos Aires”.

Ir al artículo completo

martes, 18 de agosto de 2009

Oda

Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas
Por eso la luna brilla toda
en cada lago, porque alta vive.

Fernando Pessoa
(como Ricardo Reis)

Cine Africano en la sala Lugones

Gran oportunidad gran para acercarse a un cine que ignoramos. Del 19 al 26 de agosto, en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530), podrá verse una selección del mejor cine africano de los últimos años.

“La muestra está integrada por nueve films -informa el material de prensa- que dan cuenta del camino transitado por los cineastas del continente durante la primera parte del siglo XXI. Éxodo, desmembramiento familiar, censura, fundamentalismo y misoginia son algunas de las palabras que describen la construcción de lo real que muestran estas películas fundamentales para entender por qué el cine africano se considera político: no porque sea una vía de transmisión de doctrina, sino porque mira a su tierra y sus habitantes con plena conciencia de su pasado y de su actualidad”.

Recomiendo Esperando la felicidad, película de Abderrahmane Sissako que ganó el Bafici 2003 (de quien luego conoceríamos la también genial Bamako). Pero alcanza con leer un poco las sinopsis para sentirse tentado por todas las historias, así que les aconsejo chequear toda la programación.


Viernes 21
Esperando la felicidad
(En attendant le bonheur, Mauritania, 2002)
Dirección: Abderrahmane Sissako.
Escribe Luciano Monteagudo: ““A una pequeña ciudad a orillas del mar, en la costa de Mauritania, llega Abdallah. Tiene 17 años, está a punto de emigrar a Europa y quiere despedirse de su madre. Pero se siente extranjero en su propio pueblo, incapaz de hablar la lengua local, incómodo con las vestimentas tradicionales, escindido entre dos mundos. Y no es el único habitante de esa tierra de nadie que plantea el film. (…) Pocos films son capaces de expresar el sentimiento de desarraigo, esa impresión de desplazamiento de la realidad, de la manera en que lo hace Esperando la felicidad. La obra maestra del nuevo cine africano”.
Premio Fipresci en el Festival de Cannes 2002 y Mejor Película en el Bafici 2003.
A las 14.30 y 17 (Duración: 95 min.).


Ir al detalle del ciclo completo.

sábado, 15 de agosto de 2009

El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella *

 
No piense más” es el consejo que escucha continuamente Benjamín Espósito (Ricardo Darín). Pasaron 25 años, pero él no puede quitarse de la cabeza aquel crimen que quedó impune en 1974 y que hoy lo empuja a retomar la investigación. Quiere regresar al pasado para comprender su presente. Para asumir que ya es hora de entregarse a su amor por Irene (Soledad Villamil).

A Espósito lo persiguen los ojos tristes del viudo Morales (Pablo Rago), ese hombre común detenido en la nada, desesperado ante la posibilidad de olvidar a su mujer asesinada. “Y ya no sé si es un recuerdo –repetía Morales– o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando”. 

El cine es eso, en gran medida: imágenes que perduran, otras que se esfuman, otras que sellan a fuego la memoria. Toda ficción es responsable de los hechos que elige evocar, así como del puente que tiende entre ellos y la actualidad, tarea que se torna aún más delicada cuando afecta a la memoria colectiva. Sobre este terreno resbaladizo transita Juan José Campanella en El secreto de sus ojos, sin duda, el film más oscuro, ambicioso e irregular de su carrera.

Tomando como base una novela de Eduardo Sacheri, aquí el director no sólo reemplaza la linealidad de sus películas previas por un relato complejo y fragmentado, sino que también abandona la transparencia clásica para buscar otras intensidades en el trabajo con la cámara. En este aspecto, ocurre que varias de esas decisiones formales (ángulos enfáticos, encuadres barrocos) acaban por distraer en lugar de acompañar con naturalidad las acciones. El ejemplo claro es el plano secuencia en la cancha de Huracán, un episodio extraordinario y gozoso, aunque no es más que un prodigio técnico digno de un estilo operístico –como el de Scorsese, digamos– que no condice con la estética general del film. Todo el relato tiene un fluir extraño, diversas escenas efectivas tropiezan con otras innecesariamente largas, en medio de un vaivén permanente entre el thriller y una trama romántica que no consigue convencer. En el camino, la emoción se enrarece y los contornos del drama se vuelven difusos.


La película debe sus momentos de vuelo genuino al Pablo Sandoval que compone Guillermo Francella. Las estupendas escenas que juega junto a Darín aportan la cuota de humor fundamental en Campanella, quien logra el milagro de hacernos olvidar que estamos frente a Francella y nos aferra enseguida a su entrañable personaje, el único que desde su dolor parecería advertir la inminente tragedia que devastará al país. Porque sucede que, de forma algo inesperada, la violencia política de los años 70 irrumpe en el relato y resulta casi imposible sostener el clima jocoso. Es demasiado denso lo que se narra como para prestar atención a los comentarios ñoños de la Villamil madura en sus diálogos con Darín.

La vocación simbólica de la película se impone: hay que leer a la víctima y al victimario de la ficción como sujetos de la historia argentina. La cuestión de fondo es cómo seguir viviendo cuando la ley no supo hacer justicia. El asunto es ríspido y concierne al espectador determinar qué sugiere la película al respecto. Pero es inevitable señalar aquí que la resolución transmite sensaciones amargas y contradictorias. Quizás deberíamos escuchar el consejo y no pensar más. Como dice un personaje por allí: “Es mejor quedarse con los recuerdos lindos, ¿no?”.

* Artículo publicado previamente en el diario Crítica (13-08-09).

viernes, 14 de agosto de 2009

Argentinidades

“A la Maga y a mí nos ocurre a veces profanar nuestros recuerdos. Depende de tan poco, el malhumor de una tarde, la angustia de lo que puede ocurrir si empezamos a mirarnos en los ojos. Poco a poco, al azar de un diálogo que es como un trapo en jirones, empezamos a acordarnos. Dos mundos distantes, ajenos, casi siempre inconciliables, entran en nuestras palabras, y como de común acuerdo nace la burla. Suelo empezar yo, acordándome con desprecio de mi antiguo culto ciego a los amigos, de lealtades mal entendidas y peor pagadas, de estandartes llevados con una humilde obstinación a las ferias políticas, a las palestras intelectuales, a los amores fervorosos. Me río de una honradez sospechosa que tantas veces sirvió para la desgracia propia o ajena, mientras por debajo las traiciones y las deshonestidades tejían sus telas de araña sin que pudiera impedirlo, simplemente consintiendo que otros, delante de mí, fueran traidores o deshonestos sin que yo hiciera nada por impedirlo, doblemente culpable. Me burlo de mis tíos de acrisolada decencia, metidos en la mierda hasta el pescuezo donde todavía brilla el cuello duro inmaculado. Se caerían de espaldas si supieran que están nadando en plena bosta, convencidos el uno en Tucumán, y el otro en Nueve de Julio de que son un dechado de argentinidad acrisolada (son las palabras que usan). Y sin embargo tengo buenos recuerdos de ellos. Y sin embargo pisoteo esos recuerdos en los días en que la Maga y yo tenemos la mufa de París y queremos hacernos daño”.

Julio Cortázar - “Rayuela”


(Capítulo 138 – Fragmento)

jueves, 13 de agosto de 2009

Hace 110 años...

…exactamente un 13 de agosto de 1899, nacía él. En el distrito londinense de Leytonstone. Fue el tercer hijo de Emma y William Hitchcock.

Las palabras sobran. Prefiero dejar que hable el genio. Sólo se me ocurre esto: gracias por tanto placer.


“No filmo nunca un trozo de vida porque esto la gente puede encontrarlo muy bien en su casa o en la calle o incluso delante de la puerta del cine. No tiene necesidad de pagar para ver un trozo de vida. Por otra parte, rechazo también los productos de pura fantasía, porque es importante que el público pueda reconocerse en los personajes. Rodar películas, para mí, quiere decir en primer lugar y ante todo contar una historia. Esta historia puede ser inverosímil, pero no debe ser jamás banal. Es preferible que sea dramática y humana. El drama es una vida de la que se han eliminado los momentos aburridos. Luego, entra en jugo la técnica y aquí soy enemigo del virtuosismo. Hay que sumar la técnica a la acción. No se trata de colocar la cámara en un ángulo que provoque el entusiasmo del operador. La única cuestión que me planteo es la de saber si el emplazamiento de la cámara en tal o cual sitio dará su fuerza máxima a la escena. La belleza de las imágenes, la belleza de los movimientos, el ritmo, los efectos, todo debe someterse y sacrificarse a la acción."

Alfred Hitchcock



Fragmento del libro “El cine según Hitchcock”, de François Truffaut. O lo que es lo mismo: la Biblia de los cinéfilos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

"Tenemos necesidad de utopía"

“Tenemos necesidad de utopía, no para realizarla sino para tender hacia ella y proveernos así de los medios para reinventar lo cotidiano. La instrucción debe, por sobre todas las cosas, enseñarnos a hacer mover el tiempo para salir del eterno presente fijado por las imágenes en serie, y para hacer mover el espacio, y por ende para movernos en el espacio, para ir a ver lo que pasa cada vez más cerca y no contentarnos con imágenes y mensajes. Debemos aprender a salir de nosotros mismos, de nuestro círculo, a comprender que es la necesidad de lo universal lo que relativiza las culturas y no al revés. Debemos aprender a salir de nuestro universo cultural restringido y promover un individuo transcultural, capaz de interesarse en todas las culturas del mundo y no considerar extraña a ninguna. Ha llegado la hora de una nueva movilidad planetaria y de una nueva utopía de la educación. Pero apenas estamos al comienzo de esta nueva historia que será larga y, como siempre, dolorosa”.

Marc Augé

Fragmento de un artículo titulado “Utopía de la movilidad”, publicado en la revista Ñ (02/12/08).


La imagen pertenece al film The Visitor, de Thomas McCarthy.

lunes, 10 de agosto de 2009


Lonely Stranger

I must be
invisible
No one knows me
I have crawled
down dead-end streets
On my hands and knees

I was born
with a ragin' thirst,
A hunger to be free,
But I've learned
through the years
Don't encourage me.

'Cause I'm a lonely stranger here,
Well beyond my day
And I don't know what's goin' on,
So I'll be on my way.

When I walk,
stay behind
Don't get close to me
'Cause it's sure
to end in tears,
So just let me be.

Some will say
that I'm no good
Maybe I agree
Take a look
then walk away.
That's all right with me.

Eric Clapton

viernes, 7 de agosto de 2009

"Los seres humanos son todo lo que tenemos."

“No creo en una vida posterior, ni en Dios. Sin embargo, esto no quiere decir que no sea un humanista. Al contrario, de hecho lo soy y mi filosofía es que los seres humanos son todo lo que tenemos. Tenemos que cuidarnos y comprendernos, puesto que no habrá una vida posterior en la que todo el mundo resucitará y todo el mal se convertirá en bien... En ese sentido, digamos que soy un humanista existencialista, pero no me hace sentir bien el saber que los átomos de mi cuerpo vivirán eternamente porque ya existían cuando yo no vivía, y que cuando muera todo será exactamente igual que antes de que naciera: en otras palabras, inexistente. Porque lo que hace al ser humano es la organización de los átomos en moléculas, en tejidos, en órganos, y la identidad entonces es la acumulación de percepciones de memoria y de sensibilidad. Spider trata el tema de la identidad y de la memoria: ¿cómo es posible lo que somos, quiénes somos, que cuando nos levantamos por la mañana tengamos que recordar nuestro nombre, quiénes somos, dónde estamos, en qué idioma hablamos, y que cada mañana nos reinventemos a nosotros mismos?”

David Cronenberg

En una entrevista realizada en 2002 por Eduardo Punset. Ir al artículo completo.

jueves, 6 de agosto de 2009

Lazos

Ese malestar que corroe a la familia

Desde mitad del siglo XX, las sociedades se basan en lazos más débiles entre padres e hijos, y más fuertes con las amistades. Esto está derivando en cierta falta de reciprocidad en los vínculos y grandes tensiones intergeneracionales.

Por Ricardo Iacub *

Algo huele mal en la familia. Aunque no se habla demasiado de ello, sólo se comenta en la intimidad y evidenciarlo suele rayar con la vergüenza o con la culpa por haber hecho algo mal. El malestar aparece entre los padres con sus hijos adultos de muy diversas maneras en los desencuentros cotidianos. Los padres sienten que el deseo de verse puede resultar forzado, que algunas formas de interacción rozan la molestia o que simplemente "hinchan", y que los pactos de reciprocidad en los tratos y en los apoyos pueden no resultar parejos.

Muchos intentan adaptarse a una situación que por un lado parece la esperable, pero por el otro no es la que personalmente esperan, produciéndose de esta manera una brecha de malestar, desconcierto y dolor. Las quejas más actuales radican en el sentirse demasiado expuestos a críticas; en el pedido de que los padres cuiden a los nietos al tiempo que no se entrometan demasiado con éstos; en la expectativa de que los mayores estén cuando los más jóvenes pueden no estar; en un cierto descuido de lo que podríamos llamar los "buenos modales", particularmente hacia las madres, cuando no, en un cierto maltrato; y en una no demasiado clara responsabilidad de duración del apoyo económico. Aun cuando comienza a percibirse tempranamente, toma carices más complejos y ríspidos con el paso de los años y particularmente con el envejecimiento de los padres.

Las diversas formas de vinculación de las familias han sido una constante en la historia, desde los múltiples arreglos y acuerdos relativos a consensos sociales acerca de las maneras de relacionarse, dependientes en gran medida de los espacios de poder convenidos a cada grupo etario; hasta los modos particulares de resolver controversias. Por esto, la falta de reciprocidad que destaco no implica un reclamo de valores tradicionales ni de retornos hacia modelos anteriores, que seguramente tampoco serían aceptables, sino que se trata de repensar esta situación actual y ver de qué manera llegamos a cierto orden en el cual aparece semejante tensión intergeneracional.

Uno de los ejes centrales de lo social se conforma a través del lazo que se construye entre las generaciones. A partir de ciertas premisas más o menos explícitas se crea una cierta convivencia con variantes ideales, esperables o rechazables. Probablemente uno de los orígenes del descontento se arraigue en perspectivas sobre el intercambio entre las generaciones que trasuntan nuestra cultura. Desde mediados de siglo pasado la perspectiva de desarrollo de los jóvenes se fundó en ideales de libertad individual y menor dependencia con su familia, así como en una cierta perspectiva mesiánica, tal como la calificó Margaret Mead, de fuerte idealización de los que vendrán y apuesta a futuro, soslayando la dimensión de responsabilidad y reciprocidad entre las generaciones. Algunos denominaron este cambio como "la generación de los jóvenes", aludiendo a la transformación en los espacios de decisión dentro del marco familiar en las sociedades occidentales.

El fuerte poder y control que establecían los padres hacia los hijos se modificó definitivamente, promoviendo transformaciones en la relación que dieron lugar a otro modelo de familia. Las nuevas formas de intercambio priorizan la elegibilidad de los vínculos, como las amistades, y se desvalorizan vínculos de mayor dependencia y menor decisión, como la familia.

Sin embargo, esta modalidad, que brindó mayores espacios de libertad al conjunto social, resultó más esperable para los más jóvenes, y en particular desde el rol de hijos, pero menos clara para los más grandes en el rol de padres, para quienes no es tan evidente cuándo termina la idea de dador o protector, es decir, en qué punto los hijos dejan de depender de éstos.

Es en este contexto en el que se desarrolla un conflicto que reclama nuevas formas de solidaridad entre los miembros y que no deje a un grupo con escaso margen de recursos frente a una situación de malestar.


* Artículo publicado en el diario Clarín (06/08/09).

La imagen pertenece al film Paranoid Park, de Gus Van Sant.
Problemas del subdesarrollo

Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismark.

Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel)

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.

Un favor:
que te hablen siempre en español.

Nicolás Guillén

martes, 4 de agosto de 2009

Amorosa soledad, de Victoria Galardi y Martín Carranza

“Y volverás a esperanzarte
y luego a desesperar
y cuando menos lo esperes
tu corazón va a sanar”.

Jorge Drexler


El estreno de Amorosa soledad, allá por marzo de este año, quedó opacado por la mucho más publicitada y taquillera Música de espera, de Hernán Goldfrid. El film con Diego Peretti y Natalia Oreiro es efectivo, por momentos muy gracioso y placentero, pero en el recuerdo su factura de fórmula no desprende el mismo encanto que sí tiene esta película dirigida por Victoria Galardi y Martín Carranza. Amorosa soledad es una pequeña comedia de situaciones, con diálogos inteligentes y una delicadísima ambientación basada en tonos blancos, grises y celestes, como si todos los decorados estuvieran contagiados por la mirada turquesa y expansiva de la protagonista.

Desde que vi y disfruté esta película quiero recomendarla aunque tan solo sea para reivindicar a esa gran intérprete que es Inés Efrón, que venía demasiado encasillada en roles de chica “freak” (Cara de queso, XXY, La mujer sin cabeza), para ser aún más castigada en la fallida El niño pez, de Lucía Puenzo (estrenada pocas semanas después). Luego de Valeria Bertuccelli, no encuentro en el cine argentino otra actriz joven tan versátil y luminosa como Efrón.

Nadie en este planeta está libre de convivir con rollos, taras y torpezas de toda especie. La diferencia reside en que algunos logran disimularlo mejor que otros. Sole (Efrón) es una hipocondríaca desatada. Colecciona termómetros como si fueran perfumes y la clínica de su barrio parece ser su segundo hogar. Es una obsesión que encubre otras cosas, claro, como por ejemplo, el miedo a la soledad (¿les suena?). De eso va un poco esta película: de aprender a aceptar que -en lo más profundo, en los cruciales puntos de giro, al llegar y al partir- estamos solos. Comprenderlo es crecer. Todo lo demás es una cuestión de fe.

Amorosa soledad
Dirección: Victoria Galardi y Martín Carranza
Con Inés Efron, Nicolás Pauls, Fabián Vena, Mónica Gonzaga, Ricardo Darín.
Film editado en dvd por AVH.

lunes, 3 de agosto de 2009

No es el aura de Kant

Es el resultado del silencio.
Ocultos en los ranchos,
emparejados con la hacienda,
los peones carcomen
la filosofía.
No es el aura de Kant
ni el primer motor
de Tomás de Aquino:
es una bola de lento fuego
que se revuelca en el alma.
El sueño es un largo cuchillo en el vientre
de los blancos dioses
y un incendio de alpataco
que todo lo destruya.

La luna amontonada en los galpones
y el regreso de un interminable viaje
a caballo por las estrellas.

Los perros huelen el alma de los peones
y encuentran seres desconocidos.

Cristian Aliaga

La pintura es de Antonio Berni ("Desocupados").